Roguemos al Señor - últimas reflexiones

Aldila - Oficial

jueves, 25 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 9,7-9

Lc 9,7-9

A Herodes, que antes había enviado a matar a Juan el Bautista, por una estupidez, por un capricho, por un extravagante juramento que sólo a un vanidoso podía ocurrírsele, le intriga quien puede ser este hombre, del que se dice tantas cosas. Como dice el Padre Manolo Cavanna, le remuerde la conciencia y tiene realmente miedo que sea Juan. El sabía que hacía mal (¿Quién era él para jurar sobre la cabeza de otro, para poner en juego la vida de alguien?), pero por un insulso juramento, dado con frivolidad y peor aún, teniendo la posibilidad de negarse a cumplirlo, por irrazonable, prefiere seguir hasta el final, sosteniendo la promesa que había hecho, con tal de no desprestigiarse y perder un ápice de su autoridad. Es decir que es la vanidad y el orgullo los que le impiden reconocer sus errores y dar marcha atrás en el cumplimiento de una estúpida promesa. Puede más su prestigio y el qué dirán…

¡Claro! Era más fácil mandar a matar a Juan, que se encontraba preso e indefenso, que sabía que era un buen hombre, pero que después de todo ni era de su familia, ni tendría por qué afectarle tanto. Finalmente, estaba seguro que lo olvidaría como a otros tantos…Sin embargo Jesús, a quien obedecen incluso las olas, se lo recordaba y la conciencia lo carcomía.

¿Cuántas veces somos como Herodes, que sentimos curiosidad por Jesús, pero por intereses espúreos? ¿Cuántas otras veces seguimos hasta el final una estupidez tan sólo por no dar nuestro brazo a torcer, tan solo por no reconocer que nos hemos equivocado? ¿Somos acaso infalibles? Reconocer nuestro error es una humillación a la que no estamos dispuestos…


Oremos:

Señor, haz que te busquemos con sinceridad, con pureza de corazón, no solamente por curiosidad o para obtener lo que queremos o para tranquilizar nuestras conciencias…

Haznos dignos seguidores tuyos. Que creamos en ti y demos testimonio de ello con nuestras propias vidas, siempre.
Danos un corazón humilde, para saber reconocer nuestros errores y enmendarnos.

Dame valor, dame fe, dame tu luz. Que ella brille en mi siempre, para que mis hermanos encuentren el Camino y seas Tú a quien ven, no a mí.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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