Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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domingo, 3 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 10,11-18


El Señor ha venido por todos, los que pertenecen a su rebaño y los que están fuera. A todos los reunirá en un solo rebaño, con un solo pastor. Para esto ha venido. Esta es su misión y es por eso que el Padre lo ama, porque da libremente su vida por el rebaño.

¡Qué relación tan fuerte y estrecha establece Jesús con nosotros! Somos su rebaño y le interesamos todos; no sólo los de adentro, sino también los que están afuera. No es un asalariado, es el propietario. Y, reunir a todas las ovejas en un solo rebaño es la orden que ha recibido del Padre.

Esta es la misión de Cristo y es a la que habremos de contribuir si oímos su Palabra, la entendemos y la ponemos en práctica. La voluntad del Padre es que seamos un solo rebaño y sigamos a un único pastor, Jesús. A ello habremos de dedicar nuestras vidas, del mismo modo que Cristo da su vida por sus ovejas. Estamos llamados a ser uno con Cristo y con todos nuestros hermanos. Debemos acoger, atraer…Y si no podemos por nuestros propios medios, entendiendo que esta es una misión divina, debemos pedir, implorar la ayuda divina. Para esto es la oración, para esto la eucaristía. Oremos, pidamos, que no seamos como lobos, y mucho menos como asalariados. Que nos entreguemos completamente a esta misión, como lo hace Cristo, poniendo toda nuestra vida en juego.


Oremos:

Señor te pedimos que nos hagas dignos seguidores tuyos, que colaboremos en tu Misión, invitando, siguiendo, atrayendo a todas las ovejas al rebaño. Que ninguna se pierda por nuestra causa, antes bien, que atraigamos las de fuera del redil también.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

viernes, 24 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,1-15

Jn 6,1-15

Estamos ante uno de sos asombrosos milgaros de Jesús, en los que quizás nos quiere mostrar que nada es imposible para Él, para su bondad, para su amor. Debemos poner nosotros los medios y dejarle el resto en sus manos. Ponemos lo poco que tenemos, lo poco que somos…pero si se lo entregamos a Él, lo reproducirá “ciento por uno”, todo lo que sea necesario, para que todos coman cuanto quieran y encima sobre…

Esta es la gran lección de hoy. No podemos confiar solamente en nuestra fuerzas, sin embargo, si ponemos todo lo que tenemos, todo lo que somos, por Jesús, Él hará su parte, Él lo multiplicará por todo lo que sea necesario hasta alcanzar a cubrir todo lo que queríamos y más…

¿Pero cómo es eso de poner lo que tenemos por Jesús? Pues se trata de dar al necesitado, al pobre, al humilde, al que sufre…a nuestro prójimo, a nuestros hermanos. El mundo tiene grandes necesidades, especialmente porque no hemos sabido distribuir la riqueza de la Tierra, porque unos cuantos tratamos de acapararlo todo, porque no somos generosos, porque guardamos y preservamos demasiado para nosotros, porque somos mezquinos.

Se trata de ser generoso con todo aquello que en realidad hemos recibido gratis de la bondad generosa de nuestro Dios Padre providente. Él nos ha dado todo, para que lo compartamos con quienes no tiene, con quienes lo necesitan. Basta que nosotros pongamos los medios, nuestra voluntad, nuestra organización, lo que tenemos, para que Él haga el resto. Demos, y lo que demos será multiplicado con creces.

Pero ojo, no lo hagamos por alcanzar mérito alguno, por lograr reconocimiento ni distinción alguna, sino por amor…por evidenciar el amor de Dios a todos nosotros. Seamos instrumentos. Aprendamos de Jesús, que ante el asombro de la gente que por lo que había hecho le quisieron coger para hacerlo rey, huyo sólo, al monte…
Otra más: "Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda." Necesitamos todo...no podemos ser de los que desperdician, de los que no aprecian lo que tenemos...Nada se debe perder, porque hay otros que lo necesitan.



Oremos:

Virgen María, ayúdanos a ser humildes y generosos como tu hijo Jesús. Que estemos siempre dispuestos a poner los medios, cuanto tenemos y somos, con la confianza que el resto lo hará Jesús.

Padre Santo, estamos empeñados en acrecentar tu reino, esta es Tú obra…ven en nuestro auxilio cuando llegue el momento.

Haznos dóciles y generosos…desprendidos. Que llevemos alegría, paz y tranquilidad, no sólo espiritual, sino incluso física a quienes lo necesitan.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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lunes, 9 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 6,36-38


Con la misma medida que aplicamos a los demás, seremos juzgados, nos recuerda el Señor. Como tantas veces antes, en forma reiterada nos hace notar que nuestra salvación está en función de los demás. Los otros, el mundo que está fuera de mí, mi familia, mis hermanos, mis padres, mis amigos…la sociedad en s conjunto juegan un papel importante en la salvación. Todo depende de cómo me porte con ellos. “Ellos” son importantes y son nombrados en forma explícita. No se trata de hacer una interpretación o de llegar a ellos por una extensión del perfeccionamiento de mi persona; en todo caso es precisamente al revés. Me perfeccionaré y entonces llegaré a Dios, mejorando mi trato con mi prójimo.

No es accidental o secundario el orden incluso en que a través de esta lectura se nos da nuestro lugar. Se trata que obremos nosotros primero en nuestros hermanos como queremos que Dios obre en nosotros. Primero damos para recibir. No nos sentamos de brazos cruzados esperando que el poder divino se muestre sobre nosotros, para entonces ponernos a actuar. Tampoco empezamos un proceso de perfeccionamiento personal que habrá de llevarnos a proyectarnos a los demás como el descubrimiento de que sólo a través de ellos nos podemos realizar. Los demás no están después de nosotros…¡Esto es un gran cambio de perspectiva!


Oremos:

Señor, ayúdanos a comprender que sin ti no somos nada, pero que solo llegaremos a ti, a través de nuestros hermanos.

Danos el coraje, la entereza y el amor suficientes para ver y atender las necesidades de nuestro prójimo en primer lugar.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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jueves, 5 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 7,7-12


Nuevamente el Señor nos recuerda que no hay otra forma de llegar a Dios que a través de nuestros hermanos. Si, es verdad que nos invita a pedir, a buscar, a llamar… “Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”, pero agrega, no por casualidad, ni por decir algo, sino más bien porque no podemos esperar recibir si no somos capaces de dar y porque la medida de lo que recibiremos será aquella misma de lo que seamos capaces de dar. Por ello agrega, decía: “Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas”.

Es decir que el Señor nos dará lo que pidamos, del mismo modo en que nosotros sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos. Dicho de otro modo: ¿Si no somos capaces de dar cosas buenas, ni aun a nuestros hijos, si no somos capaces de dar nada a nuestros hermanos, qué podemos esperar? Mejor aún: ¿Qué debemos esperar?

El Señor es justo. Cosecharemos lo que sembramos. Tanto das, tanto recibes. Si la cosecha es abundante, será seguramente porque has sido generoso. Pero no debemos dar pensando en la recompensa, ella se nos dará por añadidura…El Señor nos invita como siempre a amar, a dar, a poner primero y por delante a nuestro prójimo, a nuestros hermanos, porque el que quiera salvar su vida la perderá, en cambio el que la pierda por uno de estos pequeños, la ganará. Así de simple.

Se trata, como siempre, de un cambio de actitud. De una revolución mental. De un aprender a pensar de otro modo. No del modo más popular entre nosotros, no del modo egoísta que es tan popular entre nosotros los hombres, como la cosa más natural y a veces engañosa, no. Se trata de pensar y vivir como Cristo, nuestro Señor nos enseñó.

Oremos:

Te pedimos Señor que nos des un corazón generoso, siempre dispuesto, siempre atento a los demás. Que aprendamos a dar, antes que a pedir o mucho menos exigir.

Que no nos aferremos a las cosas materiales, antes bien, que estemos dispuestos a desprendernos de ellas a la primera, sin consideraciones, sin engaños, ni rebuscados pretextos.

Aparta de nosotros esta forma egoísta de obrar, que nos brota con tanta naturalidad, como si tuviera que ser así. Saca de nosotros tantos malos hábitos, tanta envidia, tanto orgullo y vanidad. Haznos humildes y fieles, siempre dispuestos a servirte.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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lunes, 2 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 25,31-46


Para aquellos que todavía tenemos dudas, para aquellos que no queremos entender o estamos buscando interpretaciones esotéricas o acomodaticias de las palabras del Señor, nos aclara como para un niño, con palabras muy sencillas, como si se tratara de un cuento, qué es lo que debemos hacer y a quién para que llegado el momento, cuando Jesús venga con toda su gloria, nos tenga entre los elegidos.

Día a día hay que mirar fuera de nosotros. No buscar tanto nuestra comodidad, como atender las necesidades de cuantos nos rodean. Solamente cuando salimos de nosotros mismos adquiere sentido nuestra vida. Se trata de que estemos al pendiente, con los ojos muy abiertos y dejemos de mirarnos el ombligo. Se trata de atender y servir a los demás. Nuestra salvación no está en la “meditación trascendente”, ni en la “flor de loto”, ni si quiera en ir a Misa…Se trata de realizar tareas, actividades diarias, cotidianas, en las que hayamos puesto primero a nuestros hermanos, a todos los que requieren de nosotros algo.

Ese ha de ser nuestro programa, nuestro Proyecto, nuestro Plan de acción: vivir al servicio de los que nos rodean, de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestra comunidad. Si es verdad que nadie da lo que no tiene, entonces debemos orar y mantenernos constantemente comunicados con Dios Padre, como lo hizo Jesús, para oírle y saber a cada paso lo que debemos hacer. El Plan es simple: nuestros pelos están contados y nadie por más que se esfuerce podrá agregar un segundo a su existencia. Entonces cada día hay que vivirlo como si fuera el último, sin preocuparnos más allá, pues cada día tiene su afán. Si vives siempre bien HOY, no tendrás de qué preocuparte, cuando el Señor te pida cuentas. Estarás siempre listo.


Oremos:

Señor, haz que nuestro lema siempre sea “haz el bien sin mirar a quien”, esa es la ruta marcada por la sabiduría popular que hoy nos recuerda Jesús.

Que no me detenga cómodamente a disfrutar de mi tiempo, si no que me empeñe en hacer algo por los demás. Que no deje de llamar, que no deje de asistir, de atender a cuantos me convocan, y que allí lleve tu palabra clara, verdadera, siempre fresca y sencilla.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 15 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 11, 42-46

Lc 11, 42-46

El Señor sigue hablando de nosotros, de todos los que andamos buscando la figuración, los privilegios, el reconocimiento, la notoriedad, los beneficios. De los que nos quedamos en lo superficial, en la postura, en las apariencias.

Si eso es lo que buscamos, si con eso nos conformamos, seguramente habremos de conseguirlo; pero ¿habrá valido la pena? ¿Eso es lo que quiere Dios de nosotros? Así se comportaban los fariseos. ¿Seremos fariseos?

O tal vez seremos como el maestro aquél, que con el pretexto de seguir la ley al pie de la letra, impone cargas a sus hermanos que no es capaz de llevar él mismo. Exigencia e intransigencia para los demás. Tolerancia, comprensión y permisividad para sí.

¿Cómo somos? ¿Cómo debemos ser? El Señor pone al descubierto: saca a luz todas nuestras debilidades, todas nuestras bajezas. Su Palabra penetra hasta el fondo y toca la fibra más profunda de nuestro ser. ¿Estamos conformes con lo que somos, con lo que mostramos…o estamos dispuestos a cambiar?

El Señor nos lanza un reto; nos señala El Camino. ¿Seremos capaces de transitarlo?


Oremos:

Señor, sin ti no soy nada, no soy capaz de nada. Contigo todo lo puedo. ¡Ven Señor Jesús, toma todo lo que soy, todo lo que tengo, todo te lo entrego a Ti. Haz de mi un instrumento de tu fe.

Quiero ser justo con mis hermanos. Dar sin importar cuánto, mientras me sea posible. No llevar cuentas.

Doblega mi arrogancia. ¡Qué mi alegría sea servirte a Ti, al más humilde, al pobre, al indefenso, al inocente!

¡Que no me compare! ¡Qué no compita por privilegios, por honores, por deferencias! ¡Que sienta como el mayor privilegio el poderte servir siempre y en todo momento!

¡Quita de mi toda máscara, apártala! ¡Hazme transparente, para que cuando mis hermanos vean y profundicen, no encuentren a otro que a Ti.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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domingo, 5 de octubre de 2008

Reflexiones: Mt 21, 33 - 43

Mt 21, 33 - 43

Hemos recibido un encargo. Todo ha sido cuidadosamente planeado, previsto y preparado. Todo está listo. Lo único que hace falta es que actuemos responsablemente, coherentes con el encargo. No somos dueños de la viña. La hemos recibido con el encargo de cuidarla y hacerla fructificar. Pero no podemos perder de vista que se trata de un encargo y que, tomada nuestra parte, nuestra paga, debemos hacerla producir para el dueño.

Está claro. Tenemos una misión. No podemos desentendernos de ella y mucho menos pretender ignorar o evadir al dueño, al que nos la ha conferido, como si pudiéramos ignorarlo. A la larga o a la corta, Él vendrá a pedirnos cuentas. ¿Qué le diremos? ¿Osaremos matar a sus enviados y por último trataremos de matarlo a Él mismo en vez de darle lo que le corresponde?

¿Por qué no poner en orden nuestras vidas ahora que podemos, llevando las cuentas claras, para que llegado el momento no tengamos nada que ocultar, nada de qué avergonzarnos? Y si hemos hecho mal…¿por qué seguir metiendo la pata? ¿No podemos arrepentirnos y cambiar? El problema no está en caer, sino en no levantarse. El Señor nos perdonará y acogerá con los brazos abiertos.

“La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular”, ojo con estas palabras, que es posible que el dueño no sea a quien estamos mirando, privilegiando y rindiendo pleitesía en nuestras vidas. ¡No nos equivoquemos! Es Jesús nuestro Señor, aquel a quien debemos seguir, a quien debemos servir. Y Él no vive precisamente en un palacio, ni asiste posiblemente a nuestro club. Tenemos que hacernos como niños para entenderlo, verlo y seguirlo.
¿A cuántos cobradores nos habrá enviado el Dueño de la Viña a pedir su parte, a cobrarnos lo que le corresponde? No lo nuestro, sino sólo lo que le corresponde ¿Y qué habremos hecho con ellos? ¿Los habremos ignorado? ¿Los habremos condenado? ¡¿Los habremos matado?!

Oremos:

Señor, permítenos enderezar nuestra vidas; que fructifiquen abundantemente.

Que actuemos con desprendimiento, compartiendo todo cuanto tenemos, con aquellos que nos lo piden…No sea que seas Tú que vienes por tu parte y te la neguemos.

¿Quiénes somos nosotros para guardar y atesorar lo que no es nuestro, en contra de tu voluntad? Si Tú lo quieres, si Tú lo pides, si Tú lo necesitas, aquí lo tienes Señor.

Haznos libres. Que no nos ate nada más que el deseo de servirte, de darte todo lo que somos, cuando lo pidas.

Danos la alegría de compartir, la alegría de dar. Que encontremos alegría y felicidad en dar, antes que en tener, que en atesorar.

Sí, sabemos que Tú nos darás ese consuelo, pero inspíranos y danos el valor de dar el primer paso.

Perdón Señor, por todas las veces que te hemos fallado; por todas las veces que hemos guardado tanto innecesariamente, sólo por el placer y el gusto de tener. Atesorar y atesorar ¿para qué?

Danos una vida austera Señor. Que sepamos seguirte desde nuestra pobreza, como el gran Francisco de Asís.


Roguemos al Señor…

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martes, 23 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 8,16-18


Nuevamente el Señor nos exige dar todo lo que tenemos. Si hemos recibido algo, no es para guardarlo, para atesorarlo egoístamente, sino para darlo generosamente, hasta el último, sin reservarnos nada.

Es otra forma de expresar la misma idea que la parábola de los talentos. El que más tiene, está obligado a dar más. Pero el que menos tiene, también tiene la obligación de dar cuanto tiene. A todos, según su capacidad.

Al que se reserva, por tener poco, por creerse poco, hasta lo poco que tenía o creía ser se le quitará. Estamos llamados a dar el 100 por ciento siempre. Todo lo que tenemos; todo lo que somos. Así de exigente es el llamado.

Oremos:

Señor, permíteme discernir en mi vida lo importante, lo que conduce a ti, lo que me conduce a construir el Reino y dejar todo aquello que solo significa vanagloria, trampas de egoísmo y vanidad.

Que no obre, que no actúe por recibir reconocimiento y honores, porque si no ya habré recibido mi premio; por el contrario, que me empeñe en hacer Tu Voluntad, aun cuando ello podría significar desprestigio y deshonor a los ojos de los hombres.

Que siempre esté dispuesto a defender al humilde, al pobre, al que no tiene nada, al que es objeto de burla y maltrato.

Que mis obras hablen de Ti a mis hermanos. Que sea a Ti a quien vea y pueda animarlos a seguirte.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jueves, 11 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 6,27-38


¡Qué difícil y qué distinto es ser cristiano! Se parece muy poco o nada a lo que somos…siempre llevando cuentas, pendientes de a quién saludamos y a quién no…quién nos debe, a quién prestamos; con quién nos juntamos y a quién escuchamos…

El Señor no nos propone un imposible, como a veces queremos interpretar, bajándonos la varilla y diciéndonos que habla en forma figurativa. ¡No! Eso literalmente y bien claro es lo que pide a todo cristiano; en eso consiste el amor, no sólo en frases bonitas, posturas y gestos, sino en actos de verdadero desprendimiento. No vivir encerrados en nuestro bienestar, en nuestra comodidad. Darles un espacio en nuestros pensamientos y oraciones a los demás y no sólo a aquellos que nos dan algo y por tanto nos hacen felices, sino a aquellos a los que nos caen antipáticos, a aquellos que evitamos…con los que no quisiéramos estar.

Amar, dar, perdonar, acompañar…

Oremos:

Señor, quiero pedirte perdón por todas aquellas personas a las que les he fallado, por todos aquellos a los que debí visitar cuando estuvieron enfermos o cuando estaban solos y tristes; por todos los que no he consolado; por todos aquellos a los que solo di mi indiferencia.

Haz Señor que me esfuerce cada día por amar a todos los que me rodean, no sólo a “mis predilectos”. Por el contrario, que me esfuerce más en dar a aquellos que no me caen bien, a aquellos que me maltratan, que me ofenden o simplemente me ignoran. Que sirva por ti y para ti, no por las ventajas que puedo obtener.

Que vea el corazón de mis hermanos y que pueda establecer un diálogo de corazón a corazón, allí donde todos somos hijos tuyos.

¡Permíteme SIEMPRE encontrarte en mis hermanos!
¡Haznos un instrumento de tu fe!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexiones de HOY