Roguemos al Señor - últimas reflexiones

Aldila - Oficial

jueves, 2 de octubre de 2008

Reflexión: Mt 18, 1-5.10


El Señor habla claro. No se va con rodeos. Lo que pasa es que nosotros somos duros para entender o quizás debemos decir que no queremos entender. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Aquí tenemos una nueva lección. Los discípulos, como nosotros, siempre andan preocupados por quién será el más importante, quién será el primero, cómo destacar, cómo distinguirnos. Aspiración o pretensión al parecer muy humana, muy propia de nuestra naturaleza, que nos lleva a condicionar nuestra forma de actuar. Queremos ser los primeros. Queremos ser observados, admirados y tenidos en cuenta. Que todos sepan quienes somos…

Que digan: que bueno, que acertado, que razonable es fulanito. Que equilibrado, que justo, que guapo o guapa; en fin…qué buena gente. An damos buscando la simpatía y aceptación de todos o cuando menos de la mayoría y sobre todo de los “más importantes”. De esta forma, sentimos que también nos hacemos importantes. Por eso cuidamos de nuestros amigos, cuidamos con quien nos ven, con quien nos juntamos y a quien saludamos efusivamente. Hacemos distinciones…y nos gusta que nos distingan.

Devolvemos lo que sentimos que nos dan. Pensamos cada paso y vamos calculando fríamente cada uno de nuestros actos y actitudes. ¿Por qué vamos a brindar simpatía a quienes sentimos que nos desprecian, que nos aborrecen o cuando menos, que les somos indiferentes? Si quieren recibir algo “de lo bueno que soy y tengo”, primero deben estar dispuestos a darme lo mismo o por lo menos a apreciarlo. No damos puntada sin nudo.

Así somos. Aquel que diga que no, que tire la primera piedra. El Señor lo sabe, por eso MUY CLARAMENTE, sin dejar lugar a dudas, nos dice cómo debemos ser. Por si fuera poco, trae a un niño y lo pone en medio.

¿Cómo es un niño? Todos somos capaces de hacer un ejercicio mental, una lluvia de ideas y poner todas las características de un niño, empezando por la inocencia, la humildad, la falta de prejuicios, la sinceridad y el amor. Un niño es alegre, mira y sonríe abiertamente. Dice lo que piensa y es sensible. Perdona al instante. Cree. Ama por igual a ricos y pobres, blancos, cholos y negros; hombres y mujeres; guapos y feos; animales y plantas…Un niño se adapta y obedece; espera…

En fin…Todas estas y otras razones son las que le valen el primer lugar. Nosotros debemos ser como niños. ¿Nos esforzamos por serlo cada día?

Por si fuera poco, una nueva alusión a los ángeles en referencia a los niños. Cada uno tiene su ángel y es muy cercano a Dios…Es decir que vela permanentemente por él.(y hoy la Iglesia celebra a los Ángeles Custodios)

Seamos como niños y el mundo cambiará.

Oremos:

Señor, que difícil ser como niño, dejando todos nuestros privilegios, todos nuestros “derechos” de adulto. Danos inocencia, pureza de corazón y espíritu, para mirar a nuestros hermanos francamente y sonreírles abiertamente.

Ablanda nuestros corazones, purifica nuestro espíritu. Haznos capaces de perdonar y de dar sin límites.

Danos la alegría de vivir…que la llevemos por donde vayamos, especialmente entre los más pobres, necesitados y desolados. Que seamos portadores de esperanza, de paz y amor, más que de razón.

Señor, danos un corazón de niño.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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