Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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lunes, 23 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 4,43-54


Jesús se deja conmover ante las súplicas de este funcionario real. Pero no hay duda que aquí, como antes, el Señor ve el interior de las personas. Así pudo ver la fe con la que este hombre le pedía este milagro. Estaba convencido que si Jesús quería, tenía el poder de sanar a su hijo. De allí su forma de pedir, que si leemos detenidamente pues hasta parece impertinente. A la reflexión que hace Jesús respecto a las señales, el responde insistiendo en su pedido, quizás diciendo: “no busco señales; sé que lo puedes hacer; por favor te pido que lo hagas…”

El Señor, fiel a sus promesas, responde. Al que toca se le abre, el que busca encuentra…El Señor sabe lo que necesitamos aún antes que lo pidamos, pero debemos tener fe para alcanzarlo.

Seamos insistente en pedir, pero mucho más aún en acrecentar nuestra fe. Pero esta es un don , una gracia que nos concede Dios…Entonces vivamos intensamente nuestro cristianismo, sirviendo a los demás, buscando la paz, amando y orando a Dios Padre, reconociéndonos como pecadores hijos suyos, necesitados de su perdón y agradecidos por la redención.


Oremos:

Señor, danos fe del tamaño de un grano de mostaza, para alcanzar la luz, para seguir por tus Caminos. Que no busque ser amado, como amar, ser comprendido como comprender. Que entienda que dando se recibe.

Ayúdame a llevar una vida honesta, limpia, transparente. Que todo el mundo pueda ver y hurgar en ella, sin nada que me avergüence. Dame la gracia del perdón. Perdóname todos mis pecados, límpiame y ponme en tu camino de luz.

Que brille tu luz en mí para guiar a mis hermanos. Que no sea jamás motivo de perdición.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 8 de marzo de 2009

Reflexión: Mc 9,2-10

Estos son algunos de los prodigio de los que fueron testigos los discípulos más cercanos de Jesús, seguramente sus más íntimos, sus “preferidos”, aquellos a los que podía mostrarles estas cosas en espera que las comprendieran, pues tenían una cierta sintonía especial con Él. Quedaron realmente pasmados, estupefactos…Vieron y presenciaron un encuentro insólito. Elías y Moisés conversaban con Jesús. ¿Cómo podía ser? ¿Dónde estaban? Ambos habían vivido varios siglos antes de Jesús y con cientos de años de diferencia entre uno y otro. ¿Qué estaba pasando? Era realmente algo asombroso lo que estaban presenciando. Por eso no atinaban a decir nada. “Estaban asustados”.

Es que realmente era impactante lo que estaban presenciando. No lo podían comprender…Si nos trasladamos mentalmente a la escena y lo pensamos un poco, tampoco lo podríamos comprender ¿no es verdad? Se trata de hechos reservados para unos pocos, que sólo pueden ser comprendidos desde la fe. Luego fueron envueltos por una nube y escucharon nada menos que la voz de Dios Padre diciendo: «Este es mi Hijo amado, escuchadle».

Era como para perder el habla, para quedar petrificado, helado y balbucear cualquier cosa. Fue seguramente un encuentro extraordinario que marco las vidas de estos discípulos. Seguro que no lo pudieron olvidar jamás.

Y sin embargo, cuando bajan Jesús les “ordena” que no contaran lo que habían visto hasta que Resucitara. ¿Por qué? ¿No sería lo primero que quisieran contar a todos, lo primero que quisieran salir corriendo a proclamar, a gritar a todos? ¿No sería lo primero que cualquiera de nosotros hubiera querido hacer, i r a contar a todos los que acabábamos de presenciar?

Pero Jesús ORDENA ocultarlo hasta después que resucite. ¿Por qué?

Ensayo la siguiente explicación: Jesús no quería convencer a nadie por los hechos prodigiosos (a nuestros ojos) que como Dios podía realizar. Usar el poder de Dios para cambiarnos no era su prédica. El quería y quiere que libremente nos adhiramos al camino del amor que con su vida, muerte y resurrección nos propone.

No se trata de ganarnos por el asombro. Se trata de dejarnos cautivar por el amor. . Se trata de preferir el bien, de escoger el camino recto. Se trata de amar.


Oremos:

Pidamos al Señor que nos ayude a comprender su presencia milagrosa cada día en nuestras vidas. Pues así como hizo con Pedro y Juan, a cada rato nos da muestras que por sí solas bastarían para que creamos y lo sigamos, sin embargo, muy rápidamente las olvidamos, y luego de muy poco tiempo hasta las vemos con la naturalidad de un hecho corriente.

Danos fe, Señor, para seguirte fielmente y convertirnos en multiplicadores eficaces de tu Palabra.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lunes, 23 de febrero de 2009

Reflexión: Mc 9,14-29

Mc 9,14-29

Otra vez estamos ante un milagro público. Se ve que los discípulos habían tomado la posta mientras él se había alejado. ¿A dónde fue? ¿Dónde estuvo? Sólo se lee que “bajo de la montaña”. Al parecer, era la costumbre del Señor. Alejarse y subir a la montaña a orar. Podemos presumir que eso es lo que estuvo haciendo, cuando encontró a sus discípulos en difícil trance: no podían curara al enfermo que les habían traído. Por fortuna llegó Jesús y se interesó en el tema.

Luego de oír la explicación, el Señor se propone curarlo. Es importante la aclaración que hace el Señor al padre del muchacho: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!». El milagro se da, si tenemos fe. Somos nosotros los que debemos cambiar, los que debemos creer. Sólo entonces podemos alcanzar lo que pedimos, lo que nos proponemos.

Sin embargo hace falta algo más. Es preciso implorar la intervención Divina. Para ello hay que orar a Dios Padre, puesto que es en realidad Su intervención la que hará posible la expulsión de los demonios. Es preciso, entonces, no solamente querer, aunque es necesario. Tampoco basta creer, tener fe. Debemos orar, ponernos en Sus manos; suplicar que se haga su voluntad.

La oración produce una actitud especial en quien la realiza. Orar es hablar con Dios. Pero para oírle, hay que acallar por dentro y por fuera todo aquello que nos inquieta, que perturba, que nos quita paz. Fe y oración deben acompañarnos siempre.
Oremos:
Señor, danos fe, como un grano de mostaza para poder hacer tu voluntad y llevar tu palabra a todos nuestros hermanos.

Seremos capaces de actuar como tú, en tu ausencia física sólo si tenemos fé y llevamos una vida de oración. Haz que así sea, Señor.

El que ora no es soberbio; sabe que depende en última instancia de la voluntad Divina, la cual tiene obligación de escudriñar en cada acontecimiento. Haznos dóciles a tu Espíritu y proclives al diálogo permanente con Dios. Decía San Agustín: “La oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios”


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lunes, 10 de noviembre de 2008

Reflexión: Lc 17, 1-6

Lc 17, 1-6

Escándalo, perdón y fe. Jesús habla de estos tres temas hoy. Es nuestro DEBER andar con cuidado, para no dar falso testimonio. Evitar la incoherencia, que finalmente termine por desorientar a nuestros hermanos. Lo peor que podemos hacer es escandalizar, a los que menos saben, a los sencillos, a los humildes, a los niños, que desconcertados pueden quedarse sin saber en qué creer.

Muy por el contrario, debemos preocuparnos por ser buenos ejemplos. No siempre todo habrá de estar en nuestras manos, pero en tal caso pidamos ayuda al Señor…Él vendrá en nuestro apoyo, si tan sólo tuviéramos fe “como un grano de mostaza”. No es casual que junto con el esforzarnos por ser fuertes, por ser coherentes, el Señor nos enseñe a perdonar y nos aliente a tener fe. No debemos doblegarnos; no debemos dejarnos vencer. Debemos seguir luchando, hasta el final. No claudicar, pero saber reconocer que nuestros hermanos son débiles, que son mortales, que son falibles y que por tanto merecen nuestro perdón siempre.


Oremos:
Pidamos al Señor que nos de la Gracia de saber perdonar, de no guardar rencor, de dar oportunidad a todo aquel que nos la pide.

Que nos de el coraje de llevar una vida decente, única, coherente. Que nadie se sienta engañado y mucho menos desengañado por nosotros.

Danos firmeza, para no claudicar ante cualquier pequeño embate y muy por el contrario, danos la fe necesaria para confiar en Ti siempre y jamás claudicar.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

sábado, 18 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 10, 1-9

Lc 10, 1-9

Jesús envía a sus misioneros y les dice cómo deben comportarse…Tenemos que ir anunciándole, si llevar nada más que su palabra, que es un mensaje de paz y amor, quedándonos con quien quiere recibirnos. No andar de aquí para allá, sino quedarnos y compartir todo con quien nos reciba.

La misión no es fácil, pero quien tiene a Dios, nada le falta. No es preciso nada. Confiar en Dios, apoyarnos entre nosotros y en quienes nos quieran recibir. Con solo estas recomendaciones y la advertencia que vamos como corderos en medio de lobos, debemos afrontar nuestra misión. No hay nada más que decir, pues ya nos ha dado todo. Hay que tener fe, y con la fuerza del Espíritu Santo, marchar adelante, anunciando la Buena Nueva a quienes quieran oírla.

Nuestra misión es anunciar.

Oremos:

Señor danos lucidez e inteligencia para entender cuál es nuestra misión, luego valor y perseverancia para cumplirla.

Que no andemos con tanto rodeo antes de ponernos en camino. Que entendamos que lo único que necesitamos, ya lo tenemos.

Que no nos detengamos, si no para recibir aquello que es justo y necesario.

Que no andemos como picaflores, aquí y allí, sino antes bien, que nos detengamos y profundicemos con quienes nos reciben, mientras permanecemos allí.

Que no nos detengamos, que no nos estanquemos. Que comprendamos que nuestra misión no estará culminada en tanto queden gentes que no conocen a Jesús, a Dios Padre y al Espíritu Santo. En tanto hay pobreza, injusticia y atropellos.

Que seamos portadores de la paz y el amor de Dios Padre.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY