Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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domingo, 10 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 15,1-8

Jn 15,1-8

Creo que tendríamos que empezar a leer este evangelio por el final. ¿Qué quiere Dios Padre de nosotros? Pues que demos mucho fruto; que lo demos en abundancia. Dicho en las palabras de Cristo: “La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos”.

Esto que es tan simple, no lo llegamos a entender. Dios Padre quiere que demos frutos y frutos en abundancia…Pero no contento con este deseo, se compromete con nosotros en esta misión. La verdad es que sólo falta que nosotros también queramos, tanto como Él dar fruto. Basta que queramos, nos dispongamos…demos el primer paso, el resto nos lo facilita Él. Claro, es que nosotros tenemos que hacer algo; alguna señal tenemos que dar. Tenemos que hacernos disponibles. Tenemos que decir Ok, ponernos en la actitud adecuada y dar los primeros pasos. Como en la pesca milagrosa, debemos tirar la red donde Él nos indique. Tenemos que coger la red y tirarla, donde el nos indique. Es obvio que si no cogemos la red, ni la tiramos; o si la cogemos y la tiramos a otro lado, por necios, por tontos, no cogeremos nada. Pero si hacemos lo que Él nos dice ponemos nuestro esfuerzo en la dirección correcta, Él nos dará en abundancia.

Como cuando con cinco panes y dos peces alimentó hasta saciarte a más de cinco mil y todavía sobraron varios canastos con los trozos de pan y pescado. El Señor nos pide que pongamos algo de nuestra parte. Basta ese algo, para asegurar una cosecha abundante.

No hay lugar ni momento en que deje de recordarlo. Al que da más, más se le da; pero al que se guarda mezquinamente para sí lo poco que tiene, hasta ese podo ce le quitará. Hoy nos lo recuerda cuando dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.” Es que Dios Padre quiere que demos fruto y que lo demos en abundancia…¡Ojo con estas palabras! Si estamos con Él, estamos en el mejor equipo; tenemos la ganancia asegurada. Sólo tenemos que participar y hacer nuestro mejor esfuerzo. Si así lo hacemos, Él viene, nos poda, nos limpia, para que demos más fruto.

¡Tenemos que permanecer en Cristo! ¡Sin Él no somos nada! ¡Con Él todo lo podemos! ¡Seamos sensatos! Dios Padre sólo quiere nuestro bien, solo quiere que seamos felices. Seremos felices si hacemos lo que Dios nos dice. ¿Y cómo sabemos esto? Porque para eso ha venido Cristo al Mundo, para revelarnos la voluntad del Padre. Si nosotros oímos lo que Cristo nos dice, si creemos en Él y permanecemos en Él, daremos mucho fruto y con ello estaremos glorificando a Dios Padre.



Oremos:

Padre Santo, danos una ñisca de entendimiento para comprender esto que nos ha revelado tu Hijo Jesús. Danos Fe para creerle, seguirle y hacer lo que nos diga.

¡Queremos dar fruto en abundancia! ¡Dinos donde debemos tirar la red!



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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domingo, 29 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 12,20-33


Como muy pocas veces en los evangelios, encontramos a un Jesús cuya situación emocional me conmueve. No se describirla. No es preocupación lo que tiene. Es quizás algo de ansiedad por la hora que sabe llega. Él mismo lo dice: “Ahora mi alma está turbada”. Aquí nos revela su naturaleza profundamente humana. Pero acto seguido nos muestra la fortaleza, el valor y la firmeza de quien desde siempre supo cual era su misión, y no la abandona, ni la abandonará hasta el fin. “Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre”.

Para dar frutos debemos ser capaces de llegar hasta el extremo. Sólo se da frutos muriendo. Debemos amar tanto, vivir tan intensamente, afrontar tan decididamente nuestra misión, que en su cumplimiento se nos vaya la vida. No debe haber ningún obstáculo que nos lo impida, que nos amilane, pues aun la muerte misma podrá hacernos nada, si estamos decididos. Además, el que muere empeñado en su misión, el que da su vida por ella, ese dará mucho fruto.

Tenemos que desinstalarnos, dejar la comodidad, dejar la autosatisfacción personal…la búsqueda constante de gratificación, de premio, de descanso, de comprensión, de misericordia, de compasión…Enfrentemos con valentía y decisión nuestra vida…¡Hagámonos cargo de las riendas y conduzcámosla por el camino que se nos ha señalado, sin temor, confiados en Jesús, que el sabrá darnos el coraje y fortaleza en los momentos difíciles, porque Él ha vencido al mundo y esa es nuestra mejor y mayor garantía que finalmente habremos de llegar a aquello que terminará por dar sentido a nuestra vida: los frutos.

Estamos llamados a dar mucho fruto. ¡No nos corramos de ello! Enfrentemos cada situación que nos toca, con la frente en alto y con el valor que proviene de Dios. ¡Al llegar el puente, lo cruzaremos!


Oremos:

Señor, danos el valor y decisión que hoy nos muestras, para seguirte por encima de todo, siempre fieles, leales y enérgicos. Sabiendo que la misión que Tú nos has deparado es muy alta, está por encima de todo y la lograremos si con sencillez y coraje alcanzamos guiar a alguno de los hermanos que nos has puesto en el camino. ¡Que no flaqueemos, Señor! ¡Fortalece nuestro espíritu! ¡Que no nos contentemos, que no nos demos por vencido, que perseveremos!


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viernes, 13 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 21,33-43.45-46


Jesús no se anda con rodeos, ni le dora la píldora a nadie. Es que ha venido para revelar la verdad y enseñar el camino y en esta ocasión sin ningún reparo se la canta a los poderosos: los grandes sacerdotes y los notables.

La parábola es prácticamente un resumen de la historia sagrada, es decir la historia de la relación de Dios Padre con nosotros, su pueblo. Es un anticipo de lo que ocurrirá con Él a manos de los “inquilinos de la viña”. Sus palabras son incómodas y provocan la ira de los poderosos, que de buena gana lo hubieran detenido y seguramente desaparecido, si no hubiera estado acompañado por una multitud que lo seguía.

El cambio de categorías es total. El Señor ve con otros lentes, con otra óptica el mundo y esta no coincide con la visión del poder establecido. No lo hizo entonces, no lo hace ahora. ¿Cómo podría estar de acuerdo ahora en cómo llevan los que detentan el poder este planeta, si teniendo suficiente riqueza para terminar con el hambre y la pobreza, la destinan a la fabricación de armas, a la guerra, al asesinato, al asedio, a la persecución de pueblos indefensos, al abuso y al maltrato?

Les dio la viña ¿y qué han hecho? ¿Qué hacemos nosotros con la parte que recibimos? ¿Cuál es nuestra responsabilidad en este maltrato? ¿De qué lado estamos? “La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido.”

A los que actuamos irresponsablemente con todo lo recibido, a los que somos indiferentes y con ello consentimos el maltrato a nuestros hermanos y a toda esta heredad, al planeta, “Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos”.

¡El que tenga oídos que oiga!

Oremos:

Señor, dame tu luz para ver en cada ocasión el lado de la justicia, el lado del amor, el lado de la verdad.

Sí, es seguro que casi siempre este estará del lado de los pobres, de los humildes, por ello te pido que aparte de mi la soberbia y la comodidad, que me ciegan y nublan la vista.

¡Hazme perfecto como nuestro Padre que está en el cielo! ¡Hazme santo!

Dame fe.


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sábado, 20 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 8,4-15


Tantas cosas en las cuales reflexionar después de esta lectura. Por ahora me quedo con la figura de la Palabra y la Tierra. El Señor nos ofrece la salvación. Pero este es un Camino. No se trata de darnos mágicamente la salvación, quien sabe a través de un milagro, no. Él nos señala el camino, pero está en nosotros el transitarlo o no. Su Palabra –el Camino, la Verdad y la Vida- necesita de nuestra tierra, pero nosotros podemos acogerla, cuidarla, preservarla, mantenerla, procurando que de frutos abundantes o simplemente podemos despreciarla, desecharla, hacer de ella una moda pasajera en nuestras vidas, una cáscara, un barniz o arrojarla a la basura.

Hay dos partes en esta historia de nuestra salvación. La parte que le tocaba a Jesús, se ha cumplido. Él ha dado lo que tenía. La otra parte nos corresponde a nosotros, depende de nosotros…¿La cumpliremos? ¿Acogeremos al Señor y su Palabra o simplemente la haremos de lado y seguiremos por donde se nos antoja, fríos o peor aún, tibios?

Oremos:

¿Señor, qué clase de tierra soy? Hazme ser buena tierra, perseverar hasta lograr frutos en abundancia.

No permitas que me aleje de ti, justificándome y procurando solo mi comodidad.

Hazme firme y fuerte para llevar tu palabra por donde voy. Que brille tu luz en mi.

Dame fuerza de voluntad para perseverar en las buenas y en las malas, que no decaiga ante la primera dificultad, ante la primera tentación. Protégeme de todos tus enemigos. ¡Aparta al cínico y mentiroso Satanás que se acerca a mi vestido de oportunidad, con la única misión de apartarme de ti!

¡Aparta de mí todo vicio, especialmente el de la ociosidad, el de la flojera y la comodidad!


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sábado, 13 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 6,43-49

Lc 6,43-49

Llamados a dar fruto. Los cristiano tenemos que dar frutos y abundantes, de otro modo ¿qué clase de cristianos seríamos? Y, qué interesante es la asociación que hace el Señor entre frutos y cimientos. No es casual. Es que increíblemente, cuando damos buenos frutos y en abundancia, nos fortalecemos más. O sea que mientras más damos, más fuertes somos. En definitiva, mientras más damos, más recibimos. Si tan sólo llegáramos a comprender esto, no seríamos tan necios y nos esforzaríamos por dar más y más. Porque mientras más demos, más recibiremos…Si hasta parece un propósito egoísta.

Se trata de una hermosa paradoja, que da valor a nuestras vidas. Más valemos mientras más damos…mientras más nos desprendemos, mientras menos tenemos, mientras más libres somos o como diría Anthony de Mello, mientras más libres de equipaje estamos. Y nosotros que pensábamos que valdríamos más si atesorábamos más. ¡Qué gran error!

Oremos:

Señor, danos tu luz para comprender que el amor consiste en dar, dar cada día de nosotros, de lo que somos, de lo que tenemos, de nuestro tiempo. Dar, dar y dar, sin esperar nada a cambio y a quien nos encontremos en el camino, sin mirar merecimientos ni simpatías. Dar por amor a Ti. Dar pensando en Ti, como tú harías, con cualquiera que te lo pidiera, en cualquier momento. Dar sin límites.

Fortalécenos Padre Santo para que cada día nos levantemos a los ojos de nuestros hermanos como un sólido símbolo de tu amor. Porque seamos dignos, confiables, amigos, hermanos, hijos, respetuosos, solidarios, transparentes, puros, honestos, virtuosos…amorosos, humildes, inicentes, alegres, niños…


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viernes, 12 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 6,39-42


Nadie puede dar lo que no tiene. No se puede vivir en la hipocresía y la mentira siempre, llega un momento en que todo sale a luz. Debemos ser coherentes.

Pero qué fácil se nos hace poner exigencias a los demás, pedirles cosas, evaluarlos, medirlos, juzgarlos y sancionarlos por cosas que nosotros mismos no somos capaces de hacer. ¡Qué fácil es criticar! ¡Qué fácil andar despotricando de todo y encontrar en todo error y maldad! ¿Y nosotros? ¿Cómo vamos por casa?

Nosotros hacemos todo bien…¡Falsos, hipócritas! ¡Sólo Dios es perfecto! ¿Qué frutos estamos dando? Porque de lo que hay en nuestro corazón habla nuestra boca…

Sería interesante detenernos un momento a observar, a indagar, ¿qué piensan nuestros hermanos de nosotros? ¿por qué? ¿somos coherentes? ¿o tal vez sólo somos unos “figuretis” que decimos una cosa y hacemos otra? ¿somos un buen ejemplo para nuestros hermanos? ¿predicamos con el ejemplo?

Oremos:

Señor, te pedimos que nos ayudes a ser coherentes en nuestras vidas. Haznos dóciles a tu Espíritu, para hacer lo que debemos, lo que Tú nos propones siempre, y así guiar a nuestros hermanos.

Que habite tu Espíritu en nosotros, para que así con nuestras palabras y nuestros actos te bendigamos siempre.

Que sea a Ti a quien nuestros hermanos vean y sigan a través nuestro. Haz que te transparentemos.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexiones de HOY