Roguemos al Señor - últimas reflexiones

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sábado, 28 de marzo de 2009

Reflexión: Jn 7,40-53


Como dice aquél refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. La duda ya se había apoderado de sacerdotes y fariseos. Así tenía que ser, para que se cumplieran las escrituras. Se acerca el día en que habrán de crucificarle.

Los evangelios se han encargado ya de aclararnos que Jesús procede de David, porque el mismo lo ha dicho a cuantos han querido escucharle, y no ha dicho nada distinto a lo que ya estaba anunciado en el Antiguo Testamento. Pero ni sacerdotes, ni fariseos se han dejado conmover. Es que este Cristo es incómodo. Llega a través de los pobres y humildes y no a través de ellos que representan la autoridad, el poder. Ellos que constituyen la “aristocracia” dentro de su sociedad, que son los que gozan de prestigio, de una buena posición económica.

¿Por qué este Jesús no viene con su trono y corona por donde según sacerdotes y fariseos corresponde? ¿Por qué no ha ido a buscar y convencer a ellos primero? Eso es lo que les molesta…¿Cómo puede venir de esta “chusma” el salvador?

Y es que el que mucho tiene, el instalado, defiende las estructuras, el estatus quo, porque le conviene que las cosas permanezcan así, porque de este modo mantiene sus privilegios. Es el egoísmo y la comodidad del que más tiene, del que se aferra a lo que tiene como lo más importante, como algo sin lo cual no podría vivir…Está ahí el origen de su ceguera. Finalmente, si seguimos escarbando, llegamos a la soberbia, al orgullo…El querer ser como Dios, y estar por sobre todo, sobre el dolor, la pobreza, la injusticia, el hambre y cuanta necesidad agobia a nuestros hermanos. El estar por encima de todo e indiferente a todos. Ese es el gran pecado del que todo lo tiene: la idolatría. Vale más todo lo que tiene que su vida misma…o al menos eso es lo que cree, por ello no está dispuesto a ceder un centímetro. Por eso este Dios, este “miserable” no puede ser su Dios, el Mesías, el Salvador. Un zarrapastroso de Galilea no puede ser el Salvador.

Sus corazones ya estaban cerrados completamente. Vino la luz, pero no quisieron verla, prefirieron caminar en la sombra. Eso es todo. Así de simple.


Oremos:

Señor, no permitas que nos ciegue el poder, la vanidad, la riqueza, la comodidad. Que no prefiramos las sombras a tu luz. Que entendamos que es a través de nuestros hermanos que llegaremos a ti y que por tanto no podemos descansar mientras haya hambre, miseria e injusticia. Amén.

Que no reclamemos privilegios para nosotros, sino que seamos humildes siervos tuyos siempre, donde nos toque servirte.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 14 de septiembre de 2008

Reflexión: Jn 3,13-17

Jn 3,13-17

Realmente un misterio. Esa fue la voluntad de Dios…esa ES la voluntad de Dios: Salvarnos. ¿Qué cosa es salvarnos? Pues darnos una mano; sacarnos del abismo en que nos encontrábamos. Es que sin Dios no somos nada. Sin Dios nuestra vida no tiene sentido…eso es lo que no llegamos a entender.

Su voluntad es, fue y será…Los tiempos de Dios no son los nuestros. Este Dios, Creador, Infinito, se compadece de nosotros y quiere que disfrutemos con Él de la Vida de Gracia, de la Vida Eterna, del AMOR. Pero es tan grande, tan poderoso, tan inteligente, tan sabio, tan amoroso, que nos propone el camino para llegar a esta dicha eterna, pero no nos obliga a transitarlo, por el contrario, nos deja en libertad. Podemos seguirlo o no. Aun cuando lo más recomendable, lo más conveniente sería que lo sigamos, no nos obliga a hacerlo.

Este Dios nuestro, nos quiere y respeta tanto, que nos deja en libertad. Aun siendo tan pequeños e insignificantes, para Él somos dignos de respeto, de consideración, de amor. Es un Dios que nos mira la cara; que nos trata con cariño, como nadie sería capaz de hacerlo después del desprecio con que nosotros lo tratamos.

Él lo perdona todo, se humilla, se aviene a nuestra naturaleza y no contento con ello, muere sometido a insultos, infamia y crueldad, entre ladrones, como el más miserable de los seres humanos, todo para enseñarnos el Camino, para Salvarnos.

¿A cuántos más conoces que hayan dado la vida por ti?

Oremos:

Señor, dame sabiduría para entender el milagroso sacrificio de tu muerte en la cruz.
No permitas que me aleje de ti, que desprecie tu amor. Por el contrario, hazme agradecido seguidor tuyo.
Que sepa seguirte y llegue algún día a amar como tú.
Que tu sangre no haya sido derramada en vano; que ella me renueve y fortalezca cada día hasta que llegue el día en que seamos uno.
Permíteme servir a mis hermanos con humildad, no pidiendo nada para mí.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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