Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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sábado, 21 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 18,9-14


Jesús nos señala y advierte sobre el gran peligro de creernos los únicos, los perfectos, los poseedores de la verdad, despreciando a los demás, por considerarlos inferiores o en todo caso con una capacidad y un tono espiritual inferior al nuestro. Pues de esa actitud, como de toda actitud egoísta y vanidosa debemos huir. Nosotros debemos ser siempre humildes y debemos rogar al Señor que nos de auténtica humildad, no aquella externa, aparente, destinada a engañar a quienes nos rodean, mientras por dentro nos vanagloriamos de nuestras cualidades y excelsas virtudes.

El problema no es sólo que nos creemos algo que no es verdad, que no es cierto, sino que encima esta actitud se convierte en un obstáculo para nuestra conversión. Claro, si somos tan perfectos, si somos tan virtuosos, no dejamos espacio a la autocrítica, a la superación, al cuestionamiento de nuestros defectos, que seguramente los tenemos en cantidad; el orgullo nos satura y ciega. Así difícilmente enmendaremos nuestro camino y persistiremos en nuestros errores.

Debemos dejar el juicio a Dios. Nosotros debemos limitarnos a servir del mejor modo posible, procurando corregirnos siempre. Debemos acercarnos con humildad a nuestro Padre, reconociéndonos pecadores.


Oremos:

Señor, qué difícil es ser humilde, realmente humilde de corazón, de espíritu, cuando siempre tenemos por dentro el gusanillo aquél del fariseo, que nos anda alagando por nuestros “aciertos”, por nuestra “sabiduría”, por nuestra “claridad” y “lucidez” para ver y juzgar todo. ¡Señor, danos humildad! Humildad para aceptar y entender a nuestros hermanos, para escucharles, para ponernos en su lugar.

Hazme entender que no soy el único bueno, que hay muchos mejores que yo…que los ha habido antes y que los habrá después. Dame un corazón puro, limpio, libre, dócil…amable.

Señor, hazme un instrumento de tu fe, que sólo así participe y opine donde haya que hacerlo, nunca por ganar votos, por ganar prestigio y aceptación.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 10 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 23,1-12


Jesús nos llama a la reflexión respecto a la actitud que debemos mantener siempre y mucho más aún cuando llegamos a ocupar lugares importantes en nuestra comunidad, ya sea como dirigentes espirituales (con mayor razón) como autoridades de cualquier tipo.

¿Cuál es el problema con los escribas y fariseos? Que están sentados en la cátedra de Moisés, se encuentran en la más alta posición…Entonces hay que hacer lo que dicen, no nos queda otra, pues sino sufriremos las consecuencias. Ellos tienen el poder para ordenar y disponer. Así, será muy difícil que dejemos de hacer lo que disponen. El Señor aquí lo reconoce. Sin embargo nos pide que no los imitemos, porque son abusivos, incomprensivos.

¡Qué fácil es desde las jefaturas echar sobre los hombros de lo subordinados cargas que jamás hemos llevado, ni seríamos capaces de llevar! Arrimarle todo al que más aguanta, al que más asimila. Total, mientras no proteste, sigamos dándole, sin más reconocimiento que la misma paga, sin consideración, recordándole lo que son sus deberes, si en algún momento levanta la cara o trata de insinuar el menor gesto de incomodidad, de cansancio, de agotamiento, de desaliento…

Se prioriza todo aquello que puede aumentar los ingresos, las utilidades…Aún se invierte en nuevos equipos, nuevos materiales, eventos de marketing, campañas publicitarias, promoción, regalos, etc, sin embargo la cifra de sueldos y salarios permanece intacta, es más, se fusionan puestos, se reduce el personal…En el último que se piensa es en el ser humano que lleva sobre sus espaldas la empresa, el negocio, la institución. ¿Cómo se las arregla? Es su problema, mientras esté al día siguiente nuevamente a las 8 de la mañana, con buen ánimo y dispuesto a asumir todo lo que se disponga hasta la hora que sea necesario, sin sobre tiempos ni beneficios de ningún tipo. ¡Total, la fuerza laboral es tan grande, que como burros de carga, todos son reemplazables!

Por si fuera poco, estos “jefes” se han apoderado también de nuestra religión, participan en las eucaristías, comulgan, ocupan los más importantes lugares e incluso se dan el lujo de predicar, de decir que son cristianos y que sus organizaciones también lo son…

Por eso Jesús nos dice: “no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.” ¿Somos de los que decimos y no hacemos? Y nos recuerda cual debe ser nuestra actitud, nuestro proceder en la vida y especialmente cuando lleguemos a esos puestos: “El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.” ¿Cuántos lo recordamos?

Más claro, el agua. El que tenga oídos que escuche. No tratemos de interpretar, acomodar y retorcer estas palabras. Apliquémoslas en nuestras vidas.

Oremos:

Danos sabiduría para aplicar tus mandamientos – estos que nos das a conocer en esta lectura- en nuestras vidas.

Que no nos regodeemos en el poder, que no nos envanezcamos; que por el contrario busquemos servir sinceramente, de corazón y con humildad.

Que recordemos siempre que por encima de las instituciones, de las organizaciones o de las empresas, siempre debe estar el hombre. Que todo ha sido creado para el hombre y no al revés.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 15 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 11, 37-41

Martes 14 de octubre de 2008.

Lc 11, 37-41

Somos muy propensos a juzgar todo por las apariencias. Si alguien nos parece bien, porque se viste como nos gusta, porque mantiene el gesto que nos atrae, y en fin, porque su apariencia es atractiva, nos dejamos arrastrar. En cambio a aquel cuya apariencia externa no nos parece apropiada, lo marginamos, lo lapidamos, lo dejamos de lado.

¿Por qué somos tan propensos a la discriminación? ¿Por qué no somos capaces de sobreponernos y ver más allá de las apariencias? Tras las formas externas, la vestimenta, la cirugía estética (o la falta de ella), está el Espíritu de Dios mismo, en cada uno de nuestros hermanos.

Debemos luchar contra la hipocresía y la necedad de brindar privilegios por las apariencias. Esa es una gran torpeza, una estupidez de la que nos hemos hecho esclavos en el siglo XXI. Todos queremos ser guapos, atractivos y por eso rendimos culto a la estética, a la “eterna juventud”, a los trapos, a las joyas, a los autos, a las casas, a las comodidades, a los lujos…

Pero…¿Qué hay de la persona? Nos hemos olvidado de ella, por fijarnos en la decoración. Jesús, nos llama la atención. ¡Somos huecos!


Oremos:

Señor, que no ande por la vida dando la impresión que sólo me fijo en las apariencias, que sólo tengo palabras de adulación para los que “se ven bien”.

Que sea capaz de dar oportunidad a todos, sin fijarme en las apariencias.

Que las apariencias no sean el filtro, el obstáculo que me impida acercarme a mis hermanos y en ellos a Ti.

¡Que me esfuerce siempre por dar más de mi, sin importara quién!

¡Qué haga sentir bien a todos, pero sobre todo a los humildes, a los pobres, a los que no tienen cómo ocultar su pobreza, su humildad, su enfermedad, sus caries, su mal aliento, su hambre, su dolor y su olor!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 25 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 9,7-9

Lc 9,7-9

A Herodes, que antes había enviado a matar a Juan el Bautista, por una estupidez, por un capricho, por un extravagante juramento que sólo a un vanidoso podía ocurrírsele, le intriga quien puede ser este hombre, del que se dice tantas cosas. Como dice el Padre Manolo Cavanna, le remuerde la conciencia y tiene realmente miedo que sea Juan. El sabía que hacía mal (¿Quién era él para jurar sobre la cabeza de otro, para poner en juego la vida de alguien?), pero por un insulso juramento, dado con frivolidad y peor aún, teniendo la posibilidad de negarse a cumplirlo, por irrazonable, prefiere seguir hasta el final, sosteniendo la promesa que había hecho, con tal de no desprestigiarse y perder un ápice de su autoridad. Es decir que es la vanidad y el orgullo los que le impiden reconocer sus errores y dar marcha atrás en el cumplimiento de una estúpida promesa. Puede más su prestigio y el qué dirán…

¡Claro! Era más fácil mandar a matar a Juan, que se encontraba preso e indefenso, que sabía que era un buen hombre, pero que después de todo ni era de su familia, ni tendría por qué afectarle tanto. Finalmente, estaba seguro que lo olvidaría como a otros tantos…Sin embargo Jesús, a quien obedecen incluso las olas, se lo recordaba y la conciencia lo carcomía.

¿Cuántas veces somos como Herodes, que sentimos curiosidad por Jesús, pero por intereses espúreos? ¿Cuántas otras veces seguimos hasta el final una estupidez tan sólo por no dar nuestro brazo a torcer, tan solo por no reconocer que nos hemos equivocado? ¿Somos acaso infalibles? Reconocer nuestro error es una humillación a la que no estamos dispuestos…


Oremos:

Señor, haz que te busquemos con sinceridad, con pureza de corazón, no solamente por curiosidad o para obtener lo que queremos o para tranquilizar nuestras conciencias…

Haznos dignos seguidores tuyos. Que creamos en ti y demos testimonio de ello con nuestras propias vidas, siempre.
Danos un corazón humilde, para saber reconocer nuestros errores y enmendarnos.

Dame valor, dame fe, dame tu luz. Que ella brille en mi siempre, para que mis hermanos encuentren el Camino y seas Tú a quien ven, no a mí.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexiones de HOY