Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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sábado, 18 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 10, 1-9

Lc 10, 1-9

Jesús envía a sus misioneros y les dice cómo deben comportarse…Tenemos que ir anunciándole, si llevar nada más que su palabra, que es un mensaje de paz y amor, quedándonos con quien quiere recibirnos. No andar de aquí para allá, sino quedarnos y compartir todo con quien nos reciba.

La misión no es fácil, pero quien tiene a Dios, nada le falta. No es preciso nada. Confiar en Dios, apoyarnos entre nosotros y en quienes nos quieran recibir. Con solo estas recomendaciones y la advertencia que vamos como corderos en medio de lobos, debemos afrontar nuestra misión. No hay nada más que decir, pues ya nos ha dado todo. Hay que tener fe, y con la fuerza del Espíritu Santo, marchar adelante, anunciando la Buena Nueva a quienes quieran oírla.

Nuestra misión es anunciar.

Oremos:

Señor danos lucidez e inteligencia para entender cuál es nuestra misión, luego valor y perseverancia para cumplirla.

Que no andemos con tanto rodeo antes de ponernos en camino. Que entendamos que lo único que necesitamos, ya lo tenemos.

Que no nos detengamos, si no para recibir aquello que es justo y necesario.

Que no andemos como picaflores, aquí y allí, sino antes bien, que nos detengamos y profundicemos con quienes nos reciben, mientras permanecemos allí.

Que no nos detengamos, que no nos estanquemos. Que comprendamos que nuestra misión no estará culminada en tanto queden gentes que no conocen a Jesús, a Dios Padre y al Espíritu Santo. En tanto hay pobreza, injusticia y atropellos.

Que seamos portadores de la paz y el amor de Dios Padre.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 15 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 11, 27-28

Sábado 11 de octubre de 2008.

Lc 11, 27-28

La alegría, la euforia que produce el conocimiento de Jesús es incontenible. ¡Cómo dejar de aclamar con esta mujer a María que dio a luz y amamantó a Jesús!

Sí, es imposible dejarse conmover con este Jesús ejemplar que vamos conociendo a través de los evangelios, este Jesús que, como dice el Padre Manolo en sus reflexiones (Les doy una Buena Noticia) es realmente ejemplar. Lucas lo ha ido presentando paso tras paso, faceta tras faceta.

Jesús debe ser El Ejemplo en nuestras vidas y me parece que esto es lo que Él quiere enfatizar en su respuesta.

¡Si pues, está muy bien! ¡Qué viva Jesús! ¡Qué viva María! Pero no nos quedemos en los cohetones, en las procesiones, en las devociones…Es preciso “escuchar la Palabra de Dios y cumplirla”.

Oremos:

Señor, permítenos ir más allá de las formas, más allá de las apariencias, para dar verdaderamente testimonio de Ti con nuestras propias vidas.

Deja que salgamos de nuestra euforia, de nuestra natural alegría por haberte conocido, para transmitir con nuestra vida tu mensaje.

No podemos quedarnos allí pasmados, embobados…debemos actuar.
Permíteme salir de mi mismo, de la lectura, de la interpretación, para pasar a la acción.

Danos la alegría, la felicidad de actuar siempre en tu nombre, Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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miércoles, 1 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 9, 57-62


Seguir a Cristo no es fácil. Su camino es exigente. Requiere una decisión y un valor que debemos renovar cada día y que será imposible alcanzar sin su ayuda. No podemos dejarlo todo en nuestras manos, en nuestra capacidad. Debemos acudir a Él, a su iluminación, a su inspiración, recordando que lo que para nosotros es imposible, para Él es factible si está dentro de sus planes.

Jesús nos propone una misión, que es finalmente la misma que Él debe cumplir. Esta tarea es trascendente, es urgente, es vital. Debe ser nuestra prioridad, por sobre todo; antes que todas nuestras razones, nuestras debilidades y nuestras condiciones. El seguimiento incondicional de Jesús exige de nuestra parte una sintonía, un tono especial, que sólo puede darnos el Espíritu Santo. Esto es lo que debemos comprender. Sin su apoyo, sin su ayuda, la misión será imposible.

Este apoyo, esta ayuda la encontramos en los Sacramentos, en la oración. Debemos vivir en Gracia y ello es posible gracias a estas ayudas proporcionadas por el Espíritu Santo. Por ello, no debemos cansarnos de pedir su apoyo, día a día, para discernir el Camino correcto en cada situación, en cada momento, en cada una de nuestras obras, recordando que por encima de todo está Su Voluntad.

Oremos:

Señor, permítenos contribuir cada día, en cada uno de nuestros gestos, con cada una de nuestras palabras, con cada uno de nuestros actos, a la construcción del Reino.

Que sigamos siempre tu Voluntad y no nuestros caprichos, por muy razonables que estos parezcan. Somos expertos en construir razones y justificar nuestro ocio, nuestra desidia, nuestro temor o nuestra comodidad. Que ninguna de estas sea motivo para alejarnos de Ti y tu palabra.

Que nuestra mirada permanezca siempre en la meta final, la misma que habremos de alcanzar si confiamos en Ti.

Acrecienta nuestra fe.

Aparta de nosotros toda tentación.

Permítenos llevar una vida ejemplar. Que todos nuestros hermanos encuentren a Ti en nosotros.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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miércoles, 24 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 9,1-6

Lc 9,1-6

Otra vez me parece oír hablar al Señor de la Libertad. No llevar nada con uno…sólo lo indispensables. Y partir, dejando todo con una misión: hacer su voluntad. Trabajar con cada uno de los que encontramos en el camino, pero sin detenernos demasiado con aquellos que nos rechazan. Añadiría yo que hay demasiado que hacer, para estar deteniéndose a porfiar con alguien que no nos quiere. Sacudirnos el polvo de los zapatos y seguir adelante…Es decir, no dejarnos desalentar.

Envestidos del Poder que sólo Él es capaz de darnos, nos pide marchar a anunciar el Reino de Dios y a curar a los enfermos. Me parece importante tomar nota que sólo nos encarga dos tareas ¡sólo dos!

El enfermo, el disminuido, el que no puede valerse por sí mismo, el que está sufriendo, merece compasión y por lo tanto nuestra atención. Es a estos hermanos a los que el Señor nos envía a curar. Pero esta cura no es solamente física. Es que el Señor no sólo se refiere a los enfermos físicamente, sino a todo aquello que envenena el espíritu, aquello que tergiversa la realidad, que nubla la razón, que debilita o daña el alma. Es nuestro mandato: ¡curar!

Y en qué consiste anunciar el Reino. ¡Pues en llevar la Buena Nueva. En dar esperanzas a quien tiene un corazón dispuesto, a aquellos que sinceramente lo está buscando. “Dios, que es AMOR, es nuestro Padre. Y porque nos ama, quiere nuestra felicidad. El reino ya está aquí; está en nuestros corazones y viene creciendo y propagándose por el amor. Aprendamos a amar como El nos ha amado y alcanzaremos la Vida Eterna”.

El Reino se anuncia con la vida misma. Seamos portadores de la buena nueva allí donde estemos, por donde nos movamos.


Oremos:

Señor Jesús, dame la fortaleza para proclamarte con mi vida, allí por donde voy, con quien estoy, en todo lo que hago. ¡Que mis obras hablen de ti!

Hazme portador de consuelo para el que sufre, para el que no tiene nada, para el que ha sido abandonado y desahuciado.

Que no me preocupe tanto en lo que debo llevar, como en lo que debo dar. Que acoja generosamente al que sufre, compartiendo y comprendiendo su dolor. Si está en mis manos aliviarlo, Señor, que sea capaz del sacrificio y que no me corra cobardemente.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 4,38-44

Lc 4,38-44

Curar y anunciar o curar, sin dejar de anunciar. Esa es la misión que nos da a conocer Cristo en este pasaje, misión que sus seguidores debemos asumir en nuestras vidas. ¡Sí! Se trata de poner manos a la obra, de enlodarse, de ensuciarse, de participar activamente, dando lo que podemos, lo que tenemos, lo que se nos pide, sin olvidarnos de anunciar. Es el anuncio, lo que anunciamos, lo que debe estar detrás de todos y cada uno de nuestros actos. Nuestra vida entera debe ser un anuncio. ¿Y qué es lo que anunciamos? Pues como dice Jesús, el Reino. Para eso vino Él aquí, para eso estamos nosotros, sus seguidores. ¿Y cuál es el centro de este mensaje? Que Dios es nuestro Padre, que nos creó por amor; que por lo tanto todos somos hermanos y como tales nos debemos amor.

Oremos:
Porque sepamos “curar”, atender, entender, dar, ayudar, amar a quienes lo necesitan y de este modo, Anunciar el Reino a todos.

Porque lleguemos a comprender o cuando menos aceptar y apreciar el misterioso don de la vida.

Por Beatriz, que siendo madre joven y teniendo una niña, un día tomó la fatal resolución de quitarse la vida, llevándose con ella los extraños motivos que pudieron llevarla a tal determinación, para que su espíritu encuentre la paz.

Por Alberto, que siendo sacerdote, relativamente joven fue atacado por un cáncer feroz que en muy poco tiempo se lo llevó a reunirse con el Padre, cuando todos lo necesitábamos aquí. Dale la paz que merece y ayúdanos a comprender este misterio.

Por Carlos, que hoy sería el hermano mayor de nuestra familia, que se fue al Padre aquejado por una enfermedad infantil cuando apenas tenía poco más de un año.

Por todos ellos que hoy, 3 de setiembre cumplirían un año más de vida, pero que ya partieron a reunirse con el Padre.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY