Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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martes, 24 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 5,1-3.5-16


¡Que tontos que somos! Cuántas veces actuamos así, reaccionamos así. Pensamos que el hombre ha sido creado para las normas, para las reglas y no al revés, es decir que las normas y reglas deben estar al servicio del hombre, por lo tanto no nos pueden esclavizar ni cegar. Para hacer el bien no existen reglas, ni normas, ni mejores días u horas. Debemos actuar correctamente siempre. Y no podemos ni debemos andar meditando o midiendo si será pertinente ahora, en este momento. La verdad, la bondad deben ser expuestas en el momento y el lugar en que nos percatamos de ellas, en el momento y lugar que se nos solicitan…Incluso, a ejemplo de Jesús, cuando no se nos ha pedido. Basta que nos demos cuenta que son necesarias y que está en nuestras manos el realizarlas, para que sea la mejor hora y el mejor lugar.

Muchas veces tras esta reaccionamos con mezquindad ante el bien realizado por otros, o porque no fuimos nosotros los autores o porque envidiamos al que lo hizo o simplemente porque no nos gusta que otros sean felices. Nos quedamos en lo meramente externo porque nos creemos indispensables o porque no podemos admitir que otros también puedan obrar el bien, pues nos creemos dueños de la verdad y jueces, que debemos decidir cuando está bien y cuando está mal. Y generalmente sólo está bien, cuando nosotros somos los protagonistas, cuando nosotros decidimos el momento y lugar, cuando estamos en control. No podemos permitir ni admitir que otro también pueda hacerlo, algo tendremos que encontrar para condenarle, aunque sólo sea la regla quebrantada.


Oremos:

Señor, haznos generosos y comprensivos. Aparta de nosotros toda mezquindad. Que nos alegre la alegría y felicidad ajenas. Que no condenemos al que hace el bien solo porque no lo hicimos nosotros…

Que no andemos buscando tres pies al gato cuando vemos que nos necesitan. Danos el valor y la decisión de intervenir en el acto.

Haznos fieles defensores de la verdad, del bien y de la vida y que procedamos siempre con coherencia cuando se trata de obrar el bien, poniendo en primer lugar el amor.

Que comprendamos que la vida sólo tiene sentido cuando está dedicada a los demás, a dar felicidad a los demás, a aliviar sus penas, sus dolores, sus problemas allí donde podemos. Haz el bien, sin mirar a quién.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

sábado, 28 de febrero de 2009

Reflexión: Lc 5,27-32


Dos cosas me sorprenden en este evangelio. La primera, el poder de persuasión; el tremendo poder que ejerce Jesús sobre las personas. Causa admiración y atrae, sin duda. No de otro modo me explico que pueda dirigirse a Levi en los términos que lo hace, según el evangelio. Bastó un “Sígueme”, para que este se levantará, lo dejara todo (así dice) y lo siguiera.

Luego Levi da un banquete, en que su principal invitado seguramente es Jesús y sus discípulos. Jesús no tiene reparo en participar, lo que origina las habladurías entre fariseos y escribas, que obviamente reprochan sus conducta: ¿Cómo se junta con esa gente pecadora?

Tanto que cuidamos las apariencias y entre estas, las buenas juntas. No queremos que se nos señale, que se nos confunda con algunos…Sin embargo, Jesús, el más grande de todos, no tiene problemas con los chismes y murmuraciones. Él tiene muy clara su misión y como se lo hace notar a los chismosos que andaban murmurando por ahí: ha venido a curar a los enfermos, a salvar a los pecadores.

El Señor ha venido por todos nosotros, no por la élite, la aristocracia de cualquier género. Los que saben mucho, los que tienen mucho, los que creen no necesitar a nadie o nada, seguramente se lo perderán. El que está satisfecho, el que está saciado, el que tiene todo, al que nada le falta…¿por qué habrá de incomodarse? Jesús pasará de largo por su lado, sin que lo note.



Oremos:

Señor, ¿seré yo de aquellos que te rechazan por soberbia, porque creo tenerlo todo, porque me siento dueño de la verdad y autosuficiente?

Dame humildad, para no cegarme por mi subjetivismo, por mis pretensiones. Que sepa recibirte, acogerte, oírte y seguirte dejándolo todo, como Levi.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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domingo, 22 de febrero de 2009

Reflexión: Mc 2,1-12

Mc 2,1-12

La escena es clásica. Jesús atraía multitudes con su palabra y sus curaciones. La gente venía de todas partes a oírle, porque era muy sensible. Sus palabras sencillas, calaban en lo más hondo de quienes lo escuchaba, porque hablaba con la verdad, porque era transparente, porque hablaba del amor del Padre, de su bondad, de su voluntad…

Pero también eran conocidas sus curaciones y en este caso no había otra alternativa que descolgar al paralítico por el techo…Así de colmada estaba la casa; no había por donde pasar, todos se agolpaban, todos querían estar cerca, oírle y seguramente, si era posible, tocarle, mirarle.

Pero Jesús tan pronto sanaba el cuerpo como limpiaba, aclaraba, purificaba los espíritus. Jesús era portador de paz. Como Hijo de un Dios que es Amor, no podía dejar de sentirse conmovido por el dolor y el sufrimiento. Por ello, allí donde podía no dudaba en sanar, en aliviar el dolor. Así hizo con este paralítico. Pero hizo con él algo más extraordinario que los escribas reclamaron: le perdono sus pecados. Sí, pues, el Señor tiene el poder de perdonar los pecados, el mismo que después trasladaría a sus apóstoles y a través de ellos a los sacerdotes. «Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo", dice el Señor (Mt 18,18).

Oremos:
Señor, haznos portadores de tu mensaje de paz, de amor…Que donde vayamos, cuando hablemos, sólo salgan palabras de alivio, de esperanza, de gratitud.

Que nuestras palabras sirvan para dar ánimo y optimismo a nuestros hermanos. Que no nos ocupemos de hablar necedades, de chismes o de maledicencias.

Danos tu poder para hacer el bien, por donde pasemos y a quien nos lo pida. Que no reparemos en edad, color, posición social, prestigio…

Señor, tenemos fe, pero haz que ella crezca…transfórmanos.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 24 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 9,1-6

Lc 9,1-6

Otra vez me parece oír hablar al Señor de la Libertad. No llevar nada con uno…sólo lo indispensables. Y partir, dejando todo con una misión: hacer su voluntad. Trabajar con cada uno de los que encontramos en el camino, pero sin detenernos demasiado con aquellos que nos rechazan. Añadiría yo que hay demasiado que hacer, para estar deteniéndose a porfiar con alguien que no nos quiere. Sacudirnos el polvo de los zapatos y seguir adelante…Es decir, no dejarnos desalentar.

Envestidos del Poder que sólo Él es capaz de darnos, nos pide marchar a anunciar el Reino de Dios y a curar a los enfermos. Me parece importante tomar nota que sólo nos encarga dos tareas ¡sólo dos!

El enfermo, el disminuido, el que no puede valerse por sí mismo, el que está sufriendo, merece compasión y por lo tanto nuestra atención. Es a estos hermanos a los que el Señor nos envía a curar. Pero esta cura no es solamente física. Es que el Señor no sólo se refiere a los enfermos físicamente, sino a todo aquello que envenena el espíritu, aquello que tergiversa la realidad, que nubla la razón, que debilita o daña el alma. Es nuestro mandato: ¡curar!

Y en qué consiste anunciar el Reino. ¡Pues en llevar la Buena Nueva. En dar esperanzas a quien tiene un corazón dispuesto, a aquellos que sinceramente lo está buscando. “Dios, que es AMOR, es nuestro Padre. Y porque nos ama, quiere nuestra felicidad. El reino ya está aquí; está en nuestros corazones y viene creciendo y propagándose por el amor. Aprendamos a amar como El nos ha amado y alcanzaremos la Vida Eterna”.

El Reino se anuncia con la vida misma. Seamos portadores de la buena nueva allí donde estemos, por donde nos movamos.


Oremos:

Señor Jesús, dame la fortaleza para proclamarte con mi vida, allí por donde voy, con quien estoy, en todo lo que hago. ¡Que mis obras hablen de ti!

Hazme portador de consuelo para el que sufre, para el que no tiene nada, para el que ha sido abandonado y desahuciado.

Que no me preocupe tanto en lo que debo llevar, como en lo que debo dar. Que acoja generosamente al que sufre, compartiendo y comprendiendo su dolor. Si está en mis manos aliviarlo, Señor, que sea capaz del sacrificio y que no me corra cobardemente.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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viernes, 19 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 8,1-3


Como explica el Padre Manolo en sus reflexiones, hay que ponerse en el tiempo y lugar. Cuando Lucas habla de estas mujeres, está hablando de las excluidas de la sociedad, de las menospreciadas. No era fácil estar caminado y exhibiéndose por ahí con mujeres y algunas de las que Cristo había curado habían tenido dudosa reputación. Pero el Señor es así. Rompe los esquemas y las formas tradicionales de obrar. Sus categorías son otras; no son las mismas que las nuestras. Lo que era aceptado y correcto para los hombres de prestigio de aquél entonces, no era lo que determinaba su proceder. Él va más allá; para el está primero la dignidad del ser humano y no el qué dirán.

¡Qué lección! Cuantas veces nosotros evitamos juntarnos con este o aquél, por no mancharnos, por no malograr nuestra reputación. ¿Cuánto remecería este hombre las bases de su sociedad, caminando con borrachos, cobradores de impuestos, pecadores, prostitutas? Lo debían tener entre ceja y oreja.

¿Quién podía ser este que encima de andar con gentuza se decía hijo de Dios?

¿A cuántos Cristos estaremos ahora juzgando y condenando simplemente porque no andan con los nuestros, porque no hacen lo que aprobamos, porque se juntan con la escoria de nuestra sociedad o con los pobres y humildes, con los excluidos?

Oremos:

Señor dame un corazón humilde, para seguirte sin vanagloria.

Dame fortaleza para no doblegarme ante el cansancio y la monotonía de la rutina diaria. Para dar testimonio de Ti, aun en aquellos momentos en los que el cansancio y la fatiga parecieran vencerme.

No me dejes solo, no me abandones, aun cuando mi obrar a veces te avergüence y decepcione. Permíteme hacer siempre un último esfuerzo por seguirte, hasta el fin.

¡Sé mi piloto; mi piloto automático!

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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miércoles, 3 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 4,38-44

Lc 4,38-44

Curar y anunciar o curar, sin dejar de anunciar. Esa es la misión que nos da a conocer Cristo en este pasaje, misión que sus seguidores debemos asumir en nuestras vidas. ¡Sí! Se trata de poner manos a la obra, de enlodarse, de ensuciarse, de participar activamente, dando lo que podemos, lo que tenemos, lo que se nos pide, sin olvidarnos de anunciar. Es el anuncio, lo que anunciamos, lo que debe estar detrás de todos y cada uno de nuestros actos. Nuestra vida entera debe ser un anuncio. ¿Y qué es lo que anunciamos? Pues como dice Jesús, el Reino. Para eso vino Él aquí, para eso estamos nosotros, sus seguidores. ¿Y cuál es el centro de este mensaje? Que Dios es nuestro Padre, que nos creó por amor; que por lo tanto todos somos hermanos y como tales nos debemos amor.

Oremos:
Porque sepamos “curar”, atender, entender, dar, ayudar, amar a quienes lo necesitan y de este modo, Anunciar el Reino a todos.

Porque lleguemos a comprender o cuando menos aceptar y apreciar el misterioso don de la vida.

Por Beatriz, que siendo madre joven y teniendo una niña, un día tomó la fatal resolución de quitarse la vida, llevándose con ella los extraños motivos que pudieron llevarla a tal determinación, para que su espíritu encuentre la paz.

Por Alberto, que siendo sacerdote, relativamente joven fue atacado por un cáncer feroz que en muy poco tiempo se lo llevó a reunirse con el Padre, cuando todos lo necesitábamos aquí. Dale la paz que merece y ayúdanos a comprender este misterio.

Por Carlos, que hoy sería el hermano mayor de nuestra familia, que se fue al Padre aquejado por una enfermedad infantil cuando apenas tenía poco más de un año.

Por todos ellos que hoy, 3 de setiembre cumplirían un año más de vida, pero que ya partieron a reunirse con el Padre.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexiones de HOY