Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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miércoles, 6 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 12,44-50

Jn 12,44-50

Padre, Hijo y Espíritu Santo son la tres personas del Único Dios Verdadero. Jesucristo, con toda autoridad nos hace notar que Él no habla por Sí, que lo que nos transmite es la Palabra de Dios. Que es Dios Padre el que le ha enviado para que nos de Su mensaje. Que no hay forma de conocer al Padre, sino a través de Hijo y que, por tanto quien conoce al Hijo conoce al Padre. Se puede decir que alguien conoce a Cristo, si hace su palabra. Es el hacer, el guardar su palabra, el obrar cristianamente lo que nos distingue, no el mucho hablar y razonar. “Por sus obras los conoceréis”.

Al que me parece sumamente importante en este mensaje es que Jesús es la Luz que ha venido al mundo para que no andemos en tinieblas, para iluminarnos y mostrarnos el Camino, en buena cuenta para Salvarnos, no para condenarnos. Hay aquí una diferencia fundamental que debemos destacar. La obra de Dios es POSITIVA, constructiva. Se nos pide GUARDAR AU PALABRA. Creer y hacer lo que Él nos dice, porque lo que nos revela es por mandato del mismísimo Dios.

Nadie nos juzga y no es para eso que ha venido Jesús. Él pone la luz, ilumina y nos saca de las tinieblas. Él es la Verdad, el Camino y la Vida. Nosotros somos libres de optar por las palabras de Dios y seguir su mandato que es de Vida Eterna o rechazarlo…Y ahí está nuestro juicio. Somos nosotros mismos los que nos condenamos.

No puede haber mejor propuesta para el mundo, para la humanidad entera y por supuesto que para mí, que la que Cristo nos trae, porque es la que Dios mismo, nuestro Padre le ha encomendado. Está en nosotros el aceptarla y seguirla. Seremos unos necios si no hacemos lo que DIOS nos propone, si no le creemos…si más bien, nosotros le juzgamos y rechazamos…¿quién juzga?



Oremos:

Padre Santo, danos la fe necesaria…acreciéntala día a día en nosotros, para seguirte. Para que no haya otra razón, otro motivo en nuestras vidas que hacer lo que tú nos ordenas a través de tu Hijo Jesucristo y nuestra Santa Madre Iglesia fundada por Él.

Danos un corazón puro, grande, transparente…para amara a todo el mundo y dar a cada quien lo que necesita. Haznos sensibles al dolor, el sufrimiento y la pobreza.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lunes, 30 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 8,1-11


Qué rápidos somos para juzgar y condenar a todos, sin embargo, cuando se trata de nosotros mismos, pedimos clemencia y comprensión. Así nos lo hace notar hoy Jesús. Finalmente nadie se atrevió a apedrear a la adúltera, pues todos vieron en su interior y se encontraron que no eran dignos de juzgar e impartir tamaña pena.

¡Qué proclives somos a juzgar y condenar a nuestros hermanos! No les queremos pasar una…no se la perdonamos. Debemos aprender a actuar con un poco más de tino. Ser más lentos a la cólera y más compasivos. No podemos pretender ser más papistas que el Papa. Aprendamos de Jesús…Si nosotros merecemos una segunda oportunidad, si el Señor nos la da una y otra vez…¿Por qué nosotros no somos capaces de perdonar? Además…¿Quién somos nosotros para condenar y encima ejecutar a alguien?

Seamos severos y exigentes con nosotros mismos y estemos dispuestos siempre a perdonar a nuestros hermanos, orando por ellos y sabiendo que si Dios quiere habrá siempre esperanza en sus vidas y podrán cambiar. Mientras haya vida, siempre habrá la posibilidad. Nosotros no somos nadie para negárselas.

Oremos:

Señor, haznos más prestos a perdonar que a juzgar y condenar. Que no olvidemos que con la misma vara que medimos, seremos medidos.

Gracias por tu perdón y compasión. Gracias por darnos una nueva oportunidad. Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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domingo, 22 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 3,14-21

Jn 3,14-21

El Señor es exigente. Para andar tras Él, para seguirlo hay que ser capaz de caminar en la luz y a no ser que seamos inconscientes o sin vergüenzas, difícilmente seremos capaces de mostrarnos totalmente desnudos al mundo entero. Quizás habrá quienes lleguen a mostrar su cuerpo, pero ¿cuántos seríamos capaces de mostrar nuestra alma en una función pública, en la que estuvieran invitados, por ejemplo nuestra esposa o esposo, nuestros padres, hermanos, hijos… nuestros compañeros de trabajo? Seguramente no muchos. Yo ciertamente no.

Allí está el juicio dice el Señor. Es decir que por mi vergüenza, por mi incapacidad de andar expuesto a la luz, me escondo en las sombras. ¿Quién nos ha juzgado primero, sino nosotros mismos? Y, en vez de enmendarnos, de limpiarnos, de obrar con transparencia preferimos seguir con nuestros enredos, con nuestras dos caras, con nuestra ambivalencia.

¡Dejémonos de estupideces! ¡Seamos francos, sinceros, abiertos, transparentes, como niños! ¡Basta de gestos, de fruncir el ceño, de falsas posturas, de pretensiones! ¡Seamos sencillos y humildes! No tenemos que ser el centro, los protagonistas sin cuya intervención nada ocurre o todo se hace mal. Confiemos en nuestros hermanos y ante todo en la Providencia Divina. ¡Pongámonos en manos de Dios! y enfrentemos confiados cada día de nuestras vidas, sabiendo que quien en Dios confía nada puede temer y tendremos todo cuanto necesitamos para andar por el Camino de Luz hasta alcanzar la Vida Eterna y ver a Dios. ¡Qué mejor destino!

Si tan sólo llegáramos a comprender o imaginar la inmensa alegría de aquel que es capaz de caminar en la luz, entenderíamos el valor inconmensurable del Sacramento de la Reconciliación, del Perdón. Lo que para ningún hombre sería posible, Dios quiso obsequiarlo a la humanidad entera, a todo aquél que libremente quisiera tomarlo. El Perdón de todos nuestros pecados es posible gracias al sacramento de la Confesión. El Señor ha querido bendecirnos aliviando nuestras penas, purificando nuestras almas y librándonos de toda culpa, para que así, “libres de equipaje”, podamos seguirlo, como plumas al viento.

Gracias Señor por tan inmerecida gracia.


Oremos:

Señor, perdóname todos mis pecados, lávame, límpiame, purifícame. Sé que no merezco la gracia que generosamente has querido obsequiarme. Por ello te pido que me perdones y no permitas que vuelva a caer en pecado, te lo pido por intercesión de la Santa Virgen María, tu Madre y de todos los Santos, que habiéndote encontrado han sabido aquilatarte como el más preciado tesoro y me han enseñado a quererte así.

Señor, no permitas que como un necio vuelva a caer, que me deje llevar, que me deje arrastrar. “¡Qué bien se está aquí!” No permitas que me pierda, que me aleje, que te deje, por el contrario acércame más, más y más…¡Quiero andar por tu Camino!

Déjame decirte junto con Santa Teresa: “quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta”.


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lunes, 9 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 6,36-38


Con la misma medida que aplicamos a los demás, seremos juzgados, nos recuerda el Señor. Como tantas veces antes, en forma reiterada nos hace notar que nuestra salvación está en función de los demás. Los otros, el mundo que está fuera de mí, mi familia, mis hermanos, mis padres, mis amigos…la sociedad en s conjunto juegan un papel importante en la salvación. Todo depende de cómo me porte con ellos. “Ellos” son importantes y son nombrados en forma explícita. No se trata de hacer una interpretación o de llegar a ellos por una extensión del perfeccionamiento de mi persona; en todo caso es precisamente al revés. Me perfeccionaré y entonces llegaré a Dios, mejorando mi trato con mi prójimo.

No es accidental o secundario el orden incluso en que a través de esta lectura se nos da nuestro lugar. Se trata que obremos nosotros primero en nuestros hermanos como queremos que Dios obre en nosotros. Primero damos para recibir. No nos sentamos de brazos cruzados esperando que el poder divino se muestre sobre nosotros, para entonces ponernos a actuar. Tampoco empezamos un proceso de perfeccionamiento personal que habrá de llevarnos a proyectarnos a los demás como el descubrimiento de que sólo a través de ellos nos podemos realizar. Los demás no están después de nosotros…¡Esto es un gran cambio de perspectiva!


Oremos:

Señor, ayúdanos a comprender que sin ti no somos nada, pero que solo llegaremos a ti, a través de nuestros hermanos.

Danos el coraje, la entereza y el amor suficientes para ver y atender las necesidades de nuestro prójimo en primer lugar.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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lunes, 2 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 25,31-46


Para aquellos que todavía tenemos dudas, para aquellos que no queremos entender o estamos buscando interpretaciones esotéricas o acomodaticias de las palabras del Señor, nos aclara como para un niño, con palabras muy sencillas, como si se tratara de un cuento, qué es lo que debemos hacer y a quién para que llegado el momento, cuando Jesús venga con toda su gloria, nos tenga entre los elegidos.

Día a día hay que mirar fuera de nosotros. No buscar tanto nuestra comodidad, como atender las necesidades de cuantos nos rodean. Solamente cuando salimos de nosotros mismos adquiere sentido nuestra vida. Se trata de que estemos al pendiente, con los ojos muy abiertos y dejemos de mirarnos el ombligo. Se trata de atender y servir a los demás. Nuestra salvación no está en la “meditación trascendente”, ni en la “flor de loto”, ni si quiera en ir a Misa…Se trata de realizar tareas, actividades diarias, cotidianas, en las que hayamos puesto primero a nuestros hermanos, a todos los que requieren de nosotros algo.

Ese ha de ser nuestro programa, nuestro Proyecto, nuestro Plan de acción: vivir al servicio de los que nos rodean, de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestra comunidad. Si es verdad que nadie da lo que no tiene, entonces debemos orar y mantenernos constantemente comunicados con Dios Padre, como lo hizo Jesús, para oírle y saber a cada paso lo que debemos hacer. El Plan es simple: nuestros pelos están contados y nadie por más que se esfuerce podrá agregar un segundo a su existencia. Entonces cada día hay que vivirlo como si fuera el último, sin preocuparnos más allá, pues cada día tiene su afán. Si vives siempre bien HOY, no tendrás de qué preocuparte, cuando el Señor te pida cuentas. Estarás siempre listo.


Oremos:

Señor, haz que nuestro lema siempre sea “haz el bien sin mirar a quien”, esa es la ruta marcada por la sabiduría popular que hoy nos recuerda Jesús.

Que no me detenga cómodamente a disfrutar de mi tiempo, si no que me empeñe en hacer algo por los demás. Que no deje de llamar, que no deje de asistir, de atender a cuantos me convocan, y que allí lleve tu palabra clara, verdadera, siempre fresca y sencilla.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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martes, 23 de septiembre de 2008

Reflexión: Mt 20,1-16


Las categorías del Señor no son las nuestras. Todos son llamados en algún momento. Unos más temprano y otros más tarde, per5o para todos el “premio” es el mismo, la paga es la misma. Todo el que hace caso a la invitación y lo sigue, todo el que cambia su vida a partir del momento en que es llamado y se pone a trabajar por el reino, recibirá la Vida Eterna. ¿Qué más podemos desear? ¿Qué más podemos pedir?

¿Nos parece injusto? ¿Por qué si yo lo seguí toda mi vida, aquél que llevó una vida licenciosa y a última hora se arrepiente recibirá lo mismo? Eso nos molesta. Pues debemos aprender a alegrarnos con Jesús por todos aquellos que regresan al redil, que se unen al camino, como Él lo hace.

Si uno de nosotros se pierde, Él sale a buscarlo; si tan sólo logra convencer a uno, por uno sólo, habrá valido el trabajo. Esa es la forma de ver de Cristo, muy distinta a la nuestra.

Entonces, dejémonos de estar juzgando por qué a el tanto, por qué a mi tan poco. Sigamos al Señor, que Él sabrá darnos lo que merecemos al final de los tiempo y lo que tengamos será suficiente para ser felices toda una eternidad.

Oremos:

Señor te pido que apartes de mi mente toda ridiculez y mezquindad, para no andar juzgando a mis hermanos, dando a todos lo más que puedo, aun a esos que me molestan, porque pienso que tienen tanto y no les ha costado.

Que no juzgue…¿Quién soy yo para juzgar?

Que mire la biga que tengo en mi ojo, antes que andarme fijando en la paja del ojo ajeno.

Dame confianza, fe y ternura, para nadar por el mundo reflejándote a Ti. Que seas tú quien brille en mí.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexiones de HOY