Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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domingo, 26 de abril de 2009

Reflexión: Lc 24,35-48

Lc 24,35-48

Como los discípulos entonces, nosotros hasta ahora no salimos de nuestra perplejidad. No nos creemos todo lo que se nos ha dicho. No nos creemos lo que nos ha enseñado Jesús. Queremos interpretarlo y adaptarlo a nuestra comprensión, a nuestra razón , que por si fuera poco está distorsionada por una serie de complejos, traumas, limitaciones, prejuicios y mil obstáculos que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida para que todo parezca y sea como nosotros queremos. Así, con tanta basura acumulada, con tatos parches, mentiras, hipocresías, superficialidades y castillos edificados sobre la arena, así con estos lentes contra el astigmatismo, cuando en realidad tenemos miopía, es imposible verlo. Y sin embargo Él está aquí, al lado de cada uno de nosotros, rodeándonos, abrazándonos, envolviéndonos, guiándonos, llevándonos, levantándonos, cuidándonos, empujándonos, propiciando cada situación, dándonos amor, dándonos vida.

Debemos sacudirnos de todo prejuicio, de todo temor, de todo pesimismo. El Señor está con nosotros y ¡ha vencido al mundo! Pedir al Señor que purifique nuestra alma, nuestra mente y nuestro corazón. Que nos haga como niños, como una fuente cristalina de agua fresca y pura, como el día más transparente, templado y soleado, frescos como la brisa del mar que da sobre nuestro rostro cuando paseamos por una playa en primavera. Que nos haga dóciles para encontrarlo y verlo en nuestras vidas, allí donde menos esperamos…En realidad, allí donde posamos los ojos. Porque Él está en todas partes…acompañándonos, guiándonos, mostrándonos el Camino. El nos dice donde debemos dar el siguiente paso, donde debemos posar nuestros pies y nosotros le oímos, pero no siempre le hacemos caso.

Somos necios. No nos llegamos a creer todavía que Él está a nuestro lado y que sólo quiere nuestra felicidad; la de todos y cada uno de nosotros. Sólo debemos hacerle caso. Oír y hacer ciegamente lo que Él nos dice. No hay nada que nos proponga que no sea por nuestro bien y si nos cuesta, seguramente la recompensa será muchísimo mayor. Solamente tienes que tirar la red del lado que Él te indica y verás que la pesca será abundante.

“Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas”. Hemos sido testigos y somos los primeros beneficiarios de esta Gracia. Somos consientes de ello. Somos testigos. Los testigos están llamados a dar testimonio verás de lo que han visto, oído y creído.



Oremos:

Señor acrecienta nuestra Fe. Creemos en Ti, pero no lo suficiente, por eso a veces flaqueamos, dudamos, nos acobardamos. Haznos un instrumento de tu Fe.

Queremos andar confiadamente por los caminos, sabiendo que Tú estás siempre a nuestro lado.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 16 de abril de 2009

Reflexión: Lc 24,35-48

Lc 24,35-48

Apareciendo nuevamente entre sus discípulos, con el saludo de la paz y pidiéndole algo de comer, Jesús trata de acabar con el desconcierto entre ellos, centrarlos y encaminarlos nuevamente en su misión. Todo lo que ha ocurrido ha sucedido como estaba escrito y, algo que es sumamente importante: ustedes son testigos de estas cosas.

Un testigo está llamado a dar testimonio. El Señor nos compromete a eso. Ustedes saben, ustedes conocen, porque lo han visto…están llamados a darlo a conocer, a testificar, a llevar la Buena Nueva, a evangelizar. Este es un mandado, es nuestro DEBER. Como dice el documento de nuestros obispos en Aparecida: NO ES OPCIONAL.

Esto quiere decir, en mi modesto entender, que por ello seremos juzgados, que de eso se nos pedirá cuentas; que de esta forma podemos dar muestra concreta de amor, es decir si con nuestros actos EVANGELIZAMOS. ¿Y cómo podemos evangelizar al mundo con nuestros actos? Pues siendo verdaderos cristianos…Y, ¿Qué hace un verdadero cristiano? ¿Cómo se puede reconocer a un verdadero cristiano? No por lo que dice, ciertamente, si no por lo que hace.

Un verdadero cristiano es un hombre de paz. Un hombre que lleva y da la paz, tal como lo hizo el Señor. No es por costumbre o un mero modismo, que Jesús saluda de este modo a sus discípulos a penas los ve: “La paz con vosotros”. Es que para quien ha comprendido el mensaje, para quien ha sido testigo de todo esto que el Señor resume con las siguientes palabras: “Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’”. Para quien ha entendido el mensaje del Señor, decía, no puede haber sino paz; la paz de quien ha resuelto todos los nudos, de quien ha encontrado por el fin el Camino, de quien ha encontrado explicación y sentido a la Vida. Es Cristo, su vida, muerte y resurrección quien da sentido a nuestras vidas…Quien ha sido testigo, y quien realmente lo ha comprendido, deber tener la paz del Señor y debe darla.

Tener la paz del Señor y darla implica hacer un alto en el camino, hacer una reingienería total a nuestras vidas y mirar el mundo con otros ojos. Implica poner primero el amor. Esto quiere decir, empezando desde este momento, desde este segundo, poner a nuestros hermanos en primer lugar y vivir para dar antes que para recibir. Dar, amar, quiere decir desprenderse. Es cambiar totalmente el eje central de nuestras vidas y por ende, todos nuestros planes y proyectos. Es vivir hoy y cada día como un verdadero cristiano, y esto sólo se logra si cada día, a cada instante, todo el tiempo amas. ¿Cómo? ¿A quién? Empezando por quien está a tu lado y siguiendo con cada creatura que vayas encontrando en este tu día. Todos tienen que saber de Cristo. La noticia es urgente, es prioritaria, no puede esperar. La darás a conocer no con bonitas y rebuscadas palabras, sino con tu vida, con tus actos, con tus actitudes, con tu proceder cotidiano, a cada instante.


Oremos:

Señor ayúdame a caminar por este mundo siendo tu testigo. Dame el valor para anunciarte en cada uno de mis actos, con cada gesto, desde que amanece hasta que termine el día. Que vaya derramando paz y amor por donde pase. Que no necesite abrir la boca para que te reconozcan y si en todo caso habré de hacerlo, que sólo sea para proclamarte. ¡Dame tu paz y tu amor!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 15 de abril de 2009

Reflexión: Lc 24,13-35

Lc 24,13-35

Son nuestros gestos, nuestras actitudes, nuestras acciones, las que deben permitir conocernos, las que deben distinguirnos, más que nuestras palabras. Esto les pasó a los discípulos de Emaus. No pudieron reconocer a Jesús que caminaba con ellos, ni si quiera cuando venía explicándoles tan detalladamente las escrituras…Fue tan solo al partir el pan que finalmente lo vieron.

¿Cuál es la lección? Creo que es obvio que si queremos que nos reconozcan, que sepan quienes somos, qué somos, a quién seguimos, lo que decimos debemos acompañarlo de gestos y acciones reales. No basta hablar, aunque las palabras sean sabias y digan verdad. Lo importante es que estas palabras estén acompañadas por acciones coherentes, imitables, que lleven a la conclusión que no hay duda, que hacemos lo que predicamos. De otro modo, todo puede quedar en pura palabrería hueca, de aquella que viene el viento y se lleva.

Me parece importante que lo reconozcan, lo reconozcamos y nos reconozcan por estas dos cosas: bendecir el pan…es decir agradecer a Dios por todo lo que recibimos de palabra y de obra, porque acto seguido, lo compartió…se los dio. Eso es lo que espera el Señor de nosotros: que sepamos agradecer y compartir. Compartir siempre…por más poco que nos parezca tener. Nadie tiene tan poco que no tenga algo que compartir…y el que comparte, recibe de Dios con creces lo que dio.

Debemos ser generosos y solidarios. Generosos, dando no de lo que nos sobra, sino de aquello que incluso nos hace falta, poniendo primero a los demás. Poniendo a nuestro prójimo antes que nosotros. Lo que voy a comer, primero lo fracciono y luego lo reparto. No primero veo cuanto hay, saco mi parte y lo que sobra lo entrego. ¡No! Sin embargo eso es lo que hacemos siempre ¿o no?


Oremos:

Señor dame un corazón generoso como el de Jesús, que no piense primero en mi satisfacción, en saciarme para después repartir lo que me sobra…Que por el contrario, este siempre dispuesto a compartir lo que tengo, aun antes de hacer ningún cálculo. Si lo tengo, es de cuantos están conmigo y si no hay nadie, voy y los busco, los acompaño, estoy con ellos, los escucho…y sobre todo, comparto.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 25 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 1,26-38


Hermoso pasaje del evangelio en el que se nos narra cómo fue concebido Jesús, nuestro Salvador. La sencillez, transparencia, pureza y humildad de María son realmente conmovedoras. Sin embargo, lo más importante es el Sí de María. Un Sí que la habrá de acompañar por el resto de su vida y del que jamás renegará. Un Sí que, a su corta edad, venía anticipado por una vida llena de Gracia y que se mantendría así para siempre. Un Sí que demuestra una fe inquebrantable, en la que no hay dudas, ni retroceso alguno posible.

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Son palabras ejemplares que ojala pudiéramos recitar cada mañana renovando nuestro compromiso con Jesús. Es el mejor ejemplo del abandono total y pleno, de la entrega sin reparos a lo que Dios pueda disponer. Toma nuestra Vida entera, a Ti te la damos…haz de ella lo que sea Tú Voluntad. Haznos un instrumento de tu fe, diría San Francisco.

Que seas Tú y no yo quien viva en mi. No puede haber mayor acto de fe. Ahora se trata de transformar en hechos estas palabras, que pueden ser muy poéticas, pero huecas, si no se llevan a la práctica.


Oremos:

Señor, danos el valor, la decisión, el coraje y la perseverancia para entregarnos plenamente a Ti, sin rodeos, sin regateos, sin cortapisas. Haz que a ejemplo de María demos un Sí para siempre, que nos convierta en referente, en roca, en camino para nuestros hermanos. Que encuentren en nosotros consuelo y no lamentaciones, ni mucho menos dudas. Que seamos firmes y claros.

Que no por eso dejemos de ser humildes, sencillos. Porque tu verdad, La Verdad, ha sido revelada a los más humildes, a los pobres, a los niños, a los de corazón puro. Que nos hagamos merecedoras de ella y que la irradiemos al mundo.


Roguemos al Señor…

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sábado, 21 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 18,9-14


Jesús nos señala y advierte sobre el gran peligro de creernos los únicos, los perfectos, los poseedores de la verdad, despreciando a los demás, por considerarlos inferiores o en todo caso con una capacidad y un tono espiritual inferior al nuestro. Pues de esa actitud, como de toda actitud egoísta y vanidosa debemos huir. Nosotros debemos ser siempre humildes y debemos rogar al Señor que nos de auténtica humildad, no aquella externa, aparente, destinada a engañar a quienes nos rodean, mientras por dentro nos vanagloriamos de nuestras cualidades y excelsas virtudes.

El problema no es sólo que nos creemos algo que no es verdad, que no es cierto, sino que encima esta actitud se convierte en un obstáculo para nuestra conversión. Claro, si somos tan perfectos, si somos tan virtuosos, no dejamos espacio a la autocrítica, a la superación, al cuestionamiento de nuestros defectos, que seguramente los tenemos en cantidad; el orgullo nos satura y ciega. Así difícilmente enmendaremos nuestro camino y persistiremos en nuestros errores.

Debemos dejar el juicio a Dios. Nosotros debemos limitarnos a servir del mejor modo posible, procurando corregirnos siempre. Debemos acercarnos con humildad a nuestro Padre, reconociéndonos pecadores.


Oremos:

Señor, qué difícil es ser humilde, realmente humilde de corazón, de espíritu, cuando siempre tenemos por dentro el gusanillo aquél del fariseo, que nos anda alagando por nuestros “aciertos”, por nuestra “sabiduría”, por nuestra “claridad” y “lucidez” para ver y juzgar todo. ¡Señor, danos humildad! Humildad para aceptar y entender a nuestros hermanos, para escucharles, para ponernos en su lugar.

Hazme entender que no soy el único bueno, que hay muchos mejores que yo…que los ha habido antes y que los habrá después. Dame un corazón puro, limpio, libre, dócil…amable.

Señor, hazme un instrumento de tu fe, que sólo así participe y opine donde haya que hacerlo, nunca por ganar votos, por ganar prestigio y aceptación.


Roguemos al Señor…

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lunes, 16 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 4,24-30


Ya lo hemos dicho antes. Jesús es un tipo incómodo. Y es que no le dora la píldora a nadie. El va diciendo la verdad a todo el mundo, cantándoselas muy clara y eso no le gusta a mucha gente, sobre todo a aquellos que se creen escogidos, a los poderosos, a los ricos, a los “sabios”, a los sacerdotes, escribas y fariseos…

Es que no nos tragamos que aquél infeliz, ese que siempre hemos visto, ese “pobre diablo” que vive entre nosotros un día venga y nos la haga ver muy claro, que somos unos egoístas, que acomodamos todo a nuestros favor, que ponemos cargas pesadas en los otros, que nosotros mismos no seriamos capaces de llevar, que no somos nadie y que por el contrario, aquél que hemos desechado, aquél del que renegamos, ese precisamente ha escogido el Señor para darnos su mensaje.

¿Quién es este “cholito”, nos decimos, para venir a decirme lo que yo debo hacer? ¿Quién es este ignorante para decirme lo que está bien o lo que está mal, cuando yo tengo 2 maestrías y un doctorado y voy por el segundo? ¡Nosotros lo hemos estudiado y decidido todo a vuestro favor, pedazo de ignorantes, para que ustedes no piensen ni decidan, porque no son capaces, porque no tienen la luz y sabiduría que nosotros! ¡Ustedes no tiene que opinar, porque cuando abren la boca hablan estupideces! Además, estamos apurados, hemos emprendido una obra monumental que ustedes, por su ignorancia y su ubicación funcional, no alcanzar a ver y no estamos para perder tiempo en aclarárselo, porque además no están en condiciones de entenderlo, así que lo deben aceptar con la boca cerrada, confiando que es lo mejor, pues ha sido ideado y planificado por nosotros, un selecto y escogido grupo que podemos acreditar a quienes quieran que somos capaces, que tenemos los pergaminos suficientes y contamos con el poder suficiente para comandar la tarea que nos hemos propuesto! ¡Ustedes deben confiar, ceñirse, colaborar y acatar! ¡Ese es su papel!

Y cuando iban a arrojar a Jesús al barranco, pasando por en medio de ellos se marchó. Hasta ese extremo incomodó. Es que no había llegado su momento, momento que, muy a pesar de esta turba dirigida por la “aristocracia”, había sido planeada y dispuesta por el mismísimo Dios desde hacía mucho siglos. Nadie muere la víspera. Todo ha sido cuidadosamente planeado y Dios tiene un Plan para cada uno de nosotros. ¿Cuál es Dios mío tu voluntad? ¿Qué quieres de mí? Ese es nuestro gran reto, descubrir su Voluntad, que luego las cosas sucederán cuando deban hacerlo y entonces, ojalá estemos trabajando en la viña, para la viña.

Oremos:

Señor, danos humildad, serenidad y discernimiento, para no caer en la tentación de la soberbia, de creernos dueños absolutos de la verdad, despreciando a nuestros hermanos y haciendo oídos sordos a sus voces, simplemente por creer que provienen de ignorantes que además conocemos de toda la vida.

Danos fe, para leer los signos de los tiempos y saber reconocer que Tú actúas a través de nuestros hermanos y muchas veces, sino siempre, a través de los más sencillos, de los más simples, de los que menos destacan, de los menos aplaudidos y reconocidos, de los humildes.

Danos un corazón puro, danos sabiduría, lucidez, discernimiento y modestia.



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sábado, 14 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 15,1-3.11-32


Estamos frente a uno de los episodios más conmovedores del evangelio, la parábola del hijo pródigo. Podemos reparar que Jesús la cuenta a propósito de las murmuraciones de los escribas y fariseos, por las malas juntas que este tenía, al reunirse con publicanos y pecadores.

Los “dueños de la verdad”, los “limpios”, los “puros” resentían que Jesús se juntara con aquellos que ellos rechazaban o cuando menos mantenían distancia, para no contaminarse. Les escandaliza que Jesús ande con pecadores y seguramente también con pobres, humildes y andrajosos.

Jesús en cambio, no rechazaba a ninguno que se le acercara y no temía juntarse con nadie. Conversar, ayuda, alivia, cura a prostitutas, leprosos, cobradores de impuestos, oficiales romanos y cuanta gente le buscaba afligida, arrepentida, dolida…Jesús era portador de paz, la transmitía y obraba un gran cambio en quienes lo recibían. Jesús venía a anunciar al Padre de todos, al Padre de la humanidad entera, de buenos y malos, de ricos y pobres, de sanos y enfermos, aun de los despechados y pecadores como el hijo pródigo.

Y es que Jesús, como dirá en otro momento, ha venido a sanar a los enfermos. Es penoso y lamentable que el que está bien, el que lo ha tenido todo, incluso claridad y discernimiento, recienta que su hermano menor, ofuscado, ambicioso y seguramente preso de sus debilidades, habiendo caído en lo más hondo, haya recapacitado y vuelto al Padre, lejos del cual le era imposible vivir. Más aún, que recienta el extraordinario recibimiento que le hace el Padre, “porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado”.

Debemos procurar comprender esta parábola para tratar de entender el inmenso amor que nos tiene el Padre, quién para reconciliarnos, para salvarnos fue capaz de enviar a su único hijo, al que maltratamos y mandamos morir en la cruz. Arrepentidos volvemos los ojos a Él y Él nos perdona, abraza y nos vuelve a dar nuestro lugar de hijos y herederos del reino. Hemos sido perdonados, hemos sido salvados…

Oremos:

Señor, no permitas que viva comparándome siempre con mis hermanos y mucho menos envidiando o anhelando lo que tienen. Dame fe para saber que tú me das lo que necesito a cada instante y valor para vivir con ello dando testimonio de tu amor.

Dame generosidad para alegrarme del bien que produces en mis hermanos. Permíteme seguirte siempre y si flaqueo, ayúdame a encontrarte y caminar siempre por tu senda.


Roguemos al Señor…

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jueves, 12 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 16,19-31


Una lectura realmente conmovedora…Diría que terrible. Tenemos nuestra oportunidad de creer en el evangelio y cambiar, y convertirnos: “conviértete y cree en el evangelio” nos dijeron el miércoles de ceniza. Eso lo tenemos que hacer ahora, en vida, ahora que tenemos la oportunidad. Después será demasiado tarde.

El pasaje que leemos es bien duro y triste. El hombre rico, cuyo nombre ni sabemos, se perdió, cegado por su indiferencia. Seguramente miraba por sobre el hombro a todos y jamás inclinaba si quiera un poco su vista al suelo, de otro modo hubiera visto a Lázaro. En cambio este último, al que incluso los perro lamían sus llagas y que se hubiera contentado con las sobras que caían de la mesa del rico, pudo registrar su nombre entre los escogidos y luego de una vida de sufrimiento y males, le tocó gozar del bien, de la vida eterna.

Hoy el mundo se debate en una crisis tremenda, de la que sólo estamos viendo el comienzo. Los ricos con su sistema económico, organizado solamente para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, intenta salvarse de la pérdida de parte de sus riquezas y para ello toman medidas que sólo darán por resultado pérdida de empleo, de poder adquisitivo, incrementando el número de pobres y profundizando la pobreza misma.

¿Por qué no se preguntan si no ha llegado la hora de dejar de acumular y en vez de ello empiezan a repartir lo que tienen con los que fueron menos favorecidos? Es que su idolatría es tan grande que jamás se desprenderán realmente de lo que les importa, con las justas si dejan caer algunas migajas. Si los ricos del mundo quisieran, hace rato hubieran solucionado el problema del hambre y la pobreza en la Tierra. Si en vez de gastar inmensas fortunas en guerras insulsas, criminales y abusivas, destinadas a enriquecerlos más, hubieran oído el clamor de los pueblos y hubieran repartido algo de lo que poseen, no estaríamos ante tan grave crisis, ni habría tanta miseria.

Algún día, quizás se den cuenta. Pero quizás entonces sea demasiado tarde. De allí la urgencia de evangelizar. Todos hemos sido llamado, aunque no todos entraremos…Es nuestro deber proclamar que hemos encontrado la mayor riqueza a la que el hombre puede aspirar…¡El amor!


Oremos:

Señor, haznos comprender la urgencia de tus palabras y que nos pongamos manos a la obra ¡ya!, llevando la esperanza y la necesidad de cambio a todos nuestros hermanos, pero especialmente a los que más tienen, para que alivien en algo la pobreza de los miserables, ahora que pueden hacerlo.

Aparta de nosotros toda ambición, toda mezquindad, toda soberbia y avaricia. Haznos generosos y nobles.



Roguemos al Señor…

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lunes, 9 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 6,36-38


Con la misma medida que aplicamos a los demás, seremos juzgados, nos recuerda el Señor. Como tantas veces antes, en forma reiterada nos hace notar que nuestra salvación está en función de los demás. Los otros, el mundo que está fuera de mí, mi familia, mis hermanos, mis padres, mis amigos…la sociedad en s conjunto juegan un papel importante en la salvación. Todo depende de cómo me porte con ellos. “Ellos” son importantes y son nombrados en forma explícita. No se trata de hacer una interpretación o de llegar a ellos por una extensión del perfeccionamiento de mi persona; en todo caso es precisamente al revés. Me perfeccionaré y entonces llegaré a Dios, mejorando mi trato con mi prójimo.

No es accidental o secundario el orden incluso en que a través de esta lectura se nos da nuestro lugar. Se trata que obremos nosotros primero en nuestros hermanos como queremos que Dios obre en nosotros. Primero damos para recibir. No nos sentamos de brazos cruzados esperando que el poder divino se muestre sobre nosotros, para entonces ponernos a actuar. Tampoco empezamos un proceso de perfeccionamiento personal que habrá de llevarnos a proyectarnos a los demás como el descubrimiento de que sólo a través de ellos nos podemos realizar. Los demás no están después de nosotros…¡Esto es un gran cambio de perspectiva!


Oremos:

Señor, ayúdanos a comprender que sin ti no somos nada, pero que solo llegaremos a ti, a través de nuestros hermanos.

Danos el coraje, la entereza y el amor suficientes para ver y atender las necesidades de nuestro prójimo en primer lugar.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 4 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 11,29-32


“Aquí hay algo más que Jonás”…Y es que somos realmente privilegiados. El Señor ha venido a salvarnos. Ha anunciado la Buena Nueva y hemos tenido el privilegio de vivir para escucharlo, tanto aquellos que vivieron con él y lo acompañaron en su peregrinar, como nosotros a quienes gracias a aquellos nos ha llegado la Palabra Viva de Jesús.

No, no tendremos más señal, porque se nos dio todo lo que era posible y necesario. El Señor vino a Salvarnos y lo hizo dando su vida por nosotros. “Tanto amó Dios al Mundo, que entregó a su propio hijo como sacrificio por nuestra salvación”. ¿Qué más?

¡Qué difícil es dar la vida por un amigo! Aunque seguramente habrá siempre alguien dispuesto, gracias Dios. ¿Pero dar la vida por alguien que te ha fallado, por alguien que no cree en ti, por alguien que duda de ti, por alguien que no te conoce, por alguien que no te quiere? ¡Eso hizo Jesús por nosotros!

Jonás se entregó como sacrificio para salvar la nave en que viajaban de la furia de las olas del mar, y fue devorado por una ballena que a los tres días lo devolvió sano y salvo. Jesús será crucificado muerto y sepultado por nuestros pecados, pero resucitará al tercer día, redimiéndonos y sellando la Alianza Eterna con nuestro Padre, Dios.

¿Creemos eso? “Conviértete y cree en los Evangelios” es la exigencia de este tiempo de cuaresma.


Oremos:

Señor danos fe si quiera como un grano de mostaza, para creer en ti, en los evangelios y en la salvación que con tu bendita sangre ha sido adquirida para nosotros por toda una eternidad.

Que vivamos según los evangelios, llevando paz, alegría y esperanza al mundo, sabiéndonos amados por Él que más puede amar, por un Dios que es Amor, que es, por si fuera poco, nuestro Padre.


Roguemos al Señor…

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sábado, 28 de febrero de 2009

Reflexión: Lc 5,27-32


Dos cosas me sorprenden en este evangelio. La primera, el poder de persuasión; el tremendo poder que ejerce Jesús sobre las personas. Causa admiración y atrae, sin duda. No de otro modo me explico que pueda dirigirse a Levi en los términos que lo hace, según el evangelio. Bastó un “Sígueme”, para que este se levantará, lo dejara todo (así dice) y lo siguiera.

Luego Levi da un banquete, en que su principal invitado seguramente es Jesús y sus discípulos. Jesús no tiene reparo en participar, lo que origina las habladurías entre fariseos y escribas, que obviamente reprochan sus conducta: ¿Cómo se junta con esa gente pecadora?

Tanto que cuidamos las apariencias y entre estas, las buenas juntas. No queremos que se nos señale, que se nos confunda con algunos…Sin embargo, Jesús, el más grande de todos, no tiene problemas con los chismes y murmuraciones. Él tiene muy clara su misión y como se lo hace notar a los chismosos que andaban murmurando por ahí: ha venido a curar a los enfermos, a salvar a los pecadores.

El Señor ha venido por todos nosotros, no por la élite, la aristocracia de cualquier género. Los que saben mucho, los que tienen mucho, los que creen no necesitar a nadie o nada, seguramente se lo perderán. El que está satisfecho, el que está saciado, el que tiene todo, al que nada le falta…¿por qué habrá de incomodarse? Jesús pasará de largo por su lado, sin que lo note.



Oremos:

Señor, ¿seré yo de aquellos que te rechazan por soberbia, porque creo tenerlo todo, porque me siento dueño de la verdad y autosuficiente?

Dame humildad, para no cegarme por mi subjetivismo, por mis pretensiones. Que sepa recibirte, acogerte, oírte y seguirte dejándolo todo, como Levi.


Roguemos al Señor…

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jueves, 26 de febrero de 2009

Reflexión: Lc 9,22-25

Lc 9,22-25

Jesús insiste por estos días en hacer notar a sus discípulos que tendrá que sufrir mucho, que tienen una Misión que lo llevará a la reprobación de todos aquellos considerados sabios, de todos aquellos que cuentan con prestigio frente al pueblo y que incluso será matado…Hasta ese extremo habrá de llegar. No se trata pues de pasar solamente un mal rato, es que acabarán con él, o por lo menos eso será lo que pretenderán. Sin embargo no podrán, porque finalmente resucitará, con lo que sellará definitivamente su triunfo sobre la muerte y el pecado.

Es decir que la razón de su sufrimiento, la razón de su predicación, la Verdad de su mensaje queda confirmada con su resurrección. Y todo ocurre conforme estaba escrito.

Esto es lo que ocurrirá con Jesús. Este es el ejemplo. Entonces, nosotros ¿Qué debemos hacer? Pues, seguirlo, como nos dice Él mismo, llevando nuestra propia cruz.

¿En qué consiste el seguimiento de Jesús? Es todo un cambio de actitud, todo un salto que debemos dar. No se trata de cuidarnos, de procurar no molestar a nadie, de conformarse con todo y sobre todo de no hacer olas para salvar nuestro propio pellejo. Se trata de poner en juego nuestra vida, si es preciso, por la verdad, porque sólo si eres capaz de perder tu vida por los demás la salvarás. En cambio si te empeñas por no sufrir, por pasar incólume, sin rasguño, pues lo que habrás logrado finalmente será perder tu propia vida. Y ¿Qué hay más importante que la vida misma?

Se trata de toda una filosofía, de todo un modo de afrontar y ver la vida, dando por sentado que primero y antes que nada están nuestros hermanos, están los demás. Este es el verdadero significado de la palabra: amor. El que ama verdaderamente, como lo manda Jesús, tiene un programa en el que su nombre figura al final. Es como el capitán del barco que se hunde, que sólo saltará cuando haya terminado de salvar al último.



Oremos:

Señor, danos el valor para ir y salir siempre en pos de la verdad. Que no nos escondamos, que no huyamos buscando nuestra protección, sino antes bien, que estemos dispuestos a sacrificarnos por ella, sabiendo que ello será la salvación de muchos o aun cuando sea de uno.

Haznos capaces de amar verdaderamente. Que dejemos el egoísmo, la comodidad, el hedonismo y sobre todo el engaño del demonio, que en nuestras mentes trata de justificarlo todo, usando argumentaciones de todo tipo, con tal de no comprometernos, de librarnos del dolor y del sufrimiento. No somos masoquistas, pero no podemos ir por la vida engañándonos, pensando que podemos pasar sin sufrir, cuando hay tantos millones de hermanos nuestros que padecen mil penurias cada día.

Haznos sensibles al dolor y al sufrimiento de nuestros hermanos, sobre todo de los que tenemos alrededor nuestro. Quita de nosotros la indiferencia.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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lunes, 10 de noviembre de 2008

Reflexión: Lc 17, 1-6

Lc 17, 1-6

Escándalo, perdón y fe. Jesús habla de estos tres temas hoy. Es nuestro DEBER andar con cuidado, para no dar falso testimonio. Evitar la incoherencia, que finalmente termine por desorientar a nuestros hermanos. Lo peor que podemos hacer es escandalizar, a los que menos saben, a los sencillos, a los humildes, a los niños, que desconcertados pueden quedarse sin saber en qué creer.

Muy por el contrario, debemos preocuparnos por ser buenos ejemplos. No siempre todo habrá de estar en nuestras manos, pero en tal caso pidamos ayuda al Señor…Él vendrá en nuestro apoyo, si tan sólo tuviéramos fe “como un grano de mostaza”. No es casual que junto con el esforzarnos por ser fuertes, por ser coherentes, el Señor nos enseñe a perdonar y nos aliente a tener fe. No debemos doblegarnos; no debemos dejarnos vencer. Debemos seguir luchando, hasta el final. No claudicar, pero saber reconocer que nuestros hermanos son débiles, que son mortales, que son falibles y que por tanto merecen nuestro perdón siempre.


Oremos:
Pidamos al Señor que nos de la Gracia de saber perdonar, de no guardar rencor, de dar oportunidad a todo aquel que nos la pide.

Que nos de el coraje de llevar una vida decente, única, coherente. Que nadie se sienta engañado y mucho menos desengañado por nosotros.

Danos firmeza, para no claudicar ante cualquier pequeño embate y muy por el contrario, danos la fe necesaria para confiar en Ti siempre y jamás claudicar.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

sábado, 18 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 10, 1-9

Lc 10, 1-9

Jesús envía a sus misioneros y les dice cómo deben comportarse…Tenemos que ir anunciándole, si llevar nada más que su palabra, que es un mensaje de paz y amor, quedándonos con quien quiere recibirnos. No andar de aquí para allá, sino quedarnos y compartir todo con quien nos reciba.

La misión no es fácil, pero quien tiene a Dios, nada le falta. No es preciso nada. Confiar en Dios, apoyarnos entre nosotros y en quienes nos quieran recibir. Con solo estas recomendaciones y la advertencia que vamos como corderos en medio de lobos, debemos afrontar nuestra misión. No hay nada más que decir, pues ya nos ha dado todo. Hay que tener fe, y con la fuerza del Espíritu Santo, marchar adelante, anunciando la Buena Nueva a quienes quieran oírla.

Nuestra misión es anunciar.

Oremos:

Señor danos lucidez e inteligencia para entender cuál es nuestra misión, luego valor y perseverancia para cumplirla.

Que no andemos con tanto rodeo antes de ponernos en camino. Que entendamos que lo único que necesitamos, ya lo tenemos.

Que no nos detengamos, si no para recibir aquello que es justo y necesario.

Que no andemos como picaflores, aquí y allí, sino antes bien, que nos detengamos y profundicemos con quienes nos reciben, mientras permanecemos allí.

Que no nos detengamos, que no nos estanquemos. Que comprendamos que nuestra misión no estará culminada en tanto queden gentes que no conocen a Jesús, a Dios Padre y al Espíritu Santo. En tanto hay pobreza, injusticia y atropellos.

Que seamos portadores de la paz y el amor de Dios Padre.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

viernes, 17 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 12, 1-7

Lc 12, 1-7

Jesús nos llama, nos invoca a ser coherentes. No podemos llevar una vida doble. Nuestra vida, nuestro comportamiento debe ser el mismo siempre, incluso cuando estamos solos. Debemos purificarnos, al punto que lo que pensemos, lo que digamos y lo que hacemos cuando estamos solos sea iguala que lo que decimos o hacemos frente a los demás.

Esto ha de ser así, si hemos comprendido que la vida es un Don Divino, que la hemos recibido de Dios Padre y que daremos cuenta de cada segundo de ella.
Pero este seguimiento a plenitud no es fácil. Tendemos a caer en la tentación de creer que sólo debemos guardar apariencias ante los demás y luego, cuando estamos solos, en privado, nos desbandamos. Esto no puede ser. Esto es lo que tenemos que evitar. Nuestra vida debe ser coherente única, siempre. A eso nos llama Jesús.

Por eso digo que debemos purificarnos. Entiendo ello como un proceso, que comenzado en algún lugar, termine por abarcarlo todo; por abarcarnos íntegramente, cada espacio, cada resquicio; más aún los íntimos, aquellos que nadie ve. Porque si somos y actuamos cristianamente en nuestra vida íntima, en aquella que nadie ve (sólo Dios, a quien no se le escapa nada), con cuanta mayor razón habremos de ser cristianos ante los demás.

Uniendo estas lecturas a las anteriores, en todas las cuales Jesús nos ha llamado a no ser falsos, a no ser hipócritas, ahora si puedo ver claramente de qué trata la CONVERSIÓN. El Señor nos llama a la conversión, pero desde adentro. Es en esta batalla interior donde debemos combatir al demonio, al mal, a las tentaciones. Donde debemos asegurarnos que Cristo venza primero. Si vence aquí, si toleramos que venza aquí, si fomentamos que así sea, si luchamos en nuestro interior por ello, de seguro vencerá afuera. Pero es en nosotros que debe vencer primero.

De allí la necesidad de oración permanente, de purificación. Él debe abarcarlo todo en nosotros. Solamente cuando nos haya copado, podremos dar verdadero testimonio de Él. ¡A eso debemos llegar! ¡A eso podemos llegar! Él está dispuesto a ayudarnos, para eso nos dejó los sacramentos, para eso nos envió el Espíritu Santo. Pero la opción es nuestra.

Recién lo entiendo. Cuando lo que diga y haga íntimamente pueda ser publicado a los 4 vientos, entonces habré logrado la conversión plena. Entonces, no andemos viendo la paja en el ojo ajeno, cuando tenemos una viga en el nuestro…¿Entiendes? ¡No juzguemos! Antes bien, fiémonos en lo que hacemos nosotros cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo. No se trata de reservar ciertos tiempos, ciertos momentos, ciertos lugares para nosotros…sin Jesús. ¡No!

Se trata de vivir y estar SIEMPRE a su servicio. ¡Ese es el reto!

Oremos:

Señor, te pedimos que nos hagas coherentes…Que nos des la capacidad para vivir UNA SOLA VIDA. Que no tengamos ningún temor de exponernos públicamente, porque en nosotros sólo hallarán transparencia. Siempre los mismos. Deseando a los demás íntimamente lo mismo que decimos públicamente.

¡Qué difícil, Señor! Pero con tu ayuda, con tu Gracia todo es posible. ¡Ayúdanos a ser coherentes, a vivir una sola vida!

¿Cuántas veces me he justificado diciéndome que cuando menos no hago escándalo? Sí Señor, es que he oído que todo se perdona, menos el escándalo y eso ha bastado para que me cuide que no se sepa lo que hago íntimamente. ¡Claro, me decía, mientras no escandalice!

Pero si me quedo allí, no avanzo. No es suficiente. Mi vida debe ser íntegra, una, dedicada PLENAMENTE a Ti.

El Espíritu de Dios debe penetrar en cada resquicio de mi vida, en cada rincón.

Mientras una cosa sea la que pienso y otra la que digo. Mientras no pueda refrenar y gobernar mis pensamientos, mis deseos y actitudes más íntimas, no alcanzaré la Santidad. ¡Y Tú me has llamado a ser Santo!

¡Eso es lo que hasta hoy no entendí!

Señor que me has permitido ver tu luz, ayúdame a ser coherente, a vivir iluminado por ella SIEMPRE. Purifícame, lávame, límpiame.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)


jueves, 16 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 11, 47-54

Lc 11, 47-54

El Señor no se anda con rodeos cuando tiene que deslindar su posición, cuando tiene que anunciar y denunciar, habla claramente, es enérgico y no deja lugar a dudas ni murmuraciones. ¿Por qué andamos tratando de interpretar sus palabras? ¿Será que queremos adaptarlas a nosotros, adecuarlas a nuestro comportamiento de modo tal que nos resulten inocuas y digeribles?

Es notable que en estos versículos se dirija nada menos que a los maestros de la ley, aquellos que se han levantado como regidores de la vida pública. Los que se supone deben velar por el buen cumplimiento de las normas y leyes que nos permiten vivir en sociedad.

Gobernantes, gerentes, directores, líderes, muy fácilmente caen en la tentación de poner cargas pesadas sobre los hombros de sus seguidores, de sus servidores, de sus empleados…cargas que ellos jamás se pondrían en las espaldas. Es cierto que se requiere cierta presión, cierto empuje para progresar, para desarrollar, para avanzar y mejorar. El bien común, la sociedad lo requiere. Debe haber exigencia, pero sin olvidar la justicia y sobre todo, sin olvidar lo que es más importante: la persona. Nada puede estar por encima de ella.

Más radical aún es la demanda que hace el Señor a todos aquellos que tergiversan la realidad, que a sabiendas engañan a los demás, a los inocentes, a los pobres, a los ignorantes. Cuanto de esto estamos viviendo hoy, que desconocemos de donde viene la crisis mundial, que desesperados buscamos a alguien que nos salve y caemos en las manos de seudo luchadores por la democracia y la libertad, que nos llevan al despeñadero. En nombre del “anti terrorismo” se comenten atrocidades con pueblos enteros, que son sumidos en la guerra, el odio y la destrucción.

¡Ay de ustedes, maestro de la ley, que se han quedado con la llave del saber; no han entrado ustedes y han cerrado el paso a los que intentaban entrar!


Oremos:

Señor, te pedimos que no seamos impedimento de ninguna clase para aquellos que de veras quieren encontrarte. Que no actuemos como filtro, como lastre, como engaño. Que no caigamos en el juego y nos convirtamos en tontos útiles del mal, del odio, del rencor, de la muerte.

Haz más bien que brille tu luz en nosotros, para que podamos alumbrar el camino a nuestros hermanos.

Perdónanos cuantas veces caemos en la arrogancia, en la petulancia, en la soberbia de creernos dueños de la verdad. Danos humildad para guiar a nuestros hermanos respetándolos.

No permitas que obremos por la fama o el reconocimiento; que solo el amor nos mueva. Que seas Tu el fuego que nos quema por dentro y que no nos detengamos hasta ver ardiendo la pradera.

¡Haznos dóciles al Espíritu Santo!

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

Incluimos aquí un video porque creemos que puede ayudar a la composición del lugar, es decir a situarnos mental u visualmente en las escenas que estamos leyendo en los evangelios.

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miércoles, 15 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 11, 42-46

Lc 11, 42-46

El Señor sigue hablando de nosotros, de todos los que andamos buscando la figuración, los privilegios, el reconocimiento, la notoriedad, los beneficios. De los que nos quedamos en lo superficial, en la postura, en las apariencias.

Si eso es lo que buscamos, si con eso nos conformamos, seguramente habremos de conseguirlo; pero ¿habrá valido la pena? ¿Eso es lo que quiere Dios de nosotros? Así se comportaban los fariseos. ¿Seremos fariseos?

O tal vez seremos como el maestro aquél, que con el pretexto de seguir la ley al pie de la letra, impone cargas a sus hermanos que no es capaz de llevar él mismo. Exigencia e intransigencia para los demás. Tolerancia, comprensión y permisividad para sí.

¿Cómo somos? ¿Cómo debemos ser? El Señor pone al descubierto: saca a luz todas nuestras debilidades, todas nuestras bajezas. Su Palabra penetra hasta el fondo y toca la fibra más profunda de nuestro ser. ¿Estamos conformes con lo que somos, con lo que mostramos…o estamos dispuestos a cambiar?

El Señor nos lanza un reto; nos señala El Camino. ¿Seremos capaces de transitarlo?


Oremos:

Señor, sin ti no soy nada, no soy capaz de nada. Contigo todo lo puedo. ¡Ven Señor Jesús, toma todo lo que soy, todo lo que tengo, todo te lo entrego a Ti. Haz de mi un instrumento de tu fe.

Quiero ser justo con mis hermanos. Dar sin importar cuánto, mientras me sea posible. No llevar cuentas.

Doblega mi arrogancia. ¡Qué mi alegría sea servirte a Ti, al más humilde, al pobre, al indefenso, al inocente!

¡Que no me compare! ¡Qué no compita por privilegios, por honores, por deferencias! ¡Que sienta como el mayor privilegio el poderte servir siempre y en todo momento!

¡Quita de mi toda máscara, apártala! ¡Hazme transparente, para que cuando mis hermanos vean y profundicen, no encuentren a otro que a Ti.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexión: Lc 11, 37-41

Martes 14 de octubre de 2008.

Lc 11, 37-41

Somos muy propensos a juzgar todo por las apariencias. Si alguien nos parece bien, porque se viste como nos gusta, porque mantiene el gesto que nos atrae, y en fin, porque su apariencia es atractiva, nos dejamos arrastrar. En cambio a aquel cuya apariencia externa no nos parece apropiada, lo marginamos, lo lapidamos, lo dejamos de lado.

¿Por qué somos tan propensos a la discriminación? ¿Por qué no somos capaces de sobreponernos y ver más allá de las apariencias? Tras las formas externas, la vestimenta, la cirugía estética (o la falta de ella), está el Espíritu de Dios mismo, en cada uno de nuestros hermanos.

Debemos luchar contra la hipocresía y la necedad de brindar privilegios por las apariencias. Esa es una gran torpeza, una estupidez de la que nos hemos hecho esclavos en el siglo XXI. Todos queremos ser guapos, atractivos y por eso rendimos culto a la estética, a la “eterna juventud”, a los trapos, a las joyas, a los autos, a las casas, a las comodidades, a los lujos…

Pero…¿Qué hay de la persona? Nos hemos olvidado de ella, por fijarnos en la decoración. Jesús, nos llama la atención. ¡Somos huecos!


Oremos:

Señor, que no ande por la vida dando la impresión que sólo me fijo en las apariencias, que sólo tengo palabras de adulación para los que “se ven bien”.

Que sea capaz de dar oportunidad a todos, sin fijarme en las apariencias.

Que las apariencias no sean el filtro, el obstáculo que me impida acercarme a mis hermanos y en ellos a Ti.

¡Que me esfuerce siempre por dar más de mi, sin importara quién!

¡Qué haga sentir bien a todos, pero sobre todo a los humildes, a los pobres, a los que no tienen cómo ocultar su pobreza, su humildad, su enfermedad, sus caries, su mal aliento, su hambre, su dolor y su olor!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexión: Lc 11, 29-32

Lunes 13 de octubre de 2008.
Lc 11, 29-32

Todos los días, todo el tiempo ocurren milagros a nuestro alrededor…Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. No los vemos y pedimos otras señales. ¡Qué otra señal más grande que la vida misma!

Jesús ha venido a salvarnos, cumpliendo la Voluntad del Padre. Nos ha rescatado de la muerte y del pecado, pagando con su vida por nosotros.

Nos ha reconciliado con nuestro Padre, nos ha mostrado el camino del amor y nos ha dejado el Espíritu Santo, para hacer posible que nosotros también transcurramos por la senda que conduce a la Vida Eterna, a la Felicidad, al Amor, al Padre.

¿Qué más queremos? Si todavía dudamos, si todavía titubeamos, será porque formamos parte de esta “generación perversa”.

Oremos:

Señor, sácanos de esta modorra, de esta pasividad que linda con la incredulidad. ¡Queremos servirte Padre Santo, danos la fuerza, el ánimo, la expresión, el gesto, la palabra!

Arranca de nuestra piel toda señal, toda presencia, toda similitud con la “generación perversa” a que se refiere Jesús.

¡Queremos contarnos entre los que creen, entre los que te siguen, entre los que hacen tú Voluntad!

Gracias Padre Santo por revelarnos el Misterio de la Salvación, Amén.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexión: Lc 11, 27-28

Sábado 11 de octubre de 2008.

Lc 11, 27-28

La alegría, la euforia que produce el conocimiento de Jesús es incontenible. ¡Cómo dejar de aclamar con esta mujer a María que dio a luz y amamantó a Jesús!

Sí, es imposible dejarse conmover con este Jesús ejemplar que vamos conociendo a través de los evangelios, este Jesús que, como dice el Padre Manolo en sus reflexiones (Les doy una Buena Noticia) es realmente ejemplar. Lucas lo ha ido presentando paso tras paso, faceta tras faceta.

Jesús debe ser El Ejemplo en nuestras vidas y me parece que esto es lo que Él quiere enfatizar en su respuesta.

¡Si pues, está muy bien! ¡Qué viva Jesús! ¡Qué viva María! Pero no nos quedemos en los cohetones, en las procesiones, en las devociones…Es preciso “escuchar la Palabra de Dios y cumplirla”.

Oremos:

Señor, permítenos ir más allá de las formas, más allá de las apariencias, para dar verdaderamente testimonio de Ti con nuestras propias vidas.

Deja que salgamos de nuestra euforia, de nuestra natural alegría por haberte conocido, para transmitir con nuestra vida tu mensaje.

No podemos quedarnos allí pasmados, embobados…debemos actuar.
Permíteme salir de mi mismo, de la lectura, de la interpretación, para pasar a la acción.

Danos la alegría, la felicidad de actuar siempre en tu nombre, Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY