Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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martes, 12 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 14,27-31a

Jn 14,27-31a

Hoy me llama especialmente la atención la mención que Cristo hace del Príncipe del mundo, que no tiene ningún poder sobre Él. Sin embargo es importante recordar que existe y que es un Homicida y mentiroso. Conociendo nuestras debilidades, busca engañarnos a cada paso. Le molesta que nos acerquemos al Señor y emplea mil argucias para alejarnos, al extremo que cuando más cerca creemos estar podemos encontrarnos, por el contrario, tan distantes. Solo así se explica la maldad que hay en el mundo, disfrazada de generosidad y benevolencia. No soy quien para juzgar, pero lo encontramos a cada nada y por eso, más vale estar en guardia.

No debemos temerle, porque como bien nos dice Cristo, quien guarda sus mandamientos y le ama, Él y Dios Padre harán morada en el, pues quien ama a Cristo ama a Dios y en ello encuentra Dios Padre su gloria.

Cristo no muere en la cruz por obra del mal, no es el mal el que lo ha vencido. Todo lo contrario. Tal como nos lo dice: “pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado”. Es cumpliendo las órdenes de Dios Padre que Jesús llega hasta el extremo de dar su vida por nosotros. Es que su Voluntad es salvarnos y sólo puede hacerlo mostrándonos que es posible.

Dios nos quiere libres; no nos quiere esclavos de nada, ni por nada. Es preciso que Él muera en la cruz para que quedemos convencidos que hay una opción. No nos olvidemos que no solamente muere. No podemos quedarnos en su muerte…Muere y ¡Resucita! En eso consiste nuestra salvación. El Señor, Rey de reyes ha vencido al mundo. No hay ley que se le pueda imponer, ni nada que lo pueda someter…él es superior; él Es.



Oremos:

Señor mío Jesucristo, que siempre opte por ti. Que no me deje acobardar ni amedrentar por el maldito homicida y mentiroso demonio. ¡Que siempre camine en Tú luz!

Purifícame, sáname, sálvame...Mándame ir a Ti



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexión: Jn 14,21-26


No siempre son claras para nosotros las tres personas de la Trinidad. En este texto por boca del Señor las conocemos a las tres, distinguiendo la forma en que participan en el Plan de Salvación. Solamente conocemos y sabemos del Padre por el Hijo. El nos enseña lo que el Padre ha dispuesto, esto es: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.”

Como Dios es uno y trino, nosotros estamos llamados a participar de esa unión por Cristo. Él nos abre las puertas para formar parte en esa comunidad Divina. Debemos amarle, lo que sólo puede manifestarse con hechos: tener y guardar sus mandamientos. ¿Por qué tenemos la cabeza llena de tantas cosas? ¿Por qué nos andamos atormentando por el dinero? ¿Por qué andamos atesorando o anhelando riquezas que nos den comodidad, que nos permitan ostentar y hasta despilfarrar, cuando UNA SOLA COSA ES IMPORTANTE?

Recordemos aquél pasaje de Marta y María que nos narra el evangelio de Lucas (Lc 10, 40-42): “mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.»”



Oremos:

Dios, permítenos escoger la mejor parte, aquella que realmente es importante. Que si algo nos quite el sueño sea amarte más.

Que nos ocupemos de aliviar a nuestros hermanos, de atenderles y servirles, antes que dolernos y quejarnos de lo poco que tenemos, de lo poco que somos, antes de dolernos de nuestra pobreza, que en realidad es riqueza, si la comparamos con los miles y millones que no tiene qué comer HOY.

Danos un corazón sensible y voluntad para hacer lo que debemos ¡siempre!

Ilumínanos y fortalécenos con tu Espíritu.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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domingo, 10 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 15,1-8

Jn 15,1-8

Creo que tendríamos que empezar a leer este evangelio por el final. ¿Qué quiere Dios Padre de nosotros? Pues que demos mucho fruto; que lo demos en abundancia. Dicho en las palabras de Cristo: “La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos”.

Esto que es tan simple, no lo llegamos a entender. Dios Padre quiere que demos frutos y frutos en abundancia…Pero no contento con este deseo, se compromete con nosotros en esta misión. La verdad es que sólo falta que nosotros también queramos, tanto como Él dar fruto. Basta que queramos, nos dispongamos…demos el primer paso, el resto nos lo facilita Él. Claro, es que nosotros tenemos que hacer algo; alguna señal tenemos que dar. Tenemos que hacernos disponibles. Tenemos que decir Ok, ponernos en la actitud adecuada y dar los primeros pasos. Como en la pesca milagrosa, debemos tirar la red donde Él nos indique. Tenemos que coger la red y tirarla, donde el nos indique. Es obvio que si no cogemos la red, ni la tiramos; o si la cogemos y la tiramos a otro lado, por necios, por tontos, no cogeremos nada. Pero si hacemos lo que Él nos dice ponemos nuestro esfuerzo en la dirección correcta, Él nos dará en abundancia.

Como cuando con cinco panes y dos peces alimentó hasta saciarte a más de cinco mil y todavía sobraron varios canastos con los trozos de pan y pescado. El Señor nos pide que pongamos algo de nuestra parte. Basta ese algo, para asegurar una cosecha abundante.

No hay lugar ni momento en que deje de recordarlo. Al que da más, más se le da; pero al que se guarda mezquinamente para sí lo poco que tiene, hasta ese podo ce le quitará. Hoy nos lo recuerda cuando dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.” Es que Dios Padre quiere que demos fruto y que lo demos en abundancia…¡Ojo con estas palabras! Si estamos con Él, estamos en el mejor equipo; tenemos la ganancia asegurada. Sólo tenemos que participar y hacer nuestro mejor esfuerzo. Si así lo hacemos, Él viene, nos poda, nos limpia, para que demos más fruto.

¡Tenemos que permanecer en Cristo! ¡Sin Él no somos nada! ¡Con Él todo lo podemos! ¡Seamos sensatos! Dios Padre sólo quiere nuestro bien, solo quiere que seamos felices. Seremos felices si hacemos lo que Dios nos dice. ¿Y cómo sabemos esto? Porque para eso ha venido Cristo al Mundo, para revelarnos la voluntad del Padre. Si nosotros oímos lo que Cristo nos dice, si creemos en Él y permanecemos en Él, daremos mucho fruto y con ello estaremos glorificando a Dios Padre.



Oremos:

Padre Santo, danos una ñisca de entendimiento para comprender esto que nos ha revelado tu Hijo Jesús. Danos Fe para creerle, seguirle y hacer lo que nos diga.

¡Queremos dar fruto en abundancia! ¡Dinos donde debemos tirar la red!



Roguemos al Señor…

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sábado, 9 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 14,7-14

Jn 14,7-14

El Señor no se cansa de pedirnos insistentemente Fe. Creer en Él, al menos por lo que Él hace, por sus obras. Creer que Él ha sido enviado por el Padre y que quien lo conoce al Él conoce al Padre. De allí que no podamos encontrar mejor ocupación que dedicarnos a conocerle. Conocer y creer son las condiciones para entrar en el Reino. Entonces podremos hacer sus obras y mayores aún.

Estas son las promesas de Jesús que debían mover nuestro corazón, nuestra inteligencia y nuestra voluntad. ¡Qué mejor tesoro! ¡Qué mejor aliado! ¡Qué mejor garantía! Tenemos todos los pases, todas las credenciales…no hay puerta que no se abra, camino que no se allane, corazón que no se alegre, inteligencia que no se ilumine, espíritu que no se exalte si obramos en su nombre. Todo está en empezar. Creer y dar el primer paso, el resto dejémoslo en sus manos, que Él sabrá guiarnos y llevarnos al lugar que nos tiene preparado desde siempre.

Vamos, caminemos alegres, gozosos, porque Dios está con nosotros y si le tenemos, nada nos falta.


Oremos:

Cristo, Jesús, ayúdame a entender que en Ti tenemos el mejor aliado, la mejor garantía. Que no hay nada que pueda impedir que cumpla con mi misión, que no es otra que la tuya. Condúceme, guíame, hazme un instrumento de tu fe, que sea ella creciente en mí y pueda iluminar a mis hermanos.

Concédenos la paz y la alegría, para llevar siempre tu mensaje de esperanza, sobre todo a los más afligidos.

Danos en abundancia, para compartir en abundancia.



Roguemos al Señor…

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viernes, 8 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 14,1-6

Jn 14,1-6

Fácilmente nos olvidamos cuál es el sentido de la Vida, cuál debe ser nuestro camino, por donde debemos andar. El Señor nos lo recuerda. Solo hay un destino: “La casa de mi Padre”. Sólo un Camino, Jesucristo.

Las palabras son muy claras. El asunto está en creerle y seguirle o rechazarlo. No hay nada más que esas dos posibilidades. Si le creemos, hemos de manifestarlo siguiéndolo…De otro modo, ¿cómo podríamos explicarlo? Creo, pero no te sigo, sería una incongruencia…no tendría sentido.

Hay un solo Puente, una sola Puerta y ese es Cristo. No hay otra forma de llegar al Padre que pasando por Cristo. Solo Él nos conduce al Padre y con Él a la felicidad, a la Vida Eterna. Sólo Él es el Norte. Solo Él es Vida. ¿Lo creo?

¿Responde mi vida a esta confesión? ¿Soy coherente? ¿Es que no entiendo o quizás, que no quiero entender? Qué puedo decir. ¿Tengo precisadas las prioridades en mi vida? ¿Vivo conforme a lo que proclamo y creo? ¿Soy incoherente? ¿No entiendo el evangelio? ¿Qué parte no me queda clara? ¿El amor?

“No hay amor más grande que el que entrega la vida por sus amigos”. ¿Necesito mayores referencias, mayores pistas, mayores explicaciones? ¿Qué es lo más importante? “Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe… Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.” (I Corintios 13).

Tengo el Programa, tengo el Plan entre mis manos…¿Qué voy a hacer?


Oremos:

Señor, dame fe para realmente creerte y FORTALEZA, valentía y decisión para seguirte. Quiero seguirte cada día de mi vida, a cada paso, cada segundo. ¡Que no respire si nos es por Ti y para Ti!

Sé que no llego a Ti si no es por mis hermanos…¡Haz que te vea a Ti en cada uno de ellos! ¡Que no me olvide jamás de la caridad!


Roguemos al Señor…

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miércoles, 6 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 12,44-50

Jn 12,44-50

Padre, Hijo y Espíritu Santo son la tres personas del Único Dios Verdadero. Jesucristo, con toda autoridad nos hace notar que Él no habla por Sí, que lo que nos transmite es la Palabra de Dios. Que es Dios Padre el que le ha enviado para que nos de Su mensaje. Que no hay forma de conocer al Padre, sino a través de Hijo y que, por tanto quien conoce al Hijo conoce al Padre. Se puede decir que alguien conoce a Cristo, si hace su palabra. Es el hacer, el guardar su palabra, el obrar cristianamente lo que nos distingue, no el mucho hablar y razonar. “Por sus obras los conoceréis”.

Al que me parece sumamente importante en este mensaje es que Jesús es la Luz que ha venido al mundo para que no andemos en tinieblas, para iluminarnos y mostrarnos el Camino, en buena cuenta para Salvarnos, no para condenarnos. Hay aquí una diferencia fundamental que debemos destacar. La obra de Dios es POSITIVA, constructiva. Se nos pide GUARDAR AU PALABRA. Creer y hacer lo que Él nos dice, porque lo que nos revela es por mandato del mismísimo Dios.

Nadie nos juzga y no es para eso que ha venido Jesús. Él pone la luz, ilumina y nos saca de las tinieblas. Él es la Verdad, el Camino y la Vida. Nosotros somos libres de optar por las palabras de Dios y seguir su mandato que es de Vida Eterna o rechazarlo…Y ahí está nuestro juicio. Somos nosotros mismos los que nos condenamos.

No puede haber mejor propuesta para el mundo, para la humanidad entera y por supuesto que para mí, que la que Cristo nos trae, porque es la que Dios mismo, nuestro Padre le ha encomendado. Está en nosotros el aceptarla y seguirla. Seremos unos necios si no hacemos lo que DIOS nos propone, si no le creemos…si más bien, nosotros le juzgamos y rechazamos…¿quién juzga?



Oremos:

Padre Santo, danos la fe necesaria…acreciéntala día a día en nosotros, para seguirte. Para que no haya otra razón, otro motivo en nuestras vidas que hacer lo que tú nos ordenas a través de tu Hijo Jesucristo y nuestra Santa Madre Iglesia fundada por Él.

Danos un corazón puro, grande, transparente…para amara a todo el mundo y dar a cada quien lo que necesita. Haznos sensibles al dolor, el sufrimiento y la pobreza.


Roguemos al Señor…

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martes, 5 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 10,22-30

Jn 10,22-30

Nos carcome la impaciencia, no aguantamos más y como los judíos, queremos que el Señor se manifieste de una vez, tal como nosotros queremos, con la idea que nos hemos forjado interiormente. Es que no le conocemos y pretendemos un Cristo que nos muestre su poder, que nos muestre de una vez cuan poderoso es, resolviendo nuestros problemas, nuestras dudas y manifestándose de tal modo en nuestra vida, que sea contundente para que sin dudas podamos decir, orgullosos, satisfechos, triunfantes, este es nuestro Dios, el Dios en el que creemos…Miren, deposité mi fe en Él, creí en Él y vean, cómo ha obrado lo que esperaba, lo que quería, lo que le pedí. ¿No es esto lo que queremos? ¿No es esto lo que esperamos? ¿No es que con cierta decepción y llenos de dudas nos alejamos de Él, porque no ha obrado lo que nosotros queríamos, lo que esperábamos, lo que queríamos?

Por fin…¿Creemos o no creemos en Dios? ¿Creemos o no creemos en Jesucristo, el Hijo de Dios, enviado por nuestro Padre para Salvarnos? ¿Creemos que Él vino al mundo para redimirnos de nuestros pecados y Salvarnos? ¿Creemos en Él? ¿Creemos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios? ¿Qué quiere decir esto? ¿Lo hemos comprendido en realidad? ¿Hemos comprendido que Dios es nuestro Padre?

¿O es que más bien creemos en un Dios semejante a nosotros, creado en realidad por nuestra imaginación, del que esperamos fervientemente haga nuestra voluntad? ¿Somos nosotros los que pretendemos señalarle el Camino? ¿Somos nosotros los que habremos de decirle por donde ir y cómo hacer las cosas? ¿No nos está faltando humildad, tanta que pretendemos enmendarle la plana y que ponemos ello como condición para creerle, para seguirle?

Por fin…¿Es nuestro pastor y nos guía por donde debemos ir, procurando lo que más nos conviene, dándonos lo que su infinita bondad y su corazón han visto por más conveniente para nosotros? ¿O pretendemos más bien erigirnos en su pastor y decir que es lo que conviene y qué no?


Oremos:

Padre Santo, danos humildad y sabiduría para entender tus designios, para comprender tu voluntad en nuestras vidas, para adherirnos a Ti, y seguirte con Fe, sabiendo que Tú solo haz de querer lo mejor para nosotros en cada momento, sea que lo podamos comprender o no. Que pongamos los medios para que se haga Tú Voluntad.


Roguemos al Señor…

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domingo, 3 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 10,11-18


El Señor ha venido por todos, los que pertenecen a su rebaño y los que están fuera. A todos los reunirá en un solo rebaño, con un solo pastor. Para esto ha venido. Esta es su misión y es por eso que el Padre lo ama, porque da libremente su vida por el rebaño.

¡Qué relación tan fuerte y estrecha establece Jesús con nosotros! Somos su rebaño y le interesamos todos; no sólo los de adentro, sino también los que están afuera. No es un asalariado, es el propietario. Y, reunir a todas las ovejas en un solo rebaño es la orden que ha recibido del Padre.

Esta es la misión de Cristo y es a la que habremos de contribuir si oímos su Palabra, la entendemos y la ponemos en práctica. La voluntad del Padre es que seamos un solo rebaño y sigamos a un único pastor, Jesús. A ello habremos de dedicar nuestras vidas, del mismo modo que Cristo da su vida por sus ovejas. Estamos llamados a ser uno con Cristo y con todos nuestros hermanos. Debemos acoger, atraer…Y si no podemos por nuestros propios medios, entendiendo que esta es una misión divina, debemos pedir, implorar la ayuda divina. Para esto es la oración, para esto la eucaristía. Oremos, pidamos, que no seamos como lobos, y mucho menos como asalariados. Que nos entreguemos completamente a esta misión, como lo hace Cristo, poniendo toda nuestra vida en juego.


Oremos:

Señor te pedimos que nos hagas dignos seguidores tuyos, que colaboremos en tu Misión, invitando, siguiendo, atrayendo a todas las ovejas al rebaño. Que ninguna se pierda por nuestra causa, antes bien, que atraigamos las de fuera del redil también.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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sábado, 2 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 6,60-69

Jn 6,60-69

Qué momento difícil. El Señor no trata de dorarnos la píldora. Él nos presenta las cosas como son. Somos nosotros los que queremos seguirle, pero sin el sacrificio, sin la radicalidad que Él exige y así es imposible. No se puede servir a dos señores. De allí la pregunta: “¿También vosotros queréis marcharos?”

En otro momento el Señor nos dirá, el que pone la mano en el arado y mira atrás, ese no sirve para el Reino. El Señor exige decisiones, firmeza, coherencia y valentía. Es preciso comer su carne y beber su sangre si queremos entrar en el Reino de los Cielos. Si queremos contarnos entre sus seguidores. No es fácil, por eso debemos pedir al Padre esta Gracia. Es sólo con su apoyo, con su ayuda que podremos lograrlo. No es una misión que podamos dejarla librada a nuestras fuerzas, a nuestra capacidad, a nuestras flaquezas.

Ante la exigencia del Señor, muchos nos sentimos desanimados y tentados a dejarle. Es más, muchos le dejamos. No estamos dispuestos a aceptar el sacrificio. Queremos la gloria, sin pasar por la cruz. Pero la verdad es que ni eso se nos pide, porque este sacrificio ha sido realizado por Él para salvarnos. Sólo se nos pide perseverancia, humildad, generosidad, sinceridad, disponibilidad…Aceptar y reconocer que sin Él nada somos y que para eso nos ofrece su cuerpo y sangre, para alimentarnos, para fortalecernos. Sólo se nos pide firmeza, decisión…Fe. Dar el primer paso. Creer en Él y seguirlo.



Oremos:

Señor danos fe para seguirte, para no flaquear, para no dudar. Danos entereza, constancia, perseverancia.

Aparate de nosotros toda soberbia, sabiendo que no iremos a Ti sin tu ayuda, sin ayuda del Padre. Haznos constantes en la oración.


Roguemos al Señor…

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viernes, 1 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 6,52-59


Es preciso hacernos uno con Cristo; comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna. Es más, si no comemos su cuerpo ni bebemos su sangre no tendremos vida en nosotros. Este es un misterio muy grande y trascendente sobre el cual debemos meditar. No es tan sencillo como a veces imaginamos. Debemos participar de la Eucaristía si queremos tener vida. No se trata de un complemento, de un elemento secundario o uno más, que podemos tomar o dejar de tomar. Cristo nos ofrece hacernos partícipe de su vida, darnos la vida por Él. Pone una sola condición imprescindible, comer su carne y beber su sangre.

Comer su carne y beber su sangre es una condición, esto es algo sobre lo que debemos pedir luz. Reflexionar sobre este misterio, aceptar su Palabra y obrar en consecuencia. Como el Padre ha enviado al Hijo, así el nos envía. Como Él vive por el Padre, nosotros viviremos por Él. ¿Cuál es su carne y su sangre que habremos de comer y beber para vivir por Él?

Es hacer Su voluntad, es oír su Palabra y ponerla en práctica. Es comulgar frecuentemente, pues la comunión es la forma en la que se nos presenta Jesús como alimento. Sólo si participamos de ella, solo si comemos Su carne y babemos Su sangre, viviremos, pensaremos, hablaremos y actuaremos como Él. Solo así alcanzaremos la Vida Eterna. Este es uno de los más grandes misterios, pero al mismo tiempo es el milagro más grande. Jesús se nos da como alimento para fortalecernos y para darnos vida, la Vida Verdadera.

¿Cómo podemos rechazarlo? ¿Cómo podemos abstenernos? ¿Cómo podemos postergarlo? ¿Cómo podemos permanecer por períodos arbitrariamente prolongados sin participar de la comunión, sin amenazar nuestra propia subsistencia? ¿Cuánto tiempo podemos permanecer sin comer ni beber?...Un día, dos días, tres…¿Y cómo es que pretendemos tener Vida por Cristo, si no comemos su cuerpo y sangre, tal como el nos lo ha ofrecido…es decir como alimento?



Oremos:

Señor nuestro, ayúdanos a comprender que sin Ti no somos nada, que te necesitamos para poder Vivir; que no podemos pretender acercarnos a ti y sobre vivir, si no comemos tu carne y bebemos tu sangre, Verdadera comida y Verdadera bebida.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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jueves, 30 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,44-51

Jn 6,44-51

“En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida.” Jesús nos habla siempre en forma directa y clara. Somos nosotros los que queremos buscarle tres pies al gato, para interpretar lo que nos quiere decir y acomodarlo a nuestro antojo. Se trata de creer. ¿Creemos o no? No basta decir yo creo…O quizás debíamos decir, si crees habrás de mostrarlo con tu vida, porque cómo puedes decir “sí creo” y no hacer lo que Él te dice. Si creyeras, obraríamos como Él e incluso serías capaz de hacer lo que Él y mucho más.

Entonces, debemos empezar por reconocer que nos falta Fe.Que la tenemos de un tamaño microscópico, incapaz de movernos. Sí, estamos asombrados, nos conmueve, nos llama la atención, pero no tenemos fe. Y si la tenemos, es tan pequeña, pero tan pequeña…que con las justas alcanzamos a balbucear su nombre a escondidas y en voz muy baja, quedo…para nosotros no más.

“Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae.” Entonces no es obra de nuestro esfuerzo, no son nuestros méritos los que nos acercan a Cristo es la Gracia de Dios Padre y esta sólo podemos implorarla, porque Él nos la regala, nos la da, porque quiere. Tenemos que hacernos disponibles para recibirla.

Pero Jesús añade: “Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.” Lo que debemos hacer es escuchar al Padre y aprender, para poder ir a Jesús. ¿Cómo oímos al Padre? Pues a través de Jesús…Él es el que nos lo ha revelado. Algo más: el que no lo escucha ni hace lo que Él nos enseña, es porque no le da la gana. Porque “serán todos enseñados por Dios”; si así nos lo recuerda Cristo, quiere decir que todos tenemos nuestra oportunidad; a todos nos está permitido conocerle. Todos habremos de tener esta oportunidad, pero ¿cuántos de nosotros la despreciaremos?


Oremos:

Señor, que estemos atentos a tus enseñanzas y que las pongamos en práctica, para acercarnos más a ti y de este modo alcancemos la Vida Eterna.

Tú quieres que vivamos según Tú Palabra, permítenos que así sea, Que tu carne y tu sangre nos den la fortaleza necesaria para seguirte cada día.


Roguemos al Señor…

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miércoles, 29 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,35-40

Jn 6,35-40

Jesús ha venido al mundo cumpliendo la Voluntad de nuestro Padre Eterno, que quiere que le conozcamos, para que conociéndoles y creyendo en Él nos salvemos, tengamos Vida Eterna, para que gocemos con Él del Cielo.

No existe, ni puede existir objetivo más preciado que este. Que otra cosa podríamos anteponer a la Voluntad del Padre. ¿Qué es aquello que nos ciega, que nos perturba, que nos obstaculiza y nos impide ver por medio de Cristo a Dios Padre?

Jesús no nos abandonará jamás, porque esa es su misión encomendada por el Padre, que nos suelte, que no nos deje, que no nos pierda. Él debe ser nuestro alimento. ¿No es verdad que necesitamos comer para vivir? Pero si Él nos dice que “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed”. Es que le necesitamos tanto y aun más que cualquier otra comida…Que Él debe ser primero…Que Él debe ser nuestro alimento…Que con Él basta. ¿Es así?

¿Es esta una metáfora, una bonita alegoría? ¿Llegamos a creer realmente lo que nos dice el Señor? Siempre nos estamos preocupando por tener, por cubrir nuestras necesidades y por acumular, para cuando lleguen las vacas flacas, o para ostentar y llenarnos de opulencia. ¿Qué es lo que debemos perseguir? ¿A qué debemos dedicar nuestro tiempo? ¿En qué nos debemos ocupar? ¿Cuáles son nuestras prioridades?

El Señor nos pide que vayamos a Él y que creamos en Él…eso es todo. Ir y creer. Tan solo eso basta. Todo lo demás son enredos, elucubraciones absurdas, fantasías, trampas destinadas a conducirnos fuera del Camino, fuera de la Verdad, fuera de la Vida. ¿O hay alguien que por ocuparse de acumular, de acaparar, de ostentar, de llenarse de propiedades, títulos, fama y riqueza puede alcanzar la Vida Eterna? ¿Alguna de estas cosas le sirven después de muerto o si quiera para agregar un segundo más a su vida?

Entonces, demos al Cesar lo que es del Cesar. Orientemos nuestra vida adecuadamente. Busquemos primero el Reino de Dios y todo lo demás se nos dará por añadidura.

Oremos:

Señor nuestro, has que comprendamos y hagamos carne de estas palabras: que seas Tú el primero y el último cada día. Que seas Tú nuestro alimento. Que nos ocupemos de construir el Reino antes que de cualquier intrascendencia nuestra. Que sea este nuestro motivo de oración y esfuerzo.

Aumenta nuestra fe…


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lunes, 27 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,22-29

Jn 6,22-29

El Señor hace realmente milagros, y es por estas señales que estamos atraídos a Él, que le seguimos, esperando que haga para nosotros, para nuestras vidas también el milagro. Y, Él nos pide que enderecemos nuestras vidas, que la ordenemos según Él, como Él nos indica…Que creamos en Él, que es el enviado de Dios Padre.

Creer en Él, ese es el alimento para la verdadera vida, la Vida Eterna. Creer en Él es abandonarse totalmente en sus brazos, es dejarse llevar, atraer por Él, seguirlo a donde nos propone, obrando como meros instrumentos de su voluntad. Él que cree en Él abandona todo y sigue su llamado, a donde quiera que Él disponga que vaya. El que realmente cree en Él, hace su voluntad.

¿Realmente creemos en Ti a ese extremo, hasta ese nivel? O es que somos pura palabra, pura frase, pura pose…pura cáscara y poca nuez. El que cree en el prodiga la paz por donde va, lleva alegría, nunca está triste, porque el Señor ha vencido al mundo, al pecado, al dolor y a la muerte. Porque el Señor ha venido a darnos Vida y en abundancia. Porque camina en la Verdad y tiene la Luz y esta alumbra a todos por donde va.

El que cree en Dios y en Jesucristo su enviado, ese tiene Vida Eterna, por lo tanto no hay nada que lo venza, nada que lo turbe, nada que lo pierda…camina por sobre todo, todo lo puede, todo lo traspasa, no tiene límites, porque todo lo hace con el poder que le da Jesucristo, el enviado de Dios Padre.

El que cree en Jesucristo, el Hijo de Dios, no puede pedir mayor Gracia para su Vida, lo tiene todo y como Jesús, lo da todo. Porque no se prende una vela, una linterna, un faro para esconderlo, sino para que de luz y la de en abundancia, para que todos puedan verla, seguirla. Porque sus obras hablan de su bondad, porque sus obras hablan de el gran tesoro que lleva en su corazón y este no es otro que el Amor del Padre, conocido a través de Su Enviado, Jesucristo, Nuestro Señor.



Oremos:

Señor acrecienta nuestra Fe. Creemos en Ti, pero no lo suficiente, por eso a veces flaqueamos, dudamos, nos acobardamos. Haznos un instrumento de tu Fe.

Queremos andar confiadamente por los caminos, sabiendo que Tú estás siempre a nuestro lado.



Roguemos al Señor…

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domingo, 19 de abril de 2009

Reflexión: Jn 20,19-31

Jn 20,19-31

Todos estos versículos finales de los evangelios están marcados por el desconcierto y depresión en que cayeron los discípulos de Jesús, tras su muerte en la cruz. Lo ocurrido los llevó a caer en la incredulidad. Uno tras otro se suceden estos episodios en que manifiestan su incertidumbre. No llegaban a entender lo que había ocurrido, de lo cual ellos había sido testigos de excepción.

Jesús tiene que hacerles notar una y otra vez que era Él, y que todo había ocurrido conforme se había dicho en las escrituras y conforme él mismo se los había comunicado. Estaban en shock, anonadados, obnubilados. Necesitaban que alguien viniera y los sacara del estado de ensimismamiento, de enclaustramiento en el que habían caído. Esta fuerza sería, finalmente, la del Espíritu Santo.

Como que todos estaban a la espera de esta gran confirmación. Tomás es el más elocuente al respecto. Es que ellos habían esperado un Rey a nuestro estilo, un rey de este mundo, que derrotara militarmente a los romanos y que usando de todo su poder les diera una lección a quienes osaran amenazarlo, no digamos crucificarlo.

Pero nada en esta historia se hizo a nuestro modo. Y si leemos estos acontecimientos con ayuda del Espíritu Santo, tal vez lleguemos a comprender que fue mejor así. Que este fue el Plan que ideo Dios mismo para salvarnos, y que solo así sería posible derrotar al pecado y a la muerte, nuestros más grandes enemigos. Y una vez trazado el Camino por Jesús, solo cabe esperar que todos lo transitemos libremente, propagando entre nuestros hermanos el secreto.

Si habremos de salvarnos será acogiendo LIBREMENTE el Camino y la Palabra del Señor. Dios, que es nuestro Padre, envió a Su Hijo amado a enseñarnos el Camino. Nadie nos obliga. Así, la condenación o la salvación están en nuestras manos. El Camino es el Amor. Esta es la Verdad que todos nuestros hermanos deben conocer. Y los que la conocemos, tenemos la OBLIGACIÓN de propalarla, de hacerla conocer a los demás. ¿Cómo? Mediante el ejemplo, en cada instante, cada segundo de nuestras vidas. Así seremos dignos de alcanzar Sus Promesas.


Oremos:

Señor danos la fortaleza para perseverar siempre en el amor, más allá y por sobre todas las cosas. No permitas que flaqueemos, que dudemos, ni retrocedamos. Y si en algún momento caemos, danos el valor para reconocerlo, levantarnos y volver por el Camino.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 14 de abril de 2009

Reflexión: Jn 20,11-18

Jn 20,11-18

Esta vez nos encontramos ante el encuentro de una desconcertada María Magdalena con Jesús Resucitado, narrado por Juan. Me llama la atención como a veces no queremos ver lo evidente. Nuestra incredulidad nos ciega. No me explico de qué otro modo María pregunta a los ángeles por Jesús y no se da cuenta que son ángeles, y que por lo tanto estaba en presencia de algo extraordinario. Incluso inicialmente tampoco es capaz de ver a Jesús. Es solo una vez que Jesús habla por segunda vez diciendo el nombre de María, que recién ella cae en cuenta que hablaba con el mismo Jesús.

Nos desconcertamos, no lo podemos creer. Eso nos pasa ante semejante honor. ¿Quién somos nosotros para que Jesús muera por nosotros? ¿Quién para que resucite y venga y nos llame por nuestro nombre? Y sin embargo Jesús a muerto y resucitado por nosotros, sellando definitivamente la alianza con nuestro Padre. Por eso dice: “vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”.

Las palabras del Señor tienen definitivamente otro acento. Estamos frente al Cristo Resucitado. Todo ha cambiado. Se ha inaugurado una nueva etapa. El Universo es otro. Hemos sido definitivamente, eternamente Reconciliados con nuestro Padre. Jesús ha sido el puente. Jesús nos ha rescatado. Jesús ha ganado para nosotros un espacio a su lado, como sus Hermanos. Nos ha convertido den Herederos del Reino.

¿Por qué? ¿Qué merecimiento hemos hecho? ¿Cuál de nuestras acciones o actitudes a valido tal distinción, tal sacrificio, tal premio? ¡Ninguna! ¡Esa es la más grande lección, que no alcanzamos a comprender, que nos resistimos a entender, a aceptar! Todo ha sido hecho por Amor. Así de simple. Él nos ha amado primero, antes que abriéramos la boca, antes que existiéramos…Él nos amó desde siempre, y quiere que nos reunamos con él. Eso es lo que Él quiere, eso es lo que Él nos propone..Y, tú ¿qué quieres?


Oremos:

Señor mío Jesucristo, gracias por tanto amor. Gracias por todo lo que me haz querido dar. Gracias por todo. Soy indigno de tanto, sin embargo, con tu ayuda puedo tratar de alcanzar algún merecimiento…puedo tratar de llevar una vida más justa, más comprometida con mis hermanos, para que ellos te conozcan y gocen de la misma alegría que tu ahora me das a conocer. Una palabra tuya bastará para salvarme.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 1 de abril de 2009

Reflexión: Jn 8,31-42


El Señor es muy claro, como siempre, pero sólo para aquél que realmente lo quiere entender, para aquél que lo quiere ver. Otra vez tenemos que decir que “no hay peor ciego que aquél que no quiere ver”. ¿Y por qué nos cerramos y preferimos vivir en la oscuridad, o en las sombras, antes que en la luz? Porque sabemos que lo que hacemos no es tan bueno, porque hay segundas razones que motivan nuestros actos…Más allá del amor que podemos aparentar, hay razones mezquinas, egoístas. Engañamos y utilizamos a nuestros hermanos a sabiendas…Somos hipócritas. Así, no nos puede interesar para nada la prédica de alguien que nos exige ser transparentes, caminar en la luz, desnudos y expuestos.

Hay una barrera, una serie de obstáculos tras los cuales hemos puesto nuestra trinchera para protegernos de la luz: son nuestros prejuicios. Tenemos temor a la verdad y así, como dice el Señor, nos hacemos esclavos del pecado. Empezamos a ocultar ciertas cosas, en vez de corregirlas y superarlas. Luego unas tapan a otras y finalmente se convierten en un monstruos que ocultamos por vergüenza, por temor, y pretendemos que ello es correcto, que no existe, y que podemos mostrarnos limpios, mientras por dentro somos un verdadero asco y lo sabemos.

Dios Padre, que tienen el poder de vernos por dentro como realmente somos, también lo sabe. Y lo sabe mejor que nosotros. Por ello envió a su Hijo ha salvarnos, a hacernos libres. Él nos enseña el camino, como en este pasaje del evangelio, pero está en nosotros el seguirlo. Lamentablemente, muchos preferimos no verle y lo condenamos nuevamente, como hicieron los judíos, a morir en la cruz de la indiferencia y del olvido, o lo que es peor, en la cruz de la blasfemia, del odio, de la idolatría y del rencor.


Oremos:

Padre Santo y Bueno, que enviaste a Tú único Hijo a salvarnos, permite que entendamos esta verdad, pero por sobre todo, danos el valor, la decisión y la lucidez para escoger siempre lo bueno, lo mejor, lo correcto, la verdad, aun cuando ella afecte nuestros egoístas intereses. Que obremos siempre inspirados en el verdadero amor. Que seamos capaces de seguir a Jesús por donde vaya, siempre. Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 31 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 8,21-30


Por algún motivo que desconozco absolutamente, anoche soñé que estaba condenado a muerte. Iba a ser decapitado. Recuerdo que sentía que era injusto, que me parecía una pena desproporcionada, pero que no había nada que pudiera hacer. La sentencia había sido dictada y junto con otros dos hombres, cuyos rostros y nombres no recuerdo, pero con los que me unía cierta familiaridad, debía ser ejecutado. Recuerdo que por algún motivo, obnubilados por la angustia y la desesperación, ante el hecho inminente, finalmente decidí que sería el primero…Por alguien tenían que empezar y no corría ningún apuro, con tal que la sentencia se cumpliera antes de la puesta de sol. Luego de tal decisión y pasados los segundos de paz que me trajo, nuevamente entré en desesperación, ante el fin inminente. No podía creer que estuviera enfrentando el fin de mi vida. Eso era todo, allí terminaría. Luego, la oscuridad total o tal vez el dolor eterno de la muerte, de mi propia muerte…¿Quién sabía? ¿Quién podía decírmelo? ¿A quién podía creerle? Buscaba desesperadamente a alguien que me dijera, que me asegurara que todo pasaría en un instante y que luego todo sería paz, mientras esperaba probablemente el Juicio Final. Sin embargo vino a mi mente la escena en la que mi cabeza se desprendía de mi cuerpo. Sería tal vez algo como la sacada de una muela pero sin anestesia…algo muchísimo más intenso y doloroso que aquello…¿Cuánto duraría? Y mientras tanto toda la sangre se agolparía en mi cuello y empezaría a derramarse a borbotones. Tal vez trataría de respirar, de inhalar oxígeno, mientras sentía que era imposible, que no había ningún esfuerzo que pudiera hacer que me brindara el poco de aliento necesario para seguir viviendo y sentía la desesperación de ahogarme, de asfixiarme. ¿Cuánto duraría? ¿Cuánto tiempo permanecería consciente de todo aquello? ¿Y después, qué? ¿Le avisaría a mi esposa o tal vez era mejor que no lo supiera hasta después, cuando nada era ya posible? ¿Lo sabía? No se por qué tenía la sensación que todos lo sabían, pero lo aceptaban con indiferencia, como algo que tenía que ocurrir de todas maneras y no había modo de impedirlo, ni tenía sentido si quiera el tratar de evitarlo. Así era.

El Señor es el único que puede traernos consuelo. Él ha vencido a la muerte y para probarnos que Él ha venido a darnos vida eterna, se enfrentará a un destino similar al que soñé anoche, pero al tercer día resucitará. Lo hará en cumplimiento de la Misión que el Padre le ha encomendado. Por Él, en su infinita sabiduría nos conoce y sabe que será necesario llegar a ese extremo para salvarnos, porque no habrá otro modo que comprendamos y decidamos seguirlo libremente. Tendrá que morir en la cruz para salvarnos. Solo así se dará cumplimiento a las escrituras; solo así creeremos.



Oremos:

Señor, dame la fe suficiente y necesaria para creer en Ti y seguirte hasta la muerte, sabiendo que quien pierde la vida por Ti la ganará, en cambio quien la cuida y no es capaz de sacrificarla, la perderá. Por que hasta ese extremo nos amaste y nos enseñaste a amar.

Haznos un instrumento de tu Fe. Que seas Tú quien viva en nosotros.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

viernes, 27 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 7,1-2.10.14.25-30


Se acerca la hora y el día. Jesús lo sabe. Sin embargo, mientras no llegue, pasará de incognito y seguirá predicando en el templo, para aquellos que quieren oírle y sin temor de hacer las aclaraciones necesarias a los cobardes que no se atreven a atraparle.

Creo encontrar aquí una lección de astucia destinada a seguir cumpliendo con su misión hasta que llegue el final. Quiere decir que debemos emplear los medios a nuestros alcancen para liberarnos del enemigo, de nuestro opresor, de nuestro perseguidor, con tal de seguir con aquello que se nos ha encomendado, sin dejar de proclamar la verdad, La Palabra del Señor, que para eso hemos sido enviados.

Siempre habrá forma de llegar a nuestros hermanos. Nuestros esfuerzos deben estar dirigidos a encontrarlos, mientras estemos a tiempo. Y, mientras hay vida hay esperanza, así que mientras tengamos un halito de vida, estaremos a tiempo. Nunca es tarde. Empecemos ahora.


Oremos:

Querido Señor, permítenos ser fieles hasta el fin. Que aun en el lecho de muerte busquemos cómo podemos servirte. Que no desmayemos en nuestra misión, como Tú, para ejemplo de nuestros hermanos.

Tú nos has mandado a ser luz, a iluminar el camino. Que así sea mientras tengamos vida, Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 26 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 5,31-47


En todo este pasaje me parece que sobre lo que el Señor nos llama a reflexionar es sobre un elemento más que debemos tener en cuenta para creerle, ya que no nos bastan sus palabras, ni sus milagros. Toda la historia del Antiguo Testamento da cuenta de Él, de Su Padre, Dios, de su venida y su misión. Por ello dice que quien nos acusará delante del Padre será Moisés.

Jesús y el Nuevo testamento hacen alusiones a cada instante a las escrituras, con la intención de hacernos notar algo que es sumamente importante y que quizás por la distancia de estos hechos, pasamos de modo desapercibido y rápido. Casi ni lo tomamos en cuenta. No dejan de asombrarnos los milagros que hace aquí y allá, pero no caemos en cuenta de quién está tras ellos.

Jesús, su vida y su obra, la redención del mundo, está inscrito en la historia sagrada. Es de Él de quien hablan los profetas muchísimos siglos antes. Este “pequeño detalle”, que en las lecturas de estas fechas de uno u otro modo se viene resaltando es el que pasa desapercibido para nosotros. Y, es, podríamos decir, el milagro que precede a todos los milagros de los que se da cuenta en el Nuevo Testamento. Jesús no aparece de pronto en la historia, sino que es anunciado con mucha anticipación. María es la esposa de José, cuya genealogía llega hasta David, lo que no es casual. Tenía que ser así, para que se cumplan las escrituras…


Oremos:

Permítenos manifestar nuestra fe con nuestra vida, con nuestro proceder, con nuestras actitudes, con nuestros actos. Transfórmanos para que seamos tus verdaderos testigos, para que con nuestra vida demos testimonio de Ti.

Aparta de nosotros la soberbia, que es el principal enemigo, el principal obstáculo para encontrarte en nuestras vidas.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 17 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 18,21-35

Mt 18,21-35

¿Cómo será el Reino?, nos preguntamos muchas veces. El Señor nos dice como es. Es decir, una primera idea que salta a la vista es que el Reino ES…no será. Ya hoy y aquí, como en aquel entonces, lo estamos construyendo, pero él es. Quizás podemos decir en proceso, en desarrollo, en un devenir…pero es.

La segunda idea es que nuestro perdón no debe tener límites. La expresión parece absurda, innecesaria y exagerada. Me recuerda a las discusiones que tenía con mis hermanos cuando era pequeño y uno decía infinito, el otro agregaba infinito más uno y finalmente supuestamente ganaba el que terciaba infinito más infinito…y la discusión se prolongaba interminablemente por precisar quien había dicho más. Está muy claro: Nuestra capacidad de perdonar no debe tener límites.

Y, finalmente toda la historia que nos relata nos recuerda ni más ni menos que al Padre Nuestro. Es la misma y única prédica de Cristo, abordada de otro modo. Como tratas, serás tratado. Con la misma vara que mides, será medido. Si quieres que Dios Padre te oiga, sea compasivo y te perdone, oye a tus hermanos, se compasivo y perdónalos primero. No es cuestión de decir Señor, Señor…Es cuestión de obrar, de amar, de pasar por el mundo como Él, haciendo el bien.

El Señor, nuestro Dios, es bueno y compasivo con nosotros. Ya lo ha sido, al enviar a su único Hijo a salvarnos, a redimirnos del pecado, a enseñarnos el Camino. Nosotros debemos actuar en consecuencia. Eso es lo que nuestro Padre Celestial espera.


Oremos:

Dios Santo, danos la capacidad, la paciencia, el amor y la sabiduría necesaria para perdonar a nuestros hermanos, pero de corazón, con hechos…no de palabra hueca y vacía. Que nuestra actitud, nuestra mirada, nuestro gesto sea otro, “hasta setenta veces siete”.

Que no llevemos cuentas de las ofensas, ni de los malos tratos. Esto lo solemos recordar inmediatamente y cambiamos de actitud. Que sepamos dominarnos y que voluntariamente, con valor y decisión obremos con quienes no nos quieren, con quienes han manifestado su antipatía hacia nosotros, incluso con aquellos que nos han hecho daño, como si fueran nuestro mejores amigos, sin reparo, sin medida, sin límites…¡Qué difícil, Señor! Pero con tu ayuda todo lo podemos.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY