Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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jueves, 7 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 13,16-20

Jn 13,16-20

Jesús nos aclara que Él y el Padre en realidad son el mismo Dios. No es más uno que otro y quien recibe a Cristo, recibe al Padre. Cristo ha venido a Salvarnos por orden del Padre. Así, lo que Él nos dice, lo que Él hace es por bien nuestro y por disposición de Dios. Lo más importante, en donde radica nuestra salvación es en que CREAMOS.

Es tan importante creer y que lo que creemos se manifieste en nuestra vida misma, que incluso nos anticipa la traición de Judas con estas palabras: “Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: El que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy.”

Estas palabras encierran un gran misterio y también una revelación. Algo que constituye una constante en los evangelios. Del mismo modo en que Jesucristo recibe el poder del Padre, nos lo confiere a quienes envía. Aquí hay un asunto clave en el que creo debemos meditar. Jesucristo nos ha dado su poder, el mismo poder que ha recibido de Dios, a quienes Él Envía. ¡Dios, queremos encontrarnos entre los escogidos!


Oremos:

No puedo encontrar mejor oración hoy que suplicarte encontrarme entre los escogidos, para convertirme como Tú en comida y bebida, para todos mis hermanos, para toda la humanidad…allí donde Tú me envíes. ¡Mándame ya!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lunes, 27 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,22-29

Jn 6,22-29

El Señor hace realmente milagros, y es por estas señales que estamos atraídos a Él, que le seguimos, esperando que haga para nosotros, para nuestras vidas también el milagro. Y, Él nos pide que enderecemos nuestras vidas, que la ordenemos según Él, como Él nos indica…Que creamos en Él, que es el enviado de Dios Padre.

Creer en Él, ese es el alimento para la verdadera vida, la Vida Eterna. Creer en Él es abandonarse totalmente en sus brazos, es dejarse llevar, atraer por Él, seguirlo a donde nos propone, obrando como meros instrumentos de su voluntad. Él que cree en Él abandona todo y sigue su llamado, a donde quiera que Él disponga que vaya. El que realmente cree en Él, hace su voluntad.

¿Realmente creemos en Ti a ese extremo, hasta ese nivel? O es que somos pura palabra, pura frase, pura pose…pura cáscara y poca nuez. El que cree en el prodiga la paz por donde va, lleva alegría, nunca está triste, porque el Señor ha vencido al mundo, al pecado, al dolor y a la muerte. Porque el Señor ha venido a darnos Vida y en abundancia. Porque camina en la Verdad y tiene la Luz y esta alumbra a todos por donde va.

El que cree en Dios y en Jesucristo su enviado, ese tiene Vida Eterna, por lo tanto no hay nada que lo venza, nada que lo turbe, nada que lo pierda…camina por sobre todo, todo lo puede, todo lo traspasa, no tiene límites, porque todo lo hace con el poder que le da Jesucristo, el enviado de Dios Padre.

El que cree en Jesucristo, el Hijo de Dios, no puede pedir mayor Gracia para su Vida, lo tiene todo y como Jesús, lo da todo. Porque no se prende una vela, una linterna, un faro para esconderlo, sino para que de luz y la de en abundancia, para que todos puedan verla, seguirla. Porque sus obras hablan de su bondad, porque sus obras hablan de el gran tesoro que lleva en su corazón y este no es otro que el Amor del Padre, conocido a través de Su Enviado, Jesucristo, Nuestro Señor.



Oremos:

Señor acrecienta nuestra Fe. Creemos en Ti, pero no lo suficiente, por eso a veces flaqueamos, dudamos, nos acobardamos. Haznos un instrumento de tu Fe.

Queremos andar confiadamente por los caminos, sabiendo que Tú estás siempre a nuestro lado.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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sábado, 18 de abril de 2009

Reflexión: Mc 16,9-15

Mc 16,9-15

¿Qué más? ¿Más claro? El agua.

El Señor está cerrando su predicación…su presencia como hombre, como Hijo de Dios entre nosotros. Todo lo que ha hecho y nos ha mostrado tiene sentido. O quizás debiéramos decir que lo tendrá, si nosotros hacemos lo que Él nos pide, lo que nos ordena: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación”.

Tenemos un mandato. Como dijeron nuestros obispos en la V Conferencia General del Episcopado, en Aparecida: “No tenemos otro tesoro que este. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias.”

Resistencias las ha habido siempre. Ya vemos que a sus mismos discípulos Cristo “les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado.” Pero creo que la principal resistencia está en nosotros mismos, que no queremos comprometernos, que no queremos incomodarnos. Y es que vivimos en el engaño permanente, pensando que todo puede pasar suavemente por nuestras vidas, sin “hacer olas”, sin jugárnoslas. Pero eso es mentira. Tarde o o temprano llegan las dificultades y finalmente la muerte, y si no hemos llevado una vida digna, en la que hayamos puesto en juego todos los dones recibidos, Jesús nos escupirá por tibios.

Es que podemos vivir como el avestruz, escondiendo la cabeza y pretendiendo que nada pasa, que nada nos toca, que nada nos incumbe, pero tarde o temprano llega la hora de dar cuentas y entonces será demasiado tarde. Tenemos que llegar a comprender que la vida sólo tiene sentido, cuando somos capaces de darla por los demás. El que trata de conservarla y preservarla para sí, en realidad la pierde. Para dar frutos la semilla tiene que morir…

Nos cuesta entender la vida y el sentido de ella. Sin embargo tenemos tantos ejemplos en nuestra propia vida de felicidad. Detente un momento y revisa sinceramente: ¿No has sido feliz cuando has podido dar algo de ti, algo que te ha costado? ¿No es la felicidad de los que quieres la que te hace a ti feliz? Pues he ahí una muestra.

Camina haciendo el bien y procura solamente prodigar felicidad a los demás, aunque te vaya la vida en ello. Comparte generosamente lo que tienes; esfuérzate un poco por llenar las vidas de los demás, no la tuya. Da, sin mirar a quién. Solamente da. Recuerda que tienes una misión y que tal como nos lo dijeron nuestros obispos en Aparecida “no es una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana.”

Finalmente, nos recuerdan los obispos, “el discípulo misionero ha de ser un hombre o una mujer que hace visible el amor misericordioso del Padre, especialmente a los pobres y pecadores.”



Oremos:

Señor ayúdame a ser un verdadero emisario tuyo, a llevar la buena nueva por donde voy, con hechos, no con palabras. Que viva y me comporte cristianamente, SIEMPRE.

Quiero ser discípulo tuyo y no guardarme nada para mí. ¡Sacúdeme de esta modorra, esta tibieza, esta mediocridad! ¡Quítamela de encima, para que sea digno de llamarme hijo tuyo!


Roguemos al Señor…

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viernes, 27 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 7,1-2.10.14.25-30


Se acerca la hora y el día. Jesús lo sabe. Sin embargo, mientras no llegue, pasará de incognito y seguirá predicando en el templo, para aquellos que quieren oírle y sin temor de hacer las aclaraciones necesarias a los cobardes que no se atreven a atraparle.

Creo encontrar aquí una lección de astucia destinada a seguir cumpliendo con su misión hasta que llegue el final. Quiere decir que debemos emplear los medios a nuestros alcancen para liberarnos del enemigo, de nuestro opresor, de nuestro perseguidor, con tal de seguir con aquello que se nos ha encomendado, sin dejar de proclamar la verdad, La Palabra del Señor, que para eso hemos sido enviados.

Siempre habrá forma de llegar a nuestros hermanos. Nuestros esfuerzos deben estar dirigidos a encontrarlos, mientras estemos a tiempo. Y, mientras hay vida hay esperanza, así que mientras tengamos un halito de vida, estaremos a tiempo. Nunca es tarde. Empecemos ahora.


Oremos:

Querido Señor, permítenos ser fieles hasta el fin. Que aun en el lecho de muerte busquemos cómo podemos servirte. Que no desmayemos en nuestra misión, como Tú, para ejemplo de nuestros hermanos.

Tú nos has mandado a ser luz, a iluminar el camino. Que así sea mientras tengamos vida, Amén.


Roguemos al Señor…

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martes, 24 de febrero de 2009

Reflexión: Mc 9,30-37

Mc 9,30-37

Nada queda más oculto que aquello que no queremos ver. Y Dios sabe que hay cosas que no queremos ver en nuestras vidas. Cosas a las que les tenemos miedo, porque no entendemos o porque simplemente no quisiéramos que fueran verdad. Preferimos ignorarlas. Eso es lo que pasa con los discípulos. El Señor les habla de su muerte y resurrección, pero ellos nada, como si no fuera con ellos. En vez de ello, discuten por tonterías, por situaciones mundanas, propias de quienes no conocen a Jesús. Por eso él, leyendo nuevamente sus pensamientos, aprovecha para darles su mensaje, que difícilmente puede ser entendido por quienes no han dispuesto su espíritu, por quienes no se han dado cuenta que el seguimiento de Jesús significa un cambio radical en el modo de pensar y vivir, en el modo de ver y acoger al mundo.

Jesús revela nuevamente la fórmula. Es exactamente al revés de lo que estamos dispuestos a aceptar y no se trata de una alegoría, de una forma figurativa de decir algo que se debe interpretar, que está escrito entre líneas. ¡No! Lo dice abierta y expresamente: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos”.

Por si no queda claro, para aquellos que tienen sus mentes y corazones cerrados coge a un niño y lo pone al centro; Marcos agrega algo muy importante: lo estrechó entre sus brazos, gesto indudable de ternura, cariño y respeto profundo.

El Señor nos enseña a ser acogedores, cariñosos, generosos con los más pequeños, con los indefensos, con los humildes. Solamente puede actuar así quien es limpio de corazón, quien no tiene prejuicios…quien es capaz de mirar más allá de los gestos y apariencias…quien ve el corazón. Eso nos pide el Señor. Acoger, para ser acogidos. Y establece una relación de transitividad, por la que queda muy claro que a quien acogemos, a quien recibimos cuando recibimos al más pequeño…es a Dios mismo.

Oremos:

Señor, saca de nuestra vista la viga que tenemos y que no nos deja ver lo que nos dices o peor aún, entenderlo.

Quita de nuestra mente, de nuestro espíritu toda pretensión, todo deseo de figuración. Haznos dóciles y humildes. Aparta de nosotros la soberbia y el orgullo, la vanidad y la codicia. Que nos sobre y nos baste con ser fieles siervos tuyos, al servicio de la construcción del Reino.

Enséñanos el secreto que hay en cada niño, porque de modo tan especial quisiste que entendiéramos que quien los recibe a ti te recibe, y quien a ti te recibe a Dios mismo recibe.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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Reflexiones de HOY