Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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miércoles, 15 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 11, 15-26

Viernes 10 de octubre de 2008.


Lc 11, 15-26

No podemos pretender desconocer que existe el mal, que existe el demonio y que el actúa permanentemente, siempre al asecho, para caernos encima en nuestros momentos de debilidad. Lo peor que puede pasarnos es que vivamos permanentemente en ese estado de debilidad, es decir permitiendo que el mal vaya copando nuestras vidas, que vaya avanzando en ciertos sectores y que se vaya instalando. Esa es su forma de vencernos.

Debemos revisar nuestras vidas…¿No hay cosas malas a las que nos hemos acostumbrado? ¿No hay esquinas, lugares, costumbres en las que la debilidad, el vicio, nuestra miseria se ha anquilosado, lugares a los que no entra la luz, lugares en los que no dejamos entrar a Dios.

¿Qué tan grandes son esos espacios? ¿Crecen? ¿Se reducen? ¿Nos dominan?

Es bueno hacer un examen de conciencia. Poner todo lo que somos en el tapete y examinarlo honestamente. No podemos engañarnos a nosotros mismos. Debemos dejar que el bien avance en nuestras vidas y no el mal. Lo peor que podemos hacer es ignorar o pretender ignorar que el mal existe, e incluso desconocer que existe en nuestras propias vidas. Porque es así como el avanza, agazapado, en la penumbra, tomando cada resquicio que vamos dejando descuidado. Pequeños vicios, pequeñas concesiones, pequeños escapes, pequeñas mentiras, pequeños engaños…Cuando queremos abrir los ojos, ya es demasiado tarde…hemos sido invadidos.

Esa es la advertencia que hoy debemos tener en cuenta. ¡No lo dejemos avanzar! O estamos con Jesús recogiendo o estamos en contra, desparramando. Tenemos que tomar partido, cada día, a cada momento. No es cuestión de hacerse el inocente y dejar pasar las cosas como si fueran inocuas, cuando en el fondo sabemos que estas nos ponen de uno u otro lado. O estamos con Jesús o no lo estamos. Así de claro y definido es el asunto.

Oremos:

Señor, que enfrentados entre el bien y el mal, siempre optemos por el bien.

Danos lucidez para distinguir entre lo bueno, lo que pertenece al Padre y lo malo, lo que nos hace esclavos y nos lleva a la perdición.

No permitas que el demonio entre en nuestras vidas con sus sutilizas, con sus engaños. Permítenos descubrirlo tras su disfraz siempre.

Dame humildad, sencillez, limpieza de corazón, para no caer en sus garras, en sus trampas. Aparta de mi el egoísmo, el orgullo, la vanidad, la falsa modestia. Haz de mi un instrumento de tu fe.

Purifícame. lávame, límpiame y mándame ir a Tí.

Señor, defiéndeme, haz que mi fortaleza sea inexpugnable, quiero tan solo servirte a Ti.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 7,31-35

Lc 7, 31-35

¿Por qué somos tan indiferentes? Siempre estamos buscando excusas para justificarnos y casi siempre las encontramos, tranquilizando nuestra conciencia y evadiendo nuestra responsabilidad. Si cantan…que por qué cantan; si no cantan, que por qué no cantan. Siempre buscándole tres pies al gato.
Muchas veces actuamos caprichosamente y no nos contentamos con nada. Esta actitud en realidad es una máscara, tras la cual ocultamos nuestra desidia, nuestra dejadez, nuestro deseo de hacer las cosas a nuestro modo; de encontrar la falla que justifique nuestra evasión. Pero así no engañamos a nadie, más que a nosotros mismos.

Oremos:

Señor, dame coraje para seguirte, más aun cuando tus caminos me incomoden y pretenda evadirlos, con autocompasión y engaño.

Dame un corazón puro y sincero, que no engañe a nadie y menos a mí.

Dame capacidad de asombro, como la de un niño…que en este aspecto no envejezca jamás.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

sábado, 13 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 6,43-49

Lc 6,43-49

Llamados a dar fruto. Los cristiano tenemos que dar frutos y abundantes, de otro modo ¿qué clase de cristianos seríamos? Y, qué interesante es la asociación que hace el Señor entre frutos y cimientos. No es casual. Es que increíblemente, cuando damos buenos frutos y en abundancia, nos fortalecemos más. O sea que mientras más damos, más fuertes somos. En definitiva, mientras más damos, más recibimos. Si tan sólo llegáramos a comprender esto, no seríamos tan necios y nos esforzaríamos por dar más y más. Porque mientras más demos, más recibiremos…Si hasta parece un propósito egoísta.

Se trata de una hermosa paradoja, que da valor a nuestras vidas. Más valemos mientras más damos…mientras más nos desprendemos, mientras menos tenemos, mientras más libres somos o como diría Anthony de Mello, mientras más libres de equipaje estamos. Y nosotros que pensábamos que valdríamos más si atesorábamos más. ¡Qué gran error!

Oremos:

Señor, danos tu luz para comprender que el amor consiste en dar, dar cada día de nosotros, de lo que somos, de lo que tenemos, de nuestro tiempo. Dar, dar y dar, sin esperar nada a cambio y a quien nos encontremos en el camino, sin mirar merecimientos ni simpatías. Dar por amor a Ti. Dar pensando en Ti, como tú harías, con cualquiera que te lo pidiera, en cualquier momento. Dar sin límites.

Fortalécenos Padre Santo para que cada día nos levantemos a los ojos de nuestros hermanos como un sólido símbolo de tu amor. Porque seamos dignos, confiables, amigos, hermanos, hijos, respetuosos, solidarios, transparentes, puros, honestos, virtuosos…amorosos, humildes, inicentes, alegres, niños…


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY