Roguemos al Señor - últimas reflexiones

Aldila - Oficial

martes, 28 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,30-35

Jn 6,30-35

El Señor se ofrece como alimento nuestro, para alcanzar la vida eterna. El es realmente el pan del cielo, el pan de la vida. Quien le toma por verdadera comida y verdadera bebida no tendrá hambre ni sed nunca. Debeos ir hacia Él y creer en Él, eso es todo lo que nos pide.

Por eso el verdadero cristiano debe empezar el día buscándoles y ofreciéndole cada uno de sus actos, cada uno de sus pensamientos, haciendo todo aquello que más y mejor lo conduce hacia Él. Esa debe ser nuestra mayor preocupación, porque de ella recibiremos la mejor recompensa. Buscarlo permanentemente, tratando de aproximarnos más y más a Él y creyendo firmemente en su palabra.

Pero el creer no se manifiesta cerrando los ojos fuertemente y diciendo si creo…El creer debe manifestarse en cada uno de nuestros actos, en cada una de nuestras actitudes. Debemos vivir de tal modo que quien nos vea, crea por lo que ve, no por lo que decimos.

“Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed”. En esta oración aparentemente tan corta y tan sencilla el Señor nos ofrece dos ejes en torno a los cuales debemos elaborar el programa de nuestra vida. Dos ejes que en realidad, a la larga se transforman en uno solo: aproximarnos a Él siempre y hacer lo que Él nos dice…porque hacer lo que Él dice es la mejor forma, la única en realidad de decir “Yo creo en Ti”.

Ambas podríamos resumirlas en amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Son diferentes modos de decir lo mismo o como diría San Agustín, “ama y haz lo que quieras”. Porque de eso se trata finalmente, de Amar. De pasar por el mundo, por nuestra vida cotidiana prodigando amor a todos, sin distinción y en todo momento.

Oremos:

Danos Señor la fortaleza, la decisión y el valor para seguirte cada día de nuestras vidas, desde que amanece hasta que acaba el día. Que todos nuestros pensamientos, todas nuestras reflexiones y nuestros actos estén dedicados a Ti

Que sepamos cada día encontrarte en cada uno de nuestros hermanos y sirviéndoles nos acerquemos más a Ti.

Danos siempre de esa tu comida y bebida, para que seamos fieles hasta alcanzar la Vida Eterna.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lunes, 27 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,22-29

Jn 6,22-29

El Señor hace realmente milagros, y es por estas señales que estamos atraídos a Él, que le seguimos, esperando que haga para nosotros, para nuestras vidas también el milagro. Y, Él nos pide que enderecemos nuestras vidas, que la ordenemos según Él, como Él nos indica…Que creamos en Él, que es el enviado de Dios Padre.

Creer en Él, ese es el alimento para la verdadera vida, la Vida Eterna. Creer en Él es abandonarse totalmente en sus brazos, es dejarse llevar, atraer por Él, seguirlo a donde nos propone, obrando como meros instrumentos de su voluntad. Él que cree en Él abandona todo y sigue su llamado, a donde quiera que Él disponga que vaya. El que realmente cree en Él, hace su voluntad.

¿Realmente creemos en Ti a ese extremo, hasta ese nivel? O es que somos pura palabra, pura frase, pura pose…pura cáscara y poca nuez. El que cree en el prodiga la paz por donde va, lleva alegría, nunca está triste, porque el Señor ha vencido al mundo, al pecado, al dolor y a la muerte. Porque el Señor ha venido a darnos Vida y en abundancia. Porque camina en la Verdad y tiene la Luz y esta alumbra a todos por donde va.

El que cree en Dios y en Jesucristo su enviado, ese tiene Vida Eterna, por lo tanto no hay nada que lo venza, nada que lo turbe, nada que lo pierda…camina por sobre todo, todo lo puede, todo lo traspasa, no tiene límites, porque todo lo hace con el poder que le da Jesucristo, el enviado de Dios Padre.

El que cree en Jesucristo, el Hijo de Dios, no puede pedir mayor Gracia para su Vida, lo tiene todo y como Jesús, lo da todo. Porque no se prende una vela, una linterna, un faro para esconderlo, sino para que de luz y la de en abundancia, para que todos puedan verla, seguirla. Porque sus obras hablan de su bondad, porque sus obras hablan de el gran tesoro que lleva en su corazón y este no es otro que el Amor del Padre, conocido a través de Su Enviado, Jesucristo, Nuestro Señor.



Oremos:

Señor acrecienta nuestra Fe. Creemos en Ti, pero no lo suficiente, por eso a veces flaqueamos, dudamos, nos acobardamos. Haznos un instrumento de tu Fe.

Queremos andar confiadamente por los caminos, sabiendo que Tú estás siempre a nuestro lado.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 26 de abril de 2009

Reflexión: Lc 24,35-48

Lc 24,35-48

Como los discípulos entonces, nosotros hasta ahora no salimos de nuestra perplejidad. No nos creemos todo lo que se nos ha dicho. No nos creemos lo que nos ha enseñado Jesús. Queremos interpretarlo y adaptarlo a nuestra comprensión, a nuestra razón , que por si fuera poco está distorsionada por una serie de complejos, traumas, limitaciones, prejuicios y mil obstáculos que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida para que todo parezca y sea como nosotros queremos. Así, con tanta basura acumulada, con tatos parches, mentiras, hipocresías, superficialidades y castillos edificados sobre la arena, así con estos lentes contra el astigmatismo, cuando en realidad tenemos miopía, es imposible verlo. Y sin embargo Él está aquí, al lado de cada uno de nosotros, rodeándonos, abrazándonos, envolviéndonos, guiándonos, llevándonos, levantándonos, cuidándonos, empujándonos, propiciando cada situación, dándonos amor, dándonos vida.

Debemos sacudirnos de todo prejuicio, de todo temor, de todo pesimismo. El Señor está con nosotros y ¡ha vencido al mundo! Pedir al Señor que purifique nuestra alma, nuestra mente y nuestro corazón. Que nos haga como niños, como una fuente cristalina de agua fresca y pura, como el día más transparente, templado y soleado, frescos como la brisa del mar que da sobre nuestro rostro cuando paseamos por una playa en primavera. Que nos haga dóciles para encontrarlo y verlo en nuestras vidas, allí donde menos esperamos…En realidad, allí donde posamos los ojos. Porque Él está en todas partes…acompañándonos, guiándonos, mostrándonos el Camino. El nos dice donde debemos dar el siguiente paso, donde debemos posar nuestros pies y nosotros le oímos, pero no siempre le hacemos caso.

Somos necios. No nos llegamos a creer todavía que Él está a nuestro lado y que sólo quiere nuestra felicidad; la de todos y cada uno de nosotros. Sólo debemos hacerle caso. Oír y hacer ciegamente lo que Él nos dice. No hay nada que nos proponga que no sea por nuestro bien y si nos cuesta, seguramente la recompensa será muchísimo mayor. Solamente tienes que tirar la red del lado que Él te indica y verás que la pesca será abundante.

“Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas”. Hemos sido testigos y somos los primeros beneficiarios de esta Gracia. Somos consientes de ello. Somos testigos. Los testigos están llamados a dar testimonio verás de lo que han visto, oído y creído.



Oremos:

Señor acrecienta nuestra Fe. Creemos en Ti, pero no lo suficiente, por eso a veces flaqueamos, dudamos, nos acobardamos. Haznos un instrumento de tu Fe.

Queremos andar confiadamente por los caminos, sabiendo que Tú estás siempre a nuestro lado.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

sábado, 25 de abril de 2009

Reflexión: Mc 16,15-20

Mc 16,15-20

Este es el mandato de Cristo que debemos cumplir en forma imperativa. Es la misión que nos encomienda, y viniendo de Él, si verdaderamente tenemos Fe, no puede haber nada más importante, ni prioritario. Si realmente ordenamos nuestra vida y ponemos cada cosa en su lugar, si somos creyentes sinceros, no puede haber nada más urgente que cumplir lo que el Señor nos ordena: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.”

Si realmente entendemos que el Señor nos ha traído la Buena Nueva, la mejor noticia que podían darnos, seríamos necios si perdemos un segundo en esparcirla, empezando por quienes nos rodean, pero siguiendo por el mundo entero. No es tarea fácil, porque a muchos no les gusta, no les cuadra esta noticia, no es conveniente para sus intereses; al menos eso es lo que piensan.

Es que nos aferramos a lo que tenemos y nos da miedo perderlo. Andamos confundidos, pensando que son las cosas las que nos dan la felicidad, por eso mezquinamente las acaparamos y tratamos de no compartirlas con nadie. Rendimos culto a la posición, al tener más. La pasamos anhelando y deseando lo que otros tiene y somos infelices porque no tenemos tanto como ese o aquél. Entonces nos proponemos alcanzarlos y pasarlos, pero entonces surge alguien que tiene más y volvemos a ser infelices, hasta no pasar a este, ese y aquél. Vivimos en una carrera estúpida, constantemente de mal humor, comparándonos y sintiéndonos infelices y frustrados, porque nunca tenemos suficiente.

La mezquindad y el egoísmo son los primeros obstáculos a la Buena Nueva. Evangelizar esta tierra se hace difícil. Sin embargo, hay que recordar, como dice el Padre Manolo Cavanna sj, que esta es la tarea que Cristo nos ha encomendado, para la que no nos ha dejado solos. Esta es su obra, así que si nosotros ponemos los medios a nuestro alcance, el pondrá lo demás. Así ocurría entonces, como nos lo cuenta San Marcos: “Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.”

Lo hemos visto en varios de los pasajes de los evangelios de los últimos días…Fue suficiente que los discípulos hicieran lo que les ordenaba el Señor, para que tuvieran éxito en lo que hacían, logrando con creces lo que se habían propuesto. Es que el Señor nos necesita, como nosotros a Él. Si hacemos lo que Él nos dice, si nos proponemos y empeñamos en cumplir la misión que nos ha encomendado, solo bastará con poner lo que esté a nuestro alcance, para que el multiplique generosamente nuestros esfuerzos. Todo está en empezar. Pongamos nuestras manos, nuestras mentes, nuestros corazones y todo nuestro ser a su disposición, que Él hará el resto.


Oremos:

Padre Santo, danos el coraje para proclamar la Buena Nueva por donde vamos, con quien estemos…Y proclamar como san Pablo: ¡Ay de mi si no evangelizara!

Que nuestra vida toda sea una Buena Nueva para los demás. Que llevemos paz, alegría, concordia y esperanza. Que seamos portadores de consuelo para los que sufren, ya sea por enfermedad, por injusticia o marginación.

Haznos instrumentos útiles al servicio de la evangelización del mundo.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

viernes, 24 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,1-15

Jn 6,1-15

Estamos ante uno de sos asombrosos milgaros de Jesús, en los que quizás nos quiere mostrar que nada es imposible para Él, para su bondad, para su amor. Debemos poner nosotros los medios y dejarle el resto en sus manos. Ponemos lo poco que tenemos, lo poco que somos…pero si se lo entregamos a Él, lo reproducirá “ciento por uno”, todo lo que sea necesario, para que todos coman cuanto quieran y encima sobre…

Esta es la gran lección de hoy. No podemos confiar solamente en nuestra fuerzas, sin embargo, si ponemos todo lo que tenemos, todo lo que somos, por Jesús, Él hará su parte, Él lo multiplicará por todo lo que sea necesario hasta alcanzar a cubrir todo lo que queríamos y más…

¿Pero cómo es eso de poner lo que tenemos por Jesús? Pues se trata de dar al necesitado, al pobre, al humilde, al que sufre…a nuestro prójimo, a nuestros hermanos. El mundo tiene grandes necesidades, especialmente porque no hemos sabido distribuir la riqueza de la Tierra, porque unos cuantos tratamos de acapararlo todo, porque no somos generosos, porque guardamos y preservamos demasiado para nosotros, porque somos mezquinos.

Se trata de ser generoso con todo aquello que en realidad hemos recibido gratis de la bondad generosa de nuestro Dios Padre providente. Él nos ha dado todo, para que lo compartamos con quienes no tiene, con quienes lo necesitan. Basta que nosotros pongamos los medios, nuestra voluntad, nuestra organización, lo que tenemos, para que Él haga el resto. Demos, y lo que demos será multiplicado con creces.

Pero ojo, no lo hagamos por alcanzar mérito alguno, por lograr reconocimiento ni distinción alguna, sino por amor…por evidenciar el amor de Dios a todos nosotros. Seamos instrumentos. Aprendamos de Jesús, que ante el asombro de la gente que por lo que había hecho le quisieron coger para hacerlo rey, huyo sólo, al monte…
Otra más: "Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda." Necesitamos todo...no podemos ser de los que desperdician, de los que no aprecian lo que tenemos...Nada se debe perder, porque hay otros que lo necesitan.



Oremos:

Virgen María, ayúdanos a ser humildes y generosos como tu hijo Jesús. Que estemos siempre dispuestos a poner los medios, cuanto tenemos y somos, con la confianza que el resto lo hará Jesús.

Padre Santo, estamos empeñados en acrecentar tu reino, esta es Tú obra…ven en nuestro auxilio cuando llegue el momento.

Haznos dóciles y generosos…desprendidos. Que llevemos alegría, paz y tranquilidad, no sólo espiritual, sino incluso física a quienes lo necesitan.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 23 de abril de 2009

Reflexión: Jn 3,31-36

Jn 3,31-36

La humanidad entera celebra hoy el Día de la Tierra, la casa que nos dio el Señor para que habitáramos, para que preserváramos y cuidáramos para todas las generaciones que nos habrán de suceder y, ¿Qué hemos hecho de ella? ¿Qué es lo que anda mal en nuestro Planeta? ¿No ha sido obra nuestra? ¿No es esta una señal que vivimos de espaldas a Dios, que pretendemos alejarlo de nuestras vidas, que lo rechazamos, como todo aquello que viene de sus generosas manos? ¿A dónde podemos ir por este camino si no es a nuestra destrucción?

Pero no debemos temer, porque Dios ha venido a salvar al Mundo, por amor. No es por ningún merecimiento nuestro, es sola y únicamente por amor. Nuestro Señor Jesucristo, viniendo del Padre, se hizo hombre, como nosotros, para enseñarnos el Camino. Para darnos a conocer este misterio insondable, del inconmensurable amor de Dios, que nos amó primero, aun cuando estábamos perdidos y de espaldas a Él, nos tuvo compasión, nos amó y nos perdonó.

Dios ha enviado a su Hijo para que creamos en Él y de esta forma salvemos nuestra alma y tengamos vida eterna. Por ello debemos pedir, orar, implorar la Gracia de creer en Él, la Gracia de conocerle y seguirle cada segundo de nuestras vidas. La Gracia de dar testimonio de su amor con nuestra propia vida, con cada uno de nuestros actos, desde que amanece hasta que anochece, en todo momento y lugar, con todas sus creaturas, empezando por los que viven con nosotros, con nuestra familia, con nuestros compañeros de trabajo y con cada una de las personas que nos cruzamos ocasional o circunstancialmente. Y luego, debemos honrarlo preservando toda su Creación, haciendo racional uso de ella, no depredando ni contaminando, compartiendo los frutos de esta Tierra generosa, que es el hábitat que Él nos dio para que en ella construyamos nuestros hogar, para que en ella encontremos y hagamos el Camino. ¿Cómo maltratarla y despreciarla sin que ello constituya una negación de nuestro amor a quien generosamente nos la dio, sin ser ingratos, sin pecar?

Queramos nuestro planeta y sus frutos, y enseñemos a quererla a nuestros hijos.



Oremos:

Padre Santo, concédeme la Gracia de conocerte y amarte como Tú lo haces, a través de mis hermanos. Que muestre en cada uno de ellos el afecto que Tú nos tienes. Que mi vida sea un testimonio de Tú obra salvadora.

Ponme la palabra, el gesto, la mirada, la presencia adecuada, para que pueda llegar a los corazones de mis hermanos e iluminarlos con Tú Gracia…Hazme un instrumento de tu Fe.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 22 de abril de 2009

Reflexión: Jn 3,16-21

Jn 3,16-21

Tenemos que obrar correctamente siempre, no sólo cuando estamos en público, no sólo cuando estamos en presencia de alguien, sino SIEMPRE. Es cuestión de hábito. De práctica constante, de controlarse, de dominarse…de orientarse a donde uno debe y no siempre a donde uno quiere, por convicción.

Todo en este mundo debe ser tamizado y evaluado, bajo la perspectiva del hombre nuevo. Desde el punto de vista que el Señor nos ha enseñado con su Vida, las cosas se ven de otro modo. No como queremos que sean o como nos gustaría que fueran, sino como son. Porque la Verdad es una, la Luz es una, el Camino único.

Si podemos revestirnos con la perspectiva del Señor, si podemos configurarnos con Él, veremos todo como es y seríamos unos necios si no actuamos en función de esta realidad: SIEMPRE.

Me parece importante la acotación que hago con mayúsculas, porque creo que ese es uno de nuestros grandes peligros cuando procuramos seguir el Camino; caemos en la tentación de creer que nuestra vida privada, nuestra vida intima, no tiene por qué ser iluminada por la Luz, sino que podemos reservárnoslas para nosotros, como si fuera nuestro "pequeño feudo de libertad", en el que somos y hacemos lo que queremos…Solo así uno se explica lo que viene pasando con el Presidente Paraguayo, anteriormente Obispo Fernando Lugo…que resulta que tiene dos hijos y sólo sabe Dios qué otras cosas que ocultar…

Cuando hemos avanzado en el Camino, estamos tentados a realizar esa separación de nuestra vida pública y nuestra vida privada. Yo también lo he hecho…Creo que todos caemos en este error, que es signo de inmadurez espiritual, de pequeñez, de mezquindad. Es que no hemos comprendido que el Señor ha venido a hacernos libres y a salvarnos por completo…No tan sólo una parte de nosotros; no sólo nuestra vida pública, sino también la privada, porque somos una unidad. No es cuestión de aparentar, sino de ser, y de ser siempre, en todo lugar y bajo toda circunstancia. ¿Es difícil? ¡Claro que lo és! Pero cuando uno está convencido, cuando uno ha visto la Luz, no puede andarse con medias tintas, porque se engañará a sí mismo y pretenderá engañar a los demás y, tarde o temprano, todo saldrá a la luz. Y entonces…¿cómo quedaremos? Como unos infelices más, como unos hipócritas, como cualquier fariseo…Como Fernando Lugo.

Las palabras de todo este evangelio son sumamente ricas y claras. ¡Ay, si pudiéramos entenderlas en su profundidad, y hacerlas vida! Debemos leerlo y releerlo todo muchas veces…es imposible citar una parte, sin citarlo todo. Solo quiero subrayar que todo es obra del inconmensurable amor de Dios por nosotros. Este quizás debía ser la idea principal que debía iluminar nuestro entendimiento. Todo fue hecho por amor…por el Amor más grande que podría existir, el más vasto…aquél del que nuestro amor es sólo un reflejo: el Amor de Dios, el Amor divino.

Si Dios que todo lo ve, que todo lo sabe, me ha amado tanto y me indica cual ha de ser mi camino…y si para iluminar mi falta de entendimiento y mi dureza de corazón, me envía a su propio Hijo, para que me muestre el Camino y no lo entiendo y no lo sigo, es porque soy un necio. No hay otra explicación. Soy libre para elegirlo, pero entre la luz y la sombra, prefiero la sombra, las tinieblas o la oscuridad…esa es mi elección…ese mi juicio.



Oremos:

Señor ayúdame a vivir siempre en la luz. Que no desfallezca, que no me rinda, que no caiga en la tentación de creer que sin ti soy libre, todo lo contrario.

Gracias por darme la libertad y permitirme conocerte y seguirte. Dame fe para reconocerte y seguirte siempre, aun entre las dificultades y el dolor.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 21 de abril de 2009

Reflexión: Jn 3,7-15

Jn 3,7-15

El Señor tiene que ser levantado, así como hizo Moisés con la Serpiente en el desierto, para que todo el mundo crea. Esa es nuestra misión, hacer que todo el mundo lo conozca y crea. No estamos solos en ella. No depende solamente de nosotros, de nuestra fuerza, de nuestra capacidad. El Espíritu Santo nos acompaña. Así que en nosotros está el “poner los medios”: la decisión y la voluntad. Si llevamos una vida de oración, si constante mente estamos pidiendo Su Gracia, no nos queda nada más que confiar en ella. Tener Fe.

¿Cómo sabremos si estamos haciendo lo correcto? Si hemos nacido de nuevo. Si hemos cambiado nuestras actitudes, nuestra visión de la Vida…si nos hemos configurado con Cristo. Entonces sí sentiremos que “El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va.”



Oremos:

Señor concédenos la Gracia de nacer de nuevo, para dar testimonio de Ti todos los días de nuestra vida, aún a riesgo que no nos comprendan y piensen que nos volvimos locos.

Es a Ti a quien queremos seguir, a Ti a quien queremos dar a conocer. Que brille Tú luz en nosotros, para que todos te conozcan y te sigan.

Que cada día sea un nuevo renacer y un morir del hombre viejo, hasta que realmente alcancemos la “fineza espiritual” y la sensibilidad que nuestros hermanos buscan, para llevar consuelo y paz a todos los afligidos, a los que sufren, a los que padecen por causa de la injusticia, a los hambrientos y necesitados…


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lunes, 20 de abril de 2009

Reflexión: Jn 3,1-8

Jn 3,1-8

Todos estamos invitados a nacer de nuevo. Y es que realmente debemos nacer de nuevo para poder conjugar nuestro espíritu con el de Jesús. Tenemos que nacer de lo alto, es decir que este renacer es una Gracia que Dios nos otorga. Sólo entonces podremos ver el mundo como Dios lo ve, con sus ojos y no como hasta ahora lo habíamos visto.

Seguir al Señor exige de nosotros este cambio total de actitud. Es vivir según el Espíritu, que “sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va.” Es hacernos totalmente disponibles a sus mandatos, a seguirlo por donde indique…A echar nuestra red donde Él nos indique…O cómo en las bodas de Canaán, hacer caso a las palabras de María: “hagan lo que Él les indique”.

Esta es una Gracia que el Señor nos da y que sin embargo debemos pedir incesantemente, pues solo entonces sabremos que todo lo que decimos, pero sobre todo lo que hacemos, está inspirado por Él y busca su mayor gloria.

Este ha de ser el mayor móvil y motivación de nuestros actos. Como diría San Ignacio, en el Principio y fundamento:

“El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado.
De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden.
Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados.”




Oremos:

Señor concédenos la Gracia de nacer de lo Alto, del Agua y del Espíritu, para que te sirvamos siempre, hasta el último suspiro de nuestras vidas, Amén.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 19 de abril de 2009

Reflexión: Jn 20,19-31

Jn 20,19-31

Todos estos versículos finales de los evangelios están marcados por el desconcierto y depresión en que cayeron los discípulos de Jesús, tras su muerte en la cruz. Lo ocurrido los llevó a caer en la incredulidad. Uno tras otro se suceden estos episodios en que manifiestan su incertidumbre. No llegaban a entender lo que había ocurrido, de lo cual ellos había sido testigos de excepción.

Jesús tiene que hacerles notar una y otra vez que era Él, y que todo había ocurrido conforme se había dicho en las escrituras y conforme él mismo se los había comunicado. Estaban en shock, anonadados, obnubilados. Necesitaban que alguien viniera y los sacara del estado de ensimismamiento, de enclaustramiento en el que habían caído. Esta fuerza sería, finalmente, la del Espíritu Santo.

Como que todos estaban a la espera de esta gran confirmación. Tomás es el más elocuente al respecto. Es que ellos habían esperado un Rey a nuestro estilo, un rey de este mundo, que derrotara militarmente a los romanos y que usando de todo su poder les diera una lección a quienes osaran amenazarlo, no digamos crucificarlo.

Pero nada en esta historia se hizo a nuestro modo. Y si leemos estos acontecimientos con ayuda del Espíritu Santo, tal vez lleguemos a comprender que fue mejor así. Que este fue el Plan que ideo Dios mismo para salvarnos, y que solo así sería posible derrotar al pecado y a la muerte, nuestros más grandes enemigos. Y una vez trazado el Camino por Jesús, solo cabe esperar que todos lo transitemos libremente, propagando entre nuestros hermanos el secreto.

Si habremos de salvarnos será acogiendo LIBREMENTE el Camino y la Palabra del Señor. Dios, que es nuestro Padre, envió a Su Hijo amado a enseñarnos el Camino. Nadie nos obliga. Así, la condenación o la salvación están en nuestras manos. El Camino es el Amor. Esta es la Verdad que todos nuestros hermanos deben conocer. Y los que la conocemos, tenemos la OBLIGACIÓN de propalarla, de hacerla conocer a los demás. ¿Cómo? Mediante el ejemplo, en cada instante, cada segundo de nuestras vidas. Así seremos dignos de alcanzar Sus Promesas.


Oremos:

Señor danos la fortaleza para perseverar siempre en el amor, más allá y por sobre todas las cosas. No permitas que flaqueemos, que dudemos, ni retrocedamos. Y si en algún momento caemos, danos el valor para reconocerlo, levantarnos y volver por el Camino.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

sábado, 18 de abril de 2009

Reflexión: Mc 16,9-15

Mc 16,9-15

¿Qué más? ¿Más claro? El agua.

El Señor está cerrando su predicación…su presencia como hombre, como Hijo de Dios entre nosotros. Todo lo que ha hecho y nos ha mostrado tiene sentido. O quizás debiéramos decir que lo tendrá, si nosotros hacemos lo que Él nos pide, lo que nos ordena: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación”.

Tenemos un mandato. Como dijeron nuestros obispos en la V Conferencia General del Episcopado, en Aparecida: “No tenemos otro tesoro que este. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias.”

Resistencias las ha habido siempre. Ya vemos que a sus mismos discípulos Cristo “les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado.” Pero creo que la principal resistencia está en nosotros mismos, que no queremos comprometernos, que no queremos incomodarnos. Y es que vivimos en el engaño permanente, pensando que todo puede pasar suavemente por nuestras vidas, sin “hacer olas”, sin jugárnoslas. Pero eso es mentira. Tarde o o temprano llegan las dificultades y finalmente la muerte, y si no hemos llevado una vida digna, en la que hayamos puesto en juego todos los dones recibidos, Jesús nos escupirá por tibios.

Es que podemos vivir como el avestruz, escondiendo la cabeza y pretendiendo que nada pasa, que nada nos toca, que nada nos incumbe, pero tarde o temprano llega la hora de dar cuentas y entonces será demasiado tarde. Tenemos que llegar a comprender que la vida sólo tiene sentido, cuando somos capaces de darla por los demás. El que trata de conservarla y preservarla para sí, en realidad la pierde. Para dar frutos la semilla tiene que morir…

Nos cuesta entender la vida y el sentido de ella. Sin embargo tenemos tantos ejemplos en nuestra propia vida de felicidad. Detente un momento y revisa sinceramente: ¿No has sido feliz cuando has podido dar algo de ti, algo que te ha costado? ¿No es la felicidad de los que quieres la que te hace a ti feliz? Pues he ahí una muestra.

Camina haciendo el bien y procura solamente prodigar felicidad a los demás, aunque te vaya la vida en ello. Comparte generosamente lo que tienes; esfuérzate un poco por llenar las vidas de los demás, no la tuya. Da, sin mirar a quién. Solamente da. Recuerda que tienes una misión y que tal como nos lo dijeron nuestros obispos en Aparecida “no es una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana.”

Finalmente, nos recuerdan los obispos, “el discípulo misionero ha de ser un hombre o una mujer que hace visible el amor misericordioso del Padre, especialmente a los pobres y pecadores.”



Oremos:

Señor ayúdame a ser un verdadero emisario tuyo, a llevar la buena nueva por donde voy, con hechos, no con palabras. Que viva y me comporte cristianamente, SIEMPRE.

Quiero ser discípulo tuyo y no guardarme nada para mí. ¡Sacúdeme de esta modorra, esta tibieza, esta mediocridad! ¡Quítamela de encima, para que sea digno de llamarme hijo tuyo!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexión: Jn 21,1-14

Jn 21,1-14

El Señor viene a nosotros y nos dice lo que debemos hacer; dónde debemos pescar. Sin embargo nosotros no siempre estamos dispuestos a verlo y somos tan necios que no hacemos lo que nos dice. No aceptamos su palabra, dudamos de ella, nos resistimos a comprenderla…queremos interpretarla, cuando el es tan claro. Pero como siempre, no hay peor ciego que el que no quiere ver…Y la verdad es que no queremos ver lo evidente, porque nos incomoda, porque preferimos seguir haciendo lo que queremos, como queremos y donde queremos. Y sin embargo nos llamamos cristianos. Queremos acomodar todo a nuestra conveniencia y como no siempre lo logramos, entonces nos decimos que no entendemos lo que nos quiere decir…¡Claro! No queremos entenderlo, porque lo que a lo mejor nos está diciendo es que dejemos de hacer lo que estamos haciendo y que hagamos lo correcto, lo que debemos hacer.

Ahora, no es casual que los discípulos estén pescando y que entonces el les diga dónde deben echar la red para recoger abundante pesca. Hay que recordar que cuando Jesús llama a Pedro, su hermano y los que estaban con él, les dice: “Venid conmigo y yo os haré pescadores de hombres”. Esto no es sanscrito…No se trata de un lenguaje oculto que todos debemos tratar de comprender e interpretar para aplicarlo a nuestras vidas. Es mucho más sencillo que eso. No tenemos que darle tantas vueltas, ni pasarlo por veinte tamices, hasta que calce con lo que yo quiero. Se trata de hacer lo que el quiere, lo que el nos pide y donde el nos indica: entonces tendremos éxito, como los discípulos en esta escena del evangelio.

¡No interpretes! ¿Qué es lo que quiere Jesús? Quiere hacernos pescadores de hombres. ¿Qué quiere decir eso? Obviamente no vamos a empezar a seguir a todo el mundo con un anzuelo de los que se usa para pescar, eso sí sería pura demencia. Se trata de llevarlos, de atraerlos a Jesús. De mostrarles el Camino, la Verdad y la Vida. Mostrarles a Jesús tal como nosotros lo hemos conocido e invitarlos a seguirlo. Pero esto no se muestra con palabras…se muestra con actos, con hechos. Lo tenemos que mostrar con nuestra vida misma. ¿Cómo? Muy sencillo: amando. No importa donde estés, con quien te toque estar y lo que estés haciendo: ¡Ama! Como diría San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”.

¿Qué quiere decir esto? Que si eres bombero, soldado, oficial, profesor, futbolista, abogado, ama de casa, hermano, juez, burócrata, congresista, monja o presidente, desde que empieza el día, hasta que termina, en cada uno de tus actos debes manifestar amor al prójimo, es decir a aquél que siempre u ocasionalmente está contigo. Si tú das siempre este testimonio de amor, estarás obrando cristianamente y atraerás con tus actos a los demás, estarás pescando. Y si estás atento a las indicaciones del Señor, el te dirá donde echar la red para que tengas una pesca abundante y así, los resultados de tus acciones rendirán con creces.

Así, no es tan difícil entender a Jesús…¿No te parece? Lo difícil es amar…amar siempre y a todos. Siempre tenemos la tentación de jalar agua para nuestro molino. Siguiendo el ejemplo de la pesca, es como si teniendo un “patrón” para el que trabajamos –Jesús-, que es tan generoso que siempre nos dará lo que necesitamos y en abundancia, a pesar de saber ello, quisiéramos guardarnos, escondernos unos peces para nosotros…¿Por qué habríamos de hacerlo, sino por ambición desmedida, por egoísmo, por mezquindad o por estupidez? Sin embargo, muchas veces obramos así…



Oremos:

Señor perdóname por las veces que he sido mezquino contigo, procurando hacer mi propia pesca, llevando agua para mi molino, pretendiendo “hacerme el loco”, cuando conozco perfectamente cuál es tu voluntad y cuál es mi misión.

Dame la valentía, el coraje para amar siempre a todos, sin distinción. Guía mis actos…empújame, si es preciso. ¡Quiero servirte siempre, pues sé que no hay mejor misión, ni mejor tarea que estar a tus órdenes, siempre!



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY