Roguemos al Señor - últimas reflexiones

Aldila - Oficial

lunes, 6 de abril de 2009

Reflexión: Jn 12,1-11

Jn 12,1-11

Lo que se narra en este pasaje, es difícil de entender para quien no ama. Quien ama de verdad, está dispuesto a dar todo lo que tiene por el ser amado y busca la mejor forma de alagarle. Eso es lo que hace María, mientras tiene a Cristo presente. ¿Qué podía estar más estropeado después de sus largas caminatas por toda Galilea que sus pies? ¿De qué otra forma podía expresar su inmensa gratitud a Dios Padre, por la bendición de tener a este precioso Hijo, aquí en nuestro mundo, caminando y metiéndose con nosotros por cuanto recoveco encontró? ¿No es una forma de expresar gratitud y amor? ¡Benditos estos pies que siendo divinos se han venido a posar en esta tierra que no los mereció! ¡Benditos estos pies que como el más pequeño de los hombres han venido a recorrer con él sus caminos, para enseñarles en Verdadero Camino! ¡Benditos pies de Jesús ante los que ha cualquiera nacería arrojarse y bendecirlos! ¡Gracias Señor!

Eso es lo que hace María, ungirlos con el más caro perfume que podía encontrar. Es la respuesta a ese amor que desborda, que se dice ¿Qué puedo hacer por ti? Y no encuentra nada mejor que arrojarse probablemente a lo aparentemente más insignificante, puesto al servicio del hombre…sus pies. Gracias a estos pudo ir y venir, de aquí para allá…¡Benditos tus pasos, benditos tus caminos, bendita tu huella!

Cuanto más podríamos decir de aquél gesto, sin embargo, Judas, mezquinamente, porque ya su cabeza estaba torcida, porque ya el demonio estaba con él y había torcido su conciencia, reprocha este gesto de María. No es solamente envidia, es resentimiento, es maldad, es hipocresía. Sin embargo usa un argumento aparentemente convincente, para manipular los sentimientos de quienes como él, han resuelto que Jesús es un estorbo, que Jesús debe ser eliminado, que no se ajusta a sus criterios, que no hace lo que quieren. Un Jesús Salvador, Redentor de la Humanidad entera y un Dios que concede esta Gracia por Amor, es intolerable para muchos. Es repugnante para quien quiere seguir viviendo y gozando de las “ventajas” de las tinieblas, de la sombra. Así salta rápida la crítica destructiva ante el gesto de María…


Oremos:

Señor aparta de nosotros todo mezquindad, haznos comprensivos y no permitas que juzguemos a nuestros hermanos, antes bien, que procuremos siempre el bien, a ejemplo tuyo.

Que estemos siempre dispuestos a compartir lo mejor que tenemos con los más necesitados y también con tus misioneros, que a veces, de dar tanto, no se han guardado nada para sí y requieren de un descanso, de un alivio, de una palabra amable, de un gesto de cariño, de comprensión y amor. Son humanos como nosotros…a veces lo olvidamos.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 2 de abril de 2009

Reflexión: Jn 8,51-59

Jn 8,51-59

“Yo soy”, es la más grande revelación hecha por Jesús, sin embargo los judíos y sacerdotes, así como muchas veces nosotros, no son capaces de ver. Jesús, en muchos de los evangelios de estos días está como tratando de atar cabos, haciéndonos notar la relación entre las escrituras proféticas y todo el Antiguo Testamento, con Él. Es de Él de quien se habla, es a Él a quien se esperaba, pero los judíos, a pesar de todo lo que habían visto, no estaban dispuestos a creerle. Así tendría que ser para que se cumpla hasta la última coma, pero como todavía no había llegado la hora, se escabulle.

“En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás”, es el centro de la prédica de hoy. Guardar su Palabra, hacer lo que el nos dice, seguir el Camino, ponernos en la luz, actuar con transparencia y con verdad. No andar con hipocresías, con engaños y con mentiras, que inescrupulosamente sacamos, como ases bajo la manga, sólo para lograr lo que queremos, lo que nos gusta, lo que nos acomoda, lo que nos conviene.

No encanta el poder y por él, hacemos cualquier cosa. Manipulamos los sentimientos, sembramos rencores, promovemos animadversiones y maledicencias, jugamos con la credulidad de los ingenuos, de los honestos, de los limpios y también, porque no, de los no tan limpios, que son capaces de maliciar como nosotros y encontrar maldad y razones torcidas en todo.

Somos afectos a los rumores, a las bolas y damos curso a todo, con tal de saborear las palabras que ofenden y maltratan a los demás. ¿Eso ha dicho? ¿Eso ha hecho? Prestamos oídos a todo y malgastamos nuestro tiempo en conversaciones vanas.

¡Aprendamos de Jesús! Él nos enseña a ser prudentes, recatados y no andar perdiendo el tiempo en tonterías. Todo nuestro tiempo, nuestra vida, alma y corazón debe estar dedicada a cumplir su Palabra, a hacer su Voluntad, a cumplir nuestra Misión. Desde que nos levantamos, hasta que nos acostamos. ¡Todo el tiempo! No hay lugar ni momento en nuestras vidas que no podamos y debamos bendecir al Señor. ¡Escojamos este Camino!


Oremos:

Señor te agradezco por la oportunidad que me das hoy de servirte nuevamente. Ayúdame a serte fiel a cada instante, todo el tiempo, con cada pensamiento, con cada gesto, con cada palabra. Que vivas Tú en mi. Que cumpla Tú Palabra y que ella brote de mi boca y en cada uno de mis actos.

¡Hazme santo! No soy digno, pero una palabra tuya bastará.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 1 de abril de 2009

Reflexión: Jn 8,31-42


El Señor es muy claro, como siempre, pero sólo para aquél que realmente lo quiere entender, para aquél que lo quiere ver. Otra vez tenemos que decir que “no hay peor ciego que aquél que no quiere ver”. ¿Y por qué nos cerramos y preferimos vivir en la oscuridad, o en las sombras, antes que en la luz? Porque sabemos que lo que hacemos no es tan bueno, porque hay segundas razones que motivan nuestros actos…Más allá del amor que podemos aparentar, hay razones mezquinas, egoístas. Engañamos y utilizamos a nuestros hermanos a sabiendas…Somos hipócritas. Así, no nos puede interesar para nada la prédica de alguien que nos exige ser transparentes, caminar en la luz, desnudos y expuestos.

Hay una barrera, una serie de obstáculos tras los cuales hemos puesto nuestra trinchera para protegernos de la luz: son nuestros prejuicios. Tenemos temor a la verdad y así, como dice el Señor, nos hacemos esclavos del pecado. Empezamos a ocultar ciertas cosas, en vez de corregirlas y superarlas. Luego unas tapan a otras y finalmente se convierten en un monstruos que ocultamos por vergüenza, por temor, y pretendemos que ello es correcto, que no existe, y que podemos mostrarnos limpios, mientras por dentro somos un verdadero asco y lo sabemos.

Dios Padre, que tienen el poder de vernos por dentro como realmente somos, también lo sabe. Y lo sabe mejor que nosotros. Por ello envió a su Hijo ha salvarnos, a hacernos libres. Él nos enseña el camino, como en este pasaje del evangelio, pero está en nosotros el seguirlo. Lamentablemente, muchos preferimos no verle y lo condenamos nuevamente, como hicieron los judíos, a morir en la cruz de la indiferencia y del olvido, o lo que es peor, en la cruz de la blasfemia, del odio, de la idolatría y del rencor.


Oremos:

Padre Santo y Bueno, que enviaste a Tú único Hijo a salvarnos, permite que entendamos esta verdad, pero por sobre todo, danos el valor, la decisión y la lucidez para escoger siempre lo bueno, lo mejor, lo correcto, la verdad, aun cuando ella afecte nuestros egoístas intereses. Que obremos siempre inspirados en el verdadero amor. Que seamos capaces de seguir a Jesús por donde vaya, siempre. Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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martes, 31 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 8,21-30


Por algún motivo que desconozco absolutamente, anoche soñé que estaba condenado a muerte. Iba a ser decapitado. Recuerdo que sentía que era injusto, que me parecía una pena desproporcionada, pero que no había nada que pudiera hacer. La sentencia había sido dictada y junto con otros dos hombres, cuyos rostros y nombres no recuerdo, pero con los que me unía cierta familiaridad, debía ser ejecutado. Recuerdo que por algún motivo, obnubilados por la angustia y la desesperación, ante el hecho inminente, finalmente decidí que sería el primero…Por alguien tenían que empezar y no corría ningún apuro, con tal que la sentencia se cumpliera antes de la puesta de sol. Luego de tal decisión y pasados los segundos de paz que me trajo, nuevamente entré en desesperación, ante el fin inminente. No podía creer que estuviera enfrentando el fin de mi vida. Eso era todo, allí terminaría. Luego, la oscuridad total o tal vez el dolor eterno de la muerte, de mi propia muerte…¿Quién sabía? ¿Quién podía decírmelo? ¿A quién podía creerle? Buscaba desesperadamente a alguien que me dijera, que me asegurara que todo pasaría en un instante y que luego todo sería paz, mientras esperaba probablemente el Juicio Final. Sin embargo vino a mi mente la escena en la que mi cabeza se desprendía de mi cuerpo. Sería tal vez algo como la sacada de una muela pero sin anestesia…algo muchísimo más intenso y doloroso que aquello…¿Cuánto duraría? Y mientras tanto toda la sangre se agolparía en mi cuello y empezaría a derramarse a borbotones. Tal vez trataría de respirar, de inhalar oxígeno, mientras sentía que era imposible, que no había ningún esfuerzo que pudiera hacer que me brindara el poco de aliento necesario para seguir viviendo y sentía la desesperación de ahogarme, de asfixiarme. ¿Cuánto duraría? ¿Cuánto tiempo permanecería consciente de todo aquello? ¿Y después, qué? ¿Le avisaría a mi esposa o tal vez era mejor que no lo supiera hasta después, cuando nada era ya posible? ¿Lo sabía? No se por qué tenía la sensación que todos lo sabían, pero lo aceptaban con indiferencia, como algo que tenía que ocurrir de todas maneras y no había modo de impedirlo, ni tenía sentido si quiera el tratar de evitarlo. Así era.

El Señor es el único que puede traernos consuelo. Él ha vencido a la muerte y para probarnos que Él ha venido a darnos vida eterna, se enfrentará a un destino similar al que soñé anoche, pero al tercer día resucitará. Lo hará en cumplimiento de la Misión que el Padre le ha encomendado. Por Él, en su infinita sabiduría nos conoce y sabe que será necesario llegar a ese extremo para salvarnos, porque no habrá otro modo que comprendamos y decidamos seguirlo libremente. Tendrá que morir en la cruz para salvarnos. Solo así se dará cumplimiento a las escrituras; solo así creeremos.



Oremos:

Señor, dame la fe suficiente y necesaria para creer en Ti y seguirte hasta la muerte, sabiendo que quien pierde la vida por Ti la ganará, en cambio quien la cuida y no es capaz de sacrificarla, la perderá. Por que hasta ese extremo nos amaste y nos enseñaste a amar.

Haznos un instrumento de tu Fe. Que seas Tú quien viva en nosotros.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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lunes, 30 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 8,1-11


Qué rápidos somos para juzgar y condenar a todos, sin embargo, cuando se trata de nosotros mismos, pedimos clemencia y comprensión. Así nos lo hace notar hoy Jesús. Finalmente nadie se atrevió a apedrear a la adúltera, pues todos vieron en su interior y se encontraron que no eran dignos de juzgar e impartir tamaña pena.

¡Qué proclives somos a juzgar y condenar a nuestros hermanos! No les queremos pasar una…no se la perdonamos. Debemos aprender a actuar con un poco más de tino. Ser más lentos a la cólera y más compasivos. No podemos pretender ser más papistas que el Papa. Aprendamos de Jesús…Si nosotros merecemos una segunda oportunidad, si el Señor nos la da una y otra vez…¿Por qué nosotros no somos capaces de perdonar? Además…¿Quién somos nosotros para condenar y encima ejecutar a alguien?

Seamos severos y exigentes con nosotros mismos y estemos dispuestos siempre a perdonar a nuestros hermanos, orando por ellos y sabiendo que si Dios quiere habrá siempre esperanza en sus vidas y podrán cambiar. Mientras haya vida, siempre habrá la posibilidad. Nosotros no somos nadie para negárselas.

Oremos:

Señor, haznos más prestos a perdonar que a juzgar y condenar. Que no olvidemos que con la misma vara que medimos, seremos medidos.

Gracias por tu perdón y compasión. Gracias por darnos una nueva oportunidad. Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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domingo, 29 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 12,20-33


Como muy pocas veces en los evangelios, encontramos a un Jesús cuya situación emocional me conmueve. No se describirla. No es preocupación lo que tiene. Es quizás algo de ansiedad por la hora que sabe llega. Él mismo lo dice: “Ahora mi alma está turbada”. Aquí nos revela su naturaleza profundamente humana. Pero acto seguido nos muestra la fortaleza, el valor y la firmeza de quien desde siempre supo cual era su misión, y no la abandona, ni la abandonará hasta el fin. “Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre”.

Para dar frutos debemos ser capaces de llegar hasta el extremo. Sólo se da frutos muriendo. Debemos amar tanto, vivir tan intensamente, afrontar tan decididamente nuestra misión, que en su cumplimiento se nos vaya la vida. No debe haber ningún obstáculo que nos lo impida, que nos amilane, pues aun la muerte misma podrá hacernos nada, si estamos decididos. Además, el que muere empeñado en su misión, el que da su vida por ella, ese dará mucho fruto.

Tenemos que desinstalarnos, dejar la comodidad, dejar la autosatisfacción personal…la búsqueda constante de gratificación, de premio, de descanso, de comprensión, de misericordia, de compasión…Enfrentemos con valentía y decisión nuestra vida…¡Hagámonos cargo de las riendas y conduzcámosla por el camino que se nos ha señalado, sin temor, confiados en Jesús, que el sabrá darnos el coraje y fortaleza en los momentos difíciles, porque Él ha vencido al mundo y esa es nuestra mejor y mayor garantía que finalmente habremos de llegar a aquello que terminará por dar sentido a nuestra vida: los frutos.

Estamos llamados a dar mucho fruto. ¡No nos corramos de ello! Enfrentemos cada situación que nos toca, con la frente en alto y con el valor que proviene de Dios. ¡Al llegar el puente, lo cruzaremos!


Oremos:

Señor, danos el valor y decisión que hoy nos muestras, para seguirte por encima de todo, siempre fieles, leales y enérgicos. Sabiendo que la misión que Tú nos has deparado es muy alta, está por encima de todo y la lograremos si con sencillez y coraje alcanzamos guiar a alguno de los hermanos que nos has puesto en el camino. ¡Que no flaqueemos, Señor! ¡Fortalece nuestro espíritu! ¡Que no nos contentemos, que no nos demos por vencido, que perseveremos!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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sábado, 28 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 7,40-53


Como dice aquél refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. La duda ya se había apoderado de sacerdotes y fariseos. Así tenía que ser, para que se cumplieran las escrituras. Se acerca el día en que habrán de crucificarle.

Los evangelios se han encargado ya de aclararnos que Jesús procede de David, porque el mismo lo ha dicho a cuantos han querido escucharle, y no ha dicho nada distinto a lo que ya estaba anunciado en el Antiguo Testamento. Pero ni sacerdotes, ni fariseos se han dejado conmover. Es que este Cristo es incómodo. Llega a través de los pobres y humildes y no a través de ellos que representan la autoridad, el poder. Ellos que constituyen la “aristocracia” dentro de su sociedad, que son los que gozan de prestigio, de una buena posición económica.

¿Por qué este Jesús no viene con su trono y corona por donde según sacerdotes y fariseos corresponde? ¿Por qué no ha ido a buscar y convencer a ellos primero? Eso es lo que les molesta…¿Cómo puede venir de esta “chusma” el salvador?

Y es que el que mucho tiene, el instalado, defiende las estructuras, el estatus quo, porque le conviene que las cosas permanezcan así, porque de este modo mantiene sus privilegios. Es el egoísmo y la comodidad del que más tiene, del que se aferra a lo que tiene como lo más importante, como algo sin lo cual no podría vivir…Está ahí el origen de su ceguera. Finalmente, si seguimos escarbando, llegamos a la soberbia, al orgullo…El querer ser como Dios, y estar por sobre todo, sobre el dolor, la pobreza, la injusticia, el hambre y cuanta necesidad agobia a nuestros hermanos. El estar por encima de todo e indiferente a todos. Ese es el gran pecado del que todo lo tiene: la idolatría. Vale más todo lo que tiene que su vida misma…o al menos eso es lo que cree, por ello no está dispuesto a ceder un centímetro. Por eso este Dios, este “miserable” no puede ser su Dios, el Mesías, el Salvador. Un zarrapastroso de Galilea no puede ser el Salvador.

Sus corazones ya estaban cerrados completamente. Vino la luz, pero no quisieron verla, prefirieron caminar en la sombra. Eso es todo. Así de simple.


Oremos:

Señor, no permitas que nos ciegue el poder, la vanidad, la riqueza, la comodidad. Que no prefiramos las sombras a tu luz. Que entendamos que es a través de nuestros hermanos que llegaremos a ti y que por tanto no podemos descansar mientras haya hambre, miseria e injusticia. Amén.

Que no reclamemos privilegios para nosotros, sino que seamos humildes siervos tuyos siempre, donde nos toque servirte.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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viernes, 27 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 7,1-2.10.14.25-30


Se acerca la hora y el día. Jesús lo sabe. Sin embargo, mientras no llegue, pasará de incognito y seguirá predicando en el templo, para aquellos que quieren oírle y sin temor de hacer las aclaraciones necesarias a los cobardes que no se atreven a atraparle.

Creo encontrar aquí una lección de astucia destinada a seguir cumpliendo con su misión hasta que llegue el final. Quiere decir que debemos emplear los medios a nuestros alcancen para liberarnos del enemigo, de nuestro opresor, de nuestro perseguidor, con tal de seguir con aquello que se nos ha encomendado, sin dejar de proclamar la verdad, La Palabra del Señor, que para eso hemos sido enviados.

Siempre habrá forma de llegar a nuestros hermanos. Nuestros esfuerzos deben estar dirigidos a encontrarlos, mientras estemos a tiempo. Y, mientras hay vida hay esperanza, así que mientras tengamos un halito de vida, estaremos a tiempo. Nunca es tarde. Empecemos ahora.


Oremos:

Querido Señor, permítenos ser fieles hasta el fin. Que aun en el lecho de muerte busquemos cómo podemos servirte. Que no desmayemos en nuestra misión, como Tú, para ejemplo de nuestros hermanos.

Tú nos has mandado a ser luz, a iluminar el camino. Que así sea mientras tengamos vida, Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 26 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 5,31-47


En todo este pasaje me parece que sobre lo que el Señor nos llama a reflexionar es sobre un elemento más que debemos tener en cuenta para creerle, ya que no nos bastan sus palabras, ni sus milagros. Toda la historia del Antiguo Testamento da cuenta de Él, de Su Padre, Dios, de su venida y su misión. Por ello dice que quien nos acusará delante del Padre será Moisés.

Jesús y el Nuevo testamento hacen alusiones a cada instante a las escrituras, con la intención de hacernos notar algo que es sumamente importante y que quizás por la distancia de estos hechos, pasamos de modo desapercibido y rápido. Casi ni lo tomamos en cuenta. No dejan de asombrarnos los milagros que hace aquí y allá, pero no caemos en cuenta de quién está tras ellos.

Jesús, su vida y su obra, la redención del mundo, está inscrito en la historia sagrada. Es de Él de quien hablan los profetas muchísimos siglos antes. Este “pequeño detalle”, que en las lecturas de estas fechas de uno u otro modo se viene resaltando es el que pasa desapercibido para nosotros. Y, es, podríamos decir, el milagro que precede a todos los milagros de los que se da cuenta en el Nuevo Testamento. Jesús no aparece de pronto en la historia, sino que es anunciado con mucha anticipación. María es la esposa de José, cuya genealogía llega hasta David, lo que no es casual. Tenía que ser así, para que se cumplan las escrituras…


Oremos:

Permítenos manifestar nuestra fe con nuestra vida, con nuestro proceder, con nuestras actitudes, con nuestros actos. Transfórmanos para que seamos tus verdaderos testigos, para que con nuestra vida demos testimonio de Ti.

Aparta de nosotros la soberbia, que es el principal enemigo, el principal obstáculo para encontrarte en nuestras vidas.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 25 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 1,26-38


Hermoso pasaje del evangelio en el que se nos narra cómo fue concebido Jesús, nuestro Salvador. La sencillez, transparencia, pureza y humildad de María son realmente conmovedoras. Sin embargo, lo más importante es el Sí de María. Un Sí que la habrá de acompañar por el resto de su vida y del que jamás renegará. Un Sí que, a su corta edad, venía anticipado por una vida llena de Gracia y que se mantendría así para siempre. Un Sí que demuestra una fe inquebrantable, en la que no hay dudas, ni retroceso alguno posible.

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Son palabras ejemplares que ojala pudiéramos recitar cada mañana renovando nuestro compromiso con Jesús. Es el mejor ejemplo del abandono total y pleno, de la entrega sin reparos a lo que Dios pueda disponer. Toma nuestra Vida entera, a Ti te la damos…haz de ella lo que sea Tú Voluntad. Haznos un instrumento de tu fe, diría San Francisco.

Que seas Tú y no yo quien viva en mi. No puede haber mayor acto de fe. Ahora se trata de transformar en hechos estas palabras, que pueden ser muy poéticas, pero huecas, si no se llevan a la práctica.


Oremos:

Señor, danos el valor, la decisión, el coraje y la perseverancia para entregarnos plenamente a Ti, sin rodeos, sin regateos, sin cortapisas. Haz que a ejemplo de María demos un Sí para siempre, que nos convierta en referente, en roca, en camino para nuestros hermanos. Que encuentren en nosotros consuelo y no lamentaciones, ni mucho menos dudas. Que seamos firmes y claros.

Que no por eso dejemos de ser humildes, sencillos. Porque tu verdad, La Verdad, ha sido revelada a los más humildes, a los pobres, a los niños, a los de corazón puro. Que nos hagamos merecedoras de ella y que la irradiemos al mundo.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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martes, 24 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 5,1-3.5-16


¡Que tontos que somos! Cuántas veces actuamos así, reaccionamos así. Pensamos que el hombre ha sido creado para las normas, para las reglas y no al revés, es decir que las normas y reglas deben estar al servicio del hombre, por lo tanto no nos pueden esclavizar ni cegar. Para hacer el bien no existen reglas, ni normas, ni mejores días u horas. Debemos actuar correctamente siempre. Y no podemos ni debemos andar meditando o midiendo si será pertinente ahora, en este momento. La verdad, la bondad deben ser expuestas en el momento y el lugar en que nos percatamos de ellas, en el momento y lugar que se nos solicitan…Incluso, a ejemplo de Jesús, cuando no se nos ha pedido. Basta que nos demos cuenta que son necesarias y que está en nuestras manos el realizarlas, para que sea la mejor hora y el mejor lugar.

Muchas veces tras esta reaccionamos con mezquindad ante el bien realizado por otros, o porque no fuimos nosotros los autores o porque envidiamos al que lo hizo o simplemente porque no nos gusta que otros sean felices. Nos quedamos en lo meramente externo porque nos creemos indispensables o porque no podemos admitir que otros también puedan obrar el bien, pues nos creemos dueños de la verdad y jueces, que debemos decidir cuando está bien y cuando está mal. Y generalmente sólo está bien, cuando nosotros somos los protagonistas, cuando nosotros decidimos el momento y lugar, cuando estamos en control. No podemos permitir ni admitir que otro también pueda hacerlo, algo tendremos que encontrar para condenarle, aunque sólo sea la regla quebrantada.


Oremos:

Señor, haznos generosos y comprensivos. Aparta de nosotros toda mezquindad. Que nos alegre la alegría y felicidad ajenas. Que no condenemos al que hace el bien solo porque no lo hicimos nosotros…

Que no andemos buscando tres pies al gato cuando vemos que nos necesitan. Danos el valor y la decisión de intervenir en el acto.

Haznos fieles defensores de la verdad, del bien y de la vida y que procedamos siempre con coherencia cuando se trata de obrar el bien, poniendo en primer lugar el amor.

Que comprendamos que la vida sólo tiene sentido cuando está dedicada a los demás, a dar felicidad a los demás, a aliviar sus penas, sus dolores, sus problemas allí donde podemos. Haz el bien, sin mirar a quién.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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lunes, 23 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 4,43-54


Jesús se deja conmover ante las súplicas de este funcionario real. Pero no hay duda que aquí, como antes, el Señor ve el interior de las personas. Así pudo ver la fe con la que este hombre le pedía este milagro. Estaba convencido que si Jesús quería, tenía el poder de sanar a su hijo. De allí su forma de pedir, que si leemos detenidamente pues hasta parece impertinente. A la reflexión que hace Jesús respecto a las señales, el responde insistiendo en su pedido, quizás diciendo: “no busco señales; sé que lo puedes hacer; por favor te pido que lo hagas…”

El Señor, fiel a sus promesas, responde. Al que toca se le abre, el que busca encuentra…El Señor sabe lo que necesitamos aún antes que lo pidamos, pero debemos tener fe para alcanzarlo.

Seamos insistente en pedir, pero mucho más aún en acrecentar nuestra fe. Pero esta es un don , una gracia que nos concede Dios…Entonces vivamos intensamente nuestro cristianismo, sirviendo a los demás, buscando la paz, amando y orando a Dios Padre, reconociéndonos como pecadores hijos suyos, necesitados de su perdón y agradecidos por la redención.


Oremos:

Señor, danos fe del tamaño de un grano de mostaza, para alcanzar la luz, para seguir por tus Caminos. Que no busque ser amado, como amar, ser comprendido como comprender. Que entienda que dando se recibe.

Ayúdame a llevar una vida honesta, limpia, transparente. Que todo el mundo pueda ver y hurgar en ella, sin nada que me avergüence. Dame la gracia del perdón. Perdóname todos mis pecados, límpiame y ponme en tu camino de luz.

Que brille tu luz en mí para guiar a mis hermanos. Que no sea jamás motivo de perdición.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY