Roguemos al Señor - últimas reflexiones

Aldila - Oficial

martes, 7 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 10, 38-42

Lc 10, 38-42

Jesús nos llama a discernir entre lo importante y lo suntuario. Es que si nos ponemos a reflexionar en torno a lo que hacemos todos los días, en torno a lo que nos mantiene ocupados, aquello a lo que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo, a lo mejor estamos tratando de atender simultáneamente muchas cosas y nos damos con la sorpresa que no estamos dando tiempo a lo que es realmente importante.

Andamos muy agitados, corriendo de aquí para allá, sumamente atareados y no solamente ocupados, sin incluso preocupados. Todo nos preocupa y angustia. Pero, detengámonos un momentito. Estamos haciendo realmente lo que es importante. Estamos ocupándonos de lo que importa en la vida o nos estamos dejando apabullar por una serie de “obligaciones”, muchas de las cuales podríamos dejar de hacer, sin que por eso se venga el mundo abajo.

¿Qué es lo que debemos hacer? Aquí me parece que juega un papel vital esa famosa palabrita que nos enseñó a comprender San Ignacio: discernir. Debemos aplicar el discernimiento para hacer aquello que realmente importa; para no dispersarnos y peor aún, para no dejar de lado lo importante: la Voluntad del Señor en nuestras vidas. Para algo hemos sido llamados. ¿Cuál es nuestra Misión?

Si no encontramos ese hilo conductor, caemos en el riesgo de hacer todo y nada al mismo tiempo; de llenar nuestras vidas de rutina, de mucha actividad, pero sin ninguna trascendencia. Nosotros estamos llamados a construir el Reino, por lo tanto esta debe ser nuestra primerísima prioridad y hacia ello debemos dedicar lo mejor de nuestro tiempo y esfuerzos.

¿En qué forma lo que hago contribuye a la construcción del Reino? Esa debe ser la pregunta que debemos tratar de responder cada día con nuestras propias vidas.


Oremos:

Señor, dame la capacidad de discernir entre lo importante y lo suntuario.

Luego, más aún, dame la lucidez, la voluntad y la energía hacer cada día lo que debo hacer. No permitas que me disperse, que pierda mi tiempo en trivialidades, que me atraen mucho, pero que en nada contribuyen a realizar mi misión.

Haz que aquilate cada minuto, cada segundo, poniéndolo a tu servicio. ¡Que no pierda mi tiempo Señor! Que en realidad no es mío, sino que me lo has prestado para que cumpla mi misión.

La vida, mi vida, no puede ser pura distracción, puro pasatiempo, pura vacación y frivolidad. Esa no es la mejor forma de disfrutar la vida, como el maligno nos pretende hacer creer. ¡Hay tanto que hacer, que basta con la noche bien dormida para renovar las energías para servirte cada día!
Y aun nuestra noche, el descanso que Tú consagraste, te lo ofrecemos a Ti


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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