Roguemos al Señor - últimas reflexiones

Aldila - Oficial

jueves, 4 de febrero de 2010

Marcos 6, 7-13

Texto del evangelio (Mc 6, 7-13)

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

 

Reflexión: Mc 6, 7-13

 

Quien está con el Señor, no necesita más. Él es todo, suficiente y de sobra. Es así como debemos sentir, y es así como debemos vivir. Pero, la verdad es que nuestra fe es muy pequeña, muy precaria, muy corta, muy de conveniencia. Creemos, pero hasta cierto punto nomás. Nos erigimos en interpretes de La Palabra y pretendemos que hay que entenderla aplicando cierto criterio…Y ahí empiezan los acomodos e interpretaciones que dan por resultado una serie de caricaturas de cristianos, cada cual a su modo…Todos exigiéndose según su interpretación…Todos muy lindos y condescendientes unos con otros; todos tibios y ninguno comprometido realmente, sino solo hasta que le molesta el zapato…entonces lo tira y lo cambia por otros más cómodos, que se ajusten a su pie.

 

Y sin embargo, el Señor, al que pretendemos seguir, a cuyas órdenes nos hemos puesto, nos pide otra cosa. Él necesita una actitud distinta: hombres y mujeres nuevos, que no se aferren tanto a las comodidades de este mundo, que no anden haciendo cálculos de conveniencia, que, libres de equipaje, estén dispuestos a entregarse a fondo a la causa de la Verdad, la Justicia, la Paz y el Amor…Es decir, a la construcción del Reino.

 

Sino, fijémonos cómo manda a sus discípulos: sin alforja, sin agua, ni pan…Es decir sin nada que asegure su sustento. Sin tener resuelto aquello que nos agobia tanto, de lo que hemos hecho el propósito de nuestras vidas: el sustento diario, de qué viviremos. Esa es nuestra constante preocupación y por resolverlo "adecuadamente" damos nuestra vida entera, porque nunca estamos satisfechos. Nos volvemos exigentes y la palabra "adecuado" se va haciendo tan elástica, ampliando sus límites hasta una posición e la que siempre estamos por alcanzarla, pero como hace falta algo más, nunca llegamos. Así pasamos toda la vida persiguiendo una quimera.

 

Cuando queremos reaccionar, nos damos cuenta que hemos caído presos, esclavos de un modo de vida, del que no podemos sacudirnos. Y sin embargo, Dios Padre nos creó libres; y así nos convocó el Señor, a evangelizar el mundo. Libres, sin nada que nos ate, más que el fervor evangélico. Eso es lo que espera Cristo de nosotros. Eso nos pide. Fe y entrega total a la causa.

 

Nosotros, ¿qué le respondemos? Un momentito, espera, que voy a acomodar esto o aquello, que voy a terminar de asegurar esto otro…Estoy ocupado cobrando, o sembrando o cosechando…Un momento que voy a ver a mis padres, a mis hijos, a mi esposa, a mi casa, a mi negocio…Un momento que me sacudo de todos estos compromisos; espera un segundo, que aquí me necesitan…resuelvo esto y voy…Y finalmente, nunca vamos, porque tenemos tanto que hacer…Y cuando decidimos marchar, empezamos a ver y a medir la tarea y empieza nuestra interminable relación de todo lo que necesitamos para emprenderla. Y el Señor nos dice, no lleven nada. Ni si quiera dos túnicas…

 

 

 

Oremos:

 

Señor, que lleguemos a comprender que Tú bastas. Que quien te tiene a Ti, lo tiene todo, no necesita más nada. Que así, con ese espíritu nos entreguemos a la Misión que nos has encomendado. Que no flaqueemos. Que hagamos vida el evangelio. Amén.

 

 

Roguemos al Señor…

 

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)



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...se hace camino al andar.
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Miguel Damiani B.
Apoyo Total S.A.

martes, 12 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 14,27-31a

Jn 14,27-31a

Hoy me llama especialmente la atención la mención que Cristo hace del Príncipe del mundo, que no tiene ningún poder sobre Él. Sin embargo es importante recordar que existe y que es un Homicida y mentiroso. Conociendo nuestras debilidades, busca engañarnos a cada paso. Le molesta que nos acerquemos al Señor y emplea mil argucias para alejarnos, al extremo que cuando más cerca creemos estar podemos encontrarnos, por el contrario, tan distantes. Solo así se explica la maldad que hay en el mundo, disfrazada de generosidad y benevolencia. No soy quien para juzgar, pero lo encontramos a cada nada y por eso, más vale estar en guardia.

No debemos temerle, porque como bien nos dice Cristo, quien guarda sus mandamientos y le ama, Él y Dios Padre harán morada en el, pues quien ama a Cristo ama a Dios y en ello encuentra Dios Padre su gloria.

Cristo no muere en la cruz por obra del mal, no es el mal el que lo ha vencido. Todo lo contrario. Tal como nos lo dice: “pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado”. Es cumpliendo las órdenes de Dios Padre que Jesús llega hasta el extremo de dar su vida por nosotros. Es que su Voluntad es salvarnos y sólo puede hacerlo mostrándonos que es posible.

Dios nos quiere libres; no nos quiere esclavos de nada, ni por nada. Es preciso que Él muera en la cruz para que quedemos convencidos que hay una opción. No nos olvidemos que no solamente muere. No podemos quedarnos en su muerte…Muere y ¡Resucita! En eso consiste nuestra salvación. El Señor, Rey de reyes ha vencido al mundo. No hay ley que se le pueda imponer, ni nada que lo pueda someter…él es superior; él Es.



Oremos:

Señor mío Jesucristo, que siempre opte por ti. Que no me deje acobardar ni amedrentar por el maldito homicida y mentiroso demonio. ¡Que siempre camine en Tú luz!

Purifícame, sáname, sálvame...Mándame ir a Ti



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexión: Jn 14,21-26


No siempre son claras para nosotros las tres personas de la Trinidad. En este texto por boca del Señor las conocemos a las tres, distinguiendo la forma en que participan en el Plan de Salvación. Solamente conocemos y sabemos del Padre por el Hijo. El nos enseña lo que el Padre ha dispuesto, esto es: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.”

Como Dios es uno y trino, nosotros estamos llamados a participar de esa unión por Cristo. Él nos abre las puertas para formar parte en esa comunidad Divina. Debemos amarle, lo que sólo puede manifestarse con hechos: tener y guardar sus mandamientos. ¿Por qué tenemos la cabeza llena de tantas cosas? ¿Por qué nos andamos atormentando por el dinero? ¿Por qué andamos atesorando o anhelando riquezas que nos den comodidad, que nos permitan ostentar y hasta despilfarrar, cuando UNA SOLA COSA ES IMPORTANTE?

Recordemos aquél pasaje de Marta y María que nos narra el evangelio de Lucas (Lc 10, 40-42): “mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.»”



Oremos:

Dios, permítenos escoger la mejor parte, aquella que realmente es importante. Que si algo nos quite el sueño sea amarte más.

Que nos ocupemos de aliviar a nuestros hermanos, de atenderles y servirles, antes que dolernos y quejarnos de lo poco que tenemos, de lo poco que somos, antes de dolernos de nuestra pobreza, que en realidad es riqueza, si la comparamos con los miles y millones que no tiene qué comer HOY.

Danos un corazón sensible y voluntad para hacer lo que debemos ¡siempre!

Ilumínanos y fortalécenos con tu Espíritu.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 10 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 15,1-8

Jn 15,1-8

Creo que tendríamos que empezar a leer este evangelio por el final. ¿Qué quiere Dios Padre de nosotros? Pues que demos mucho fruto; que lo demos en abundancia. Dicho en las palabras de Cristo: “La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos”.

Esto que es tan simple, no lo llegamos a entender. Dios Padre quiere que demos frutos y frutos en abundancia…Pero no contento con este deseo, se compromete con nosotros en esta misión. La verdad es que sólo falta que nosotros también queramos, tanto como Él dar fruto. Basta que queramos, nos dispongamos…demos el primer paso, el resto nos lo facilita Él. Claro, es que nosotros tenemos que hacer algo; alguna señal tenemos que dar. Tenemos que hacernos disponibles. Tenemos que decir Ok, ponernos en la actitud adecuada y dar los primeros pasos. Como en la pesca milagrosa, debemos tirar la red donde Él nos indique. Tenemos que coger la red y tirarla, donde el nos indique. Es obvio que si no cogemos la red, ni la tiramos; o si la cogemos y la tiramos a otro lado, por necios, por tontos, no cogeremos nada. Pero si hacemos lo que Él nos dice ponemos nuestro esfuerzo en la dirección correcta, Él nos dará en abundancia.

Como cuando con cinco panes y dos peces alimentó hasta saciarte a más de cinco mil y todavía sobraron varios canastos con los trozos de pan y pescado. El Señor nos pide que pongamos algo de nuestra parte. Basta ese algo, para asegurar una cosecha abundante.

No hay lugar ni momento en que deje de recordarlo. Al que da más, más se le da; pero al que se guarda mezquinamente para sí lo poco que tiene, hasta ese podo ce le quitará. Hoy nos lo recuerda cuando dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.” Es que Dios Padre quiere que demos fruto y que lo demos en abundancia…¡Ojo con estas palabras! Si estamos con Él, estamos en el mejor equipo; tenemos la ganancia asegurada. Sólo tenemos que participar y hacer nuestro mejor esfuerzo. Si así lo hacemos, Él viene, nos poda, nos limpia, para que demos más fruto.

¡Tenemos que permanecer en Cristo! ¡Sin Él no somos nada! ¡Con Él todo lo podemos! ¡Seamos sensatos! Dios Padre sólo quiere nuestro bien, solo quiere que seamos felices. Seremos felices si hacemos lo que Dios nos dice. ¿Y cómo sabemos esto? Porque para eso ha venido Cristo al Mundo, para revelarnos la voluntad del Padre. Si nosotros oímos lo que Cristo nos dice, si creemos en Él y permanecemos en Él, daremos mucho fruto y con ello estaremos glorificando a Dios Padre.



Oremos:

Padre Santo, danos una ñisca de entendimiento para comprender esto que nos ha revelado tu Hijo Jesús. Danos Fe para creerle, seguirle y hacer lo que nos diga.

¡Queremos dar fruto en abundancia! ¡Dinos donde debemos tirar la red!



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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sábado, 9 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 14,7-14

Jn 14,7-14

El Señor no se cansa de pedirnos insistentemente Fe. Creer en Él, al menos por lo que Él hace, por sus obras. Creer que Él ha sido enviado por el Padre y que quien lo conoce al Él conoce al Padre. De allí que no podamos encontrar mejor ocupación que dedicarnos a conocerle. Conocer y creer son las condiciones para entrar en el Reino. Entonces podremos hacer sus obras y mayores aún.

Estas son las promesas de Jesús que debían mover nuestro corazón, nuestra inteligencia y nuestra voluntad. ¡Qué mejor tesoro! ¡Qué mejor aliado! ¡Qué mejor garantía! Tenemos todos los pases, todas las credenciales…no hay puerta que no se abra, camino que no se allane, corazón que no se alegre, inteligencia que no se ilumine, espíritu que no se exalte si obramos en su nombre. Todo está en empezar. Creer y dar el primer paso, el resto dejémoslo en sus manos, que Él sabrá guiarnos y llevarnos al lugar que nos tiene preparado desde siempre.

Vamos, caminemos alegres, gozosos, porque Dios está con nosotros y si le tenemos, nada nos falta.


Oremos:

Cristo, Jesús, ayúdame a entender que en Ti tenemos el mejor aliado, la mejor garantía. Que no hay nada que pueda impedir que cumpla con mi misión, que no es otra que la tuya. Condúceme, guíame, hazme un instrumento de tu fe, que sea ella creciente en mí y pueda iluminar a mis hermanos.

Concédenos la paz y la alegría, para llevar siempre tu mensaje de esperanza, sobre todo a los más afligidos.

Danos en abundancia, para compartir en abundancia.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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viernes, 8 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 14,1-6

Jn 14,1-6

Fácilmente nos olvidamos cuál es el sentido de la Vida, cuál debe ser nuestro camino, por donde debemos andar. El Señor nos lo recuerda. Solo hay un destino: “La casa de mi Padre”. Sólo un Camino, Jesucristo.

Las palabras son muy claras. El asunto está en creerle y seguirle o rechazarlo. No hay nada más que esas dos posibilidades. Si le creemos, hemos de manifestarlo siguiéndolo…De otro modo, ¿cómo podríamos explicarlo? Creo, pero no te sigo, sería una incongruencia…no tendría sentido.

Hay un solo Puente, una sola Puerta y ese es Cristo. No hay otra forma de llegar al Padre que pasando por Cristo. Solo Él nos conduce al Padre y con Él a la felicidad, a la Vida Eterna. Sólo Él es el Norte. Solo Él es Vida. ¿Lo creo?

¿Responde mi vida a esta confesión? ¿Soy coherente? ¿Es que no entiendo o quizás, que no quiero entender? Qué puedo decir. ¿Tengo precisadas las prioridades en mi vida? ¿Vivo conforme a lo que proclamo y creo? ¿Soy incoherente? ¿No entiendo el evangelio? ¿Qué parte no me queda clara? ¿El amor?

“No hay amor más grande que el que entrega la vida por sus amigos”. ¿Necesito mayores referencias, mayores pistas, mayores explicaciones? ¿Qué es lo más importante? “Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe… Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.” (I Corintios 13).

Tengo el Programa, tengo el Plan entre mis manos…¿Qué voy a hacer?


Oremos:

Señor, dame fe para realmente creerte y FORTALEZA, valentía y decisión para seguirte. Quiero seguirte cada día de mi vida, a cada paso, cada segundo. ¡Que no respire si nos es por Ti y para Ti!

Sé que no llego a Ti si no es por mis hermanos…¡Haz que te vea a Ti en cada uno de ellos! ¡Que no me olvide jamás de la caridad!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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jueves, 7 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 13,16-20

Jn 13,16-20

Jesús nos aclara que Él y el Padre en realidad son el mismo Dios. No es más uno que otro y quien recibe a Cristo, recibe al Padre. Cristo ha venido a Salvarnos por orden del Padre. Así, lo que Él nos dice, lo que Él hace es por bien nuestro y por disposición de Dios. Lo más importante, en donde radica nuestra salvación es en que CREAMOS.

Es tan importante creer y que lo que creemos se manifieste en nuestra vida misma, que incluso nos anticipa la traición de Judas con estas palabras: “Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: El que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy.”

Estas palabras encierran un gran misterio y también una revelación. Algo que constituye una constante en los evangelios. Del mismo modo en que Jesucristo recibe el poder del Padre, nos lo confiere a quienes envía. Aquí hay un asunto clave en el que creo debemos meditar. Jesucristo nos ha dado su poder, el mismo poder que ha recibido de Dios, a quienes Él Envía. ¡Dios, queremos encontrarnos entre los escogidos!


Oremos:

No puedo encontrar mejor oración hoy que suplicarte encontrarme entre los escogidos, para convertirme como Tú en comida y bebida, para todos mis hermanos, para toda la humanidad…allí donde Tú me envíes. ¡Mándame ya!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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miércoles, 6 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 12,44-50

Jn 12,44-50

Padre, Hijo y Espíritu Santo son la tres personas del Único Dios Verdadero. Jesucristo, con toda autoridad nos hace notar que Él no habla por Sí, que lo que nos transmite es la Palabra de Dios. Que es Dios Padre el que le ha enviado para que nos de Su mensaje. Que no hay forma de conocer al Padre, sino a través de Hijo y que, por tanto quien conoce al Hijo conoce al Padre. Se puede decir que alguien conoce a Cristo, si hace su palabra. Es el hacer, el guardar su palabra, el obrar cristianamente lo que nos distingue, no el mucho hablar y razonar. “Por sus obras los conoceréis”.

Al que me parece sumamente importante en este mensaje es que Jesús es la Luz que ha venido al mundo para que no andemos en tinieblas, para iluminarnos y mostrarnos el Camino, en buena cuenta para Salvarnos, no para condenarnos. Hay aquí una diferencia fundamental que debemos destacar. La obra de Dios es POSITIVA, constructiva. Se nos pide GUARDAR AU PALABRA. Creer y hacer lo que Él nos dice, porque lo que nos revela es por mandato del mismísimo Dios.

Nadie nos juzga y no es para eso que ha venido Jesús. Él pone la luz, ilumina y nos saca de las tinieblas. Él es la Verdad, el Camino y la Vida. Nosotros somos libres de optar por las palabras de Dios y seguir su mandato que es de Vida Eterna o rechazarlo…Y ahí está nuestro juicio. Somos nosotros mismos los que nos condenamos.

No puede haber mejor propuesta para el mundo, para la humanidad entera y por supuesto que para mí, que la que Cristo nos trae, porque es la que Dios mismo, nuestro Padre le ha encomendado. Está en nosotros el aceptarla y seguirla. Seremos unos necios si no hacemos lo que DIOS nos propone, si no le creemos…si más bien, nosotros le juzgamos y rechazamos…¿quién juzga?



Oremos:

Padre Santo, danos la fe necesaria…acreciéntala día a día en nosotros, para seguirte. Para que no haya otra razón, otro motivo en nuestras vidas que hacer lo que tú nos ordenas a través de tu Hijo Jesucristo y nuestra Santa Madre Iglesia fundada por Él.

Danos un corazón puro, grande, transparente…para amara a todo el mundo y dar a cada quien lo que necesita. Haznos sensibles al dolor, el sufrimiento y la pobreza.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 5 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 10,22-30

Jn 10,22-30

Nos carcome la impaciencia, no aguantamos más y como los judíos, queremos que el Señor se manifieste de una vez, tal como nosotros queremos, con la idea que nos hemos forjado interiormente. Es que no le conocemos y pretendemos un Cristo que nos muestre su poder, que nos muestre de una vez cuan poderoso es, resolviendo nuestros problemas, nuestras dudas y manifestándose de tal modo en nuestra vida, que sea contundente para que sin dudas podamos decir, orgullosos, satisfechos, triunfantes, este es nuestro Dios, el Dios en el que creemos…Miren, deposité mi fe en Él, creí en Él y vean, cómo ha obrado lo que esperaba, lo que quería, lo que le pedí. ¿No es esto lo que queremos? ¿No es esto lo que esperamos? ¿No es que con cierta decepción y llenos de dudas nos alejamos de Él, porque no ha obrado lo que nosotros queríamos, lo que esperábamos, lo que queríamos?

Por fin…¿Creemos o no creemos en Dios? ¿Creemos o no creemos en Jesucristo, el Hijo de Dios, enviado por nuestro Padre para Salvarnos? ¿Creemos que Él vino al mundo para redimirnos de nuestros pecados y Salvarnos? ¿Creemos en Él? ¿Creemos que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios? ¿Qué quiere decir esto? ¿Lo hemos comprendido en realidad? ¿Hemos comprendido que Dios es nuestro Padre?

¿O es que más bien creemos en un Dios semejante a nosotros, creado en realidad por nuestra imaginación, del que esperamos fervientemente haga nuestra voluntad? ¿Somos nosotros los que pretendemos señalarle el Camino? ¿Somos nosotros los que habremos de decirle por donde ir y cómo hacer las cosas? ¿No nos está faltando humildad, tanta que pretendemos enmendarle la plana y que ponemos ello como condición para creerle, para seguirle?

Por fin…¿Es nuestro pastor y nos guía por donde debemos ir, procurando lo que más nos conviene, dándonos lo que su infinita bondad y su corazón han visto por más conveniente para nosotros? ¿O pretendemos más bien erigirnos en su pastor y decir que es lo que conviene y qué no?


Oremos:

Padre Santo, danos humildad y sabiduría para entender tus designios, para comprender tu voluntad en nuestras vidas, para adherirnos a Ti, y seguirte con Fe, sabiendo que Tú solo haz de querer lo mejor para nosotros en cada momento, sea que lo podamos comprender o no. Que pongamos los medios para que se haga Tú Voluntad.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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lunes, 4 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 10,1-10

Jn 10,1-10

El Señor es la puerta del redil: “Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto”. Esta es una figura nueva y distinta, sin embargo es muy clara. Hay que entrar por Jesús en el Reino. Él es la única puerta y ha venido para darnos vida en abundancia.

Él ha venido por nosotros, sus ovejas. Sabemos que si entramos a través de Él, encontraremos pasto en abundancia. ¿Cómo hacer para entrar a través de Él? ¿Cómo reconocerle? ¿Cómo asegurarnos que no nos equivocamos?

Para pasar por esta puerta, primero hay que ser de los suyos. Si eres de los suyos, reconoces su voz. Su Palabra te atrae, la distingues, como Él a ti y lo sigues, confiadamente a donde dispone, a donde va, sabiendo que Él te dará lo que necesitas, que Él da la vida por ti y que para eso ha venido al mundo.

No nos dejemos engañar por los que pretenden entrar por otro lado. Sólo el que entra por la puerta es el pastor y nos llama a cada uno por nuestro nombre. Él va por delante; nosotros le seguimos.



Oremos:

Señor nuestro, haznos dóciles seguidores tuyos, confiando plenamente en tu palabra y en que tu nos darás la vida eterna. No permitas que seamos confundidos por otras voces que prometen y prometen, pero no tienen la capacidad, ni la intención de conducirnos por donde sólo Tú puedes llevarnos, hacia el Padre.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 3 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 10,11-18


El Señor ha venido por todos, los que pertenecen a su rebaño y los que están fuera. A todos los reunirá en un solo rebaño, con un solo pastor. Para esto ha venido. Esta es su misión y es por eso que el Padre lo ama, porque da libremente su vida por el rebaño.

¡Qué relación tan fuerte y estrecha establece Jesús con nosotros! Somos su rebaño y le interesamos todos; no sólo los de adentro, sino también los que están afuera. No es un asalariado, es el propietario. Y, reunir a todas las ovejas en un solo rebaño es la orden que ha recibido del Padre.

Esta es la misión de Cristo y es a la que habremos de contribuir si oímos su Palabra, la entendemos y la ponemos en práctica. La voluntad del Padre es que seamos un solo rebaño y sigamos a un único pastor, Jesús. A ello habremos de dedicar nuestras vidas, del mismo modo que Cristo da su vida por sus ovejas. Estamos llamados a ser uno con Cristo y con todos nuestros hermanos. Debemos acoger, atraer…Y si no podemos por nuestros propios medios, entendiendo que esta es una misión divina, debemos pedir, implorar la ayuda divina. Para esto es la oración, para esto la eucaristía. Oremos, pidamos, que no seamos como lobos, y mucho menos como asalariados. Que nos entreguemos completamente a esta misión, como lo hace Cristo, poniendo toda nuestra vida en juego.


Oremos:

Señor te pedimos que nos hagas dignos seguidores tuyos, que colaboremos en tu Misión, invitando, siguiendo, atrayendo a todas las ovejas al rebaño. Que ninguna se pierda por nuestra causa, antes bien, que atraigamos las de fuera del redil también.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

sábado, 2 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 6,60-69

Jn 6,60-69

Qué momento difícil. El Señor no trata de dorarnos la píldora. Él nos presenta las cosas como son. Somos nosotros los que queremos seguirle, pero sin el sacrificio, sin la radicalidad que Él exige y así es imposible. No se puede servir a dos señores. De allí la pregunta: “¿También vosotros queréis marcharos?”

En otro momento el Señor nos dirá, el que pone la mano en el arado y mira atrás, ese no sirve para el Reino. El Señor exige decisiones, firmeza, coherencia y valentía. Es preciso comer su carne y beber su sangre si queremos entrar en el Reino de los Cielos. Si queremos contarnos entre sus seguidores. No es fácil, por eso debemos pedir al Padre esta Gracia. Es sólo con su apoyo, con su ayuda que podremos lograrlo. No es una misión que podamos dejarla librada a nuestras fuerzas, a nuestra capacidad, a nuestras flaquezas.

Ante la exigencia del Señor, muchos nos sentimos desanimados y tentados a dejarle. Es más, muchos le dejamos. No estamos dispuestos a aceptar el sacrificio. Queremos la gloria, sin pasar por la cruz. Pero la verdad es que ni eso se nos pide, porque este sacrificio ha sido realizado por Él para salvarnos. Sólo se nos pide perseverancia, humildad, generosidad, sinceridad, disponibilidad…Aceptar y reconocer que sin Él nada somos y que para eso nos ofrece su cuerpo y sangre, para alimentarnos, para fortalecernos. Sólo se nos pide firmeza, decisión…Fe. Dar el primer paso. Creer en Él y seguirlo.



Oremos:

Señor danos fe para seguirte, para no flaquear, para no dudar. Danos entereza, constancia, perseverancia.

Aparate de nosotros toda soberbia, sabiendo que no iremos a Ti sin tu ayuda, sin ayuda del Padre. Haznos constantes en la oración.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

viernes, 1 de mayo de 2009

Reflexión: Jn 6,52-59


Es preciso hacernos uno con Cristo; comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna. Es más, si no comemos su cuerpo ni bebemos su sangre no tendremos vida en nosotros. Este es un misterio muy grande y trascendente sobre el cual debemos meditar. No es tan sencillo como a veces imaginamos. Debemos participar de la Eucaristía si queremos tener vida. No se trata de un complemento, de un elemento secundario o uno más, que podemos tomar o dejar de tomar. Cristo nos ofrece hacernos partícipe de su vida, darnos la vida por Él. Pone una sola condición imprescindible, comer su carne y beber su sangre.

Comer su carne y beber su sangre es una condición, esto es algo sobre lo que debemos pedir luz. Reflexionar sobre este misterio, aceptar su Palabra y obrar en consecuencia. Como el Padre ha enviado al Hijo, así el nos envía. Como Él vive por el Padre, nosotros viviremos por Él. ¿Cuál es su carne y su sangre que habremos de comer y beber para vivir por Él?

Es hacer Su voluntad, es oír su Palabra y ponerla en práctica. Es comulgar frecuentemente, pues la comunión es la forma en la que se nos presenta Jesús como alimento. Sólo si participamos de ella, solo si comemos Su carne y babemos Su sangre, viviremos, pensaremos, hablaremos y actuaremos como Él. Solo así alcanzaremos la Vida Eterna. Este es uno de los más grandes misterios, pero al mismo tiempo es el milagro más grande. Jesús se nos da como alimento para fortalecernos y para darnos vida, la Vida Verdadera.

¿Cómo podemos rechazarlo? ¿Cómo podemos abstenernos? ¿Cómo podemos postergarlo? ¿Cómo podemos permanecer por períodos arbitrariamente prolongados sin participar de la comunión, sin amenazar nuestra propia subsistencia? ¿Cuánto tiempo podemos permanecer sin comer ni beber?...Un día, dos días, tres…¿Y cómo es que pretendemos tener Vida por Cristo, si no comemos su cuerpo y sangre, tal como el nos lo ha ofrecido…es decir como alimento?



Oremos:

Señor nuestro, ayúdanos a comprender que sin Ti no somos nada, que te necesitamos para poder Vivir; que no podemos pretender acercarnos a ti y sobre vivir, si no comemos tu carne y bebemos tu sangre, Verdadera comida y Verdadera bebida.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 30 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,44-51

Jn 6,44-51

“En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida.” Jesús nos habla siempre en forma directa y clara. Somos nosotros los que queremos buscarle tres pies al gato, para interpretar lo que nos quiere decir y acomodarlo a nuestro antojo. Se trata de creer. ¿Creemos o no? No basta decir yo creo…O quizás debíamos decir, si crees habrás de mostrarlo con tu vida, porque cómo puedes decir “sí creo” y no hacer lo que Él te dice. Si creyeras, obraríamos como Él e incluso serías capaz de hacer lo que Él y mucho más.

Entonces, debemos empezar por reconocer que nos falta Fe.Que la tenemos de un tamaño microscópico, incapaz de movernos. Sí, estamos asombrados, nos conmueve, nos llama la atención, pero no tenemos fe. Y si la tenemos, es tan pequeña, pero tan pequeña…que con las justas alcanzamos a balbucear su nombre a escondidas y en voz muy baja, quedo…para nosotros no más.

“Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae.” Entonces no es obra de nuestro esfuerzo, no son nuestros méritos los que nos acercan a Cristo es la Gracia de Dios Padre y esta sólo podemos implorarla, porque Él nos la regala, nos la da, porque quiere. Tenemos que hacernos disponibles para recibirla.

Pero Jesús añade: “Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.” Lo que debemos hacer es escuchar al Padre y aprender, para poder ir a Jesús. ¿Cómo oímos al Padre? Pues a través de Jesús…Él es el que nos lo ha revelado. Algo más: el que no lo escucha ni hace lo que Él nos enseña, es porque no le da la gana. Porque “serán todos enseñados por Dios”; si así nos lo recuerda Cristo, quiere decir que todos tenemos nuestra oportunidad; a todos nos está permitido conocerle. Todos habremos de tener esta oportunidad, pero ¿cuántos de nosotros la despreciaremos?


Oremos:

Señor, que estemos atentos a tus enseñanzas y que las pongamos en práctica, para acercarnos más a ti y de este modo alcancemos la Vida Eterna.

Tú quieres que vivamos según Tú Palabra, permítenos que así sea, Que tu carne y tu sangre nos den la fortaleza necesaria para seguirte cada día.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

miércoles, 29 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,35-40

Jn 6,35-40

Jesús ha venido al mundo cumpliendo la Voluntad de nuestro Padre Eterno, que quiere que le conozcamos, para que conociéndoles y creyendo en Él nos salvemos, tengamos Vida Eterna, para que gocemos con Él del Cielo.

No existe, ni puede existir objetivo más preciado que este. Que otra cosa podríamos anteponer a la Voluntad del Padre. ¿Qué es aquello que nos ciega, que nos perturba, que nos obstaculiza y nos impide ver por medio de Cristo a Dios Padre?

Jesús no nos abandonará jamás, porque esa es su misión encomendada por el Padre, que nos suelte, que no nos deje, que no nos pierda. Él debe ser nuestro alimento. ¿No es verdad que necesitamos comer para vivir? Pero si Él nos dice que “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed”. Es que le necesitamos tanto y aun más que cualquier otra comida…Que Él debe ser primero…Que Él debe ser nuestro alimento…Que con Él basta. ¿Es así?

¿Es esta una metáfora, una bonita alegoría? ¿Llegamos a creer realmente lo que nos dice el Señor? Siempre nos estamos preocupando por tener, por cubrir nuestras necesidades y por acumular, para cuando lleguen las vacas flacas, o para ostentar y llenarnos de opulencia. ¿Qué es lo que debemos perseguir? ¿A qué debemos dedicar nuestro tiempo? ¿En qué nos debemos ocupar? ¿Cuáles son nuestras prioridades?

El Señor nos pide que vayamos a Él y que creamos en Él…eso es todo. Ir y creer. Tan solo eso basta. Todo lo demás son enredos, elucubraciones absurdas, fantasías, trampas destinadas a conducirnos fuera del Camino, fuera de la Verdad, fuera de la Vida. ¿O hay alguien que por ocuparse de acumular, de acaparar, de ostentar, de llenarse de propiedades, títulos, fama y riqueza puede alcanzar la Vida Eterna? ¿Alguna de estas cosas le sirven después de muerto o si quiera para agregar un segundo más a su vida?

Entonces, demos al Cesar lo que es del Cesar. Orientemos nuestra vida adecuadamente. Busquemos primero el Reino de Dios y todo lo demás se nos dará por añadidura.

Oremos:

Señor nuestro, has que comprendamos y hagamos carne de estas palabras: que seas Tú el primero y el último cada día. Que seas Tú nuestro alimento. Que nos ocupemos de construir el Reino antes que de cualquier intrascendencia nuestra. Que sea este nuestro motivo de oración y esfuerzo.

Aumenta nuestra fe…


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 28 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,30-35

Jn 6,30-35

El Señor se ofrece como alimento nuestro, para alcanzar la vida eterna. El es realmente el pan del cielo, el pan de la vida. Quien le toma por verdadera comida y verdadera bebida no tendrá hambre ni sed nunca. Debeos ir hacia Él y creer en Él, eso es todo lo que nos pide.

Por eso el verdadero cristiano debe empezar el día buscándoles y ofreciéndole cada uno de sus actos, cada uno de sus pensamientos, haciendo todo aquello que más y mejor lo conduce hacia Él. Esa debe ser nuestra mayor preocupación, porque de ella recibiremos la mejor recompensa. Buscarlo permanentemente, tratando de aproximarnos más y más a Él y creyendo firmemente en su palabra.

Pero el creer no se manifiesta cerrando los ojos fuertemente y diciendo si creo…El creer debe manifestarse en cada uno de nuestros actos, en cada una de nuestras actitudes. Debemos vivir de tal modo que quien nos vea, crea por lo que ve, no por lo que decimos.

“Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed”. En esta oración aparentemente tan corta y tan sencilla el Señor nos ofrece dos ejes en torno a los cuales debemos elaborar el programa de nuestra vida. Dos ejes que en realidad, a la larga se transforman en uno solo: aproximarnos a Él siempre y hacer lo que Él nos dice…porque hacer lo que Él dice es la mejor forma, la única en realidad de decir “Yo creo en Ti”.

Ambas podríamos resumirlas en amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Son diferentes modos de decir lo mismo o como diría San Agustín, “ama y haz lo que quieras”. Porque de eso se trata finalmente, de Amar. De pasar por el mundo, por nuestra vida cotidiana prodigando amor a todos, sin distinción y en todo momento.

Oremos:

Danos Señor la fortaleza, la decisión y el valor para seguirte cada día de nuestras vidas, desde que amanece hasta que acaba el día. Que todos nuestros pensamientos, todas nuestras reflexiones y nuestros actos estén dedicados a Ti

Que sepamos cada día encontrarte en cada uno de nuestros hermanos y sirviéndoles nos acerquemos más a Ti.

Danos siempre de esa tu comida y bebida, para que seamos fieles hasta alcanzar la Vida Eterna.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lunes, 27 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,22-29

Jn 6,22-29

El Señor hace realmente milagros, y es por estas señales que estamos atraídos a Él, que le seguimos, esperando que haga para nosotros, para nuestras vidas también el milagro. Y, Él nos pide que enderecemos nuestras vidas, que la ordenemos según Él, como Él nos indica…Que creamos en Él, que es el enviado de Dios Padre.

Creer en Él, ese es el alimento para la verdadera vida, la Vida Eterna. Creer en Él es abandonarse totalmente en sus brazos, es dejarse llevar, atraer por Él, seguirlo a donde nos propone, obrando como meros instrumentos de su voluntad. Él que cree en Él abandona todo y sigue su llamado, a donde quiera que Él disponga que vaya. El que realmente cree en Él, hace su voluntad.

¿Realmente creemos en Ti a ese extremo, hasta ese nivel? O es que somos pura palabra, pura frase, pura pose…pura cáscara y poca nuez. El que cree en el prodiga la paz por donde va, lleva alegría, nunca está triste, porque el Señor ha vencido al mundo, al pecado, al dolor y a la muerte. Porque el Señor ha venido a darnos Vida y en abundancia. Porque camina en la Verdad y tiene la Luz y esta alumbra a todos por donde va.

El que cree en Dios y en Jesucristo su enviado, ese tiene Vida Eterna, por lo tanto no hay nada que lo venza, nada que lo turbe, nada que lo pierda…camina por sobre todo, todo lo puede, todo lo traspasa, no tiene límites, porque todo lo hace con el poder que le da Jesucristo, el enviado de Dios Padre.

El que cree en Jesucristo, el Hijo de Dios, no puede pedir mayor Gracia para su Vida, lo tiene todo y como Jesús, lo da todo. Porque no se prende una vela, una linterna, un faro para esconderlo, sino para que de luz y la de en abundancia, para que todos puedan verla, seguirla. Porque sus obras hablan de su bondad, porque sus obras hablan de el gran tesoro que lleva en su corazón y este no es otro que el Amor del Padre, conocido a través de Su Enviado, Jesucristo, Nuestro Señor.



Oremos:

Señor acrecienta nuestra Fe. Creemos en Ti, pero no lo suficiente, por eso a veces flaqueamos, dudamos, nos acobardamos. Haznos un instrumento de tu Fe.

Queremos andar confiadamente por los caminos, sabiendo que Tú estás siempre a nuestro lado.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 26 de abril de 2009

Reflexión: Lc 24,35-48

Lc 24,35-48

Como los discípulos entonces, nosotros hasta ahora no salimos de nuestra perplejidad. No nos creemos todo lo que se nos ha dicho. No nos creemos lo que nos ha enseñado Jesús. Queremos interpretarlo y adaptarlo a nuestra comprensión, a nuestra razón , que por si fuera poco está distorsionada por una serie de complejos, traumas, limitaciones, prejuicios y mil obstáculos que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida para que todo parezca y sea como nosotros queremos. Así, con tanta basura acumulada, con tatos parches, mentiras, hipocresías, superficialidades y castillos edificados sobre la arena, así con estos lentes contra el astigmatismo, cuando en realidad tenemos miopía, es imposible verlo. Y sin embargo Él está aquí, al lado de cada uno de nosotros, rodeándonos, abrazándonos, envolviéndonos, guiándonos, llevándonos, levantándonos, cuidándonos, empujándonos, propiciando cada situación, dándonos amor, dándonos vida.

Debemos sacudirnos de todo prejuicio, de todo temor, de todo pesimismo. El Señor está con nosotros y ¡ha vencido al mundo! Pedir al Señor que purifique nuestra alma, nuestra mente y nuestro corazón. Que nos haga como niños, como una fuente cristalina de agua fresca y pura, como el día más transparente, templado y soleado, frescos como la brisa del mar que da sobre nuestro rostro cuando paseamos por una playa en primavera. Que nos haga dóciles para encontrarlo y verlo en nuestras vidas, allí donde menos esperamos…En realidad, allí donde posamos los ojos. Porque Él está en todas partes…acompañándonos, guiándonos, mostrándonos el Camino. El nos dice donde debemos dar el siguiente paso, donde debemos posar nuestros pies y nosotros le oímos, pero no siempre le hacemos caso.

Somos necios. No nos llegamos a creer todavía que Él está a nuestro lado y que sólo quiere nuestra felicidad; la de todos y cada uno de nosotros. Sólo debemos hacerle caso. Oír y hacer ciegamente lo que Él nos dice. No hay nada que nos proponga que no sea por nuestro bien y si nos cuesta, seguramente la recompensa será muchísimo mayor. Solamente tienes que tirar la red del lado que Él te indica y verás que la pesca será abundante.

“Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas”. Hemos sido testigos y somos los primeros beneficiarios de esta Gracia. Somos consientes de ello. Somos testigos. Los testigos están llamados a dar testimonio verás de lo que han visto, oído y creído.



Oremos:

Señor acrecienta nuestra Fe. Creemos en Ti, pero no lo suficiente, por eso a veces flaqueamos, dudamos, nos acobardamos. Haznos un instrumento de tu Fe.

Queremos andar confiadamente por los caminos, sabiendo que Tú estás siempre a nuestro lado.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

sábado, 25 de abril de 2009

Reflexión: Mc 16,15-20

Mc 16,15-20

Este es el mandato de Cristo que debemos cumplir en forma imperativa. Es la misión que nos encomienda, y viniendo de Él, si verdaderamente tenemos Fe, no puede haber nada más importante, ni prioritario. Si realmente ordenamos nuestra vida y ponemos cada cosa en su lugar, si somos creyentes sinceros, no puede haber nada más urgente que cumplir lo que el Señor nos ordena: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.”

Si realmente entendemos que el Señor nos ha traído la Buena Nueva, la mejor noticia que podían darnos, seríamos necios si perdemos un segundo en esparcirla, empezando por quienes nos rodean, pero siguiendo por el mundo entero. No es tarea fácil, porque a muchos no les gusta, no les cuadra esta noticia, no es conveniente para sus intereses; al menos eso es lo que piensan.

Es que nos aferramos a lo que tenemos y nos da miedo perderlo. Andamos confundidos, pensando que son las cosas las que nos dan la felicidad, por eso mezquinamente las acaparamos y tratamos de no compartirlas con nadie. Rendimos culto a la posición, al tener más. La pasamos anhelando y deseando lo que otros tiene y somos infelices porque no tenemos tanto como ese o aquél. Entonces nos proponemos alcanzarlos y pasarlos, pero entonces surge alguien que tiene más y volvemos a ser infelices, hasta no pasar a este, ese y aquél. Vivimos en una carrera estúpida, constantemente de mal humor, comparándonos y sintiéndonos infelices y frustrados, porque nunca tenemos suficiente.

La mezquindad y el egoísmo son los primeros obstáculos a la Buena Nueva. Evangelizar esta tierra se hace difícil. Sin embargo, hay que recordar, como dice el Padre Manolo Cavanna sj, que esta es la tarea que Cristo nos ha encomendado, para la que no nos ha dejado solos. Esta es su obra, así que si nosotros ponemos los medios a nuestro alcance, el pondrá lo demás. Así ocurría entonces, como nos lo cuenta San Marcos: “Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.”

Lo hemos visto en varios de los pasajes de los evangelios de los últimos días…Fue suficiente que los discípulos hicieran lo que les ordenaba el Señor, para que tuvieran éxito en lo que hacían, logrando con creces lo que se habían propuesto. Es que el Señor nos necesita, como nosotros a Él. Si hacemos lo que Él nos dice, si nos proponemos y empeñamos en cumplir la misión que nos ha encomendado, solo bastará con poner lo que esté a nuestro alcance, para que el multiplique generosamente nuestros esfuerzos. Todo está en empezar. Pongamos nuestras manos, nuestras mentes, nuestros corazones y todo nuestro ser a su disposición, que Él hará el resto.


Oremos:

Padre Santo, danos el coraje para proclamar la Buena Nueva por donde vamos, con quien estemos…Y proclamar como san Pablo: ¡Ay de mi si no evangelizara!

Que nuestra vida toda sea una Buena Nueva para los demás. Que llevemos paz, alegría, concordia y esperanza. Que seamos portadores de consuelo para los que sufren, ya sea por enfermedad, por injusticia o marginación.

Haznos instrumentos útiles al servicio de la evangelización del mundo.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
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viernes, 24 de abril de 2009

Reflexión: Jn 6,1-15

Jn 6,1-15

Estamos ante uno de sos asombrosos milgaros de Jesús, en los que quizás nos quiere mostrar que nada es imposible para Él, para su bondad, para su amor. Debemos poner nosotros los medios y dejarle el resto en sus manos. Ponemos lo poco que tenemos, lo poco que somos…pero si se lo entregamos a Él, lo reproducirá “ciento por uno”, todo lo que sea necesario, para que todos coman cuanto quieran y encima sobre…

Esta es la gran lección de hoy. No podemos confiar solamente en nuestra fuerzas, sin embargo, si ponemos todo lo que tenemos, todo lo que somos, por Jesús, Él hará su parte, Él lo multiplicará por todo lo que sea necesario hasta alcanzar a cubrir todo lo que queríamos y más…

¿Pero cómo es eso de poner lo que tenemos por Jesús? Pues se trata de dar al necesitado, al pobre, al humilde, al que sufre…a nuestro prójimo, a nuestros hermanos. El mundo tiene grandes necesidades, especialmente porque no hemos sabido distribuir la riqueza de la Tierra, porque unos cuantos tratamos de acapararlo todo, porque no somos generosos, porque guardamos y preservamos demasiado para nosotros, porque somos mezquinos.

Se trata de ser generoso con todo aquello que en realidad hemos recibido gratis de la bondad generosa de nuestro Dios Padre providente. Él nos ha dado todo, para que lo compartamos con quienes no tiene, con quienes lo necesitan. Basta que nosotros pongamos los medios, nuestra voluntad, nuestra organización, lo que tenemos, para que Él haga el resto. Demos, y lo que demos será multiplicado con creces.

Pero ojo, no lo hagamos por alcanzar mérito alguno, por lograr reconocimiento ni distinción alguna, sino por amor…por evidenciar el amor de Dios a todos nosotros. Seamos instrumentos. Aprendamos de Jesús, que ante el asombro de la gente que por lo que había hecho le quisieron coger para hacerlo rey, huyo sólo, al monte…
Otra más: "Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda." Necesitamos todo...no podemos ser de los que desperdician, de los que no aprecian lo que tenemos...Nada se debe perder, porque hay otros que lo necesitan.



Oremos:

Virgen María, ayúdanos a ser humildes y generosos como tu hijo Jesús. Que estemos siempre dispuestos a poner los medios, cuanto tenemos y somos, con la confianza que el resto lo hará Jesús.

Padre Santo, estamos empeñados en acrecentar tu reino, esta es Tú obra…ven en nuestro auxilio cuando llegue el momento.

Haznos dóciles y generosos…desprendidos. Que llevemos alegría, paz y tranquilidad, no sólo espiritual, sino incluso física a quienes lo necesitan.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.
(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY