Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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lunes, 13 de abril de 2009

Reflexión: Mt 28,8-15

Mt 28,8-15

Para disipar toda duda Jesús se presenta a las mujeres que habían ido a ver su tumba y no lo habían encontrado y les da un importante mensaje: “No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”. El triunfo definitivo sobre la muerte había sido sellado…

Sin embargo, como ocurre en todo crimen, los que lo habían consentido y cometido estaban dispuestos a sostener lo que habían hecho, aun por sobre las evidencias. Testarudamente tratan de ocultar la verdad, de distorsionar los hechos, comprando voluntades y conciencias…y, así lamentablemente lo logran. No causan efecto para siempre, ni con todos, porque la verdad siempre termina por imponerse y triunfar. Pero es notable como la maldad siempre encuentra aliados, gente dispuesta a colaborar. Es claro, viven en la sombra, en la oscuridad, donde obtienen pingües ganancias y privilegios, que no están dispuestos a perder, así que, si es preciso están dispuestos a sobornar a quien sea, con tal de mantener su situación. Y lo peor es que con el tiempo ellos mismos se llegan a creer sus mentiras.

¿Cuántas veces con nuestros actos, con nuestro proceder, nos convertimos en cómplices de estos cínicos, mentirosos? ¿Cuántas veces nuestra actitud, nuestras obras comunican a nuestros hermanos que no hay esperanza, que la muerte, la mentira, el crimen, el temor y la persecución han triunfado sobre la verdad?

¿Somos portadores de la Buena Nueva? ¿Somos portadores de esperanza? ¿Llevamos alegría a los corazones de los que sufren? ¿O somos más bien de los tremendista, de los derrotistas, de los pesimistas que nunca encuentran salida a nada, que creen que todo está perdido, que no hay nada que hacer?


Oremos:

Señor, ayúdanos a cambiar, a luchar contra nuestro carácter siempre negativo y triste. Ayúdanos a ser portadores de la Buena Nueva de la Resurrección. Que nuestra presencia baste para dar ánimos a quienes se siente afligidos, derrotados, acabados. Que seamos portadores de paz, de tú paz y de una alegría verdadera, basada en el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte, en el perdón de nuestros pecados y en la salvación eterna.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 8 de abril de 2009

Reflexión: Mt 26,14-25

Mt 26,14-25

El evangelio de Mateo nos pone nuevamente frente a la última cena y la traición de Judas. Pero me parece más importante notar que todo se cumplía conforme estaba escrito. Esta era la Voluntad del Padre y había que llegar al final, pues era la única forma de salvarnos. No había otra. Creo que es algo en lo que tenemos que meditar…No comprendemos el misterio del sacrificio de la cruz, sin embargo no es algo que ocurre en forma fortuita…Dios en su infinita sabiduría determinó que no había otra forma, otro camino a través del cual podríamos llegar finalmente a entender quien era Jesús, quien era el mismo –Dios Padre- y para que había venido. Toda su vida, incluyendo su sacrificio en la cruz tienen sentido, y con su resurrección están orientados a enseñarnos que es posible vivir en el amor, que existe un amor sin límites y que nosotros somos capaces de adherir libremente a él…que hay un Camino trazado para nuestra salvación, que hay una esperanza y que esta ha sido abierta por Cristo Jesús, el Hijo amado, el Hijo Único de Dios Padre.

La condenación viene para todos aquellos que libremente escogemos traicionarlo, venderlo por unas cuantas monedas. Como Judas, ¿cuántos de nosotros traicionamos nuestros principios, dejamos pasar las cosas, consentimos el pecado, solamente por mantener nuestra comodidad, nuestro bienestar egoísta? Cuatro reales son suficientes para que pongamos en juego la vida eterna y la perdamos.

Eso es lo que tenemos que entender. Dios Padre nos ha hecho libres y ha querido que sigamos siéndolo. Por medio de su Hijo Jesucristo, nos ha propuesto un Camino, el Camino de la Verdad, la Luz y la Vida…Pero somos libres de seguirlo. Nuestra condenación está precisamente en que conociendo -como Judas- el Camino, no siempre fácil, no siempre exento de dolor y sufrimiento, preferimos andar en la sombra, allí donde todo PARECE acomodarse a nuestro favor. Somos capaces de cualquier cosa con tal de no llegar al sacrificio por nadie, por más mínimo que este sea. Vivimos solo para nosotros y si en algún momento damos, es de lo que nos sobra o es porque nos conviene que así sea, porque satisfechos algunos de los que nos rodean, nos tratarán mejor, lograremos más…No sabemos lo que es dar, y mucho menos comprendemos lo que significa la donación total de nuestras personas, sin esperar nada a cambio…eso es el verdadero amor, eso es lo que Cristo nos enseña.

Este camino de amor es el que Dios pactó con la humanidad desde el antiguo testamento. Por eso hoy, todo tiene que cumplirse, exactamente como fue planeado, pues Jesús tendrá que llegar hasta el fin, para que nosotros comprendamos, solamente así podrá salvarnos. De allí que no importe quien era “fulano”. Quien fuera, consentiría en aceptar que Jesús llegara a celebrar la Pascua con sus discípulos. Así tenía que ser.


Oremos:

Señor permite que por el misterio de la cruz lleguemos a la comprensión del infinito amor que nos tuviste desde siempre, y que hagamos de nuestra vida una permanente donación a los demás. Que busquemos aliviar las penas de nuestros hermanos, antes que las nuestras. Alegrarles el día con una palabra, con un gesto y llegado el momento, con una obra. Que todo esto lo hagamos por ti, sin escatimar esfuerzo ni sacrificio alguno. Que comprendamos que solo tiene sentido una vida cuando se dedica completamente al amor. Y el amor no tiene límites…no tiene horario, ni mejor ocasión, ni mejor lugar, ni descanso…



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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jueves, 19 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 1,16.18-21.24a

Mt 1,16.18-21.24a

Me parece importante en esta lectura constatar que nada ocurre al azar, que todo obedece a un Plan de Dios concebido muchísimo tiempo atrás, el cual es paulatinamente revelado por el antiguo testamento, especialmente por los profetas.

Esos gestos, esos detalles que a veces pasamos por desapercibidos, fueron tomados en cuenta por Dios. Todo fue previsto precisamente para que nosotros, que somos incrédulos, creyéramos y nos convirtiéramos, porque esa es la única forma de salvarnos de la muerte y del pecado. Así es, todo eso por ti, por mí, por nosotros.

“José hijo de David” le dijo el Ángel del Señor. Esto quiere decir que José era descendiente de David, del mismo linaje, tal como había sido anunciado muchos siglos antes por los profetas. Jesús es el eslabón, la bisagra que une el cuelo con la tierra, a Dios con los hombres. Cristo es el centro de la historia y al mismo tiempo es el principio y el fin. El alfa y el omega.

Dios interviene en nuestra historia. Lo ha hecho siempre, pero muy especialmente en ese momento, sellando así su alianza con su pueblo, con el Pueblo de Dios, que somos todos los que creemos en el evangelio, su Iglesia.

¿Ves la intervención diaria que Dios hace en tu vida? ¿El Plan de salvación que te propone? Si haces Su Voluntad, estás encaminado…¿Pero la conoces? ¿Sabes cuál es la Voluntad del Señor para tu vida? ¿La buscas?


Oremos:

Señor, ayúdame a descubrir cuál es Tu Voluntad para con mi vida, cuáles son tus Planes, para seguirlos.

Hazme un instrumento de tu fe.

Sé que mis hermanos constituyen el camino que me lleva hacia ti. No podré llegar a Ti si no es a través de mis hermanos, por ello dame paz, alegría, esperanza…dame el don de la palabra y sobre todo permíteme actuar con coherencia. Que brille tu luz en mí.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 18 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 5,17-19

Mt 5,17-19

No, no hay incoherencia entre el antiguo y el nuevo testamento. Lo que hay es continuidad. A Jesús se referían las profecías; de Él hablaban las escrituras. Como diría en aquél pasaje en el cual entra a la Sinagoga y luego de leer a Isaías dice: “Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.»” (Lucas 4,21)

Esto es muy importante y debe tenerse en cuenta. Diríamos que el Señor es la perfección de la ley, pues el que cumple con lo que él mismo resume como “la ley y los profetas”, es decir, el que ama a sus hermanos como a sí mismo y a Dios por sobre todo, no puede dejar de cumplir la ley. Entendámonos, no es que diga “amo, entonces debo de cumplir la ley...” ¡No! Lo que pasa es que como diría San Agustín, amando, realmente amando encuentra el hombre su plena realización, su felicidad, su fin, su misión. Por eso San Agustín resume: “Ama y haz lo que quieras”. Por su puesto, ello pasa en primer lugar por entender lo que es el amor…Allí podríamos tener una dificultad, si tenemos visiones distorsionadas o parcializadas, si simplemente desconocemos El Amor en su verdadera magnitud.

Si profundizamos un poco más, caeremos en la cuenta que Dios es Amor, es decir la Perfección, a la cual nosotros debemos tender, que no alcanzaremos seguramente, pero que no por eso tendremos que dejar de buscar. ¿Y cómo se busca, cómo se avanza en esta senda? Muy fácil, al menos de decir: amando.

Jesús era lo que buscaba el Antiguo Testamento, era a donde dirigían sus miradas, por ello Jesús dice que ha venido a dar cumplimiento. Aquello que Dios anunció por boca de los profetas, aquello que esperaban, llegó, se cumplió.

Y qué nos va a venir a decir Jesús: que no hay una ley más perfecta que el Amor. Que el Amor lo engloba e incluye todo. Así, todo lo que hay de bueno en las aspiraciones del hombre por construir un mundo mejor para todos, inclusivo, en el que no haya hambre, ni pobreza, ni injusticia; donde todos puedan vivir con esperanza, donde cada niño, cada anciano y cada persona pueda amar y ser amada…


Oremos:

Señor, permítenos comprender en qué consiste el amor, el verdadero amor y vivir según él.

Haznos sentir en nuestro corazón como Santa Teresa, que “quien a Dios tiene, nada le falta”.

Haznos bondadosos y caritativos, que sepamos perdonar y llevar alegría a los que sufren.


Roguemos al Señor…

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martes, 17 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 18,21-35

Mt 18,21-35

¿Cómo será el Reino?, nos preguntamos muchas veces. El Señor nos dice como es. Es decir, una primera idea que salta a la vista es que el Reino ES…no será. Ya hoy y aquí, como en aquel entonces, lo estamos construyendo, pero él es. Quizás podemos decir en proceso, en desarrollo, en un devenir…pero es.

La segunda idea es que nuestro perdón no debe tener límites. La expresión parece absurda, innecesaria y exagerada. Me recuerda a las discusiones que tenía con mis hermanos cuando era pequeño y uno decía infinito, el otro agregaba infinito más uno y finalmente supuestamente ganaba el que terciaba infinito más infinito…y la discusión se prolongaba interminablemente por precisar quien había dicho más. Está muy claro: Nuestra capacidad de perdonar no debe tener límites.

Y, finalmente toda la historia que nos relata nos recuerda ni más ni menos que al Padre Nuestro. Es la misma y única prédica de Cristo, abordada de otro modo. Como tratas, serás tratado. Con la misma vara que mides, será medido. Si quieres que Dios Padre te oiga, sea compasivo y te perdone, oye a tus hermanos, se compasivo y perdónalos primero. No es cuestión de decir Señor, Señor…Es cuestión de obrar, de amar, de pasar por el mundo como Él, haciendo el bien.

El Señor, nuestro Dios, es bueno y compasivo con nosotros. Ya lo ha sido, al enviar a su único Hijo a salvarnos, a redimirnos del pecado, a enseñarnos el Camino. Nosotros debemos actuar en consecuencia. Eso es lo que nuestro Padre Celestial espera.


Oremos:

Dios Santo, danos la capacidad, la paciencia, el amor y la sabiduría necesaria para perdonar a nuestros hermanos, pero de corazón, con hechos…no de palabra hueca y vacía. Que nuestra actitud, nuestra mirada, nuestro gesto sea otro, “hasta setenta veces siete”.

Que no llevemos cuentas de las ofensas, ni de los malos tratos. Esto lo solemos recordar inmediatamente y cambiamos de actitud. Que sepamos dominarnos y que voluntariamente, con valor y decisión obremos con quienes no nos quieren, con quienes han manifestado su antipatía hacia nosotros, incluso con aquellos que nos han hecho daño, como si fueran nuestro mejores amigos, sin reparo, sin medida, sin límites…¡Qué difícil, Señor! Pero con tu ayuda todo lo podemos.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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viernes, 13 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 21,33-43.45-46


Jesús no se anda con rodeos, ni le dora la píldora a nadie. Es que ha venido para revelar la verdad y enseñar el camino y en esta ocasión sin ningún reparo se la canta a los poderosos: los grandes sacerdotes y los notables.

La parábola es prácticamente un resumen de la historia sagrada, es decir la historia de la relación de Dios Padre con nosotros, su pueblo. Es un anticipo de lo que ocurrirá con Él a manos de los “inquilinos de la viña”. Sus palabras son incómodas y provocan la ira de los poderosos, que de buena gana lo hubieran detenido y seguramente desaparecido, si no hubiera estado acompañado por una multitud que lo seguía.

El cambio de categorías es total. El Señor ve con otros lentes, con otra óptica el mundo y esta no coincide con la visión del poder establecido. No lo hizo entonces, no lo hace ahora. ¿Cómo podría estar de acuerdo ahora en cómo llevan los que detentan el poder este planeta, si teniendo suficiente riqueza para terminar con el hambre y la pobreza, la destinan a la fabricación de armas, a la guerra, al asesinato, al asedio, a la persecución de pueblos indefensos, al abuso y al maltrato?

Les dio la viña ¿y qué han hecho? ¿Qué hacemos nosotros con la parte que recibimos? ¿Cuál es nuestra responsabilidad en este maltrato? ¿De qué lado estamos? “La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido.”

A los que actuamos irresponsablemente con todo lo recibido, a los que somos indiferentes y con ello consentimos el maltrato a nuestros hermanos y a toda esta heredad, al planeta, “Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos”.

¡El que tenga oídos que oiga!

Oremos:

Señor, dame tu luz para ver en cada ocasión el lado de la justicia, el lado del amor, el lado de la verdad.

Sí, es seguro que casi siempre este estará del lado de los pobres, de los humildes, por ello te pido que aparte de mi la soberbia y la comodidad, que me ciegan y nublan la vista.

¡Hazme perfecto como nuestro Padre que está en el cielo! ¡Hazme santo!

Dame fe.


Roguemos al Señor…

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miércoles, 11 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 20,17-28


Qué fácil es pedir y buscar para nosotros privilegios…ser los primeros, ser los más grandes. No dejamos de pensar e imaginar el Cielo con nuestras categorías, por eso queremos estar siempre adelante, arriba, primeros.

Sin embargo el Señor nos recuerda algo que es central en su predicación y que debe serlo siempre en el proceder y en la actitud verdaderamente cristiana. El que quiera ser grande, el que tenga poder, debe hacerse servidor de los demás, el que quiera ser primero debe hacerse esclavo.

Incluso dice, podría darse el caso que alguno de nosotros esté dispuesto a llegar al sacrificio que Él está próximo a realizar, pero no depende de Él otorgar ningún privilegio en el Cielo. Pero Él mismo no ha venido a sacrificarse para ganar un puesto, sino para salvarnos. Es decir que antes que cualquier recompensa, antes que cualquier beneficio o ganancia a la que pudiéramos sentirnos merecedores, está el servir. Como siempre e invariablemente, primero están los demás. Esta es la verdadera actitud cristiana: dispuesta siempre a servir, aún hasta el sacrificio más grande por los demás…Lo que venga después, es cuestión que corresponde decidir a nuestro Padre amado.


Oremos:

Siempre estamos pensando en nuestros beneficios, en lo que estamos dispuestos a pagar por aquello que queremos ganar. Señor, que no pensemos tanto en nuestras ganancias como en el bien que podemos hacer a los demás.

Que nuestra mejor motivación sea el servicio a los demás. Antes y primero cualquiera de nuestros hermanos, después nosotros.

Queremos seguir tu ejemplo y servir al mundo tal como tú nos enseñaste. Si hemos de ser esclavos que sea del amor.


Roguemos al Señor…

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martes, 10 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 23,1-12


Jesús nos llama a la reflexión respecto a la actitud que debemos mantener siempre y mucho más aún cuando llegamos a ocupar lugares importantes en nuestra comunidad, ya sea como dirigentes espirituales (con mayor razón) como autoridades de cualquier tipo.

¿Cuál es el problema con los escribas y fariseos? Que están sentados en la cátedra de Moisés, se encuentran en la más alta posición…Entonces hay que hacer lo que dicen, no nos queda otra, pues sino sufriremos las consecuencias. Ellos tienen el poder para ordenar y disponer. Así, será muy difícil que dejemos de hacer lo que disponen. El Señor aquí lo reconoce. Sin embargo nos pide que no los imitemos, porque son abusivos, incomprensivos.

¡Qué fácil es desde las jefaturas echar sobre los hombros de lo subordinados cargas que jamás hemos llevado, ni seríamos capaces de llevar! Arrimarle todo al que más aguanta, al que más asimila. Total, mientras no proteste, sigamos dándole, sin más reconocimiento que la misma paga, sin consideración, recordándole lo que son sus deberes, si en algún momento levanta la cara o trata de insinuar el menor gesto de incomodidad, de cansancio, de agotamiento, de desaliento…

Se prioriza todo aquello que puede aumentar los ingresos, las utilidades…Aún se invierte en nuevos equipos, nuevos materiales, eventos de marketing, campañas publicitarias, promoción, regalos, etc, sin embargo la cifra de sueldos y salarios permanece intacta, es más, se fusionan puestos, se reduce el personal…En el último que se piensa es en el ser humano que lleva sobre sus espaldas la empresa, el negocio, la institución. ¿Cómo se las arregla? Es su problema, mientras esté al día siguiente nuevamente a las 8 de la mañana, con buen ánimo y dispuesto a asumir todo lo que se disponga hasta la hora que sea necesario, sin sobre tiempos ni beneficios de ningún tipo. ¡Total, la fuerza laboral es tan grande, que como burros de carga, todos son reemplazables!

Por si fuera poco, estos “jefes” se han apoderado también de nuestra religión, participan en las eucaristías, comulgan, ocupan los más importantes lugares e incluso se dan el lujo de predicar, de decir que son cristianos y que sus organizaciones también lo son…

Por eso Jesús nos dice: “no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.” ¿Somos de los que decimos y no hacemos? Y nos recuerda cual debe ser nuestra actitud, nuestro proceder en la vida y especialmente cuando lleguemos a esos puestos: “El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.” ¿Cuántos lo recordamos?

Más claro, el agua. El que tenga oídos que escuche. No tratemos de interpretar, acomodar y retorcer estas palabras. Apliquémoslas en nuestras vidas.

Oremos:

Danos sabiduría para aplicar tus mandamientos – estos que nos das a conocer en esta lectura- en nuestras vidas.

Que no nos regodeemos en el poder, que no nos envanezcamos; que por el contrario busquemos servir sinceramente, de corazón y con humildad.

Que recordemos siempre que por encima de las instituciones, de las organizaciones o de las empresas, siempre debe estar el hombre. Que todo ha sido creado para el hombre y no al revés.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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sábado, 7 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 5,43-48


De nuevo nos encontramos con el contraste. Hay una ruptura entre lo que se dijo antes (el Antiguo Testamento) y lo que ahora dice Jesús (el Nuevo Testamento) y Él nos la remarca. Antes se dijo…ahora yo les digo…

Esta primera consideración me parece importante, pues hay muchos hermanos nuestros que se han quedado anclados en el Antiguo Testamento, donde había muchas normas y leyes. Hay muchos entre nosotros que al igual que en el antiguo testamento, buscamos llenar de normas y leyes todo. Queremos aclararlo todo mediante la abundancia de palabras. Damos mil vueltas a las cosas, muchas veces porque consciente o inconscientemente queremos mantener la ambigüedad, queremos restar contundencia a La Palabra, al mensaje de Jesús. Él, sin embargo, es muy claro y concreto. No se va con rodeos. No deja lugar a dudas, sino para aquel que quiere interpretarlo y hacerle decir lo que no dijo; para aquel que quiere entibiar el mensaje y hacerlo inocuo.

“Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan”. Hay ciertamente que tener mucho valor para seguir a Jesús y hacer lo que nos propone. El camino no es fácil, ni dulzón , ni romántico como sin entenderlo o quizás por evadirse alguno lo presentan. El camino es exigente. El Señor no pide nuestro tiempo libre o aquél del que buenamente podemos disponer. Él pide un cambio en nuestra vida TODA. Ver, pensar y actuar de otro modo, siempre, incluso cuando estamos solos y pensamos que nadie nos ve, porque nuestro Padre que está en los cielos lo ve todo y no hay nada que podamos mantenerle oculto.

“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” Agregar más palabras a este mensaje es pretender encontrar tres pies al gato; es buscar acomodarlo a nuestro interés, rebajarlo, amoldarlo, suavizarlo. “El que tiene oídos, que oiga”.

Hay que buscar la santidad. Ser santos, ser perfectos…qué duda cabe que ese es el llamado de Jesús para nosotros. Ser santo no es empezar a torcer el cuello y mirar con cara de tonto todo. ¡Qué disparate! Ser Santo es tener el coraje de vivir la vida como nos lo propone Jesús. No hay mensaje más claro y concreto que el de este evangelio. ¿Somos capaces de hacerlo?


Oremos:

Ayúdanos a ser consecuentes con la vida que nos propones. Que vayamos creciendo en “cristiandad”…Que ello abarque cada rincón de nuestra vida.

Que entendamos que es precisamente cuando estamos solos, cuando nos apartamos, que debemos purificarnos, limpiarnos, uniéndonos a ti mediante la oración. A veces entendemos muy mal la intimidad…

Que entendamos, así mismo, que no podemos vivir apartados e indiferentes a lo que ocurre en el mundo, que debemos involucrarnos y llevara a cada espacio, a cada acontecimiento tu palabra. Y que esto no se trata de ir parando o entrometiéndose en cada cosa para citar un texto bíblico, sino que debemos hacer y actuar como tú lo harías…como si fuéramos tú en cada ocasión.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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viernes, 6 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 5,20-26


El Camino que el Señor nos muestra es exigente. No es cuestión de pasar todo por aguas tibias. Es una cuestión de actitud, como ya lo ha repetido antes. Pero una actitud que abarca y mueve todo nuestro ser; es profunda y determinante. Se trata de tener otra óptica, otra perspectiva en la vida, donde siempre nuestros hermanos son primero, más aún si los hemos ofendido o si creemos que tienen algo contra nosotros. Tenemos que saldar nuestras deudas.

No podemos pretender dirigirnos a Dios, empezar a orar, si no estamos en paz con nuestros hermanos. Pero se trata de una paz verdadera, no de apariencias, no de un puro barniz.

Así que el ser seguidores de Cristo, de un Dios que es Amor, no quiere decir que las penas sean más benignas, que podemos andar por la vida con indiferencia, instalados cómodamente, porque total, el Señor ya nos ha salvado. ¡No! Nuestra salvación la alcanzaremos en la medida en que sintonicemos con Él, en la que hagamos con nuestra vida lo que debemos hacer, en que pongamos las cosas en el orden que merecen, primero nuestros hermanos, primero el amor, primero el servicio y luego nosotros.

Busquemos la paz y la concordia en todo y con todos, incluso con aquél que mantenemos querella por algún motivo. Procuremos ponernos de acuerdo. La propuesta que nos hace el Señor no es fácil. No es el camino llano y parejo del indiferente, del que pasa piola. Se trata de jugársela día a día por el evangelio, allí donde nos toque estar.

¿Y qué significa jugarse por el evangelio? Pues vivir como Cristo…En resumen: Amarnos los unos a los otros, como Él nos ha amado.

¡Cuidado con las medidas que el Señor propone! Son exigentes, porque el mundo es exigente. Porque lo será en tanto que haya hambre, miseria, injusticia, pobreza y dolor.


Oremos:

Señor, enséñanos a perdonar de verdad. Danos el ánimo, la valentía, la creatividad y la generosidad para devolver bien por el mal que recibimos, venga de quién venga.

Que hagamos del bien, del amor, de la paz y la justicia nuestras banderas comprendiendo que finalmente lo que hacemos lo hacemos por Ti, es decir por alguien que va muchísimo más allá de lo que vemos, de lo que parece.

Que comprendamos que aunque a veces nos asaltan las dudas, tras todo ser humano, tras toda persona, por más despreciable que nos pueda parecer, estás Tú.

Que estemos siempre dispuesto a perdonar, como Tú lo haces con nosotros.
Que llevemos esperanza…Las cosas pueden y van a cambiar. Mejorarán.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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jueves, 5 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 7,7-12


Nuevamente el Señor nos recuerda que no hay otra forma de llegar a Dios que a través de nuestros hermanos. Si, es verdad que nos invita a pedir, a buscar, a llamar… “Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”, pero agrega, no por casualidad, ni por decir algo, sino más bien porque no podemos esperar recibir si no somos capaces de dar y porque la medida de lo que recibiremos será aquella misma de lo que seamos capaces de dar. Por ello agrega, decía: “Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas”.

Es decir que el Señor nos dará lo que pidamos, del mismo modo en que nosotros sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos. Dicho de otro modo: ¿Si no somos capaces de dar cosas buenas, ni aun a nuestros hijos, si no somos capaces de dar nada a nuestros hermanos, qué podemos esperar? Mejor aún: ¿Qué debemos esperar?

El Señor es justo. Cosecharemos lo que sembramos. Tanto das, tanto recibes. Si la cosecha es abundante, será seguramente porque has sido generoso. Pero no debemos dar pensando en la recompensa, ella se nos dará por añadidura…El Señor nos invita como siempre a amar, a dar, a poner primero y por delante a nuestro prójimo, a nuestros hermanos, porque el que quiera salvar su vida la perderá, en cambio el que la pierda por uno de estos pequeños, la ganará. Así de simple.

Se trata, como siempre, de un cambio de actitud. De una revolución mental. De un aprender a pensar de otro modo. No del modo más popular entre nosotros, no del modo egoísta que es tan popular entre nosotros los hombres, como la cosa más natural y a veces engañosa, no. Se trata de pensar y vivir como Cristo, nuestro Señor nos enseñó.

Oremos:

Te pedimos Señor que nos des un corazón generoso, siempre dispuesto, siempre atento a los demás. Que aprendamos a dar, antes que a pedir o mucho menos exigir.

Que no nos aferremos a las cosas materiales, antes bien, que estemos dispuestos a desprendernos de ellas a la primera, sin consideraciones, sin engaños, ni rebuscados pretextos.

Aparta de nosotros esta forma egoísta de obrar, que nos brota con tanta naturalidad, como si tuviera que ser así. Saca de nosotros tantos malos hábitos, tanta envidia, tanto orgullo y vanidad. Haznos humildes y fieles, siempre dispuestos a servirte.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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martes, 3 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 6,7-15


El Señor nos enseña la forma en que debemos orar. Nos regala una fórmula compuesta por pocas pero bien escogidas palabras, frases y oraciones. Porque como nos lo aclara, no se trata de palabrear, de chamullar. Dios Padre no quiere este tipo de oración hueca y sin sentido. Prefiere más bien algo más preciso, más concreto. Y no hay oración más completa que la que Cristo mismo nos enseño: el Padre Nuestro. Si pudiéramos meditar en cada palabra, en cada frase…No tiene pierde.

Pero hay algo que es fundamental para que nuestra oración sea oída, para que tenga sentido: y es la actitud. Antes de empezar a orar, debo haberme puesto en paz con mis hermanos. ¡Qué importante! Antes de ponernos a orar, el Señor requiere, exige de nosotros un gesto y este está dirigido a nuestro prójimo. No podemos pretender dirigirnos a Dios, mirara a Dios, si antes no hemos mirado a nuestros hermanos.

Si no perdonamos primero a nuestros hermanos, si no perdonamos las ofensas, los insultos, los agravios, traiciones y malos tratos recibidos de quienes nos rodean, no podemos pretender que Dios nos perdone. Antes de orar, debemos hacer este breve examen de conciencia. ¿Hemos perdonado a todos? ¿Por qué hemos recibido mal? ¿No estaremos siendo más bien nosotros portadores del mal para nuestros hermanos? ¿No estaremos causando daño, división, malestar, odio? Nosotros vivimos en comunidad…¿Qué huella vamos dejando en ella? ¿Somos cristianos? “Por sus obras los conoceréis”. ¿Proclamamos el evangelio con nuestras vidas?


Oremos:

Te pedimos, oh Señor, que nos ayudes a entender lo importante que es llevar una vida cristiana en todo momento. Que mantengamos la actitud que tú nos propones toda nuestra vida. Viendo primero el bienestar de nuestros hermanos, arreglándonos con ellos, buscando siempre la paz, la comprensión y la convivencia.

Somos distintos, somos “de colores”, pero todos somos hijos tuyos. Tu no haces distingos. Permite que nosotros tampoco los hagamos.

Ayúdanos a tener una sincera actitud de perdón…a perdonar verdaderamente en nuestros corazones, antes de ponernos a orar. Señor, escúchanos.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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lunes, 2 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 25,31-46


Para aquellos que todavía tenemos dudas, para aquellos que no queremos entender o estamos buscando interpretaciones esotéricas o acomodaticias de las palabras del Señor, nos aclara como para un niño, con palabras muy sencillas, como si se tratara de un cuento, qué es lo que debemos hacer y a quién para que llegado el momento, cuando Jesús venga con toda su gloria, nos tenga entre los elegidos.

Día a día hay que mirar fuera de nosotros. No buscar tanto nuestra comodidad, como atender las necesidades de cuantos nos rodean. Solamente cuando salimos de nosotros mismos adquiere sentido nuestra vida. Se trata de que estemos al pendiente, con los ojos muy abiertos y dejemos de mirarnos el ombligo. Se trata de atender y servir a los demás. Nuestra salvación no está en la “meditación trascendente”, ni en la “flor de loto”, ni si quiera en ir a Misa…Se trata de realizar tareas, actividades diarias, cotidianas, en las que hayamos puesto primero a nuestros hermanos, a todos los que requieren de nosotros algo.

Ese ha de ser nuestro programa, nuestro Proyecto, nuestro Plan de acción: vivir al servicio de los que nos rodean, de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestra comunidad. Si es verdad que nadie da lo que no tiene, entonces debemos orar y mantenernos constantemente comunicados con Dios Padre, como lo hizo Jesús, para oírle y saber a cada paso lo que debemos hacer. El Plan es simple: nuestros pelos están contados y nadie por más que se esfuerce podrá agregar un segundo a su existencia. Entonces cada día hay que vivirlo como si fuera el último, sin preocuparnos más allá, pues cada día tiene su afán. Si vives siempre bien HOY, no tendrás de qué preocuparte, cuando el Señor te pida cuentas. Estarás siempre listo.


Oremos:

Señor, haz que nuestro lema siempre sea “haz el bien sin mirar a quien”, esa es la ruta marcada por la sabiduría popular que hoy nos recuerda Jesús.

Que no me detenga cómodamente a disfrutar de mi tiempo, si no que me empeñe en hacer algo por los demás. Que no deje de llamar, que no deje de asistir, de atender a cuantos me convocan, y que allí lleve tu palabra clara, verdadera, siempre fresca y sencilla.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 26 de febrero de 2009

Reflexión: Mt 9,14-15


Jesús pone en orden y en perspectiva las cosas. Él es el Hijo de Dios Padre, Él es nuestro Salvador…de Él se habla en las escrituras, a Él anunciaron los profetas y ha llegado su hora…está aquí. ¡Es el novio! ¿Vamos a estar tristes?

Hay un momento para todo. Pero es absurdo ponerse triste, ayunar, mientras es tiempo de celebración. Hagamos ayuno cuando Él no esté, cuando nos falte, pero no mientras lo tenemos.

Como en otros momentos, Jesús hace notar el momento especial que están viviendo y sobre todo lo que pasará. Pero como siempre, los discípulos se ciegan. No quieren ver la parte de dolor y sufrimiento que pronto llegará, en la que morirá, aunque es verdad, resucitará.

Es el Señor permisivo o demasiado tolerante. Para nada. Es sólo que hay que saber cuándo estar tristes y cuando estar alegres. Y la gran tristeza debía ser no tenerlo, como la gran alegría estar con Él. ¿Entendemos así la vida? ¿Qué lugar ocupa Jesús en ella? ¿Es así de sencilla nuestra piedad? ¿O es que hay otros factores que tomamos en cuenta? ¿Son realmente importantes? ¿Es la tradición, la ley, la costumbre? ¿Qué es lo que importa?

¿Si sólo fuera Jesús, y estamos con Él, qué más puede importar? A veces nos enredamos demasiado y hacemos complejo lo que debía ser sencillo y claro.


Oremos:

Señor, danos la alegría de vivir con el Señor en nosotros. Que sea toda nuestra alegría…que nada más que el nos llene, que nada nos falte, si lo tenemos a Él.

Quita de nuestra mente y corazón todas esas innumerables razones para ser felices o para ser tristes. Son muchas excusas…muchas distorsiones. Quien te tiene a ti, lo tiene todo. ¡Que así sea!

Que no andemos buscando razones para perder la esperanza.

Que sepamos irradiarte, alegrar a los demás, contagiar, porque te tenemos a ti. Que No nos dejemos arrastrar por los pesimistas, por los tremendistas, mientras estés con nosotros, que sólo ello nos baste.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 24 de febrero de 2009

Reflexión: Mt 6,1-6.16-18

Mt 6,1-6.16-18

Qué bueno Señor que nos enseñes qué es lo importante. Ni cuando oramos, ni cuando damos limosna, ni cuando ayunamos debemos hacerlo para impresionar a los demás, para que nos vean, para que nos noten y aprecien, de otro modo, habremos desnaturalizado la intención de nuestros actos y tendremos que conformarnos con aquella recompensa.

Si realmente queremos servir, hagámoslo en silencio y con humildad; sin aspavientos, sin andar pavoneándonos por lo que hacemos, sin pregonarlo a los cuatro vientos y el Señor que ve lo secreto nos recompensará.

Ojo, el Señor sigue cada uno de nuestros actos. Nos ve y se alegra o entristece con cada uno de ellos. Así, si son buenos y están dedicados a Él, no es necesario que los vayamos pregonando. Él ve y sabe lo que hemos hecho, no tenemos que contárselo y si quisimos agradarle, bendecirlo y adorarle, a qué lo publicamos, si Él lo conoce perfectamente.

Preocupémonos por hacer el bien a nuestro paso, a todo el que se nos cruza y no por la recompensa o el reconocimiento que habremos de recibir. No busquemos la vana gloria ni el reconocimiento barato, tengamos presente que es por Dios y para Dios que actuamos y somos. Él no necesita demostraciones…Él nos conoce, y si con nuestros actos hemos llevado alegría, esperanza o paz, quedará registrado en su infinita memoria, sin que tengamos que hacérselo notar a nadie, porque será a Él al que le habremos llevado paz, alegría, esperanza o amor. Preocupémonos por ser antes que por parecer o aparentar.

Oremos:

Señor, dame un corazón puro en el que no anide la envidia ni el orgullo. Que sea sencillo y humilde, bastándome tan solo con tu inmensa recompensa, aunque no la pueda ver ni sentir ahora.

Que no repare en intereses personales para hacer el bien, por el contrario, que no busque razón, ni motivos, ni merecimiento para hacerlo. Que me baste con saber que si es bueno, ha de ser Tu Voluntad.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 15 de octubre de 2008

Reflexión: Mt 22, 1-14

Domingo 12 de octubre de 2008.

Mt 22, 1-14

Hemos sido todos invitados a participar en el Reino. Todos hemos sido llamados, aun cuando algunos de nosotros podríamos pensar que hemos recibido una invitación especial, aquella en la que se incluye una tarjetita pequeña, en señal que somos íntimos, que somos invitados especiales. ¿Cómo no vamos a ir?

Sin embargo, cuantas veces despreciamos este llamado por atender otras cosas…tantas cosas que tenemos que hacer, tantas “obligaciones”, tantos negocios, tantas ocupaciones. ¡Uf…si no tenemos tiempo para nada!

Siempre nos estamos quejando por la falta de tiempo. Pero lo ocupamos en lo que de veras importa. O nos estamos distrayendo, dispersando, llenándolo de tonteras consumistas, de las que en realidad podríamos prescindir. ¿Qué es lo que realmente importa? ¿Le dedicamos el tiempo suficiente? ¿O estamos llenando nuestro día de una serie de tonterías sin importancia, para darnos mayor comodidad, mayor pompa, mayor lujo?

¡Anda a ver a tu hermano! ¡Anda a ver a tu Padre! ¡Visita al que sufre, al enfermo, al preso! Si es tiempo lo que más tienen, de lo que más dispones…Pues distribúyelo bien, entre lo que realmente importa.

¿Y, qué es lo que importa? Lo que el Señor te pide. Hacer Su Voluntad…eso es todo. ¡Qué fácil se dice!


Oremos:

Señor Jesús, ayúdame a comprender y distinguir lo importante de lo suntuario.

¡Permíteme hacer tu Voluntad, siempre!

No quiero ser de aquellos que te desprecian, de aquellos que te dejan para más tarde, para cuando tenga tiempo. Quiero estar en primera fila cuando me llames y asistir con el traje adecuado.

Permíteme ir siempre revestido de Ti. Que con eso me baste. Que no siga hurgando, revolviendo, buscando aquello que en realidad no Te importa, aquello que es banal, pasajero, frívolo, ridículo, egoísta…Que no caiga presa del orgullo, la vanidad y el consumismo.

Que ligero de equipaje, revestido de ti, me presente y responda oportunamente a tu invitación, Amé.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 5 de octubre de 2008

Reflexiones: Mt 21, 33 - 43

Mt 21, 33 - 43

Hemos recibido un encargo. Todo ha sido cuidadosamente planeado, previsto y preparado. Todo está listo. Lo único que hace falta es que actuemos responsablemente, coherentes con el encargo. No somos dueños de la viña. La hemos recibido con el encargo de cuidarla y hacerla fructificar. Pero no podemos perder de vista que se trata de un encargo y que, tomada nuestra parte, nuestra paga, debemos hacerla producir para el dueño.

Está claro. Tenemos una misión. No podemos desentendernos de ella y mucho menos pretender ignorar o evadir al dueño, al que nos la ha conferido, como si pudiéramos ignorarlo. A la larga o a la corta, Él vendrá a pedirnos cuentas. ¿Qué le diremos? ¿Osaremos matar a sus enviados y por último trataremos de matarlo a Él mismo en vez de darle lo que le corresponde?

¿Por qué no poner en orden nuestras vidas ahora que podemos, llevando las cuentas claras, para que llegado el momento no tengamos nada que ocultar, nada de qué avergonzarnos? Y si hemos hecho mal…¿por qué seguir metiendo la pata? ¿No podemos arrepentirnos y cambiar? El problema no está en caer, sino en no levantarse. El Señor nos perdonará y acogerá con los brazos abiertos.

“La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular”, ojo con estas palabras, que es posible que el dueño no sea a quien estamos mirando, privilegiando y rindiendo pleitesía en nuestras vidas. ¡No nos equivoquemos! Es Jesús nuestro Señor, aquel a quien debemos seguir, a quien debemos servir. Y Él no vive precisamente en un palacio, ni asiste posiblemente a nuestro club. Tenemos que hacernos como niños para entenderlo, verlo y seguirlo.
¿A cuántos cobradores nos habrá enviado el Dueño de la Viña a pedir su parte, a cobrarnos lo que le corresponde? No lo nuestro, sino sólo lo que le corresponde ¿Y qué habremos hecho con ellos? ¿Los habremos ignorado? ¿Los habremos condenado? ¡¿Los habremos matado?!

Oremos:

Señor, permítenos enderezar nuestra vidas; que fructifiquen abundantemente.

Que actuemos con desprendimiento, compartiendo todo cuanto tenemos, con aquellos que nos lo piden…No sea que seas Tú que vienes por tu parte y te la neguemos.

¿Quiénes somos nosotros para guardar y atesorar lo que no es nuestro, en contra de tu voluntad? Si Tú lo quieres, si Tú lo pides, si Tú lo necesitas, aquí lo tienes Señor.

Haznos libres. Que no nos ate nada más que el deseo de servirte, de darte todo lo que somos, cuando lo pidas.

Danos la alegría de compartir, la alegría de dar. Que encontremos alegría y felicidad en dar, antes que en tener, que en atesorar.

Sí, sabemos que Tú nos darás ese consuelo, pero inspíranos y danos el valor de dar el primer paso.

Perdón Señor, por todas las veces que te hemos fallado; por todas las veces que hemos guardado tanto innecesariamente, sólo por el placer y el gusto de tener. Atesorar y atesorar ¿para qué?

Danos una vida austera Señor. Que sepamos seguirte desde nuestra pobreza, como el gran Francisco de Asís.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 2 de octubre de 2008

Reflexión: Mt 18, 1-5.10


El Señor habla claro. No se va con rodeos. Lo que pasa es que nosotros somos duros para entender o quizás debemos decir que no queremos entender. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Aquí tenemos una nueva lección. Los discípulos, como nosotros, siempre andan preocupados por quién será el más importante, quién será el primero, cómo destacar, cómo distinguirnos. Aspiración o pretensión al parecer muy humana, muy propia de nuestra naturaleza, que nos lleva a condicionar nuestra forma de actuar. Queremos ser los primeros. Queremos ser observados, admirados y tenidos en cuenta. Que todos sepan quienes somos…

Que digan: que bueno, que acertado, que razonable es fulanito. Que equilibrado, que justo, que guapo o guapa; en fin…qué buena gente. An damos buscando la simpatía y aceptación de todos o cuando menos de la mayoría y sobre todo de los “más importantes”. De esta forma, sentimos que también nos hacemos importantes. Por eso cuidamos de nuestros amigos, cuidamos con quien nos ven, con quien nos juntamos y a quien saludamos efusivamente. Hacemos distinciones…y nos gusta que nos distingan.

Devolvemos lo que sentimos que nos dan. Pensamos cada paso y vamos calculando fríamente cada uno de nuestros actos y actitudes. ¿Por qué vamos a brindar simpatía a quienes sentimos que nos desprecian, que nos aborrecen o cuando menos, que les somos indiferentes? Si quieren recibir algo “de lo bueno que soy y tengo”, primero deben estar dispuestos a darme lo mismo o por lo menos a apreciarlo. No damos puntada sin nudo.

Así somos. Aquel que diga que no, que tire la primera piedra. El Señor lo sabe, por eso MUY CLARAMENTE, sin dejar lugar a dudas, nos dice cómo debemos ser. Por si fuera poco, trae a un niño y lo pone en medio.

¿Cómo es un niño? Todos somos capaces de hacer un ejercicio mental, una lluvia de ideas y poner todas las características de un niño, empezando por la inocencia, la humildad, la falta de prejuicios, la sinceridad y el amor. Un niño es alegre, mira y sonríe abiertamente. Dice lo que piensa y es sensible. Perdona al instante. Cree. Ama por igual a ricos y pobres, blancos, cholos y negros; hombres y mujeres; guapos y feos; animales y plantas…Un niño se adapta y obedece; espera…

En fin…Todas estas y otras razones son las que le valen el primer lugar. Nosotros debemos ser como niños. ¿Nos esforzamos por serlo cada día?

Por si fuera poco, una nueva alusión a los ángeles en referencia a los niños. Cada uno tiene su ángel y es muy cercano a Dios…Es decir que vela permanentemente por él.(y hoy la Iglesia celebra a los Ángeles Custodios)

Seamos como niños y el mundo cambiará.

Oremos:

Señor, que difícil ser como niño, dejando todos nuestros privilegios, todos nuestros “derechos” de adulto. Danos inocencia, pureza de corazón y espíritu, para mirar a nuestros hermanos francamente y sonreírles abiertamente.

Ablanda nuestros corazones, purifica nuestro espíritu. Haznos capaces de perdonar y de dar sin límites.

Danos la alegría de vivir…que la llevemos por donde vayamos, especialmente entre los más pobres, necesitados y desolados. Que seamos portadores de esperanza, de paz y amor, más que de razón.

Señor, danos un corazón de niño.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 28 de septiembre de 2008

Reflexiones Mt 21, 28 - 32

Mt 21, 28 - 32

Contestamos muy rápidamente a Jesús, “Sí, ¡Cuenta conmigo!” Pero que difícil se nos hace seguirlo día a día. Jesús no quiere palabras, sino obras, actitudes, acciones. Está cansado de nuestro chamullo, de nuestras palabras huecas y sin sentido.

Quien dice que le ama y no le sigue, es en realidad un mentiroso o cuando menos un charlatán.

La lectura hoy nos muestra esas dos actitudes. La del que dice no, sin embargo luego recapacita y hace lo que debe hacer, lo que Jesús le pide y la del que dice sí, pero luego hace cualquier cosa. ¿A cual de los dos nos parecemos? ¿Cómo cual de los dos nos comportamos en realidad?


Oremos:

Señor, quiero ser de los que te siguen, de los que no palabrean tanto y actúan correctamente. ¡Quiero predicar con el ejemplo! ¡Dame coherencia!

Fortalece mi espíritu enclenque, superficial, débil…que eche raíces en Ti; que sepa dar siempre testimonio de tu amor.

Señor Jesús, que seas Tú y no yo el que guie mi vida.

¡Hazme un instrumento de tu fe!

Te doy todo lo que soy, todo lo que siento, todo lo que pienso…¡Tómalo Señor y haz con ello lo que gustes!

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 23 de septiembre de 2008

Reflexión: Mt 20,1-16


Las categorías del Señor no son las nuestras. Todos son llamados en algún momento. Unos más temprano y otros más tarde, per5o para todos el “premio” es el mismo, la paga es la misma. Todo el que hace caso a la invitación y lo sigue, todo el que cambia su vida a partir del momento en que es llamado y se pone a trabajar por el reino, recibirá la Vida Eterna. ¿Qué más podemos desear? ¿Qué más podemos pedir?

¿Nos parece injusto? ¿Por qué si yo lo seguí toda mi vida, aquél que llevó una vida licenciosa y a última hora se arrepiente recibirá lo mismo? Eso nos molesta. Pues debemos aprender a alegrarnos con Jesús por todos aquellos que regresan al redil, que se unen al camino, como Él lo hace.

Si uno de nosotros se pierde, Él sale a buscarlo; si tan sólo logra convencer a uno, por uno sólo, habrá valido el trabajo. Esa es la forma de ver de Cristo, muy distinta a la nuestra.

Entonces, dejémonos de estar juzgando por qué a el tanto, por qué a mi tan poco. Sigamos al Señor, que Él sabrá darnos lo que merecemos al final de los tiempo y lo que tengamos será suficiente para ser felices toda una eternidad.

Oremos:

Señor te pido que apartes de mi mente toda ridiculez y mezquindad, para no andar juzgando a mis hermanos, dando a todos lo más que puedo, aun a esos que me molestan, porque pienso que tienen tanto y no les ha costado.

Que no juzgue…¿Quién soy yo para juzgar?

Que mire la biga que tengo en mi ojo, antes que andarme fijando en la paja del ojo ajeno.

Dame confianza, fe y ternura, para nadar por el mundo reflejándote a Ti. Que seas tú quien brille en mí.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY