Roguemos al Señor - últimas reflexiones

Aldila - Oficial

lunes, 10 de noviembre de 2008

Reflexión: Lc 17, 1-6

Lc 17, 1-6

Escándalo, perdón y fe. Jesús habla de estos tres temas hoy. Es nuestro DEBER andar con cuidado, para no dar falso testimonio. Evitar la incoherencia, que finalmente termine por desorientar a nuestros hermanos. Lo peor que podemos hacer es escandalizar, a los que menos saben, a los sencillos, a los humildes, a los niños, que desconcertados pueden quedarse sin saber en qué creer.

Muy por el contrario, debemos preocuparnos por ser buenos ejemplos. No siempre todo habrá de estar en nuestras manos, pero en tal caso pidamos ayuda al Señor…Él vendrá en nuestro apoyo, si tan sólo tuviéramos fe “como un grano de mostaza”. No es casual que junto con el esforzarnos por ser fuertes, por ser coherentes, el Señor nos enseñe a perdonar y nos aliente a tener fe. No debemos doblegarnos; no debemos dejarnos vencer. Debemos seguir luchando, hasta el final. No claudicar, pero saber reconocer que nuestros hermanos son débiles, que son mortales, que son falibles y que por tanto merecen nuestro perdón siempre.


Oremos:
Pidamos al Señor que nos de la Gracia de saber perdonar, de no guardar rencor, de dar oportunidad a todo aquel que nos la pide.

Que nos de el coraje de llevar una vida decente, única, coherente. Que nadie se sienta engañado y mucho menos desengañado por nosotros.

Danos firmeza, para no claudicar ante cualquier pequeño embate y muy por el contrario, danos la fe necesaria para confiar en Ti siempre y jamás claudicar.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 9 de noviembre de 2008

Reflexión: Jn 4, 19-24

Jn 4, 19-24

La reflexión de este evangelio escogido para hoy por la Iglesia está destinada a hacernos reconocer lo verdaderamente importante, en nuestro trato con Dios, un Dios que es Espíritu y Verdad. No importa tanto el lugar en el que nos encontremos, no es el edificio, el templo, la ubicación geográfica lo que facilita nuestra comunicación con Dios. No es que tenemos que ir a algún sitio especial para que el nos escuche, es nuestra disposición interna, es nuestra actitud. A Dios que es Espíritu y Verdad, debemos adorarle en Espíritu y en Verdad.

Es en lo más profundo de nuestro ser, en lo más íntimo, en nuestro Espíritu que debemos edificar su templo. Es allí que debemos disponernos a adorarlo y sólo lo haremos si somos capaces de andar en la verdad, en la luz…si podemos ser traslucidos.

¡Qué más! No es que el Señor este contra las pompas, los altares lujosos, los templos imponentes, las ceremonias fastuosas, no. No, el no está en contra de nada…El está y nos enseña estar siempre a favor de…Nos enseña a ser positivos.

Dios vino a nosotros a través del pueblo Judío, Él quiso que así fuera. Pero no para establecer privilegios y es que este detalle, como el lugar para ofrecerle nuestra adoración, no es importante. Lo importante no es el lugar. Lo importante es la actitud, la disposición de la mente y del alma. Dios quiere que le adoremos en Espíritu y en Verdad; eso es todo. Si lo comprendiéramos...

Oremos:

Danos la ocasión para en silencio buscarte en la profundidad de nuestro ser, allí donde habitas, allí donde somos Uno contigo y nuestros hermanos.

Danos el valor para encontrarnos y aceptarnos en la Verdad.

Destierra de nosotros todo engaño, toda escaramuza para cubrir la verdad, para hacerla más suave, más digerible, menos exigente.

Que seamos capaces de reconocernos y enmendarnos, superando nuestras debilidades, nuestros egoísmos, nuestras bajezas.

Cuanto más puro sea mi corazón, más limpios mis pensamientos, menos temor tendré de exponerme, más ocasiones tendré para hacer el bien, de donarme, de entregarme y caminar en Tú luz…más cerca estaré de Ti: el Camino, la Verdad y la Vida.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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sábado, 18 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 10, 1-9

Lc 10, 1-9

Jesús envía a sus misioneros y les dice cómo deben comportarse…Tenemos que ir anunciándole, si llevar nada más que su palabra, que es un mensaje de paz y amor, quedándonos con quien quiere recibirnos. No andar de aquí para allá, sino quedarnos y compartir todo con quien nos reciba.

La misión no es fácil, pero quien tiene a Dios, nada le falta. No es preciso nada. Confiar en Dios, apoyarnos entre nosotros y en quienes nos quieran recibir. Con solo estas recomendaciones y la advertencia que vamos como corderos en medio de lobos, debemos afrontar nuestra misión. No hay nada más que decir, pues ya nos ha dado todo. Hay que tener fe, y con la fuerza del Espíritu Santo, marchar adelante, anunciando la Buena Nueva a quienes quieran oírla.

Nuestra misión es anunciar.

Oremos:

Señor danos lucidez e inteligencia para entender cuál es nuestra misión, luego valor y perseverancia para cumplirla.

Que no andemos con tanto rodeo antes de ponernos en camino. Que entendamos que lo único que necesitamos, ya lo tenemos.

Que no nos detengamos, si no para recibir aquello que es justo y necesario.

Que no andemos como picaflores, aquí y allí, sino antes bien, que nos detengamos y profundicemos con quienes nos reciben, mientras permanecemos allí.

Que no nos detengamos, que no nos estanquemos. Que comprendamos que nuestra misión no estará culminada en tanto queden gentes que no conocen a Jesús, a Dios Padre y al Espíritu Santo. En tanto hay pobreza, injusticia y atropellos.

Que seamos portadores de la paz y el amor de Dios Padre.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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viernes, 17 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 12, 1-7

Lc 12, 1-7

Jesús nos llama, nos invoca a ser coherentes. No podemos llevar una vida doble. Nuestra vida, nuestro comportamiento debe ser el mismo siempre, incluso cuando estamos solos. Debemos purificarnos, al punto que lo que pensemos, lo que digamos y lo que hacemos cuando estamos solos sea iguala que lo que decimos o hacemos frente a los demás.

Esto ha de ser así, si hemos comprendido que la vida es un Don Divino, que la hemos recibido de Dios Padre y que daremos cuenta de cada segundo de ella.
Pero este seguimiento a plenitud no es fácil. Tendemos a caer en la tentación de creer que sólo debemos guardar apariencias ante los demás y luego, cuando estamos solos, en privado, nos desbandamos. Esto no puede ser. Esto es lo que tenemos que evitar. Nuestra vida debe ser coherente única, siempre. A eso nos llama Jesús.

Por eso digo que debemos purificarnos. Entiendo ello como un proceso, que comenzado en algún lugar, termine por abarcarlo todo; por abarcarnos íntegramente, cada espacio, cada resquicio; más aún los íntimos, aquellos que nadie ve. Porque si somos y actuamos cristianamente en nuestra vida íntima, en aquella que nadie ve (sólo Dios, a quien no se le escapa nada), con cuanta mayor razón habremos de ser cristianos ante los demás.

Uniendo estas lecturas a las anteriores, en todas las cuales Jesús nos ha llamado a no ser falsos, a no ser hipócritas, ahora si puedo ver claramente de qué trata la CONVERSIÓN. El Señor nos llama a la conversión, pero desde adentro. Es en esta batalla interior donde debemos combatir al demonio, al mal, a las tentaciones. Donde debemos asegurarnos que Cristo venza primero. Si vence aquí, si toleramos que venza aquí, si fomentamos que así sea, si luchamos en nuestro interior por ello, de seguro vencerá afuera. Pero es en nosotros que debe vencer primero.

De allí la necesidad de oración permanente, de purificación. Él debe abarcarlo todo en nosotros. Solamente cuando nos haya copado, podremos dar verdadero testimonio de Él. ¡A eso debemos llegar! ¡A eso podemos llegar! Él está dispuesto a ayudarnos, para eso nos dejó los sacramentos, para eso nos envió el Espíritu Santo. Pero la opción es nuestra.

Recién lo entiendo. Cuando lo que diga y haga íntimamente pueda ser publicado a los 4 vientos, entonces habré logrado la conversión plena. Entonces, no andemos viendo la paja en el ojo ajeno, cuando tenemos una viga en el nuestro…¿Entiendes? ¡No juzguemos! Antes bien, fiémonos en lo que hacemos nosotros cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo. No se trata de reservar ciertos tiempos, ciertos momentos, ciertos lugares para nosotros…sin Jesús. ¡No!

Se trata de vivir y estar SIEMPRE a su servicio. ¡Ese es el reto!

Oremos:

Señor, te pedimos que nos hagas coherentes…Que nos des la capacidad para vivir UNA SOLA VIDA. Que no tengamos ningún temor de exponernos públicamente, porque en nosotros sólo hallarán transparencia. Siempre los mismos. Deseando a los demás íntimamente lo mismo que decimos públicamente.

¡Qué difícil, Señor! Pero con tu ayuda, con tu Gracia todo es posible. ¡Ayúdanos a ser coherentes, a vivir una sola vida!

¿Cuántas veces me he justificado diciéndome que cuando menos no hago escándalo? Sí Señor, es que he oído que todo se perdona, menos el escándalo y eso ha bastado para que me cuide que no se sepa lo que hago íntimamente. ¡Claro, me decía, mientras no escandalice!

Pero si me quedo allí, no avanzo. No es suficiente. Mi vida debe ser íntegra, una, dedicada PLENAMENTE a Ti.

El Espíritu de Dios debe penetrar en cada resquicio de mi vida, en cada rincón.

Mientras una cosa sea la que pienso y otra la que digo. Mientras no pueda refrenar y gobernar mis pensamientos, mis deseos y actitudes más íntimas, no alcanzaré la Santidad. ¡Y Tú me has llamado a ser Santo!

¡Eso es lo que hasta hoy no entendí!

Señor que me has permitido ver tu luz, ayúdame a ser coherente, a vivir iluminado por ella SIEMPRE. Purifícame, lávame, límpiame.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jueves, 16 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 11, 47-54

Lc 11, 47-54

El Señor no se anda con rodeos cuando tiene que deslindar su posición, cuando tiene que anunciar y denunciar, habla claramente, es enérgico y no deja lugar a dudas ni murmuraciones. ¿Por qué andamos tratando de interpretar sus palabras? ¿Será que queremos adaptarlas a nosotros, adecuarlas a nuestro comportamiento de modo tal que nos resulten inocuas y digeribles?

Es notable que en estos versículos se dirija nada menos que a los maestros de la ley, aquellos que se han levantado como regidores de la vida pública. Los que se supone deben velar por el buen cumplimiento de las normas y leyes que nos permiten vivir en sociedad.

Gobernantes, gerentes, directores, líderes, muy fácilmente caen en la tentación de poner cargas pesadas sobre los hombros de sus seguidores, de sus servidores, de sus empleados…cargas que ellos jamás se pondrían en las espaldas. Es cierto que se requiere cierta presión, cierto empuje para progresar, para desarrollar, para avanzar y mejorar. El bien común, la sociedad lo requiere. Debe haber exigencia, pero sin olvidar la justicia y sobre todo, sin olvidar lo que es más importante: la persona. Nada puede estar por encima de ella.

Más radical aún es la demanda que hace el Señor a todos aquellos que tergiversan la realidad, que a sabiendas engañan a los demás, a los inocentes, a los pobres, a los ignorantes. Cuanto de esto estamos viviendo hoy, que desconocemos de donde viene la crisis mundial, que desesperados buscamos a alguien que nos salve y caemos en las manos de seudo luchadores por la democracia y la libertad, que nos llevan al despeñadero. En nombre del “anti terrorismo” se comenten atrocidades con pueblos enteros, que son sumidos en la guerra, el odio y la destrucción.

¡Ay de ustedes, maestro de la ley, que se han quedado con la llave del saber; no han entrado ustedes y han cerrado el paso a los que intentaban entrar!


Oremos:

Señor, te pedimos que no seamos impedimento de ninguna clase para aquellos que de veras quieren encontrarte. Que no actuemos como filtro, como lastre, como engaño. Que no caigamos en el juego y nos convirtamos en tontos útiles del mal, del odio, del rencor, de la muerte.

Haz más bien que brille tu luz en nosotros, para que podamos alumbrar el camino a nuestros hermanos.

Perdónanos cuantas veces caemos en la arrogancia, en la petulancia, en la soberbia de creernos dueños de la verdad. Danos humildad para guiar a nuestros hermanos respetándolos.

No permitas que obremos por la fama o el reconocimiento; que solo el amor nos mueva. Que seas Tu el fuego que nos quema por dentro y que no nos detengamos hasta ver ardiendo la pradera.

¡Haznos dóciles al Espíritu Santo!

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

Incluimos aquí un video porque creemos que puede ayudar a la composición del lugar, es decir a situarnos mental u visualmente en las escenas que estamos leyendo en los evangelios.

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miércoles, 15 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 11, 42-46

Lc 11, 42-46

El Señor sigue hablando de nosotros, de todos los que andamos buscando la figuración, los privilegios, el reconocimiento, la notoriedad, los beneficios. De los que nos quedamos en lo superficial, en la postura, en las apariencias.

Si eso es lo que buscamos, si con eso nos conformamos, seguramente habremos de conseguirlo; pero ¿habrá valido la pena? ¿Eso es lo que quiere Dios de nosotros? Así se comportaban los fariseos. ¿Seremos fariseos?

O tal vez seremos como el maestro aquél, que con el pretexto de seguir la ley al pie de la letra, impone cargas a sus hermanos que no es capaz de llevar él mismo. Exigencia e intransigencia para los demás. Tolerancia, comprensión y permisividad para sí.

¿Cómo somos? ¿Cómo debemos ser? El Señor pone al descubierto: saca a luz todas nuestras debilidades, todas nuestras bajezas. Su Palabra penetra hasta el fondo y toca la fibra más profunda de nuestro ser. ¿Estamos conformes con lo que somos, con lo que mostramos…o estamos dispuestos a cambiar?

El Señor nos lanza un reto; nos señala El Camino. ¿Seremos capaces de transitarlo?


Oremos:

Señor, sin ti no soy nada, no soy capaz de nada. Contigo todo lo puedo. ¡Ven Señor Jesús, toma todo lo que soy, todo lo que tengo, todo te lo entrego a Ti. Haz de mi un instrumento de tu fe.

Quiero ser justo con mis hermanos. Dar sin importar cuánto, mientras me sea posible. No llevar cuentas.

Doblega mi arrogancia. ¡Qué mi alegría sea servirte a Ti, al más humilde, al pobre, al indefenso, al inocente!

¡Que no me compare! ¡Qué no compita por privilegios, por honores, por deferencias! ¡Que sienta como el mayor privilegio el poderte servir siempre y en todo momento!

¡Quita de mi toda máscara, apártala! ¡Hazme transparente, para que cuando mis hermanos vean y profundicen, no encuentren a otro que a Ti.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexión: Lc 11, 37-41

Martes 14 de octubre de 2008.

Lc 11, 37-41

Somos muy propensos a juzgar todo por las apariencias. Si alguien nos parece bien, porque se viste como nos gusta, porque mantiene el gesto que nos atrae, y en fin, porque su apariencia es atractiva, nos dejamos arrastrar. En cambio a aquel cuya apariencia externa no nos parece apropiada, lo marginamos, lo lapidamos, lo dejamos de lado.

¿Por qué somos tan propensos a la discriminación? ¿Por qué no somos capaces de sobreponernos y ver más allá de las apariencias? Tras las formas externas, la vestimenta, la cirugía estética (o la falta de ella), está el Espíritu de Dios mismo, en cada uno de nuestros hermanos.

Debemos luchar contra la hipocresía y la necedad de brindar privilegios por las apariencias. Esa es una gran torpeza, una estupidez de la que nos hemos hecho esclavos en el siglo XXI. Todos queremos ser guapos, atractivos y por eso rendimos culto a la estética, a la “eterna juventud”, a los trapos, a las joyas, a los autos, a las casas, a las comodidades, a los lujos…

Pero…¿Qué hay de la persona? Nos hemos olvidado de ella, por fijarnos en la decoración. Jesús, nos llama la atención. ¡Somos huecos!


Oremos:

Señor, que no ande por la vida dando la impresión que sólo me fijo en las apariencias, que sólo tengo palabras de adulación para los que “se ven bien”.

Que sea capaz de dar oportunidad a todos, sin fijarme en las apariencias.

Que las apariencias no sean el filtro, el obstáculo que me impida acercarme a mis hermanos y en ellos a Ti.

¡Que me esfuerce siempre por dar más de mi, sin importara quién!

¡Qué haga sentir bien a todos, pero sobre todo a los humildes, a los pobres, a los que no tienen cómo ocultar su pobreza, su humildad, su enfermedad, sus caries, su mal aliento, su hambre, su dolor y su olor!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexión: Lc 11, 29-32

Lunes 13 de octubre de 2008.
Lc 11, 29-32

Todos los días, todo el tiempo ocurren milagros a nuestro alrededor…Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. No los vemos y pedimos otras señales. ¡Qué otra señal más grande que la vida misma!

Jesús ha venido a salvarnos, cumpliendo la Voluntad del Padre. Nos ha rescatado de la muerte y del pecado, pagando con su vida por nosotros.

Nos ha reconciliado con nuestro Padre, nos ha mostrado el camino del amor y nos ha dejado el Espíritu Santo, para hacer posible que nosotros también transcurramos por la senda que conduce a la Vida Eterna, a la Felicidad, al Amor, al Padre.

¿Qué más queremos? Si todavía dudamos, si todavía titubeamos, será porque formamos parte de esta “generación perversa”.

Oremos:

Señor, sácanos de esta modorra, de esta pasividad que linda con la incredulidad. ¡Queremos servirte Padre Santo, danos la fuerza, el ánimo, la expresión, el gesto, la palabra!

Arranca de nuestra piel toda señal, toda presencia, toda similitud con la “generación perversa” a que se refiere Jesús.

¡Queremos contarnos entre los que creen, entre los que te siguen, entre los que hacen tú Voluntad!

Gracias Padre Santo por revelarnos el Misterio de la Salvación, Amén.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexión: Mt 22, 1-14

Domingo 12 de octubre de 2008.

Mt 22, 1-14

Hemos sido todos invitados a participar en el Reino. Todos hemos sido llamados, aun cuando algunos de nosotros podríamos pensar que hemos recibido una invitación especial, aquella en la que se incluye una tarjetita pequeña, en señal que somos íntimos, que somos invitados especiales. ¿Cómo no vamos a ir?

Sin embargo, cuantas veces despreciamos este llamado por atender otras cosas…tantas cosas que tenemos que hacer, tantas “obligaciones”, tantos negocios, tantas ocupaciones. ¡Uf…si no tenemos tiempo para nada!

Siempre nos estamos quejando por la falta de tiempo. Pero lo ocupamos en lo que de veras importa. O nos estamos distrayendo, dispersando, llenándolo de tonteras consumistas, de las que en realidad podríamos prescindir. ¿Qué es lo que realmente importa? ¿Le dedicamos el tiempo suficiente? ¿O estamos llenando nuestro día de una serie de tonterías sin importancia, para darnos mayor comodidad, mayor pompa, mayor lujo?

¡Anda a ver a tu hermano! ¡Anda a ver a tu Padre! ¡Visita al que sufre, al enfermo, al preso! Si es tiempo lo que más tienen, de lo que más dispones…Pues distribúyelo bien, entre lo que realmente importa.

¿Y, qué es lo que importa? Lo que el Señor te pide. Hacer Su Voluntad…eso es todo. ¡Qué fácil se dice!


Oremos:

Señor Jesús, ayúdame a comprender y distinguir lo importante de lo suntuario.

¡Permíteme hacer tu Voluntad, siempre!

No quiero ser de aquellos que te desprecian, de aquellos que te dejan para más tarde, para cuando tenga tiempo. Quiero estar en primera fila cuando me llames y asistir con el traje adecuado.

Permíteme ir siempre revestido de Ti. Que con eso me baste. Que no siga hurgando, revolviendo, buscando aquello que en realidad no Te importa, aquello que es banal, pasajero, frívolo, ridículo, egoísta…Que no caiga presa del orgullo, la vanidad y el consumismo.

Que ligero de equipaje, revestido de ti, me presente y responda oportunamente a tu invitación, Amé.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexión: Lc 11, 27-28

Sábado 11 de octubre de 2008.

Lc 11, 27-28

La alegría, la euforia que produce el conocimiento de Jesús es incontenible. ¡Cómo dejar de aclamar con esta mujer a María que dio a luz y amamantó a Jesús!

Sí, es imposible dejarse conmover con este Jesús ejemplar que vamos conociendo a través de los evangelios, este Jesús que, como dice el Padre Manolo en sus reflexiones (Les doy una Buena Noticia) es realmente ejemplar. Lucas lo ha ido presentando paso tras paso, faceta tras faceta.

Jesús debe ser El Ejemplo en nuestras vidas y me parece que esto es lo que Él quiere enfatizar en su respuesta.

¡Si pues, está muy bien! ¡Qué viva Jesús! ¡Qué viva María! Pero no nos quedemos en los cohetones, en las procesiones, en las devociones…Es preciso “escuchar la Palabra de Dios y cumplirla”.

Oremos:

Señor, permítenos ir más allá de las formas, más allá de las apariencias, para dar verdaderamente testimonio de Ti con nuestras propias vidas.

Deja que salgamos de nuestra euforia, de nuestra natural alegría por haberte conocido, para transmitir con nuestra vida tu mensaje.

No podemos quedarnos allí pasmados, embobados…debemos actuar.
Permíteme salir de mi mismo, de la lectura, de la interpretación, para pasar a la acción.

Danos la alegría, la felicidad de actuar siempre en tu nombre, Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexión: Lc 11, 15-26

Viernes 10 de octubre de 2008.


Lc 11, 15-26

No podemos pretender desconocer que existe el mal, que existe el demonio y que el actúa permanentemente, siempre al asecho, para caernos encima en nuestros momentos de debilidad. Lo peor que puede pasarnos es que vivamos permanentemente en ese estado de debilidad, es decir permitiendo que el mal vaya copando nuestras vidas, que vaya avanzando en ciertos sectores y que se vaya instalando. Esa es su forma de vencernos.

Debemos revisar nuestras vidas…¿No hay cosas malas a las que nos hemos acostumbrado? ¿No hay esquinas, lugares, costumbres en las que la debilidad, el vicio, nuestra miseria se ha anquilosado, lugares a los que no entra la luz, lugares en los que no dejamos entrar a Dios.

¿Qué tan grandes son esos espacios? ¿Crecen? ¿Se reducen? ¿Nos dominan?

Es bueno hacer un examen de conciencia. Poner todo lo que somos en el tapete y examinarlo honestamente. No podemos engañarnos a nosotros mismos. Debemos dejar que el bien avance en nuestras vidas y no el mal. Lo peor que podemos hacer es ignorar o pretender ignorar que el mal existe, e incluso desconocer que existe en nuestras propias vidas. Porque es así como el avanza, agazapado, en la penumbra, tomando cada resquicio que vamos dejando descuidado. Pequeños vicios, pequeñas concesiones, pequeños escapes, pequeñas mentiras, pequeños engaños…Cuando queremos abrir los ojos, ya es demasiado tarde…hemos sido invadidos.

Esa es la advertencia que hoy debemos tener en cuenta. ¡No lo dejemos avanzar! O estamos con Jesús recogiendo o estamos en contra, desparramando. Tenemos que tomar partido, cada día, a cada momento. No es cuestión de hacerse el inocente y dejar pasar las cosas como si fueran inocuas, cuando en el fondo sabemos que estas nos ponen de uno u otro lado. O estamos con Jesús o no lo estamos. Así de claro y definido es el asunto.

Oremos:

Señor, que enfrentados entre el bien y el mal, siempre optemos por el bien.

Danos lucidez para distinguir entre lo bueno, lo que pertenece al Padre y lo malo, lo que nos hace esclavos y nos lleva a la perdición.

No permitas que el demonio entre en nuestras vidas con sus sutilizas, con sus engaños. Permítenos descubrirlo tras su disfraz siempre.

Dame humildad, sencillez, limpieza de corazón, para no caer en sus garras, en sus trampas. Aparta de mi el egoísmo, el orgullo, la vanidad, la falsa modestia. Haz de mi un instrumento de tu fe.

Purifícame. lávame, límpiame y mándame ir a Tí.

Señor, defiéndeme, haz que mi fortaleza sea inexpugnable, quiero tan solo servirte a Ti.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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Reflexión: Lc 11, 5-13

Jueves 9 de octubre de 2008.

Lc 11, 5-13

Si antes Jesús nos había enseñado a orar, refiriéndonos al Padre, nuevamente aquí nos hace reflexionar en torno a la bondad del Padre. Hasta donde podemos pedirle, molestarlo, impacientarlo…Y qué podemos esperar de Él.

Por qué podemos creer tan fácilmente en nuestras cualidades y sin embargo nos cuesta pensar que si nosotros podemos ser tan buenos, tan generosos, tan comprensivos…cuánto más será nuestro Padre, que es Dios.

Jesús nos pretende hacer entender que si nosotros somos capaces de bondad, si podemos encontrar entre nosotros esa figura del padre ideal, entonces estamos en condiciones de entender que nuestro Padre, Dios, es infinitamente superior. Podemos esperar de Él, que nos dé lo que pedimos, aun importunándolo, pues de la misma manera actuaríamos nosotros con aquél que viniera con insistencia a pedirnos algo, aún en forma inoportuna.

Pero Jesús añade algo más, una idea, un concepto que muchas veces pasa inadvertido para nosotros, porque todo el texto anterior es tan rebosante, que nos detenemos en el, nos basta y nos sobra, aun cuando no lleguemos a entender la última parte.

Y sin embargo, si meditamos sobre lo que nos quiere decir con esta última pregunta, posiblemente recién podamos tener el cuadro completo de lo que nos quiso transmitir, de lo que debemos buscar. El don más importante, el bien más preciado, aquél con el cual somos invencibles: el Espíritu Santo.

¿Lo creemos? ¿Lo queremos? ¿O es algo más bien incomprensible, un pegote en el texto, que no alcanzamos a comprender y que por eso no tomamos en cuenta? Preferimos quedarnos con todo lo anterior, porque parece más amplio, más a nuestro gusto y nos permite crear nuestra propia escala, nuestra propia lista de necesidades, que seguramente serán satisfechas si pedimos con insistencia. Nuestra propia lista, en la que incluso no figura el “Espíritu Santo”. ¿A qué viene esta aclaración?



Oremos:

Señor, dame tu luz para entender que nuestro Padre nos ha dejado, nos ha dado el don más preciado, aquél que debía colmar todas nuestras aspiraciones, todos nuestros anhelos, el don del Espíritu Santo.

Permíteme entender que puedo pedir todo, puedo pedir lo que sea y si está en Tú Voluntad, me lo darás, pero que sin embargo ya hay algo que me has dado, algo que poseo que vale más que cualquier cosa que pudiera imaginar, querer o encontrar, y es el Don de Tu Espíritu Santo.

Báñame, lléname, cólmame de tu Espíritu, para que vaya por el mundo derramando tu Gracia, Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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