Roguemos al Señor - últimas reflexiones

Aldila - Oficial

sábado, 14 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 15,1-3.11-32


Estamos frente a uno de los episodios más conmovedores del evangelio, la parábola del hijo pródigo. Podemos reparar que Jesús la cuenta a propósito de las murmuraciones de los escribas y fariseos, por las malas juntas que este tenía, al reunirse con publicanos y pecadores.

Los “dueños de la verdad”, los “limpios”, los “puros” resentían que Jesús se juntara con aquellos que ellos rechazaban o cuando menos mantenían distancia, para no contaminarse. Les escandaliza que Jesús ande con pecadores y seguramente también con pobres, humildes y andrajosos.

Jesús en cambio, no rechazaba a ninguno que se le acercara y no temía juntarse con nadie. Conversar, ayuda, alivia, cura a prostitutas, leprosos, cobradores de impuestos, oficiales romanos y cuanta gente le buscaba afligida, arrepentida, dolida…Jesús era portador de paz, la transmitía y obraba un gran cambio en quienes lo recibían. Jesús venía a anunciar al Padre de todos, al Padre de la humanidad entera, de buenos y malos, de ricos y pobres, de sanos y enfermos, aun de los despechados y pecadores como el hijo pródigo.

Y es que Jesús, como dirá en otro momento, ha venido a sanar a los enfermos. Es penoso y lamentable que el que está bien, el que lo ha tenido todo, incluso claridad y discernimiento, recienta que su hermano menor, ofuscado, ambicioso y seguramente preso de sus debilidades, habiendo caído en lo más hondo, haya recapacitado y vuelto al Padre, lejos del cual le era imposible vivir. Más aún, que recienta el extraordinario recibimiento que le hace el Padre, “porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado”.

Debemos procurar comprender esta parábola para tratar de entender el inmenso amor que nos tiene el Padre, quién para reconciliarnos, para salvarnos fue capaz de enviar a su único hijo, al que maltratamos y mandamos morir en la cruz. Arrepentidos volvemos los ojos a Él y Él nos perdona, abraza y nos vuelve a dar nuestro lugar de hijos y herederos del reino. Hemos sido perdonados, hemos sido salvados…

Oremos:

Señor, no permitas que viva comparándome siempre con mis hermanos y mucho menos envidiando o anhelando lo que tienen. Dame fe para saber que tú me das lo que necesito a cada instante y valor para vivir con ello dando testimonio de tu amor.

Dame generosidad para alegrarme del bien que produces en mis hermanos. Permíteme seguirte siempre y si flaqueo, ayúdame a encontrarte y caminar siempre por tu senda.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

viernes, 13 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 21,33-43.45-46


Jesús no se anda con rodeos, ni le dora la píldora a nadie. Es que ha venido para revelar la verdad y enseñar el camino y en esta ocasión sin ningún reparo se la canta a los poderosos: los grandes sacerdotes y los notables.

La parábola es prácticamente un resumen de la historia sagrada, es decir la historia de la relación de Dios Padre con nosotros, su pueblo. Es un anticipo de lo que ocurrirá con Él a manos de los “inquilinos de la viña”. Sus palabras son incómodas y provocan la ira de los poderosos, que de buena gana lo hubieran detenido y seguramente desaparecido, si no hubiera estado acompañado por una multitud que lo seguía.

El cambio de categorías es total. El Señor ve con otros lentes, con otra óptica el mundo y esta no coincide con la visión del poder establecido. No lo hizo entonces, no lo hace ahora. ¿Cómo podría estar de acuerdo ahora en cómo llevan los que detentan el poder este planeta, si teniendo suficiente riqueza para terminar con el hambre y la pobreza, la destinan a la fabricación de armas, a la guerra, al asesinato, al asedio, a la persecución de pueblos indefensos, al abuso y al maltrato?

Les dio la viña ¿y qué han hecho? ¿Qué hacemos nosotros con la parte que recibimos? ¿Cuál es nuestra responsabilidad en este maltrato? ¿De qué lado estamos? “La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido.”

A los que actuamos irresponsablemente con todo lo recibido, a los que somos indiferentes y con ello consentimos el maltrato a nuestros hermanos y a toda esta heredad, al planeta, “Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos”.

¡El que tenga oídos que oiga!

Oremos:

Señor, dame tu luz para ver en cada ocasión el lado de la justicia, el lado del amor, el lado de la verdad.

Sí, es seguro que casi siempre este estará del lado de los pobres, de los humildes, por ello te pido que aparte de mi la soberbia y la comodidad, que me ciegan y nublan la vista.

¡Hazme perfecto como nuestro Padre que está en el cielo! ¡Hazme santo!

Dame fe.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 12 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 16,19-31


Una lectura realmente conmovedora…Diría que terrible. Tenemos nuestra oportunidad de creer en el evangelio y cambiar, y convertirnos: “conviértete y cree en el evangelio” nos dijeron el miércoles de ceniza. Eso lo tenemos que hacer ahora, en vida, ahora que tenemos la oportunidad. Después será demasiado tarde.

El pasaje que leemos es bien duro y triste. El hombre rico, cuyo nombre ni sabemos, se perdió, cegado por su indiferencia. Seguramente miraba por sobre el hombro a todos y jamás inclinaba si quiera un poco su vista al suelo, de otro modo hubiera visto a Lázaro. En cambio este último, al que incluso los perro lamían sus llagas y que se hubiera contentado con las sobras que caían de la mesa del rico, pudo registrar su nombre entre los escogidos y luego de una vida de sufrimiento y males, le tocó gozar del bien, de la vida eterna.

Hoy el mundo se debate en una crisis tremenda, de la que sólo estamos viendo el comienzo. Los ricos con su sistema económico, organizado solamente para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, intenta salvarse de la pérdida de parte de sus riquezas y para ello toman medidas que sólo darán por resultado pérdida de empleo, de poder adquisitivo, incrementando el número de pobres y profundizando la pobreza misma.

¿Por qué no se preguntan si no ha llegado la hora de dejar de acumular y en vez de ello empiezan a repartir lo que tienen con los que fueron menos favorecidos? Es que su idolatría es tan grande que jamás se desprenderán realmente de lo que les importa, con las justas si dejan caer algunas migajas. Si los ricos del mundo quisieran, hace rato hubieran solucionado el problema del hambre y la pobreza en la Tierra. Si en vez de gastar inmensas fortunas en guerras insulsas, criminales y abusivas, destinadas a enriquecerlos más, hubieran oído el clamor de los pueblos y hubieran repartido algo de lo que poseen, no estaríamos ante tan grave crisis, ni habría tanta miseria.

Algún día, quizás se den cuenta. Pero quizás entonces sea demasiado tarde. De allí la urgencia de evangelizar. Todos hemos sido llamado, aunque no todos entraremos…Es nuestro deber proclamar que hemos encontrado la mayor riqueza a la que el hombre puede aspirar…¡El amor!


Oremos:

Señor, haznos comprender la urgencia de tus palabras y que nos pongamos manos a la obra ¡ya!, llevando la esperanza y la necesidad de cambio a todos nuestros hermanos, pero especialmente a los que más tienen, para que alivien en algo la pobreza de los miserables, ahora que pueden hacerlo.

Aparta de nosotros toda ambición, toda mezquindad, toda soberbia y avaricia. Haznos generosos y nobles.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 11 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 20,17-28


Qué fácil es pedir y buscar para nosotros privilegios…ser los primeros, ser los más grandes. No dejamos de pensar e imaginar el Cielo con nuestras categorías, por eso queremos estar siempre adelante, arriba, primeros.

Sin embargo el Señor nos recuerda algo que es central en su predicación y que debe serlo siempre en el proceder y en la actitud verdaderamente cristiana. El que quiera ser grande, el que tenga poder, debe hacerse servidor de los demás, el que quiera ser primero debe hacerse esclavo.

Incluso dice, podría darse el caso que alguno de nosotros esté dispuesto a llegar al sacrificio que Él está próximo a realizar, pero no depende de Él otorgar ningún privilegio en el Cielo. Pero Él mismo no ha venido a sacrificarse para ganar un puesto, sino para salvarnos. Es decir que antes que cualquier recompensa, antes que cualquier beneficio o ganancia a la que pudiéramos sentirnos merecedores, está el servir. Como siempre e invariablemente, primero están los demás. Esta es la verdadera actitud cristiana: dispuesta siempre a servir, aún hasta el sacrificio más grande por los demás…Lo que venga después, es cuestión que corresponde decidir a nuestro Padre amado.


Oremos:

Siempre estamos pensando en nuestros beneficios, en lo que estamos dispuestos a pagar por aquello que queremos ganar. Señor, que no pensemos tanto en nuestras ganancias como en el bien que podemos hacer a los demás.

Que nuestra mejor motivación sea el servicio a los demás. Antes y primero cualquiera de nuestros hermanos, después nosotros.

Queremos seguir tu ejemplo y servir al mundo tal como tú nos enseñaste. Si hemos de ser esclavos que sea del amor.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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martes, 10 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 23,1-12


Jesús nos llama a la reflexión respecto a la actitud que debemos mantener siempre y mucho más aún cuando llegamos a ocupar lugares importantes en nuestra comunidad, ya sea como dirigentes espirituales (con mayor razón) como autoridades de cualquier tipo.

¿Cuál es el problema con los escribas y fariseos? Que están sentados en la cátedra de Moisés, se encuentran en la más alta posición…Entonces hay que hacer lo que dicen, no nos queda otra, pues sino sufriremos las consecuencias. Ellos tienen el poder para ordenar y disponer. Así, será muy difícil que dejemos de hacer lo que disponen. El Señor aquí lo reconoce. Sin embargo nos pide que no los imitemos, porque son abusivos, incomprensivos.

¡Qué fácil es desde las jefaturas echar sobre los hombros de lo subordinados cargas que jamás hemos llevado, ni seríamos capaces de llevar! Arrimarle todo al que más aguanta, al que más asimila. Total, mientras no proteste, sigamos dándole, sin más reconocimiento que la misma paga, sin consideración, recordándole lo que son sus deberes, si en algún momento levanta la cara o trata de insinuar el menor gesto de incomodidad, de cansancio, de agotamiento, de desaliento…

Se prioriza todo aquello que puede aumentar los ingresos, las utilidades…Aún se invierte en nuevos equipos, nuevos materiales, eventos de marketing, campañas publicitarias, promoción, regalos, etc, sin embargo la cifra de sueldos y salarios permanece intacta, es más, se fusionan puestos, se reduce el personal…En el último que se piensa es en el ser humano que lleva sobre sus espaldas la empresa, el negocio, la institución. ¿Cómo se las arregla? Es su problema, mientras esté al día siguiente nuevamente a las 8 de la mañana, con buen ánimo y dispuesto a asumir todo lo que se disponga hasta la hora que sea necesario, sin sobre tiempos ni beneficios de ningún tipo. ¡Total, la fuerza laboral es tan grande, que como burros de carga, todos son reemplazables!

Por si fuera poco, estos “jefes” se han apoderado también de nuestra religión, participan en las eucaristías, comulgan, ocupan los más importantes lugares e incluso se dan el lujo de predicar, de decir que son cristianos y que sus organizaciones también lo son…

Por eso Jesús nos dice: “no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.” ¿Somos de los que decimos y no hacemos? Y nos recuerda cual debe ser nuestra actitud, nuestro proceder en la vida y especialmente cuando lleguemos a esos puestos: “El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.” ¿Cuántos lo recordamos?

Más claro, el agua. El que tenga oídos que escuche. No tratemos de interpretar, acomodar y retorcer estas palabras. Apliquémoslas en nuestras vidas.

Oremos:

Danos sabiduría para aplicar tus mandamientos – estos que nos das a conocer en esta lectura- en nuestras vidas.

Que no nos regodeemos en el poder, que no nos envanezcamos; que por el contrario busquemos servir sinceramente, de corazón y con humildad.

Que recordemos siempre que por encima de las instituciones, de las organizaciones o de las empresas, siempre debe estar el hombre. Que todo ha sido creado para el hombre y no al revés.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lunes, 9 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 6,36-38


Con la misma medida que aplicamos a los demás, seremos juzgados, nos recuerda el Señor. Como tantas veces antes, en forma reiterada nos hace notar que nuestra salvación está en función de los demás. Los otros, el mundo que está fuera de mí, mi familia, mis hermanos, mis padres, mis amigos…la sociedad en s conjunto juegan un papel importante en la salvación. Todo depende de cómo me porte con ellos. “Ellos” son importantes y son nombrados en forma explícita. No se trata de hacer una interpretación o de llegar a ellos por una extensión del perfeccionamiento de mi persona; en todo caso es precisamente al revés. Me perfeccionaré y entonces llegaré a Dios, mejorando mi trato con mi prójimo.

No es accidental o secundario el orden incluso en que a través de esta lectura se nos da nuestro lugar. Se trata que obremos nosotros primero en nuestros hermanos como queremos que Dios obre en nosotros. Primero damos para recibir. No nos sentamos de brazos cruzados esperando que el poder divino se muestre sobre nosotros, para entonces ponernos a actuar. Tampoco empezamos un proceso de perfeccionamiento personal que habrá de llevarnos a proyectarnos a los demás como el descubrimiento de que sólo a través de ellos nos podemos realizar. Los demás no están después de nosotros…¡Esto es un gran cambio de perspectiva!


Oremos:

Señor, ayúdanos a comprender que sin ti no somos nada, pero que solo llegaremos a ti, a través de nuestros hermanos.

Danos el coraje, la entereza y el amor suficientes para ver y atender las necesidades de nuestro prójimo en primer lugar.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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domingo, 8 de marzo de 2009

Reflexión: Mc 9,2-10

Estos son algunos de los prodigio de los que fueron testigos los discípulos más cercanos de Jesús, seguramente sus más íntimos, sus “preferidos”, aquellos a los que podía mostrarles estas cosas en espera que las comprendieran, pues tenían una cierta sintonía especial con Él. Quedaron realmente pasmados, estupefactos…Vieron y presenciaron un encuentro insólito. Elías y Moisés conversaban con Jesús. ¿Cómo podía ser? ¿Dónde estaban? Ambos habían vivido varios siglos antes de Jesús y con cientos de años de diferencia entre uno y otro. ¿Qué estaba pasando? Era realmente algo asombroso lo que estaban presenciando. Por eso no atinaban a decir nada. “Estaban asustados”.

Es que realmente era impactante lo que estaban presenciando. No lo podían comprender…Si nos trasladamos mentalmente a la escena y lo pensamos un poco, tampoco lo podríamos comprender ¿no es verdad? Se trata de hechos reservados para unos pocos, que sólo pueden ser comprendidos desde la fe. Luego fueron envueltos por una nube y escucharon nada menos que la voz de Dios Padre diciendo: «Este es mi Hijo amado, escuchadle».

Era como para perder el habla, para quedar petrificado, helado y balbucear cualquier cosa. Fue seguramente un encuentro extraordinario que marco las vidas de estos discípulos. Seguro que no lo pudieron olvidar jamás.

Y sin embargo, cuando bajan Jesús les “ordena” que no contaran lo que habían visto hasta que Resucitara. ¿Por qué? ¿No sería lo primero que quisieran contar a todos, lo primero que quisieran salir corriendo a proclamar, a gritar a todos? ¿No sería lo primero que cualquiera de nosotros hubiera querido hacer, i r a contar a todos los que acabábamos de presenciar?

Pero Jesús ORDENA ocultarlo hasta después que resucite. ¿Por qué?

Ensayo la siguiente explicación: Jesús no quería convencer a nadie por los hechos prodigiosos (a nuestros ojos) que como Dios podía realizar. Usar el poder de Dios para cambiarnos no era su prédica. El quería y quiere que libremente nos adhiramos al camino del amor que con su vida, muerte y resurrección nos propone.

No se trata de ganarnos por el asombro. Se trata de dejarnos cautivar por el amor. . Se trata de preferir el bien, de escoger el camino recto. Se trata de amar.


Oremos:

Pidamos al Señor que nos ayude a comprender su presencia milagrosa cada día en nuestras vidas. Pues así como hizo con Pedro y Juan, a cada rato nos da muestras que por sí solas bastarían para que creamos y lo sigamos, sin embargo, muy rápidamente las olvidamos, y luego de muy poco tiempo hasta las vemos con la naturalidad de un hecho corriente.

Danos fe, Señor, para seguirte fielmente y convertirnos en multiplicadores eficaces de tu Palabra.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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sábado, 7 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 5,43-48


De nuevo nos encontramos con el contraste. Hay una ruptura entre lo que se dijo antes (el Antiguo Testamento) y lo que ahora dice Jesús (el Nuevo Testamento) y Él nos la remarca. Antes se dijo…ahora yo les digo…

Esta primera consideración me parece importante, pues hay muchos hermanos nuestros que se han quedado anclados en el Antiguo Testamento, donde había muchas normas y leyes. Hay muchos entre nosotros que al igual que en el antiguo testamento, buscamos llenar de normas y leyes todo. Queremos aclararlo todo mediante la abundancia de palabras. Damos mil vueltas a las cosas, muchas veces porque consciente o inconscientemente queremos mantener la ambigüedad, queremos restar contundencia a La Palabra, al mensaje de Jesús. Él, sin embargo, es muy claro y concreto. No se va con rodeos. No deja lugar a dudas, sino para aquel que quiere interpretarlo y hacerle decir lo que no dijo; para aquel que quiere entibiar el mensaje y hacerlo inocuo.

“Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan”. Hay ciertamente que tener mucho valor para seguir a Jesús y hacer lo que nos propone. El camino no es fácil, ni dulzón , ni romántico como sin entenderlo o quizás por evadirse alguno lo presentan. El camino es exigente. El Señor no pide nuestro tiempo libre o aquél del que buenamente podemos disponer. Él pide un cambio en nuestra vida TODA. Ver, pensar y actuar de otro modo, siempre, incluso cuando estamos solos y pensamos que nadie nos ve, porque nuestro Padre que está en los cielos lo ve todo y no hay nada que podamos mantenerle oculto.

“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” Agregar más palabras a este mensaje es pretender encontrar tres pies al gato; es buscar acomodarlo a nuestro interés, rebajarlo, amoldarlo, suavizarlo. “El que tiene oídos, que oiga”.

Hay que buscar la santidad. Ser santos, ser perfectos…qué duda cabe que ese es el llamado de Jesús para nosotros. Ser santo no es empezar a torcer el cuello y mirar con cara de tonto todo. ¡Qué disparate! Ser Santo es tener el coraje de vivir la vida como nos lo propone Jesús. No hay mensaje más claro y concreto que el de este evangelio. ¿Somos capaces de hacerlo?


Oremos:

Ayúdanos a ser consecuentes con la vida que nos propones. Que vayamos creciendo en “cristiandad”…Que ello abarque cada rincón de nuestra vida.

Que entendamos que es precisamente cuando estamos solos, cuando nos apartamos, que debemos purificarnos, limpiarnos, uniéndonos a ti mediante la oración. A veces entendemos muy mal la intimidad…

Que entendamos, así mismo, que no podemos vivir apartados e indiferentes a lo que ocurre en el mundo, que debemos involucrarnos y llevara a cada espacio, a cada acontecimiento tu palabra. Y que esto no se trata de ir parando o entrometiéndose en cada cosa para citar un texto bíblico, sino que debemos hacer y actuar como tú lo harías…como si fuéramos tú en cada ocasión.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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viernes, 6 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 5,20-26


El Camino que el Señor nos muestra es exigente. No es cuestión de pasar todo por aguas tibias. Es una cuestión de actitud, como ya lo ha repetido antes. Pero una actitud que abarca y mueve todo nuestro ser; es profunda y determinante. Se trata de tener otra óptica, otra perspectiva en la vida, donde siempre nuestros hermanos son primero, más aún si los hemos ofendido o si creemos que tienen algo contra nosotros. Tenemos que saldar nuestras deudas.

No podemos pretender dirigirnos a Dios, empezar a orar, si no estamos en paz con nuestros hermanos. Pero se trata de una paz verdadera, no de apariencias, no de un puro barniz.

Así que el ser seguidores de Cristo, de un Dios que es Amor, no quiere decir que las penas sean más benignas, que podemos andar por la vida con indiferencia, instalados cómodamente, porque total, el Señor ya nos ha salvado. ¡No! Nuestra salvación la alcanzaremos en la medida en que sintonicemos con Él, en la que hagamos con nuestra vida lo que debemos hacer, en que pongamos las cosas en el orden que merecen, primero nuestros hermanos, primero el amor, primero el servicio y luego nosotros.

Busquemos la paz y la concordia en todo y con todos, incluso con aquél que mantenemos querella por algún motivo. Procuremos ponernos de acuerdo. La propuesta que nos hace el Señor no es fácil. No es el camino llano y parejo del indiferente, del que pasa piola. Se trata de jugársela día a día por el evangelio, allí donde nos toque estar.

¿Y qué significa jugarse por el evangelio? Pues vivir como Cristo…En resumen: Amarnos los unos a los otros, como Él nos ha amado.

¡Cuidado con las medidas que el Señor propone! Son exigentes, porque el mundo es exigente. Porque lo será en tanto que haya hambre, miseria, injusticia, pobreza y dolor.


Oremos:

Señor, enséñanos a perdonar de verdad. Danos el ánimo, la valentía, la creatividad y la generosidad para devolver bien por el mal que recibimos, venga de quién venga.

Que hagamos del bien, del amor, de la paz y la justicia nuestras banderas comprendiendo que finalmente lo que hacemos lo hacemos por Ti, es decir por alguien que va muchísimo más allá de lo que vemos, de lo que parece.

Que comprendamos que aunque a veces nos asaltan las dudas, tras todo ser humano, tras toda persona, por más despreciable que nos pueda parecer, estás Tú.

Que estemos siempre dispuesto a perdonar, como Tú lo haces con nosotros.
Que llevemos esperanza…Las cosas pueden y van a cambiar. Mejorarán.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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jueves, 5 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 7,7-12


Nuevamente el Señor nos recuerda que no hay otra forma de llegar a Dios que a través de nuestros hermanos. Si, es verdad que nos invita a pedir, a buscar, a llamar… “Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”, pero agrega, no por casualidad, ni por decir algo, sino más bien porque no podemos esperar recibir si no somos capaces de dar y porque la medida de lo que recibiremos será aquella misma de lo que seamos capaces de dar. Por ello agrega, decía: “Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas”.

Es decir que el Señor nos dará lo que pidamos, del mismo modo en que nosotros sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos. Dicho de otro modo: ¿Si no somos capaces de dar cosas buenas, ni aun a nuestros hijos, si no somos capaces de dar nada a nuestros hermanos, qué podemos esperar? Mejor aún: ¿Qué debemos esperar?

El Señor es justo. Cosecharemos lo que sembramos. Tanto das, tanto recibes. Si la cosecha es abundante, será seguramente porque has sido generoso. Pero no debemos dar pensando en la recompensa, ella se nos dará por añadidura…El Señor nos invita como siempre a amar, a dar, a poner primero y por delante a nuestro prójimo, a nuestros hermanos, porque el que quiera salvar su vida la perderá, en cambio el que la pierda por uno de estos pequeños, la ganará. Así de simple.

Se trata, como siempre, de un cambio de actitud. De una revolución mental. De un aprender a pensar de otro modo. No del modo más popular entre nosotros, no del modo egoísta que es tan popular entre nosotros los hombres, como la cosa más natural y a veces engañosa, no. Se trata de pensar y vivir como Cristo, nuestro Señor nos enseñó.

Oremos:

Te pedimos Señor que nos des un corazón generoso, siempre dispuesto, siempre atento a los demás. Que aprendamos a dar, antes que a pedir o mucho menos exigir.

Que no nos aferremos a las cosas materiales, antes bien, que estemos dispuestos a desprendernos de ellas a la primera, sin consideraciones, sin engaños, ni rebuscados pretextos.

Aparta de nosotros esta forma egoísta de obrar, que nos brota con tanta naturalidad, como si tuviera que ser así. Saca de nosotros tantos malos hábitos, tanta envidia, tanto orgullo y vanidad. Haznos humildes y fieles, siempre dispuestos a servirte.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 4 de marzo de 2009

Reflexión: Lc 11,29-32


“Aquí hay algo más que Jonás”…Y es que somos realmente privilegiados. El Señor ha venido a salvarnos. Ha anunciado la Buena Nueva y hemos tenido el privilegio de vivir para escucharlo, tanto aquellos que vivieron con él y lo acompañaron en su peregrinar, como nosotros a quienes gracias a aquellos nos ha llegado la Palabra Viva de Jesús.

No, no tendremos más señal, porque se nos dio todo lo que era posible y necesario. El Señor vino a Salvarnos y lo hizo dando su vida por nosotros. “Tanto amó Dios al Mundo, que entregó a su propio hijo como sacrificio por nuestra salvación”. ¿Qué más?

¡Qué difícil es dar la vida por un amigo! Aunque seguramente habrá siempre alguien dispuesto, gracias Dios. ¿Pero dar la vida por alguien que te ha fallado, por alguien que no cree en ti, por alguien que duda de ti, por alguien que no te conoce, por alguien que no te quiere? ¡Eso hizo Jesús por nosotros!

Jonás se entregó como sacrificio para salvar la nave en que viajaban de la furia de las olas del mar, y fue devorado por una ballena que a los tres días lo devolvió sano y salvo. Jesús será crucificado muerto y sepultado por nuestros pecados, pero resucitará al tercer día, redimiéndonos y sellando la Alianza Eterna con nuestro Padre, Dios.

¿Creemos eso? “Conviértete y cree en los Evangelios” es la exigencia de este tiempo de cuaresma.


Oremos:

Señor danos fe si quiera como un grano de mostaza, para creer en ti, en los evangelios y en la salvación que con tu bendita sangre ha sido adquirida para nosotros por toda una eternidad.

Que vivamos según los evangelios, llevando paz, alegría y esperanza al mundo, sabiéndonos amados por Él que más puede amar, por un Dios que es Amor, que es, por si fuera poco, nuestro Padre.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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martes, 3 de marzo de 2009

Reflexión: Mt 6,7-15


El Señor nos enseña la forma en que debemos orar. Nos regala una fórmula compuesta por pocas pero bien escogidas palabras, frases y oraciones. Porque como nos lo aclara, no se trata de palabrear, de chamullar. Dios Padre no quiere este tipo de oración hueca y sin sentido. Prefiere más bien algo más preciso, más concreto. Y no hay oración más completa que la que Cristo mismo nos enseño: el Padre Nuestro. Si pudiéramos meditar en cada palabra, en cada frase…No tiene pierde.

Pero hay algo que es fundamental para que nuestra oración sea oída, para que tenga sentido: y es la actitud. Antes de empezar a orar, debo haberme puesto en paz con mis hermanos. ¡Qué importante! Antes de ponernos a orar, el Señor requiere, exige de nosotros un gesto y este está dirigido a nuestro prójimo. No podemos pretender dirigirnos a Dios, mirara a Dios, si antes no hemos mirado a nuestros hermanos.

Si no perdonamos primero a nuestros hermanos, si no perdonamos las ofensas, los insultos, los agravios, traiciones y malos tratos recibidos de quienes nos rodean, no podemos pretender que Dios nos perdone. Antes de orar, debemos hacer este breve examen de conciencia. ¿Hemos perdonado a todos? ¿Por qué hemos recibido mal? ¿No estaremos siendo más bien nosotros portadores del mal para nuestros hermanos? ¿No estaremos causando daño, división, malestar, odio? Nosotros vivimos en comunidad…¿Qué huella vamos dejando en ella? ¿Somos cristianos? “Por sus obras los conoceréis”. ¿Proclamamos el evangelio con nuestras vidas?


Oremos:

Te pedimos, oh Señor, que nos ayudes a entender lo importante que es llevar una vida cristiana en todo momento. Que mantengamos la actitud que tú nos propones toda nuestra vida. Viendo primero el bienestar de nuestros hermanos, arreglándonos con ellos, buscando siempre la paz, la comprensión y la convivencia.

Somos distintos, somos “de colores”, pero todos somos hijos tuyos. Tu no haces distingos. Permite que nosotros tampoco los hagamos.

Ayúdanos a tener una sincera actitud de perdón…a perdonar verdaderamente en nuestros corazones, antes de ponernos a orar. Señor, escúchanos.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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