Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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martes, 12 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 14,21-26


No siempre son claras para nosotros las tres personas de la Trinidad. En este texto por boca del Señor las conocemos a las tres, distinguiendo la forma en que participan en el Plan de Salvación. Solamente conocemos y sabemos del Padre por el Hijo. El nos enseña lo que el Padre ha dispuesto, esto es: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.”

Como Dios es uno y trino, nosotros estamos llamados a participar de esa unión por Cristo. Él nos abre las puertas para formar parte en esa comunidad Divina. Debemos amarle, lo que sólo puede manifestarse con hechos: tener y guardar sus mandamientos. ¿Por qué tenemos la cabeza llena de tantas cosas? ¿Por qué nos andamos atormentando por el dinero? ¿Por qué andamos atesorando o anhelando riquezas que nos den comodidad, que nos permitan ostentar y hasta despilfarrar, cuando UNA SOLA COSA ES IMPORTANTE?

Recordemos aquél pasaje de Marta y María que nos narra el evangelio de Lucas (Lc 10, 40-42): “mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.»”



Oremos:

Dios, permítenos escoger la mejor parte, aquella que realmente es importante. Que si algo nos quite el sueño sea amarte más.

Que nos ocupemos de aliviar a nuestros hermanos, de atenderles y servirles, antes que dolernos y quejarnos de lo poco que tenemos, de lo poco que somos, antes de dolernos de nuestra pobreza, que en realidad es riqueza, si la comparamos con los miles y millones que no tiene qué comer HOY.

Danos un corazón sensible y voluntad para hacer lo que debemos ¡siempre!

Ilumínanos y fortalécenos con tu Espíritu.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 10 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 15,1-8

Jn 15,1-8

Creo que tendríamos que empezar a leer este evangelio por el final. ¿Qué quiere Dios Padre de nosotros? Pues que demos mucho fruto; que lo demos en abundancia. Dicho en las palabras de Cristo: “La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos”.

Esto que es tan simple, no lo llegamos a entender. Dios Padre quiere que demos frutos y frutos en abundancia…Pero no contento con este deseo, se compromete con nosotros en esta misión. La verdad es que sólo falta que nosotros también queramos, tanto como Él dar fruto. Basta que queramos, nos dispongamos…demos el primer paso, el resto nos lo facilita Él. Claro, es que nosotros tenemos que hacer algo; alguna señal tenemos que dar. Tenemos que hacernos disponibles. Tenemos que decir Ok, ponernos en la actitud adecuada y dar los primeros pasos. Como en la pesca milagrosa, debemos tirar la red donde Él nos indique. Tenemos que coger la red y tirarla, donde el nos indique. Es obvio que si no cogemos la red, ni la tiramos; o si la cogemos y la tiramos a otro lado, por necios, por tontos, no cogeremos nada. Pero si hacemos lo que Él nos dice ponemos nuestro esfuerzo en la dirección correcta, Él nos dará en abundancia.

Como cuando con cinco panes y dos peces alimentó hasta saciarte a más de cinco mil y todavía sobraron varios canastos con los trozos de pan y pescado. El Señor nos pide que pongamos algo de nuestra parte. Basta ese algo, para asegurar una cosecha abundante.

No hay lugar ni momento en que deje de recordarlo. Al que da más, más se le da; pero al que se guarda mezquinamente para sí lo poco que tiene, hasta ese podo ce le quitará. Hoy nos lo recuerda cuando dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.” Es que Dios Padre quiere que demos fruto y que lo demos en abundancia…¡Ojo con estas palabras! Si estamos con Él, estamos en el mejor equipo; tenemos la ganancia asegurada. Sólo tenemos que participar y hacer nuestro mejor esfuerzo. Si así lo hacemos, Él viene, nos poda, nos limpia, para que demos más fruto.

¡Tenemos que permanecer en Cristo! ¡Sin Él no somos nada! ¡Con Él todo lo podemos! ¡Seamos sensatos! Dios Padre sólo quiere nuestro bien, solo quiere que seamos felices. Seremos felices si hacemos lo que Dios nos dice. ¿Y cómo sabemos esto? Porque para eso ha venido Cristo al Mundo, para revelarnos la voluntad del Padre. Si nosotros oímos lo que Cristo nos dice, si creemos en Él y permanecemos en Él, daremos mucho fruto y con ello estaremos glorificando a Dios Padre.



Oremos:

Padre Santo, danos una ñisca de entendimiento para comprender esto que nos ha revelado tu Hijo Jesús. Danos Fe para creerle, seguirle y hacer lo que nos diga.

¡Queremos dar fruto en abundancia! ¡Dinos donde debemos tirar la red!



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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jueves, 2 de abril de 2009

Reflexión: Jn 8,51-59

Jn 8,51-59

“Yo soy”, es la más grande revelación hecha por Jesús, sin embargo los judíos y sacerdotes, así como muchas veces nosotros, no son capaces de ver. Jesús, en muchos de los evangelios de estos días está como tratando de atar cabos, haciéndonos notar la relación entre las escrituras proféticas y todo el Antiguo Testamento, con Él. Es de Él de quien se habla, es a Él a quien se esperaba, pero los judíos, a pesar de todo lo que habían visto, no estaban dispuestos a creerle. Así tendría que ser para que se cumpla hasta la última coma, pero como todavía no había llegado la hora, se escabulle.

“En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás”, es el centro de la prédica de hoy. Guardar su Palabra, hacer lo que el nos dice, seguir el Camino, ponernos en la luz, actuar con transparencia y con verdad. No andar con hipocresías, con engaños y con mentiras, que inescrupulosamente sacamos, como ases bajo la manga, sólo para lograr lo que queremos, lo que nos gusta, lo que nos acomoda, lo que nos conviene.

No encanta el poder y por él, hacemos cualquier cosa. Manipulamos los sentimientos, sembramos rencores, promovemos animadversiones y maledicencias, jugamos con la credulidad de los ingenuos, de los honestos, de los limpios y también, porque no, de los no tan limpios, que son capaces de maliciar como nosotros y encontrar maldad y razones torcidas en todo.

Somos afectos a los rumores, a las bolas y damos curso a todo, con tal de saborear las palabras que ofenden y maltratan a los demás. ¿Eso ha dicho? ¿Eso ha hecho? Prestamos oídos a todo y malgastamos nuestro tiempo en conversaciones vanas.

¡Aprendamos de Jesús! Él nos enseña a ser prudentes, recatados y no andar perdiendo el tiempo en tonterías. Todo nuestro tiempo, nuestra vida, alma y corazón debe estar dedicada a cumplir su Palabra, a hacer su Voluntad, a cumplir nuestra Misión. Desde que nos levantamos, hasta que nos acostamos. ¡Todo el tiempo! No hay lugar ni momento en nuestras vidas que no podamos y debamos bendecir al Señor. ¡Escojamos este Camino!


Oremos:

Señor te agradezco por la oportunidad que me das hoy de servirte nuevamente. Ayúdame a serte fiel a cada instante, todo el tiempo, con cada pensamiento, con cada gesto, con cada palabra. Que vivas Tú en mi. Que cumpla Tú Palabra y que ella brote de mi boca y en cada uno de mis actos.

¡Hazme santo! No soy digno, pero una palabra tuya bastará.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY