Roguemos al Señor - últimas reflexiones

Aldila - Oficial

lunes, 6 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 10, 25-37

Lc 10, 25-37

Nuevamente el Señor habla muy claro, para aquél que realmente lo quiere escuchar. La parábola del Buen Samaritano, no deja dudas respecto a lo que se espera de nosotros, respecto al buen proceder que debe guiar siempre nuestras vidas. El ejemplo es claro y exigente. Se trata de comprometernos con nuestro prójimo, hasta donde sea necesario. Ojo, hasta donde él nos necesite.

No podemos ser indiferentes. Nosotros sabemos lo que tenemos que hacer, pero preferimos pasar de largo, haciéndonos los desentendidos, los que no sabemos, los que no nos damos cuenta…y sin embargo tomamos un rodeo.

Qué fácil, cerrar los ojos o mirar para otro lado. Qué difícil, pero qué necesario, mirar de frente, sentir compasión, curar las heridas, poner a buen recaudo al que sufre y velar por su recuperación definitiva. Comprometernos con él.

No sabemos a dónde iba el Samaritano, pero seguramente, como nosotros, tenía muchas cosas que hacer, obligaciones que atender, responsabilidades contraídas. Pero todo lo interrumpió para hacer lo primero. Nada hay más importante que la vida. Nada es más importante que aliviar el dolor del que sufre, atender al desvalido, al indefenso. Eso es lo que tenemos que hacer y nosotros lo sabemos muy bien: “Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.”

“Vete, y haz tu lo mismo”.


Oremos:

Señor, perdónanos por cuantas veces te hemos visto sufriendo, abandonado, adolorido, y hemos pasado de largo, pretendiendo ignorarte, como si las cosas no pasaran si no las miramos, si las ignoramos. Por actuar como el avestruz, perdónanos Señor.

Danos ojos compasivos y un corazón generoso. Danos el valor para sobreponernos al temor, a la duda, a la comodidad, a la rutina y actuar con misericordia con los que sufren.

Queremos servirte, Señor, allí donde seamos necesarios, sin condiciones, poniendo todo lo que somos, todo lo que tenemos. ¡Ayúdanos a cumplir con nuestra misión!

Danos un corazón misericordioso y compasivo.



Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 5 de octubre de 2008

Reflexiones: Mt 21, 33 - 43

Mt 21, 33 - 43

Hemos recibido un encargo. Todo ha sido cuidadosamente planeado, previsto y preparado. Todo está listo. Lo único que hace falta es que actuemos responsablemente, coherentes con el encargo. No somos dueños de la viña. La hemos recibido con el encargo de cuidarla y hacerla fructificar. Pero no podemos perder de vista que se trata de un encargo y que, tomada nuestra parte, nuestra paga, debemos hacerla producir para el dueño.

Está claro. Tenemos una misión. No podemos desentendernos de ella y mucho menos pretender ignorar o evadir al dueño, al que nos la ha conferido, como si pudiéramos ignorarlo. A la larga o a la corta, Él vendrá a pedirnos cuentas. ¿Qué le diremos? ¿Osaremos matar a sus enviados y por último trataremos de matarlo a Él mismo en vez de darle lo que le corresponde?

¿Por qué no poner en orden nuestras vidas ahora que podemos, llevando las cuentas claras, para que llegado el momento no tengamos nada que ocultar, nada de qué avergonzarnos? Y si hemos hecho mal…¿por qué seguir metiendo la pata? ¿No podemos arrepentirnos y cambiar? El problema no está en caer, sino en no levantarse. El Señor nos perdonará y acogerá con los brazos abiertos.

“La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular”, ojo con estas palabras, que es posible que el dueño no sea a quien estamos mirando, privilegiando y rindiendo pleitesía en nuestras vidas. ¡No nos equivoquemos! Es Jesús nuestro Señor, aquel a quien debemos seguir, a quien debemos servir. Y Él no vive precisamente en un palacio, ni asiste posiblemente a nuestro club. Tenemos que hacernos como niños para entenderlo, verlo y seguirlo.
¿A cuántos cobradores nos habrá enviado el Dueño de la Viña a pedir su parte, a cobrarnos lo que le corresponde? No lo nuestro, sino sólo lo que le corresponde ¿Y qué habremos hecho con ellos? ¿Los habremos ignorado? ¿Los habremos condenado? ¡¿Los habremos matado?!

Oremos:

Señor, permítenos enderezar nuestra vidas; que fructifiquen abundantemente.

Que actuemos con desprendimiento, compartiendo todo cuanto tenemos, con aquellos que nos lo piden…No sea que seas Tú que vienes por tu parte y te la neguemos.

¿Quiénes somos nosotros para guardar y atesorar lo que no es nuestro, en contra de tu voluntad? Si Tú lo quieres, si Tú lo pides, si Tú lo necesitas, aquí lo tienes Señor.

Haznos libres. Que no nos ate nada más que el deseo de servirte, de darte todo lo que somos, cuando lo pidas.

Danos la alegría de compartir, la alegría de dar. Que encontremos alegría y felicidad en dar, antes que en tener, que en atesorar.

Sí, sabemos que Tú nos darás ese consuelo, pero inspíranos y danos el valor de dar el primer paso.

Perdón Señor, por todas las veces que te hemos fallado; por todas las veces que hemos guardado tanto innecesariamente, sólo por el placer y el gusto de tener. Atesorar y atesorar ¿para qué?

Danos una vida austera Señor. Que sepamos seguirte desde nuestra pobreza, como el gran Francisco de Asís.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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sábado, 4 de octubre de 2008

Reflexiones Lc 10 17-24

Lc 10 17-24

Esta lectura me trae mucha consolación. Me llena el corazón, reboza mi espíritu ante la revelación íntima y confidente que hace Jesús a sus discípulos: “¡Dichosos los que ven lo que ustedes ven!”. Jesús que usa el gesto y la palabra precisa en cada ocasión, no se guarda para comunicarnos la enorme alegría que debemos tener, la gran bendición que ha caído sobre nosotros al compartirnos La Revelación: “Nadie conoce al Padre, ni al Hijo, solamente aquél a quien el Hijo se lo quiera Revelar”.

Esta es una Gracia concedida a los humildes, a los pobres y oculta a los ricos y sabios, porque así lo ha querido Dios Padre.

Otra lección más nos da Jesús en esta lectura. Alegrarnos por la triunfo del Bien, antes que por la derrota del maligno o de los malvados que lo sirven. Debemos ser siempre positivos; ver el lado bueno, antes que detenernos en el mal. Celebrar que se haga justicia, antes que la caída del tirano. Tener nuestra mirada puesta en el Reino, en Dios Padre que hace salir el sol para todos, en el triunfo del amor, antes que regocijarnos por la derrota del mal o por el enorme poder de Dios que garantiza la victoria final.


Oremos:

Padre Santo, danos un corazón humilde para poder ver lo que Jesús nos Revela. Un corazón puro, para fijarnos siempre en el bien, en la justicia y en el amor.

No permitas que anide en nosotros la venganza, la revancha, la enemistad o el rencor. Que tengamos nuestra mirada siempre puesta en Ti.

Haz que atesoremos en nuestro corazón la Revelación, como el más valioso tesoro; que brille en nuestros ojos, en nuestros gestos, en nuestros actos y en nuestras palabras, como signo inconfundible del infinito amor que has derramado sobre nosotros.

Que sepamos aquilatar nuestras vidas, como depositarios del mayor tesoro que por tu infinita Gracia has querido regalarnos.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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viernes, 3 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 10, 13-16

Lc 10, 13-16

Esta es una advertencia muy seria del Señor a todos cuantos hemos tenido el privilegio de conocerlo, de haber recibido a manos llenas su Gracia. Los que hemos tenido la suerte de nacer en hogares católicos o cuando menos cristianos, y habiendo recibido un buen testimonio familiar, sin embargo, si realmente sopesarlo, lo hemos rechazado muy fácilmente, adoptando una posición contraria la Iglesia, por motivos subalternos, personales y a veces incomprensibles.

Al que más se le dio, más se le exigirá. Es la tónica de todo el evangelio. No se puede encender un candelero para ponerlo bajo la cama; si recibiste como 10, debes devolverlo con creces; cada quien debe cumplir a cabalidad con su misión, pues a cada quien se le dio conforme a sus posibilidades.

Nosotros conocemos perfectamente en nuestro interior a qué se refiere Jesús con estas palabras. Ya sabemos a qué debemos atenernos, si lo escuchamos y hacemos como que lloviera. Es hoy cuando tenemos que actuar, no mañana.


Oremos:

Señor, danos el coraje de seguirte. Oída tu palabra, ponerla en práctica.

No permitas que nos desviemos de tu camino, aun cuando este pueda significar sacrificio y desprendimiento de todas aquellas comodidades y privilegios a los que nos aferramos. Que sepamos ordenar nuestras vidas en función de tu palabra y de tu Voluntad.

Que no seamos nunca merecedores de tu maldición. T si por algún motivo caemos, danos la oportunidad de arrepentirnos y cambiar.

¡Queremos servirte Señor en la construcción del Reino!

No nos dejes a nuestra suerte, que sin Ti, nada somos.

Labra tu nombre en este duro corazón, Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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jueves, 2 de octubre de 2008

Reflexión: Mt 18, 1-5.10


El Señor habla claro. No se va con rodeos. Lo que pasa es que nosotros somos duros para entender o quizás debemos decir que no queremos entender. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Aquí tenemos una nueva lección. Los discípulos, como nosotros, siempre andan preocupados por quién será el más importante, quién será el primero, cómo destacar, cómo distinguirnos. Aspiración o pretensión al parecer muy humana, muy propia de nuestra naturaleza, que nos lleva a condicionar nuestra forma de actuar. Queremos ser los primeros. Queremos ser observados, admirados y tenidos en cuenta. Que todos sepan quienes somos…

Que digan: que bueno, que acertado, que razonable es fulanito. Que equilibrado, que justo, que guapo o guapa; en fin…qué buena gente. An damos buscando la simpatía y aceptación de todos o cuando menos de la mayoría y sobre todo de los “más importantes”. De esta forma, sentimos que también nos hacemos importantes. Por eso cuidamos de nuestros amigos, cuidamos con quien nos ven, con quien nos juntamos y a quien saludamos efusivamente. Hacemos distinciones…y nos gusta que nos distingan.

Devolvemos lo que sentimos que nos dan. Pensamos cada paso y vamos calculando fríamente cada uno de nuestros actos y actitudes. ¿Por qué vamos a brindar simpatía a quienes sentimos que nos desprecian, que nos aborrecen o cuando menos, que les somos indiferentes? Si quieren recibir algo “de lo bueno que soy y tengo”, primero deben estar dispuestos a darme lo mismo o por lo menos a apreciarlo. No damos puntada sin nudo.

Así somos. Aquel que diga que no, que tire la primera piedra. El Señor lo sabe, por eso MUY CLARAMENTE, sin dejar lugar a dudas, nos dice cómo debemos ser. Por si fuera poco, trae a un niño y lo pone en medio.

¿Cómo es un niño? Todos somos capaces de hacer un ejercicio mental, una lluvia de ideas y poner todas las características de un niño, empezando por la inocencia, la humildad, la falta de prejuicios, la sinceridad y el amor. Un niño es alegre, mira y sonríe abiertamente. Dice lo que piensa y es sensible. Perdona al instante. Cree. Ama por igual a ricos y pobres, blancos, cholos y negros; hombres y mujeres; guapos y feos; animales y plantas…Un niño se adapta y obedece; espera…

En fin…Todas estas y otras razones son las que le valen el primer lugar. Nosotros debemos ser como niños. ¿Nos esforzamos por serlo cada día?

Por si fuera poco, una nueva alusión a los ángeles en referencia a los niños. Cada uno tiene su ángel y es muy cercano a Dios…Es decir que vela permanentemente por él.(y hoy la Iglesia celebra a los Ángeles Custodios)

Seamos como niños y el mundo cambiará.

Oremos:

Señor, que difícil ser como niño, dejando todos nuestros privilegios, todos nuestros “derechos” de adulto. Danos inocencia, pureza de corazón y espíritu, para mirar a nuestros hermanos francamente y sonreírles abiertamente.

Ablanda nuestros corazones, purifica nuestro espíritu. Haznos capaces de perdonar y de dar sin límites.

Danos la alegría de vivir…que la llevemos por donde vayamos, especialmente entre los más pobres, necesitados y desolados. Que seamos portadores de esperanza, de paz y amor, más que de razón.

Señor, danos un corazón de niño.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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miércoles, 1 de octubre de 2008

Reflexión: Lc 9, 57-62


Seguir a Cristo no es fácil. Su camino es exigente. Requiere una decisión y un valor que debemos renovar cada día y que será imposible alcanzar sin su ayuda. No podemos dejarlo todo en nuestras manos, en nuestra capacidad. Debemos acudir a Él, a su iluminación, a su inspiración, recordando que lo que para nosotros es imposible, para Él es factible si está dentro de sus planes.

Jesús nos propone una misión, que es finalmente la misma que Él debe cumplir. Esta tarea es trascendente, es urgente, es vital. Debe ser nuestra prioridad, por sobre todo; antes que todas nuestras razones, nuestras debilidades y nuestras condiciones. El seguimiento incondicional de Jesús exige de nuestra parte una sintonía, un tono especial, que sólo puede darnos el Espíritu Santo. Esto es lo que debemos comprender. Sin su apoyo, sin su ayuda, la misión será imposible.

Este apoyo, esta ayuda la encontramos en los Sacramentos, en la oración. Debemos vivir en Gracia y ello es posible gracias a estas ayudas proporcionadas por el Espíritu Santo. Por ello, no debemos cansarnos de pedir su apoyo, día a día, para discernir el Camino correcto en cada situación, en cada momento, en cada una de nuestras obras, recordando que por encima de todo está Su Voluntad.

Oremos:

Señor, permítenos contribuir cada día, en cada uno de nuestros gestos, con cada una de nuestras palabras, con cada uno de nuestros actos, a la construcción del Reino.

Que sigamos siempre tu Voluntad y no nuestros caprichos, por muy razonables que estos parezcan. Somos expertos en construir razones y justificar nuestro ocio, nuestra desidia, nuestro temor o nuestra comodidad. Que ninguna de estas sea motivo para alejarnos de Ti y tu palabra.

Que nuestra mirada permanezca siempre en la meta final, la misma que habremos de alcanzar si confiamos en Ti.

Acrecienta nuestra fe.

Aparta de nosotros toda tentación.

Permítenos llevar una vida ejemplar. Que todos nuestros hermanos encuentren a Ti en nosotros.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

martes, 30 de septiembre de 2008

Reflexiones Lc 9, 51-56


Conmueve la ingenuidad, la inocencia con la que los discípulos se dejan llevar por instintos primarios, de cuya esclavitud viene a liberarnos Jesús. Que rápidos y dispuestos a solucionar todo por la vía de la fuerza y la violencia. No han podido entender todavía cuál es el camino que con su vida, posterior muerte y resurrección ha venido a proponernos Jesús. Ese no es el camino. No es la servidumbre de los instintos, a la que nos encontramos sometidos, la que nos salvará. Por el contrario es solo rompiendo sus cadenas que podremos construir el Reino de paz, de amor y de justicia para todos.

El cambio de paradigmas es total. Educarnos en ese cambio para obrar como Jesús es lo que debemos hacer, a lo que debemos dedicar todos nuestros esfuerzos en esta vida. Los caminos del Señor no son los nuestros.

Jesús, sabiendo que ya llegaba el momento, escoge ir a Jerusalén, aun sabiendo lo que allí le espera. No huye, no escapa de su misión, ni tampoco la hace más fácil, acudiendo a los poderes que sus discípulos le sugieren. Tiene que hacer la voluntad del Padre: la Salvación, la Redención de la humanidad entera. Y esta pasa por el sufrimiento, la pasión y la muerte en la cruz; pero también por su resurrección gloriosa. Todo llegará a su tiempo.

Oremos:

Señor, permítenos entender y hacer nuestro este pasaje del evangelio. Esa actitud tuya, tan distinta a la de los discípulos, que se parece más a la nuestra. Entender la Voluntad del Padre y ponerla por sobre todo, para someternos a ella, con fe ciega, sabiendo que ella será siempre correcta, siempre la más conveniente para todos, pero especialmente para los más pobres, para los que más sufren, para los débiles.

Señor, libéranos del egoísmo, de la mezquindad. Que antepongamos a los demás antes que nuestra comodidad, nuestro bienestar y nuestra seguridad.

Que nuestra agenda sea la tuya.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

lunes, 29 de septiembre de 2008

Reflexión: Jn 1,47-51

Jn 1, 47-51

Esta lectura se hace un poco difícil de entender, si no podemos situarnos en el contexto. Sucede con algunas lecturas así. Por ello se hace necesario estudiar, saber, leer…

Los ángeles juegan un papel importante en estos versículos. Pero, ¿qué sabemos nosotros de ángeles? Ellos eran importantes para los judíos y tienen un papel en la historia de la salvación. ¿Los conocemos?

Será motivo de investigación. Algo tenemos que estudiar. Recuerdo al Ángel Gabriel, el de la Anunciación, el que trajo la buena nueva a María. Hubo otro en la puerta del sepulcro…y otros estuvieron sirviendo a Jesús luego de sufrir las tentaciones del desierto. No recuerdo más…Pero creo que es suficiente para darnos cuenta del papel clave que juegan en la vida espiritual.

No podemos dejar de mencionar la Ángel Caído, aquél que quiso ser como Dios, Lucifer, el señor de las penumbras, de la destrucción y la muerte. La soberbia, la codicia, la lujuria y toda aquella tentación que nos lleva a pretender que alejándonos de Dios, ignorándolo, seremos más que Él. Aquél mentiroso que nos hace creer que con él seremos libres, cuando en realidad pretende esclavizarnos al egoísmo, al mal, al sufrimiento y a la muerte. Aquél que nos hace concebir la inaudita pretensión de vivir sin Dios…Eso fue lo que quiso el demonio y es a esa aventura que nos lanzamos cada vez que apartamos a Dios de nuestras vidas.

¿Cómo podemos verlo? Pues es la iluminación del Espíritu Santo la que debemos pedir incesantemente, para que nos permita discernir siempre el camino recto, el camino de la verdad y de la vida, el camino del Señor.

Oremos:

Señor, danos tu luz y tu espíritu para que podamos verte en el mundo, en cada cosa, en cada persona, en cada lugar. Que vivamos en el mundo como quien habita en tu templo, respetando todo lo que has creado para nosotros, todo lo que nos has dado y usando de ello en tanto en cuanto nos acerquen a Ti.

Envíanos tus ángeles bondadosos para que nos protejan y podamos finalmente así, contigo, vencer a la muerte.

Aparta de nuestra mente, de nuestro corazón y de nuestra vida toda tentación, todo engaño que signifique salirnos del camino, para regocijo del embustero.

Haznos rectos. Haznos valientes. Haznos puros.

Purifica nuestra mente, nuestra alma y nuestro corazón. Que solo aniden en ellas buenos actos, buenos pensamientos, buenas intenciones.

Fortalece nuestra frágil voluntad.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

domingo, 28 de septiembre de 2008

Reflexiones Mt 21, 28 - 32

Mt 21, 28 - 32

Contestamos muy rápidamente a Jesús, “Sí, ¡Cuenta conmigo!” Pero que difícil se nos hace seguirlo día a día. Jesús no quiere palabras, sino obras, actitudes, acciones. Está cansado de nuestro chamullo, de nuestras palabras huecas y sin sentido.

Quien dice que le ama y no le sigue, es en realidad un mentiroso o cuando menos un charlatán.

La lectura hoy nos muestra esas dos actitudes. La del que dice no, sin embargo luego recapacita y hace lo que debe hacer, lo que Jesús le pide y la del que dice sí, pero luego hace cualquier cosa. ¿A cual de los dos nos parecemos? ¿Cómo cual de los dos nos comportamos en realidad?


Oremos:

Señor, quiero ser de los que te siguen, de los que no palabrean tanto y actúan correctamente. ¡Quiero predicar con el ejemplo! ¡Dame coherencia!

Fortalece mi espíritu enclenque, superficial, débil…que eche raíces en Ti; que sepa dar siempre testimonio de tu amor.

Señor Jesús, que seas Tú y no yo el que guie mi vida.

¡Hazme un instrumento de tu fe!

Te doy todo lo que soy, todo lo que siento, todo lo que pienso…¡Tómalo Señor y haz con ello lo que gustes!

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

sábado, 27 de septiembre de 2008

Reflexiones Lc 9, 43b-45

Lc 9, 43b-45

Continuamos con la imagen del Mesías esperada por los discípulos, la misma que seguramente nosotros estamos esperando, la del guerrero que con su omnipotencia habrá de inclinar la balanza a nuestro favor. En cambio Jesús habla de algo que no queremos oír: de sufrimiento, de pasión, de muerte.

El camino de salvación es distinto al que nosotros deseamos o imaginamos; no es el de la victoria efímera, aunque al final alcancemos la victoria definitiva sobre la muerte. Eso el mismo Jesús nos lo garantiza. Sin embargo el Camino no es fácil, pues es el de el amor y la paz, palabras fáciles de escribir y decir, pero muy difíciles de realizar, en un mundo marcado por la adversidad.

Paz y amor a todos, pero especialmente a aquellos que nos dañan, a aquellos que nos persiguen; a nuestros enemigos. ¿Somos capaces de tanto?


Oremos:

Danos valentía para seguir por tu camino, allí donde más nos cuesta.

Danos tu luz y perseverancia, para no flaquear. Y si caemos, que nos volvamos a levantar y sigamos adelante.

Que no construyamos un Cristo a nuestra imagen, un Cristo cómodo y fácil de seguir, un Cristo permisivo y tolerante en extremo, un Cristo falso.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

viernes, 26 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 9,18-22


Nuevamente se nos hace un poco difícil entender estas palabras, si no podemos ubicarlas en el contexto histórico. Y a ello contribuye “Les doy una Buena Noticia” escrito por el padre Manuel Cavanna. Allí nos explica por qué la reacción de Jesús ante la afirmación de Pedro. Y es que él, como los demás discípulos y los judíos en general estaban a la espera de un Mesías que los liberaría del yugo Romano, de la opresión. Es decir, en otras palabras, esperaban la manifestación del poder de Dios en contra de sus enemigos.

Pero Jesús viene a restaurar una Nueva Alianza, basada en la Voluntad del Padre, que tiene muy poco que ver con este guerrero al que esperaban los Judíos. Cristo viene a enseñarnos otro camino y para que se cumpla, todavía tiene que padecer el Sacrificio de la Cruz, tan lejano a lo que esperaban los discípulos, y tan lejana muchas veces a nuestra comprensión.

El puede ser un “subversivo”, pero no de la clase que muchos de nosotros esperaríamos. No empuñará las armas, no realizará campañas, ni sembrará terror. La revolución que nos trae es la de la esperanza, la paz y el amor. El viene a reconciliarnos entre hermanos y a reconciliarnos con el Padre, que lo único que pide es que nos amemos los unos a los otros, como Él nos ha amado.

Este mensaje, como la más pequeña de las semillas, crecerá hasta cambiarlo y revolucionarlo todo. Este es un mensaje revolucionario y subversivo, porque se estrella contra todas nuestras categorías, contra todos nuestros esquemas. Porque nos propone la defensa de la vida a toda costa. Si llegamos a dar nuestra vida, será en defensa de la vida misma. Daremos la nuestra, antes que quitar la de otros…¡Esa es la lección!

¿Pero cuántos de nosotros somos capaces de sacrificarnos a nosotros mismos, antes de sacrificar a los demás? Gritamos ¡No hay derecho! Y exigimos: ¡primero lo nuestro, a cualquier precio, luego hablaremos!


Oremos:

Señor, danos tu luz para entender cómo debemos actuar a cada paso en nuestra vida; cómo podemos ser redentores y no jueces inflexibles verdugos de los demás.

Pon en nuestras bocas la palabra precisa, el gesto oportuno, la claridad para conducir a nuestros hermanos menores.

Danos sabiduría y discernimiento para doblegar toda aquella argumentación banal del demonio.
Haznos instrumentos eficaces de tu fe.

¡Qué nuestra vida sea un ejemplo para los demás y que al seguirnos, te sigan a Ti!

Perdona mis temores, mis dudas, mi falta de consecuencia y acción oportuna. ¡Dame el poder para luchar contra estas debilidades y que la virtud salga siempre airosa!


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

jueves, 25 de septiembre de 2008

Reflexión: Lc 9,7-9

Lc 9,7-9

A Herodes, que antes había enviado a matar a Juan el Bautista, por una estupidez, por un capricho, por un extravagante juramento que sólo a un vanidoso podía ocurrírsele, le intriga quien puede ser este hombre, del que se dice tantas cosas. Como dice el Padre Manolo Cavanna, le remuerde la conciencia y tiene realmente miedo que sea Juan. El sabía que hacía mal (¿Quién era él para jurar sobre la cabeza de otro, para poner en juego la vida de alguien?), pero por un insulso juramento, dado con frivolidad y peor aún, teniendo la posibilidad de negarse a cumplirlo, por irrazonable, prefiere seguir hasta el final, sosteniendo la promesa que había hecho, con tal de no desprestigiarse y perder un ápice de su autoridad. Es decir que es la vanidad y el orgullo los que le impiden reconocer sus errores y dar marcha atrás en el cumplimiento de una estúpida promesa. Puede más su prestigio y el qué dirán…

¡Claro! Era más fácil mandar a matar a Juan, que se encontraba preso e indefenso, que sabía que era un buen hombre, pero que después de todo ni era de su familia, ni tendría por qué afectarle tanto. Finalmente, estaba seguro que lo olvidaría como a otros tantos…Sin embargo Jesús, a quien obedecen incluso las olas, se lo recordaba y la conciencia lo carcomía.

¿Cuántas veces somos como Herodes, que sentimos curiosidad por Jesús, pero por intereses espúreos? ¿Cuántas otras veces seguimos hasta el final una estupidez tan sólo por no dar nuestro brazo a torcer, tan solo por no reconocer que nos hemos equivocado? ¿Somos acaso infalibles? Reconocer nuestro error es una humillación a la que no estamos dispuestos…


Oremos:

Señor, haz que te busquemos con sinceridad, con pureza de corazón, no solamente por curiosidad o para obtener lo que queremos o para tranquilizar nuestras conciencias…

Haznos dignos seguidores tuyos. Que creamos en ti y demos testimonio de ello con nuestras propias vidas, siempre.
Danos un corazón humilde, para saber reconocer nuestros errores y enmendarnos.

Dame valor, dame fe, dame tu luz. Que ella brille en mi siempre, para que mis hermanos encuentren el Camino y seas Tú a quien ven, no a mí.


Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

Reflexiones de HOY