Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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martes, 12 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 14,27-31a

Jn 14,27-31a

Hoy me llama especialmente la atención la mención que Cristo hace del Príncipe del mundo, que no tiene ningún poder sobre Él. Sin embargo es importante recordar que existe y que es un Homicida y mentiroso. Conociendo nuestras debilidades, busca engañarnos a cada paso. Le molesta que nos acerquemos al Señor y emplea mil argucias para alejarnos, al extremo que cuando más cerca creemos estar podemos encontrarnos, por el contrario, tan distantes. Solo así se explica la maldad que hay en el mundo, disfrazada de generosidad y benevolencia. No soy quien para juzgar, pero lo encontramos a cada nada y por eso, más vale estar en guardia.

No debemos temerle, porque como bien nos dice Cristo, quien guarda sus mandamientos y le ama, Él y Dios Padre harán morada en el, pues quien ama a Cristo ama a Dios y en ello encuentra Dios Padre su gloria.

Cristo no muere en la cruz por obra del mal, no es el mal el que lo ha vencido. Todo lo contrario. Tal como nos lo dice: “pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado”. Es cumpliendo las órdenes de Dios Padre que Jesús llega hasta el extremo de dar su vida por nosotros. Es que su Voluntad es salvarnos y sólo puede hacerlo mostrándonos que es posible.

Dios nos quiere libres; no nos quiere esclavos de nada, ni por nada. Es preciso que Él muera en la cruz para que quedemos convencidos que hay una opción. No nos olvidemos que no solamente muere. No podemos quedarnos en su muerte…Muere y ¡Resucita! En eso consiste nuestra salvación. El Señor, Rey de reyes ha vencido al mundo. No hay ley que se le pueda imponer, ni nada que lo pueda someter…él es superior; él Es.



Oremos:

Señor mío Jesucristo, que siempre opte por ti. Que no me deje acobardar ni amedrentar por el maldito homicida y mentiroso demonio. ¡Que siempre camine en Tú luz!

Purifícame, sáname, sálvame...Mándame ir a Ti



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 26 de abril de 2009

Reflexión: Lc 24,35-48

Lc 24,35-48

Como los discípulos entonces, nosotros hasta ahora no salimos de nuestra perplejidad. No nos creemos todo lo que se nos ha dicho. No nos creemos lo que nos ha enseñado Jesús. Queremos interpretarlo y adaptarlo a nuestra comprensión, a nuestra razón , que por si fuera poco está distorsionada por una serie de complejos, traumas, limitaciones, prejuicios y mil obstáculos que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida para que todo parezca y sea como nosotros queremos. Así, con tanta basura acumulada, con tatos parches, mentiras, hipocresías, superficialidades y castillos edificados sobre la arena, así con estos lentes contra el astigmatismo, cuando en realidad tenemos miopía, es imposible verlo. Y sin embargo Él está aquí, al lado de cada uno de nosotros, rodeándonos, abrazándonos, envolviéndonos, guiándonos, llevándonos, levantándonos, cuidándonos, empujándonos, propiciando cada situación, dándonos amor, dándonos vida.

Debemos sacudirnos de todo prejuicio, de todo temor, de todo pesimismo. El Señor está con nosotros y ¡ha vencido al mundo! Pedir al Señor que purifique nuestra alma, nuestra mente y nuestro corazón. Que nos haga como niños, como una fuente cristalina de agua fresca y pura, como el día más transparente, templado y soleado, frescos como la brisa del mar que da sobre nuestro rostro cuando paseamos por una playa en primavera. Que nos haga dóciles para encontrarlo y verlo en nuestras vidas, allí donde menos esperamos…En realidad, allí donde posamos los ojos. Porque Él está en todas partes…acompañándonos, guiándonos, mostrándonos el Camino. El nos dice donde debemos dar el siguiente paso, donde debemos posar nuestros pies y nosotros le oímos, pero no siempre le hacemos caso.

Somos necios. No nos llegamos a creer todavía que Él está a nuestro lado y que sólo quiere nuestra felicidad; la de todos y cada uno de nosotros. Sólo debemos hacerle caso. Oír y hacer ciegamente lo que Él nos dice. No hay nada que nos proponga que no sea por nuestro bien y si nos cuesta, seguramente la recompensa será muchísimo mayor. Solamente tienes que tirar la red del lado que Él te indica y verás que la pesca será abundante.

“Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas”. Hemos sido testigos y somos los primeros beneficiarios de esta Gracia. Somos consientes de ello. Somos testigos. Los testigos están llamados a dar testimonio verás de lo que han visto, oído y creído.



Oremos:

Señor acrecienta nuestra Fe. Creemos en Ti, pero no lo suficiente, por eso a veces flaqueamos, dudamos, nos acobardamos. Haznos un instrumento de tu Fe.

Queremos andar confiadamente por los caminos, sabiendo que Tú estás siempre a nuestro lado.



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jueves, 16 de abril de 2009

Reflexión: Lc 24,35-48

Lc 24,35-48

Apareciendo nuevamente entre sus discípulos, con el saludo de la paz y pidiéndole algo de comer, Jesús trata de acabar con el desconcierto entre ellos, centrarlos y encaminarlos nuevamente en su misión. Todo lo que ha ocurrido ha sucedido como estaba escrito y, algo que es sumamente importante: ustedes son testigos de estas cosas.

Un testigo está llamado a dar testimonio. El Señor nos compromete a eso. Ustedes saben, ustedes conocen, porque lo han visto…están llamados a darlo a conocer, a testificar, a llevar la Buena Nueva, a evangelizar. Este es un mandado, es nuestro DEBER. Como dice el documento de nuestros obispos en Aparecida: NO ES OPCIONAL.

Esto quiere decir, en mi modesto entender, que por ello seremos juzgados, que de eso se nos pedirá cuentas; que de esta forma podemos dar muestra concreta de amor, es decir si con nuestros actos EVANGELIZAMOS. ¿Y cómo podemos evangelizar al mundo con nuestros actos? Pues siendo verdaderos cristianos…Y, ¿Qué hace un verdadero cristiano? ¿Cómo se puede reconocer a un verdadero cristiano? No por lo que dice, ciertamente, si no por lo que hace.

Un verdadero cristiano es un hombre de paz. Un hombre que lleva y da la paz, tal como lo hizo el Señor. No es por costumbre o un mero modismo, que Jesús saluda de este modo a sus discípulos a penas los ve: “La paz con vosotros”. Es que para quien ha comprendido el mensaje, para quien ha sido testigo de todo esto que el Señor resume con las siguientes palabras: “Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’”. Para quien ha entendido el mensaje del Señor, decía, no puede haber sino paz; la paz de quien ha resuelto todos los nudos, de quien ha encontrado por el fin el Camino, de quien ha encontrado explicación y sentido a la Vida. Es Cristo, su vida, muerte y resurrección quien da sentido a nuestras vidas…Quien ha sido testigo, y quien realmente lo ha comprendido, deber tener la paz del Señor y debe darla.

Tener la paz del Señor y darla implica hacer un alto en el camino, hacer una reingienería total a nuestras vidas y mirar el mundo con otros ojos. Implica poner primero el amor. Esto quiere decir, empezando desde este momento, desde este segundo, poner a nuestros hermanos en primer lugar y vivir para dar antes que para recibir. Dar, amar, quiere decir desprenderse. Es cambiar totalmente el eje central de nuestras vidas y por ende, todos nuestros planes y proyectos. Es vivir hoy y cada día como un verdadero cristiano, y esto sólo se logra si cada día, a cada instante, todo el tiempo amas. ¿Cómo? ¿A quién? Empezando por quien está a tu lado y siguiendo con cada creatura que vayas encontrando en este tu día. Todos tienen que saber de Cristo. La noticia es urgente, es prioritaria, no puede esperar. La darás a conocer no con bonitas y rebuscadas palabras, sino con tu vida, con tus actos, con tus actitudes, con tu proceder cotidiano, a cada instante.


Oremos:

Señor ayúdame a caminar por este mundo siendo tu testigo. Dame el valor para anunciarte en cada uno de mis actos, con cada gesto, desde que amanece hasta que termine el día. Que vaya derramando paz y amor por donde pase. Que no necesite abrir la boca para que te reconozcan y si en todo caso habré de hacerlo, que sólo sea para proclamarte. ¡Dame tu paz y tu amor!


Roguemos al Señor…

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viernes, 6 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 5,20-26


El Camino que el Señor nos muestra es exigente. No es cuestión de pasar todo por aguas tibias. Es una cuestión de actitud, como ya lo ha repetido antes. Pero una actitud que abarca y mueve todo nuestro ser; es profunda y determinante. Se trata de tener otra óptica, otra perspectiva en la vida, donde siempre nuestros hermanos son primero, más aún si los hemos ofendido o si creemos que tienen algo contra nosotros. Tenemos que saldar nuestras deudas.

No podemos pretender dirigirnos a Dios, empezar a orar, si no estamos en paz con nuestros hermanos. Pero se trata de una paz verdadera, no de apariencias, no de un puro barniz.

Así que el ser seguidores de Cristo, de un Dios que es Amor, no quiere decir que las penas sean más benignas, que podemos andar por la vida con indiferencia, instalados cómodamente, porque total, el Señor ya nos ha salvado. ¡No! Nuestra salvación la alcanzaremos en la medida en que sintonicemos con Él, en la que hagamos con nuestra vida lo que debemos hacer, en que pongamos las cosas en el orden que merecen, primero nuestros hermanos, primero el amor, primero el servicio y luego nosotros.

Busquemos la paz y la concordia en todo y con todos, incluso con aquél que mantenemos querella por algún motivo. Procuremos ponernos de acuerdo. La propuesta que nos hace el Señor no es fácil. No es el camino llano y parejo del indiferente, del que pasa piola. Se trata de jugársela día a día por el evangelio, allí donde nos toque estar.

¿Y qué significa jugarse por el evangelio? Pues vivir como Cristo…En resumen: Amarnos los unos a los otros, como Él nos ha amado.

¡Cuidado con las medidas que el Señor propone! Son exigentes, porque el mundo es exigente. Porque lo será en tanto que haya hambre, miseria, injusticia, pobreza y dolor.


Oremos:

Señor, enséñanos a perdonar de verdad. Danos el ánimo, la valentía, la creatividad y la generosidad para devolver bien por el mal que recibimos, venga de quién venga.

Que hagamos del bien, del amor, de la paz y la justicia nuestras banderas comprendiendo que finalmente lo que hacemos lo hacemos por Ti, es decir por alguien que va muchísimo más allá de lo que vemos, de lo que parece.

Que comprendamos que aunque a veces nos asaltan las dudas, tras todo ser humano, tras toda persona, por más despreciable que nos pueda parecer, estás Tú.

Que estemos siempre dispuesto a perdonar, como Tú lo haces con nosotros.
Que llevemos esperanza…Las cosas pueden y van a cambiar. Mejorarán.

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sábado, 18 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 10, 1-9

Lc 10, 1-9

Jesús envía a sus misioneros y les dice cómo deben comportarse…Tenemos que ir anunciándole, si llevar nada más que su palabra, que es un mensaje de paz y amor, quedándonos con quien quiere recibirnos. No andar de aquí para allá, sino quedarnos y compartir todo con quien nos reciba.

La misión no es fácil, pero quien tiene a Dios, nada le falta. No es preciso nada. Confiar en Dios, apoyarnos entre nosotros y en quienes nos quieran recibir. Con solo estas recomendaciones y la advertencia que vamos como corderos en medio de lobos, debemos afrontar nuestra misión. No hay nada más que decir, pues ya nos ha dado todo. Hay que tener fe, y con la fuerza del Espíritu Santo, marchar adelante, anunciando la Buena Nueva a quienes quieran oírla.

Nuestra misión es anunciar.

Oremos:

Señor danos lucidez e inteligencia para entender cuál es nuestra misión, luego valor y perseverancia para cumplirla.

Que no andemos con tanto rodeo antes de ponernos en camino. Que entendamos que lo único que necesitamos, ya lo tenemos.

Que no nos detengamos, si no para recibir aquello que es justo y necesario.

Que no andemos como picaflores, aquí y allí, sino antes bien, que nos detengamos y profundicemos con quienes nos reciben, mientras permanecemos allí.

Que no nos detengamos, que no nos estanquemos. Que comprendamos que nuestra misión no estará culminada en tanto queden gentes que no conocen a Jesús, a Dios Padre y al Espíritu Santo. En tanto hay pobreza, injusticia y atropellos.

Que seamos portadores de la paz y el amor de Dios Padre.

Roguemos al Señor…

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martes, 30 de septiembre de 2008

Reflexiones Lc 9, 51-56


Conmueve la ingenuidad, la inocencia con la que los discípulos se dejan llevar por instintos primarios, de cuya esclavitud viene a liberarnos Jesús. Que rápidos y dispuestos a solucionar todo por la vía de la fuerza y la violencia. No han podido entender todavía cuál es el camino que con su vida, posterior muerte y resurrección ha venido a proponernos Jesús. Ese no es el camino. No es la servidumbre de los instintos, a la que nos encontramos sometidos, la que nos salvará. Por el contrario es solo rompiendo sus cadenas que podremos construir el Reino de paz, de amor y de justicia para todos.

El cambio de paradigmas es total. Educarnos en ese cambio para obrar como Jesús es lo que debemos hacer, a lo que debemos dedicar todos nuestros esfuerzos en esta vida. Los caminos del Señor no son los nuestros.

Jesús, sabiendo que ya llegaba el momento, escoge ir a Jerusalén, aun sabiendo lo que allí le espera. No huye, no escapa de su misión, ni tampoco la hace más fácil, acudiendo a los poderes que sus discípulos le sugieren. Tiene que hacer la voluntad del Padre: la Salvación, la Redención de la humanidad entera. Y esta pasa por el sufrimiento, la pasión y la muerte en la cruz; pero también por su resurrección gloriosa. Todo llegará a su tiempo.

Oremos:

Señor, permítenos entender y hacer nuestro este pasaje del evangelio. Esa actitud tuya, tan distinta a la de los discípulos, que se parece más a la nuestra. Entender la Voluntad del Padre y ponerla por sobre todo, para someternos a ella, con fe ciega, sabiendo que ella será siempre correcta, siempre la más conveniente para todos, pero especialmente para los más pobres, para los que más sufren, para los débiles.

Señor, libéranos del egoísmo, de la mezquindad. Que antepongamos a los demás antes que nuestra comodidad, nuestro bienestar y nuestra seguridad.

Que nuestra agenda sea la tuya.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexiones de HOY