Roguemos al Señor - últimas reflexiones

Aldila - Oficial

viernes, 12 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 6,39-42


Nadie puede dar lo que no tiene. No se puede vivir en la hipocresía y la mentira siempre, llega un momento en que todo sale a luz. Debemos ser coherentes.

Pero qué fácil se nos hace poner exigencias a los demás, pedirles cosas, evaluarlos, medirlos, juzgarlos y sancionarlos por cosas que nosotros mismos no somos capaces de hacer. ¡Qué fácil es criticar! ¡Qué fácil andar despotricando de todo y encontrar en todo error y maldad! ¿Y nosotros? ¿Cómo vamos por casa?

Nosotros hacemos todo bien…¡Falsos, hipócritas! ¡Sólo Dios es perfecto! ¿Qué frutos estamos dando? Porque de lo que hay en nuestro corazón habla nuestra boca…

Sería interesante detenernos un momento a observar, a indagar, ¿qué piensan nuestros hermanos de nosotros? ¿por qué? ¿somos coherentes? ¿o tal vez sólo somos unos “figuretis” que decimos una cosa y hacemos otra? ¿somos un buen ejemplo para nuestros hermanos? ¿predicamos con el ejemplo?

Oremos:

Señor, te pedimos que nos ayudes a ser coherentes en nuestras vidas. Haznos dóciles a tu Espíritu, para hacer lo que debemos, lo que Tú nos propones siempre, y así guiar a nuestros hermanos.

Que habite tu Espíritu en nosotros, para que así con nuestras palabras y nuestros actos te bendigamos siempre.

Que sea a Ti a quien nuestros hermanos vean y sigan a través nuestro. Haz que te transparentemos.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 11 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 6,27-38


¡Qué difícil y qué distinto es ser cristiano! Se parece muy poco o nada a lo que somos…siempre llevando cuentas, pendientes de a quién saludamos y a quién no…quién nos debe, a quién prestamos; con quién nos juntamos y a quién escuchamos…

El Señor no nos propone un imposible, como a veces queremos interpretar, bajándonos la varilla y diciéndonos que habla en forma figurativa. ¡No! Eso literalmente y bien claro es lo que pide a todo cristiano; en eso consiste el amor, no sólo en frases bonitas, posturas y gestos, sino en actos de verdadero desprendimiento. No vivir encerrados en nuestro bienestar, en nuestra comodidad. Darles un espacio en nuestros pensamientos y oraciones a los demás y no sólo a aquellos que nos dan algo y por tanto nos hacen felices, sino a aquellos a los que nos caen antipáticos, a aquellos que evitamos…con los que no quisiéramos estar.

Amar, dar, perdonar, acompañar…

Oremos:

Señor, quiero pedirte perdón por todas aquellas personas a las que les he fallado, por todos aquellos a los que debí visitar cuando estuvieron enfermos o cuando estaban solos y tristes; por todos los que no he consolado; por todos aquellos a los que solo di mi indiferencia.

Haz Señor que me esfuerce cada día por amar a todos los que me rodean, no sólo a “mis predilectos”. Por el contrario, que me esfuerce más en dar a aquellos que no me caen bien, a aquellos que me maltratan, que me ofenden o simplemente me ignoran. Que sirva por ti y para ti, no por las ventajas que puedo obtener.

Que vea el corazón de mis hermanos y que pueda establecer un diálogo de corazón a corazón, allí donde todos somos hijos tuyos.

¡Permíteme SIEMPRE encontrarte en mis hermanos!
¡Haznos un instrumento de tu fe!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 6,20-26


El Señor nos hace reflexionar sobre la riqueza y la pobreza. La gran diferencia entre ambas y cómo la riqueza puede alejarnos de Dios. Pues un rico está tan satisfecho, tan lleno de sí mismo, tan cómodo, recibiendo incluso el reconocimiento de los demás, que sólo tiene espacio para sí en su vida, de este modo no queda ni un resquicio para Dios. Por eso los pobres, los que tienen hambre, los que tienen necesidades y aquellos de los que hablan mal por causa de Jesús, son benditos, pues estos tienen presente a Dios en cada instante de sus vidas.

Jesús nos señala dos caminos: el de la riqueza y el de la pobreza; el del bien y el mal; el del egoísmo hedonista que se regocija con su riqueza y el del amor. Quién ama, difícilmente puede acumular riquezas para sí, mientras haya pobreza en el mundo.

Dios está con los excluidos, con los que sufren, con los que padecen...

Nos dice san Basilio: «Quien ama al prójimo como a sí mismo no acumula cosas innecesarias que puedan ser indispensables para otros».

Oremos:

Señor haznos sensibles al sufrimiento y dolor de los demás. Que no nos ocupemos tanto de nosotros, como de nuestros hermanos.

Danos sensibilidad y espíritu de solidaridad.

Más que riqueza y cuanto bien puede haber en la Tierra, permítenos buscar, descubrir y hacer tu voluntad.

Que no se nos suban a la cabeza el orgullo y la vanidad. Permítenos servirte con humildad.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 9 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 6,12-19

Lc 6,12-19

Si algo atrae nuestra atención en esta lectura es la oración. Oración larga e intensa, que precede la elección de los 12 apóstoles. Toda acción trascendente en la historia de la Salvación, realizada por Jesús, es precedida de intensa oración, porque es a través de ella que se une al Padre, que dialoga con Él y finalmente, es ella que garantiza la realización de la Voluntad del Padre.

Luego, más allá de la elección, tan importante para la Iglesia, pues es allí que de algún modo la instituye, me llama la atención la fuerza que salía de Él, que todos podían sentir…por eso lo querían tocar. Nuevamente creo que está relacionada con la oración, con la unión al Padre, con el Espíritu y con su Misión.

Oremos:

Padre Santo, permítenos caminar haciendo el bien por donde vamos y a cuantos encontramos en nuestra vida. Que todos los que nos tocan o acompañan, sientan tu fuerza poderosa a través nuestro.

Haznos entender la importancia de la oración, de permanecer unidos a ti y a través tuyo al Padre. Que nuestros actos sean precedidos por la oración. Que no tomemos decisión sin conocer primero Tu Voluntad y que sea esta la que prevalezca e nuestras vidas.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lunes, 8 de septiembre de 2008

Reflexión: Mt 1,1-16.18-23


La Iglesia hoy nos pone frente a uno de los más asombrosos misterios y de algún modo lo devela, para el que quiere entenderlo o, quizás, para aquél que se le concede la Gracia de entenderlo.

Jesús, no aparece de un momento a otro en nuestra historia, sino que su presencia fue anunciada desde siglos, en los que tiene una familia humana, una procedencia conocida y distinguida en la historia de la Salvación. En toda esta historia, de muchas generaciones, de muchos siglos, comparte nuestra humanidad, tanto en pecado, como en virtud. No es que Jesús aparece intempestivamente y de un momento a otro.

Nuestro Padre no sólo está en la historia, interviniendo, diríamos en el pasado, o en la concatenación de cada uno de estos acontecimientos, sino también en el “presente”, en la Concepción de María, pues en ella interviene directamente el Espíritu de Dios, para, hasta en eso, compartir con nosotros nuestra vida, nuestra humanidad.

La Virgen María, por obra y gracia del Espíritu Santo, tendrá un hijo que será Hombre y Dios simultáneamente y que traerá la Salvación a la humanidad entera, como había sido anunciado desde siglos. ¡Qué mejor pacto! ¡Qué mejor alianza!

Este es el acontecimiento que celebramos hoy.

Oremos:

Permítenos Señor entender este gran Misterio de nuestra fe, este gran amor, que te lleva a intervenir en nuestra historia para, poniendo lo mejor de ti, lo más querido, Tu Hijo, darnos la Salvación…enseñarnos el Camino, darnos tu Luz.

Gracias Señor, por este enorme sacrificio que me hace sentir tan importante a tus ojos. Hazme merecedor de tan gran distinción.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 7 de septiembre de 2008

Reflexión: Mt 18,15-20

Mt 18,15-20

Corregir y ponernos de acuerdo para pedir. Que importante es vivir en comunidad, pendientes unos de otros. No podemos ser indiferentes a lo que viven y hacen nuestros hermanos. Como siempre decimos: “es su problema”, “a mí qué me importa, allá él”. Pues el Señor nos recuerda la obligación de corregir a nuestros hermanos, primero con discreción, con cariño, como se espera de todo hermano. Luego, con insistencia, buscar el apoyo de otros hermanos. No darnos por vencidos tan fácilmente. Sólo entonces, si no hace caso a la comunidad, tratarlo como un pagano. No dice que lo odiemos, que o aborrezcamos o lo aislemos, sino simplemente que lo tratemos como a un pagano, como alguien que no cree. ¿Y qué debemos hacer con aquellos que no creen? No seguirlos, no obligarlos, sino tratarlos con astucia. Pedir al Señor que derrame su abundante Gracia, para que llegue también para ello la luz, para que algún día vean.

Luego está la hermosa promesa de Jesús. Si somos capaces dos o más de ponernos de acuerdo y pedimos al Padre en Su nombre, Él nos concederá lo que pidamos. Porque donde se reúnan dos en su nombre, Él estará en medio. ¡Salgamos de nuestra soledad! ¡Busquemos a nuestros hermanos! ¡No desperdiciemos esta gracia! ¡Estemos siempre con otros y siempre que procuremos reunirnos y pedir en nombre del Señor! ¡Creamos que lo hemos conseguido y nos lo concederá!

Oremos:

Padre Santo permítenos entender la importancia de la corrección y luego, corregir a nuestros hermanos con amor. Como dice el Padre Manolo en sus reflexiones, “todos absolutamente todos necesitamos ser corregidos”. Y algo más nos recuerda Manolito, que Santo Tomas de Aquino dice que “la corrección entre los hermanos es una obra de misericordia, superior a la curación de enfermedades y a la limosna”.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

sábado, 6 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 6,1-5

Lc 6,1-5

Ninguna ley o norma puede estar por encima del hombre. Incluso aquella norma que el hombre pone para supuestamente honrar a Dios. Incluso esa, llegado el caso, como bien claramente nos enseña Jesús, no puede ser impedimento para actuar y atender las necesidades del hombre. El hombre es el Rey de la Creación. El hombre está por encima. Todo cuanto ha sido creado ha sido puesto a su servicio. ¿Y el hombre a quién se debe?

Como nos enseña San Ignacio:

“El hombre es creado para alabar, respetar y servir a Dios nuestro Señor y mediante eso salvar su alma. Las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre, para que le ayuden a alcanzar el fin para el que ha sido creado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar de ellas cuanto le ayuden para su fin, y tanto debe quitarse de ellas cuanto para ello le impiden.”

Oremos:

Señor, tu nos has hecho libres…enséñanos a entender esta libertad y a entender que ella no tiene sentido si no la ponemos a tu servicio.

Ayuda a los oprimidos en su lucha contra las tiranías de cualquier clase, que ponen sus intereses, su bienestar y sus riquezas por encima de los humildes y los desposeídos.

Libéranos de las ataduras del pecado, de la muerte, del hedonismo y de todo aquello que nos transforma en indignos hijos tuyos.

Hemos nacido para ser águilas y dominar el horizonte…que no nos conformemos con ser gallinas.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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viernes, 5 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 5,33-39


¿Cómo debe vivir el Cristiano? ¡Alegre! ¿Por qué? Porque está con el novio.

No podemos pretender recibir al Señor, vivir como Él y seguirlo, sin RENOVARNOS. Tenemos que cambiar totalmente. Sólo así podremos realmente experimentar la vida cristiana. Pero qué difícil es romper con todo aquello que nos ata y mantiene a los viejos estilos, a las viejas costumbres. Jesús viene a proclamar el Reino y como Él mismo lo dice, el Reino ya está aquí. Y si está aquí, y estamos con Él, no podemos estar tristes…todo lo contrario, debemos estar alegres.
Así es como debemos servir, como debemos amar y dar…¡alegres!

Oremos:

Señor, permítenos entender en nuestras vidas el cambio que tu nos propones, el cambio que tu nos traes y vivir conforme a él.

Danos la alegría de vivir y servir en tu nombre.

Permítenos ser portadores de la buena nueva, de tu buena nueva, ¡como debe ser! Alegres, porque la noticia que traemos es nueva y es buena.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 4 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 5,1-11


El Señor da abundantemente a quien hace su voluntad. Así, creer en Él, tener fe, dejarlo todo y hacer lo que dice, es garantía de abundancia en la vida. Pero hay que tener coraje y resolución para dejarlo todo e ir tras Él, como hicieron Simón y los hijos de Zebedeo. La llamada de Jesús es radical, exige compromiso. No podemos andarnos con rodeos, con medias tintas. Él propone con autoridad un Plan, un Proyecto: “Rema mar adentro y echa las redes para pescar”.

Para seguirlo tienes que estar dispuesto a dejarlo todo y remar mar adentro. Es decir, entregarte por completo a Él, haciendo su voluntad. Pero, ¿Cuál es su voluntad? ¡Eh ahí lo que tenemos que descubrir! La conoceremos a través de su palabra y de la oración.

No puede dejar de resonar en mí: vive como Hijo de Dios, amando y sirviendo a la humanidad, tus hermanos.

Oremos:
Señor, danos el coraje para dejarlo todo y seguirte cada día a donde vayas.

Que sepamos poner en orden todo lo que ocurre en nuestra vidas, priorizando siempre lo tuyo, es decir, el amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo, como a nosotros mismos. Nada debe estar antes; ese debe ser nuestro Plan, nuestro Programa.

Que sepamos dejarlo todo y asistir a nuestros hermanos que día a día nos piden algo, que nos exigen ir más allá de de nuestros propios deseos y planes. Que sepamos atender a aquellos que rompen nuestros esquemas.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 4,38-44

Lc 4,38-44

Curar y anunciar o curar, sin dejar de anunciar. Esa es la misión que nos da a conocer Cristo en este pasaje, misión que sus seguidores debemos asumir en nuestras vidas. ¡Sí! Se trata de poner manos a la obra, de enlodarse, de ensuciarse, de participar activamente, dando lo que podemos, lo que tenemos, lo que se nos pide, sin olvidarnos de anunciar. Es el anuncio, lo que anunciamos, lo que debe estar detrás de todos y cada uno de nuestros actos. Nuestra vida entera debe ser un anuncio. ¿Y qué es lo que anunciamos? Pues como dice Jesús, el Reino. Para eso vino Él aquí, para eso estamos nosotros, sus seguidores. ¿Y cuál es el centro de este mensaje? Que Dios es nuestro Padre, que nos creó por amor; que por lo tanto todos somos hermanos y como tales nos debemos amor.

Oremos:
Porque sepamos “curar”, atender, entender, dar, ayudar, amar a quienes lo necesitan y de este modo, Anunciar el Reino a todos.

Porque lleguemos a comprender o cuando menos aceptar y apreciar el misterioso don de la vida.

Por Beatriz, que siendo madre joven y teniendo una niña, un día tomó la fatal resolución de quitarse la vida, llevándose con ella los extraños motivos que pudieron llevarla a tal determinación, para que su espíritu encuentre la paz.

Por Alberto, que siendo sacerdote, relativamente joven fue atacado por un cáncer feroz que en muy poco tiempo se lo llevó a reunirse con el Padre, cuando todos lo necesitábamos aquí. Dale la paz que merece y ayúdanos a comprender este misterio.

Por Carlos, que hoy sería el hermano mayor de nuestra familia, que se fue al Padre aquejado por una enfermedad infantil cuando apenas tenía poco más de un año.

Por todos ellos que hoy, 3 de setiembre cumplirían un año más de vida, pero que ya partieron a reunirse con el Padre.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 2 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 4,31-37

Lc 4,31-37

Hablar con autoridad, sólo es posible cuando verdaderamente es el Espíritu el que nos guía, cuando nos hacemos su instrumento y nos dejamos confiadamente en sus manos. Cuando en mi vida soy consecuente con lo que predico; cuando mis obras, mis actos hablan de lo que soy y llego a ser verdaderamente un instrumento de fe. Entonces puedo hablar con autoridad y mi palabra, que ya no es mía, se convierte en el más poderoso bisturí, capaz de penetrar hasta el fondo del corazón y del alma del más duro de nuestros hermanos, del más escéptico, expulsando al demonio, que unos más que otros, vamos dejando que se vaya apoderando de nuestras vidas, hasta abarcarlo todo.

El antídoto, el enemigo del demonio, es el Espíritu. ¿Y qué es obra del demonio? Es todo aquello que nos aleja de la verdad, todo aquello que nos aleja de la justicia y del amor. El demonio quiere nuestra destrucción, se ufana de ella…el Espíritu, por el contrario, pone a la vida al centro, como el más preciado don. El que ama y defiende la vida, está con Dios. Y no se puede amar y defender la vida, si no se ama a los demás, a los que nos rodean, empezando por los más próximos.

Sólo habla con Autoridad, el que obra con Autoridad. ¡Ese es Jesús, nuestro modelo! Y a ese seguimiento estamos invitados todos.

Oremos:

Señor ayúdame a ser un instrumento de tu fe. Que seas Tú el que vive y obra en mí. Que me reconozcan por mis obras y que entonces pueda hablar con autoridad, para enseñar el camino a mis hermanos más pequeños, a los pobres, a los humildes, a los necesitados.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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lunes, 1 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 4,16-30

Evangelio: Lc 4,16-30

De veras me preocupa ser uno más de aquellos que viéndolo y oyéndolo no lo pueda reconocer. Ninguno puede entender aquello de “Hoy se cumple esta escritura”. Él es el Salvador, el Mesías anunciado por los profetas y está entre nosotros. Pero no lo aceptamos, queremos pruebas, muestras de su poder, como las que dio en otro tiempo y lugar. Nos falta Fe. No nos sentimos de los suyos, de los que Él quiere. Nosotros también necesitamos pruebas.

Veamos, tratemos de entender. Jesús está en su pueblo, con su gente, en su templo y todos esperan ansiosos por lo que dirá y hará. Habiendo oído todo lo que había hecho en los pueblos alrededor, se preguntaban cómo sería acá. Pero Jesús, en lugar de hacer aquello que todos esperaban dice que la profecía leída se ha cumplido y que el Espíritu del Señor está con Él y da a conocer la Misión para la que ha sido enviado. Es claro que no los va a complacer. Porque los quiere, porque los conoce, comparte con ellos lo más íntimo, lo más grande. Su Misión va más allá del gesto efectista que todos pedimos. No ha venido a hacer un show y mucho menos lo hará con aquellos que conoce desde niño, entre los que seguramente había muchos y muy queridos amigos.

No se trata de ir mostrando y demostrando su poder, porque no está en esta demostración nuestra salvación. Si así fuera, ya hubiera transformado el mundo con un solo chasquido de sus dedos. Pero no se trata de eso. No es magia lo que ha venido a hacer. No se trata de un truco, porque entonces nada tendría sentido, seríamos títeres, muñecos. ¡Pero no! Él sabe, porque Él mismo nos lo revela, que somos hijos del Padre y con la dignidad que nos da esta extraordinaria filiación, somos libres de elegir aquello que Cristo nos propone, es decir, nuestra salvación o nuestra perdición. Somos libres para construir o para destruir. Somos LIBRES. Podemos elegir amar y entonces construir; o cerrarnos en nuestro egoísmo y destruirnos, buscando egoístamente nuestra propia salvación.

Vale la pena transcribir las palabras que usa el Señor:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de Gracia del Señor”

¿Y qué respuesta le damos? Será la misma que le deparó la gente de su pueblo, que casi lo echa por el barranco.
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Señor, danos lucidez para entender tu mensaje y fe para aplicarlo en nuestras vidas.

Roguemos al Señor…
Te lo pedimos Señor

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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